El exwaterpolista Oscar Rey (Manresa, 13 de abril de 1980), mundialista con la selección española en Montreal 2005 y bronce en el Europeo del año siguiente en Belgrado, ha fallecido, según ha anunciado este sábado la Real Federación Española de Natación (RFEN).
Rey se formó en las filas del CN Manresa y en 1996 pasó a formar parte del CN Sabadell, club con el que conquistó la Copa del Rey (1998, 2005) y la Supercopa de España (2003, 2006). En 2009 regresó al CN Manresa.
Como internacional jugó 51 partidos entre 2003 y 2007 y además del bronce en el Europeo de 2006, también consiguió la misma medalla en la Liga Mundial y la Copa del Mundo.
Con el talento desatado de Dzanan Musa todo es más sencillo. Se disipa el cansancio acumulado, se aplaca el ímpetu del rival, se disimulan los errores colectivos y el baloncesto, en fin, fluye como sus atildados movimientos, como si no costara. El bosnio firmó en el Buesa Arena la noche que confirma su mejoría, el líder que debe ser, 29 puntos en una tormenta perfecta que ahondó en la depresión del Baskonia y que mantiene la pujanza recobrada del Real Madrid, siete victorias en los últimos ocho partidos y con el billete sellado hacia la Copa del Rey. [82-89: Narración y estadísticas]
El Madrid, que sigue sin ser la perfección, fue superior de principio a fin en Vitoria, en esta semana 'cuádruple' sin precedentes para ambos. Se apoyó en otro amanecer poderoso, en ese cambio de actitud de últimamente, y sobrevivió a sus pérdidas (15), al rebote ofensivo del Baskonia (14) y al bajón, que ya no es una novedad sino tendencia, con su segunda unidad. Campazzo (17 puntos, seis asistencias) templó en el desenlace y Hezonja, con un triple desde ocho metros marca de la casa, hizo añicos cualquier esperanza de remontada local.
No está Pablo Laso para fiestas, con su Baskonia hundido tanto en Europa como en ACB. Apenas le quedan ya opciones de clasificarse para la Copa de Las Palmas, un borrón imperdonable (han fallado en tres de las últimas cinco). Si alguna esperanza de resucitar tenía en la visita del que fuera su Madrid, al que había derrotado en Euroliga en octubre, no tuvo el viento a favor en casi ningún momento. Con la baja de su capitán Sedekerskis, Markus Howard -borrado por un excelente, otra vez, Abalde- se lesionó antes del descanso y Moneke tampoco participó demasiado.
Khalifa Diop, defendido por Garuba, en el Buesa.ADRIAN RUIZ HIERROEFE
El Madrid arrancó con el pie a fondo en el acelerador. Un 16-28 que era una declaración de intenciones. Musa sumó sus 15 primeros puntos sin despeinarse (no iba a fallar ninguno de sus cinco triples; acabó con 38 de valoración). Pero, como siempre, fue sentarse Campazzo y Tavares y todo se desmoronó. Es preocupante el desempeño tanto de Andrés Feliz en la dirección como de Serge Ibaka en la pintura. Con ambos en pista, se vino arriba el Baskonia, con la clase de Luwawu-Cabarrot y un parcial de 12-2. De nuevo estiró el Madrid y un triple de Rogkavopoulos dejó la herida un poco menos abierta al descanso (39-47).
La segunda parte repitió el guion. Garuba, con su energía, suplió bastante mejor a Tavares que Ibaka. El Baskonia hacía la goma permanentemente, pero no se arrimaba lo suficiente. En el desenlace, con Campazzo dueño del escenario (muy superior a la pareja de bases del rival), un triple de Hezonja fue el puñal en el corazón vitoriano.
No hay tiempo para lamentos ni festejos. El miércoles ambos tienen duelo. Y el viernes, y el domingo...
A España no sólo la ha encaminado hacia la cuarta Eurocopa de su historia el desparpajo de chavales en el campo, también fueron ellos los que dirigieron los festejos. En el césped hubo lágrimas, abrazos, manteos a De la Fuente y fotos, muchas fotos, pero pareció una celebración contenida hasta que estalló en el vestuario. Música y baile bajo la batuta de, cómo no, de Nico y sobre todo Lamine Yamal. Fue el DJ, contagió a Álvaro Morata en calzoncillos e hizo bailar no sólo a su hermano Williams, MVP de la final, sino a los lesionados Rodri, Pedri, Ferran y hasta Gavi y Navas, que movió su dolorida cadera. No se quedaba atrás tampoco Fermín, otro del clan salvaje.
A sus 17 años, Lamine tuvo un momento de tranquilidad sobre el césped, jugando con su hermano pequeño, pero luego dio rienda suelta al festejo, primero con un sombrero y después con gafas de sol camino del autobús. "Es increíble poder estar aquí. ¿A Cibeles? No, a Madrid". Antes, una foto con la copa y dos checks: "La ESO. Campeón de Europa". La fiesta acababa de comenzar.
Ya había sonado Raphael, la Potra Salvaje y toda la playlist que ha acompañado las previas de los siete partidos y había quien empezaba a desesperarse. "¡Creo que ya me están llamando!". Cucurella no dejaba de apretar el claxon del autobús, rápidamente personalizado con la pegatina de campeones de Europa, mientras Rodri se emocionaba recordando su lesión, su MVP y su primera Eurocopa. "Cuando ha marcado Mikel, me he puesto a correr como un loco y se me ha olvidado la lesión hasta que el médico me ha dicho '¡eh, ojo!'. Estaba muy triste, pero chapeau por estos chavales".
A su lado, Nico Williams casi soltaba una lágrima recordando a su familia. "He hablado con mi hermano a través del móvil de mi madre porque yo no he podido ver el mío todavía. Me ha dicho que me quería y que está muy orgulloso, que el nombre de los Williams está en el cima del fútbol mundial", y casi se rompe al hablar de su madre: "Mis padres lo han pasado muy mal, especialmente mi madre. Esto es para ellos".
La fiesta en la zona mixta la puso Álvaro Morata, capitán y convertido en DJ de la selección por un ratito. Con un altavoz gigante en la mano con la bandera de España, el grupo caminó con por el pasillo de medios con una cerveza en la mano y al ritmo de una versión tecno del Viva España de Manolo Escobar. "Esto es tremendo", admitía Le Normand. "Algo único", reconocía Navas. "Dentro de nueve meses va a haber un boom de natalidad", vacilaba Cucurella. El lateral, uno de los hombres de esta Eurocopa que aún ayer escuchó pitos, tendrá que pensar si se tiñe la melena de rojo, como prometió. Antes pagó otro peaje: en la cena de los campeones, ya en el hotel con las familias, Morata le hizo subirse a la mesa, agarrar el micrófono y cantar la canción que le dedican en Inglaterra. "Cucurella se come una paella, se bebe una Estrella. Tiembla Haaland, que viene Cucurella", interpretó entre el júbilo de sus compañeros.
También tuvo tiempo el lateral del Chelsea para enviarle un recadito a Gary Neville en sus redes sociales. El comentarista de Sky Sport había dudado de él. "Pienso que Cucurella es una de las razones por las que España no puede llegar a la final", dijo. "Llegamos a la final. Gracias por tu apoyo", le contestó el catalán son sorna.
Era el momento de las risas, aunque a Oyarzabal, autor de un gol para la historia, le costó desatarse. "Lo primero que pensé al marcar fue en si había sido fuera de juego, porque era muy justo. Luego ya sólo escuchaba gritos", bromeaba. Alguno eran de Álex Remiro, el único jugador que no ha disputado un minuto en esta Eurocopa, pero que predijo el gol de su compañero en la Real. "En la merienda me dijo que hoy marcaba", confesó el vasco. No fue el único. "Le dije 'cómo te huele el pie a gol, niño', y he acertado. Igual me tengo que dedicar a eso", bromeaba Morata.
No salió el capitán con un balón bajo el brazo, pero sí Ferran, Pedri y Fabián. "Nos los vamos a llevar todos", decía el andaluz entre los gritos de Viva España del canario, enfundado en su bandera. A todos les costó anoche hacerse fotos en el césped con sus amigos y familiares. La seguridad del estadio impedía que bajaran al césped y Laporte o Dani Olmo tuvieron que acercarse a negociar.
Lamine juega con su hermano pequeño.F. VOGELEFE
Lo consiguieron Zubimendi, cuyos familiares llevaban la camiseta de la Real Sociedad, los de Ferran y los hijos de Morata, que lloraron de emoción tanto como su padre antes de comenzar a jugar con un balón en el césped ajenos al jolgorio en el que Lamine se había puesto un sombrero con los colores de la bandera y Luis de la Fuente volaba por los aires manteado.
Guardó el seleccionador un discreto segundo plano. Eso sí, se hizo una foto con sus sobrinos y la bandera de La Rioja con el nombre de Haro e hizo una piña con sus seres queridos, como si el partido fuera a comenzar. Quien fue corriendo a abrazarle fue el padre de Lamine, consciente de lo que la apuesta del seleccionador ha supuesto para su hijo. Lo llevaba en la mano: el trofeo de mejor joven. Apareció poco más De la Fuente, por los compromisos federativos y por su perfil. Salió del vestuario casi por la puerta de atrás y con la camiseta de Reyes de Europa en la mano.
La Copa fue del vestuario al autobús en un arcón, pero era imposible que permaneciera guardada. La sacó Morata, que le cantó el 'No puedo vivir sin ti' de Coque Malla y la manosearon todos. Hasta el Rey Felipe la alzó sobre el césped como si fuera un jugador más.
A la celebración sólo le faltó una traca, esa que el delegado Fernando Giner, valenciano, se quedó con ganas de tirar a las puertas del Olímpico.