El deporte de Málaga se encuentra de luto tras conocerse el fallecimiento este domingo de Jairo Corbacho, un joven jugador de fútbol que, con tan sólo 20 años de edad, había formado parte de algunos de los clubes más reconocidos de la provincia malagueña como La Cala Mijas o el Vázquez Cultural. Por el momento se desconocen las causas del fallecimiento.
Su muerte ha provocado una oleada de comentarios y reacciones en las redes sociales por parte de todo el sector deportivo malagueño, especialmente los más jóvenes. Jairo era hijo de Miriam Bornao, presidenta del CD Torreón Cala de Mijas Femenino.
La alcaldesa de la localidad de Mijas, Ana Carmen Mata, ha trasladado su “más sentido y sincero pésame” a toda la familia del joven jugador. “No hay derecho a que algo así le ocurra a un chico tan joven, tan lleno de vida y futuro“, asegura en sus redes sociales.
También el RFAF Málaga ha expresado públicamente su pesar tras la publicación de la noticia, mostrando su “consternación” ante una pérdida que será recordada en el deporte malagueño.
Un día después de que el Pontevedra tumbase al Mallorca, vigente subcampeón, el Almería, bien situado para pelear por el ascenso a la máxima categoría, pasó por encima del Sevilla y se clasificó para los octavos de final de la Copa del Rey. Tres tantos del colombiano Luis Suárez y uno de Marezi dieron la concluyente victoria a los locales (4-1), gracias a su gran reacción en la segunda parte. Isaac Romero hizo el tanto del equipo que entrena García Pimienta, que se adelantó en el marcador en el minuto 4.
El Almería salió desatado en la segunda mitad. Tras el empate logrado por Marezi, Bruno Langa puso el balón a Luis Suárez para que hiciera el primero de su hat trick. Es la segunda ocasión esta temporada en la que logra tres tantos en un partido, pues ya lo hizo en la Liga ante el Racing de Ferrol.
La mejoría de los jugadores de Rubí ya se atisbó mediado el primer tiempo. Antes del descanso, en una falta en la frontal el disparo de Melamed se marchó por encima del larguero de la meta hispalense. Fue sólo un indicio de lo que estaba por venir ante un rival superado y sin apenas respuesta.
El Athletic necesitó los penaltis para eliminar al Logroñés, de Primera Federación. No hubo goles ni durante los 90 minutos ni en la prórroga. Los rojiblancos, que ganaron el título en abril ante el Mallorca en los penaltis, se vieron abocados a ellos de nuevo. Unai marcó el definitivo, después de que hubieran fallado los locales Gualda (parada de Agirrezabala) y Sarriegi, que lo envió fuera. También erró Nico.
En las otras eliminatorias, Osasuna y Betis hicieron valer su papel de favoritos y eliminaron en el tiempo reglamentario a Tenerife y Huesca, respectivamente. Los de Pelegrini, con algo más de sufrimiento que los de Arrasate, pero ambos conjuntos están ya en los octavos de final de la Copa.
Cuando el golf español español todavía se lamía las heridas olímpicas, en el mismo domingo donde a Rahm se le escapaba en el playoff su segunda victoria en el LIV Golf, Josele Ballester se ha convertido, 130 años después, en el primer ganador español del US Amateur.
En el día de su 21 cumpleaños el apellido Ballester ya figura en la copa Havemeyer al lado de nombres tan ilustres como el de Bobby Jones, Arnold Palmer, Jack Nicklaus o Tiger Woods.
Resulta difícil explicar en palabras o poner en contexto lo complicado que es lograr un título de esta magnitud y hacerlo además de la forma que el golfista de Castellón lo ha hecho, un soberbio control a lo largo de seis días, y nueve rondas de golf. Josele, número 10 del mundo amateur del golf, se impuso en la final con dos hoyos de diferencia a Noah Kent de la Universidad de Iowa y número 560 del mundo.
Quizás los momentos de mayor incertidumbre de la semana llegaron en los últimos tres hoyos, una final que tenía bajo con-trol y donde llegó a tener cuatro hoyos de ventaja se reducía a la mínima expresión. El español llegó al tee del último hoyo de final, el número 36 con solo un hoyo de ventaja, pero demostró, que además de jugar muy bien al golf, es capaz de soportar la presión.
Con los dos putts en el último green, los sentimientos salieron como de una olla a presión. Josele lloraba como un niño abrazo a su amigo y caddie esta semana Alberto. La escena conmovía y denotaba el final feliz de una historia que, en algún momento, no lo fue tanto. "He sentido liberación, lo he soltado todo, este año ha sido complicado a nivel personal, me vine a Estados Unidos sin estar muy a gusto con mi vida, reconociendo que soy un privilegiado y que tengo mucha suerte, y una vez acabado el partido me he acordado de mis padres...".
El español seguirá con ilusiones renovadas un año mas en Arizona State, la universidad más española, por donde dejaron su impronta Alejandro Cañizares, Jon Rahm, Azahara Muñoz, David Puig o Carlota Ciganda.
Un año, el próximo, donde Josele, gracias a su gesta, podrá debutar en el Masters de Augusta, Us Open y volverá a jugar el Open Championship, ya lo hizo el año pasado en su condición de campeón de Europa Amateur.
"Desde muy pequeñito era un mini pro, apuntaba unas maneras y profesionalidad inusual, va completando los pasos para convertirse en un gran jugador, aunque todavía tiene que trabajar en la precisión desde el tee de salida, ha sido bastante autónomo, pero es un ju-gador que escucha y absorbe", describía Nacho Gervás, director deportivo de la Real Fe-deración Española de Golf, con la voz emocionada al otro lado del teléfono.
"Con dos cojones", se le escuchó automotivarse junto a su caddie en algunas fases de la final disputada en Hazeltine, "uno de los cambios que he realizado y que me ha venido muy bien es jugar un poco más agresivo", Josele es uno de esos jugadores que motiva seguir en un campo de golf.
Ballester seguirá un año más, el que le queda en Arizona State, como jugador aficionado y después decidirá sobre su futuro profesional en el golf, desde hoy tendrá que lidiar también con los cantos de sirena del LIV Golf y sus ofertas millonarias. El de Castellón prefiere no pronunciarse, toca ahora disfrutar del momento y de la hazaña. Ballester es jugador muy ligado a la familia de Sergio García, donde ha tenido a su padre Víctor como entrenador. La inagotable cantera del golf español sigue fabricando estrella y Josele es sin du-da, una de las más importantes.
Las escenas de júbilo tras el GP de Mónaco reeditaron viejos tiempos de gloria en Ferrari. Envuelto en la bandera monegasca, harto de abrazos con la familia real, Charles Leclerc aguardó a los acordes del otro himno para no dejar escapar ni un verso del Fratelli d'Italia. Los mecánicos habían reservado un par de botellas de champán para la fotografía oficial, a la que no faltaría Carlos Sainz. Tampoco iba a librarse Fred Vasseur, team principal del equipo, sumergido en las aguas del puerto tras un empujón del vencedor.
Hay razones que justifican la euforia en la Scuderia, porque Leclerc convirtió al fin su pole en victoria, tras 12 intentos fallidos. De este modo se evitó el sonrojo de igualar el récord negativo de René Arnoux, que jamás sumó un triunfo pese a partir 13 veces desde la mejor posición de la parrilla. Dentro de dos semanas, en Montreal, el SF-24 se perfila de nuevo al menos con las mismas opciones que Red Bull. Sobre otro trazado poco convencional, el monoplaza rojo representa algo más que una amenaza para Max Verstappen.
Bryan Pozzi, su nuevo ingeniero de pista, le adelantó por radio una cifra errónea, pero son 31 los puntos de déficit de Leclerc frente al líder del Mundial. Un margen aún considerable, aunque ínfimo comparado con el de 2023, cuando tras las ocho primeras carreras, cedía 141 ante Mad Max. "Queda aún mucha temporada por delante. Sin embargo, a nivel emocional, esto significa mucho para mí", advirtió durante la rueda de prensa oficial de la FIA.
"Nunca con piña"
A esa cita con los periodistas llegó Leclerc con bastantes minutos de retraso. De hecho, Oscar Piastri y Sainz optaron por tomárselo a chufla. "Acabo de dormir más ahora que la pasada noche", bromeó el australiano, repantingado en el sofá. Debía de andar algo nervioso desde el sábado porque ni siquiera puso en un aprieto a los Ferrari.
Mucho más plácida había resultado la noche para Leclerc. "Dormí muy bien, pese a que cené muchísimo. Había llegado demasiado tarde a casa y no pude cocinar, así que pedí que me trajeran una pizza", detalló ante las risas del auditorio. De inmediato, alguien quiso saber su sabor favorito. "Pizza Margherita con prosciutto crudo. Nunca con piña", aclaró, sin aclarar si a su perro Leo le había alcanzado alguna porción pequeñita.
En el Principado, la vida familiar de Leclerc gira en torno a dos mujeres: Pascale, su madre, y Alexandra Saint Mleux, su novia. Durante todo el fin de semana, ambas han luchado contra los nervios en el paddock. La autoridad de Pascale se demuestra incluso con unas tijeras, cuando considera que Charles se ha dejado demasiado largo el pelo. Sus hermanos Arthur, ex piloto de la Ferrari Driver Academy, y Lorenzo, no cabían ayer de gozo. Por no mencionar a Nicolas Todt, algo más que un representante para el clan familiar.
La foto de grupo de Ferrari en Mónaco.SCUDERIA FERRARI
Sin embargo, el vacío dejado por Hervé, su padre, sigue resultando duro. Ex piloto de F3 en la década de los 90, su muerte a los 54 años dejó en shock a la familia. Aquel domingo de 2017, Charles no faltaría a su carrera de F2. Y ayer, justo antes de paladear la gloria en casa, los recuerdos afloraron sin filtro. "Debo admitir que durante las últimas vueltas he pensado más en mi padre que en otra cosa. Él lo entregó todo para que yo hoy esté aquí", confesó.
La emotividad del momento ya se había llevado por delante al Príncipe Alberto. Ajeno a cualquier protocolo, el soberano festejó en el podio a lágrima viva. "Cuando tenía 12 o 13 años, mi padre me llevó a palacio por primera vez. Buscábamos financión para mi carrera. Desde entonces, el Príncipe siempre ha tenido palabras bonitas en los buenos momentos y también en otros mucho más difíciles", relató. Durante la tradicional gala con la que se agasaja al vencedor, el monarca también parecía rememorar aquellos tiempos.
A esa cena tampoco iba a faltar Vasseur, el director que le dio un asiento en Alfa Romeo y con el que conquistó sus primeros puntos durante el GP de Azerbaiyán 2018. Pese al remojón y las burbujas en el vaso, el jefe de Ferrari aún intentaba contener tanto entusiasmo. "No debemos dejarnos llevar y tenemos que mantener la concentración, pero esta victoria es una gran motivación, tanto para la gente que viaja como para la de Maranello".