El triatleta de 49 años que permanecía ingresado en el hospital Arquitecto Marcide de Ferrol (A Coruña), tras desvanecerse durante su participación en el Northwest Triman de As Pontes el pasado 25 de junio, ha muerto en las últimas horas.
Fuentes consultadas por Europa Press han confirmado este jueves la muerte que avanzó en la tarde del miércoles el portal Triatlon Channel.
Inmediatamente después fue trasladado al hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, en cuya Unidad de Cuidados Intensivos permanecía ingresado desde entonces.
Según señalan desde la organización, el problema de salud se produjo cuando encaraba la segunda mitad de la prueba de natación, la primera de las tres partes de un triatlón.
Un miembro de la organización fue quien tras recibir el aviso de otro participante y darse cuenta de que el hombre flotaba inconsciente, se lanzó al agua para actuar con la mayor rapidez posible y proceder a su reanimación.
Después de que personal médico de la organización le practicase el masaje cardíaco durante más de 20 minutos, fue trasladado al hospital Arquitecto Marcide de Ferrol, en cuya Unidad de Cuidados Intensivos permanecía ingresado desde entonces.
El triatleta madrileño L. A.V.G. sufrió un desvanecimiento súbito y se descarta como causa el sobreesfuerzo ya que era aún el inicio de la prueba. No ha trascendido si el triatleta tenía algún tipo de patología previa que pudiese desencadenar la pérdida del conocimiento.
Lucas Sáez-BravoEnviado especial MálagaEnviado especial MálagaActualizado Viernes,
16
febrero
2024
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23:19El partido trampa lo fue. El último envite de...
El Barça que avasallaba en Liga fue un espejismo. No aparece y el campeonato se le atraganta ahora que sus rivales se aceleran. Hace tiempo que perdió su ventaja y la alegría que muestra en las copas y en Europa se esfuma y flaquea cuando debe engancharse a la pelea doméstica. Se enredó en el Coliseum y mira de lejos el liderato que un día atesoró. [Narración y estadísticas (1-1)]
El Getafe es experto en preparar encerronas. Desde 2019 había conseguido que el Barça cayera en la trampa una y otra vez. No sólo no ganaban los culés, sino que en las últimas cuatro temporadas no habían ni siquiera conseguido marcar. La dificultad parecía que iba a durar nueve minutos. Quiso Bordalás ahogarles en la zona de creación, evitando que el balón fluyera a los costados para Lamine Yamal y Raphinha. Pero la efervescencia de su plan la desbravó Pedri encontrando un pasillo imaginario al corazón del área donde apareció Koundé con un desmarque en diagonal. Se lanzó Soria a los pies del francés sin quedarse un balón y, a trompicones, lo mandó el lateral al fondo de la red.
Con la ventaja pareció que el Barça podía desmadejar a un equipo en el que sólo Coba por la orilla izquierda mostraba ímpetu en ataque. Volcados en la contraria estaban los azulgrana, encontrando flancos por donde perforar el muro. Lo pudo hacer Raphinha cabeceando un centro de Koundé, otra vez en el área. Flick se llevaba las manos a la cabeza porque Lamine había retado a Rico para encontrar a Gavi, que vio aparecer al lateral francés y dejó que pusiera la asistencia. Se habían colado por las grietas del Getafe sin aprovecharlo para engordar el marcador. Y eso, en el Coliseum, se paga.
protocolo antirracismo
En una contra, fueron los hombres de Bordalás los que se sacudieron el primer golpe. Una jugada iniciada por Aleñá, que se apoyó en Milla, facilitó el remate de Coba en el segundo palo. El rechace de Iñaki Peña acabó en los pies de Arambarri, quien sólo tuvo que empujar el balón a la red. Koundé rompió el fuera de juego. El equipo menos goleador había descosido al Barça, que tenía que empezar a roer de nuevo el hueso para no ver como espectador la pelea por el título.
Nunca es el Getafe un rival cómodo en su fortín, pero al Barça ya no le quedan vidas. La exhibición en el Clásico de la Supercopa o ante el Betis no suman puntos, ni siquiera parecen haber dado el impulso suficiente. Lo sabe el técnico alemán, que volvió a llevarse las manos a las cabeza cuando, al filo del descanso, Lewandowski tampoco acertó a cabecear entre los tres palos un centro telegrafiado de Balde. La necesidad empujaba a los dos equipos a desatarse en la segunda parte, que arrancó con González Fuertes activando el protocolo antirracismo por la denuncia de gritos desde la grada.
Flick buscó hacer correr más la pelota poniendo a De Jong al mando. Casi lo nubla Arambarri después de que Uche corriera a la espalda de Cubarsí y encontraran con un taconazo a Djené para que se la dejara del cara a uruguayo, que tuvo doble castigo: su remate acabó en las manos de Iñaki Peña y se lesionó.
Los futbolistas del Barça, tras el 1-1 de Arambarri.AP
No tardó en responder el Barça con una escapada de Raphinha que buscó a Lewandowski y el polaco a Lamine, que apareció para pegarle mordida. Ante la necesidad, la estrella comenzó a soltar chispazos que electrizaron a los culés. No fue suficiente para tumbar a un equipo acostumbrado a mascar hormigón y esperar el error del rival. Lo pudo provocar Uche en un contragolpe y Flick respondió mandando al campo a Dani Olmo. La aceleración tenía que ser máxima sin caer en la precipitación.
Nada le salía porque enfrente tenía a un rival curtido en estas batallas, capaz de compactarse y volverse pétreo al tiempo que explota su capacidad de sorpresa, como hizo Djené rematado a las nubes un centro de Uche o Diego Rico cazando una carambola tras un córner que estrelló en el pecho de Iñaki Peña. El Getafe no dejó de buscar su oportunidad sin olvidarse de los deberes encomendados por Bordalás. Y si fallaban, estaba David Soria, que salvó con la manopla un disparo lejano de De Jong.
Reclamó el Barça penalti por un abrazo de Uche a Koundé y Lamine siguió insistiendo en buscar centros a Raphinha, que remató a bote pronto al lateral de la red. No había manera de encontrar la vía de tumbar al Getafe y la losa de haber sumado seis puntos de los últimos 24 es ya demasiado pesada.
El Real Madrid otea la presa mayor, el título que define su forma de ser, y se encienden todas sus alarmas competitivas. Como un resorte, como si todo lo demás aburriera. A un mes vista, Berlín, la que sería la 10ª Final Four de las últimas 13. El Baskonia, ese viejo rival siempre tan incómodo, tan atrevido, pagó en el primer round de cuartos el desenfreno blanco, esa versión tan coral, tan consistente y tan temida. [90-74: Narración y estadísticas]
Fue un Madrid robusto y un Baskonia con poco aliento, pagando los excesos que le han traído hasta los playoffs de la Euroliga cinco años después. El play in devino en fiesta final el pasado viernes ante la Virtus, pero mientras su rival estaba afilando el colmillo. Y eso se reflejó en el WiZink, tan distinto todo a lo sucedido hace apenas 15 días, cuando los de Dusko Ivanovic salieron victoriosos.
Esta vez no hubo resquicios (siete pérdidas, 21 asistencias) y ese es el Madrid que se espera en estas alturas. Agazapado en defensa con ese último bastión que es Tavares, en busca de la versión MVP de la pasada Final Four. Y eléctrico al galope, donde nadie le puede contener. Y en estático, el talento de los Brates. Musa y Hezonja fueron el principal arma ofensiva desde el amanecer, ocho puntos el bosnio, tres triples el croata, para marcar territorio desde el primer cuarto.
Ni siquiera Markus Howard fue factor desequilibrante. Porque el Madrid aprendió que la obsesión es mal antídoto ante el genio de origen puertorriqueño. Howard lanza y anota, tantas veces de formas imposibles, este quien este delante. Por momento provocó el cabreo del siempre inflamable Hezonja ante su emparejamiento y atinó con un par de triples asombrosos en el comienzo del segundo cuarto. Pero un golpe con Rudy le dejó lastrado. Y el Baskonia siempre estaba lejos, 17 abajo (42-25) cuando el Chacho encendió su lamparita, un puñado de buenas asistencias y un triple que celebró con rabia. Fue el curso pasado a estas alturas cuando se echó al equipo a la espalda y protagonizó un fin de temporada pletórico; Sergio Rodríguez sabe cuando es el momento de desplegar la magia.
Musa
Había cierta sensación de impotencia en los visitantes, que atraviesan una temporada demasiado irregular, fuera de la Copa y con apuros para entrar en los playoffs ACB. Sin Moneke, ausente por un esguince, pierden además energía y rebote. La vuelta de vestuarios fue otro sopapo, un 8-0 que estiraba la desventaja, Musa ya disparado en anotación, Yabusele sumándose a la fiesta y la noche resquebrajándose del todo. Y Hezonja descansando tras un golpe en la primera mitad.
No hubo más partido, apenas carreras y mentes pensando en lo que viene. El jueves, el segundo envite. El alargue dio, eso sí, para un momento único, el récord de triples de Sergio Llull, al que sólo faltaba uno para igualar a Juan Carlos Navarro en el histórico de la Euroliga. Lo logró a falta de siete minutos, para poner una máxima de 26 (79-53), en un lanzamiento de esos desequilibrados, con parábola, con un defensor encima, en la esquina... Y poco después lo batió, el 634 de una cuenta maravillosa que reconoció, en pie, todo el WiZink.