Una nueva tragedia sacude al ciclismo colombiano. Juan David Cárdenas, ciclista juvenil de 19 años, ha muerto en un accidente de tráfico cuando se entrenaba en una carretera del departamento de Boyacá, informa Efe.
El jefe de Tránsito y Transporte de la Policía en Boyacá, el capitán Jonny Camilo González, ha informado de que todo ocurrió el lunes cuando Cárdenas estaba realizando “uno de sus entrenamientos de rutina” en la carretera que une al municipio de Paipa con el de Tunja, capital de Boyacá.
El joven, ha explicado el oficial, murió cuando se estrelló contra una camioneta que estaba haciendo mantenimiento en la vía, un accidente similar al que sufrió hace tres años Egan Bernal, campeón del Tour de Francia y del Giro de Italia y que por poco le cuesta la vida.
“Nos solidarizamos con su familia en su dolor”, dijo el capitán González sobre el accidente sufrido por el ciclista juvenil.
El Instituto Departamental del Deporte de Boyacá (Indeportes Boyacá) recordó que Cárdenas formó parte desde niño del Programa Boyacá Raza de Campeones, en el que integró los equipos de las categorías prejuvenil y juvenil.
Su accidente se une a una trágica lista que se ha incrementado en los últimos meses y que tiñe de negro al ciclismo colombiano.
En octubre pasado, el ciclista Santiago Ruiz, de 17 años, falleció al ser atropellado por un camión en una carretera cercana a Bogotá.
El joven, que iba a competir en la Vuelta del Porvenir de Colombia la semana siguiente, estaba entrenándose en la carretera que une a Soacha con el Alto de Mondoñedo, en el departamento de Cundinamarca, cuando fue arrollado por un camión.
En mayo de 2024, la ciclista colombiana Ana María Bustamante, que había sido atropellada por un camión en febrero en el sur de Bogotá, falleció debido a la gravedad de las heridas.
El niño del Giro de Italia es un alumno privilegiado que encandila por su precocidad. El equipo Soudal Quick-Step mima al francés Paul Magnier, el más joven de la Corsa Rosa, un velocista que a sus 21 años y 30 días ya ha escrito seis capítulos en su palmarés y presume de tutores con pedigrí.
El chaval, que el martes sorprendió con séptimo puesto en el sprint de Lecce, cautiva a los técnicos del equipo belga por su desparpajo. En 2024 debutó como profesional y ganó cinco etapas, tres de ellas en el Tour de Gran Bretaña, donde contó con Remco Evenepoel y Julian Alaphilippe como lanzadores. Ambos protegían a un aprendiz de clasicómano que ese año impactó con victorias en el Trofeo Les Salines (primera carrera en la élite) y en el Tour de Omán. En categoría sub'23 se anotó dos triunfos en el Giro Baby y otro en la Carrera de la Paz. En el actual curso ha ganado una etapa de la Estrella de Bessèges.
Magnier nació en Laredo (Texas), pero posee nacionalidad francesa. A los 13 años comenzó a competir por la insistencia de su padre. «Al principio, el ciclismo no me interesaba, pero mi padre me compró una bicicleta de montaña para divertirme. Me llevó a algunas carreras y me enganché», dijo a la revista Vélo. Se incorporó al grupo nodriza del Soudal Quick-Step tras lograr sendos bronces en el Europeo de ruta sub-23 y en el Mundial júnior de mountain bike de 2022. Paul tiene la fortuna de compartir equipo con su ídolo: «Cuando veía las carreras por televisión siempre me fijaba en Julian Alaphilippe. Me fascinaba lo que hacía, ganando con estilo y haciendo que el ciclismo fuera divertido y espectacular».
En la formación belga también ha coincidido con Mikel Landa, que ha abandonado el hospital de Albania y ya ha iniciado la convalecencia en su propia casa por caída del viernes.
Patrick Lefevere, director general del Soudal-Quick Step, valora la versatilidad del chaval: «Tiene mucho talento, como demuestran sus notables resultados en varias disciplinas». Esa confianza se ha ratificado en la presencia en relevantes citas de esta temporada: Giro, Tirreno-Adriático, Tour de Flandes, A Través de Flandes, Gent Wevelgem, Omloop Nieuwsblad. «Mi prueba preferida es el Tour de Flandes, sueño con ganarla, llegando en solitario a la meta», ha dicho en la web de su equipo. Al francés le apasiona la liturgia de las clásicas de los adoquines. El pasado abril debutó en Flandes con un 62º puesto. «Son carreras muy duras, con grandes luchas por la posición antes de las subidas y por el duro clima, con lluvia, viento y bajas temperaturas. Al mismo tiempo, son increíblemente hermosas», ha explicado.
Esa pasión por el pavés llena de orgullo al equipo belga. Su compañero, Yves Lampaert le aventura un futuro espléndido: «Se le puede comparar con Tom Boonen. Es muy explosivo y tiene mucho fondo. Esperamos mucho de él, puede ser un gran campeón. No es un velocista puro, pero es muy rápido. En Gent-Wevelgem o incluso en Paris-Roubaix, si logra llegar al final, puede tener oportunidades». El director deportivo, Tom Steels, también destaca, en Vélo, al joven ciclista: «En Paul vemos un gran potencial. Ya impresionó en su primera temporada. Es alto y muy rápido, se parece a Boonen».
Con 21 años ya suma seis triunfos y también sabe lo implacable que es el ciclismo. El pasado año, cuando peleaba por la cuarta victoria en el Tour de Gran Bretaña sufrió una caída que le provocó una lesión en la pierna izquierda y en el codo y una conmoción cerebral que le mantuvo dos semanas inmovilizado en la cama.
El niño del Giro, que sueña con los adoquines, sabe sufrir.
La vida de Gonzalo Ariño (Onda, Castellón, 1999) es como una etapa rompepiernas. No hay tregua sin repecho. «La vida te va dando golpes, pero ya sabes cómo gestionarlo. Te puedes quedar en el sofá sentado, dándole vueltas a la cabeza. O te levantas, te mueves y empiezas a hacer cosas», reflexiona sin rastro de debilidad, ni física ni mental. Conversa con EL MUNDO a unos días del puerto más temido, su segundo paso por el quirófano para extirpar el tumor cerebral que se le ha vuelto a reproducir.
Ariño ni siquiera aún era ciclista profesional cuando «un mareo raro» en su casa encendió todas las alarmas. «Intentaba hablar y no me salían las palabras», recuerda de ese verano de 2021. Fue operado en septiembre, en el Hospital Universitario de la Ribera, en Alcira (Valencia), todo tan deprisa que ni siquiera supo muy bien a lo que se estaba enfrentando. «Yo sólo pensaba en cuándo me iba a volver a montar en la bicicleta. Mi objetivo era volver lo antes posible a mi vida, a mis estudios (Geografía y Ordenación del Territorio), a competir».
Y lo hizo, claro. «Porque la bici es mi medicina». «Tenían que ponerme freno. Iba demasiado rápido. A los dos días de salir del hospital estaba ya subiendo escaleras. Al rodillo no tardé en subirme tampoco, en apenas un mes. Me decían que no debía sudar...», relata con media sonrisa. La etapa rompepiernas transitaba por un momento dulce ahora. Hoy tiene el recuerdo imperecedero de cuando pudo volver a la carretera. «Fue muy especial. Salí con mi padre. Dos horitas con parada para el café. No la olvidaré».
Aunque el siguiente mazazo para el niño que había dejado a un lado el kárate y el fútbol para apuntarse a las escuelas de ciclismo de Onda, influencia paterna, estaba cerca. Lo cuenta con crudeza y precisión. «Yo ya estaba operado, me frotaba las manos, ya iba a empezar a hacer vida normal, a volver a la bici. Cuando me dijeron que tenía que estar medio año con la quimio fue el peor golpe. Sufrí un colapso, porque mis planes se truncaron. El tratamiento de quimioterapia y radioterapia se alargó un poco. Me fastidió mucho. Una semana al mes tenía quimio. Lo compaginé con los estudios y la competición. Y me dejaba muy tocado, pero seguía. Tenía dudas de si iba a ser capaz, pero en una carrera en Sabadell tuve muy buen resultado, quedé quinto. Y me dije, vamos a seguir palante».
Gonzalo Ariño, del Illes Baleares Arabay.David González
Y llegó el final de 2023 y otra vez la carretera de su existencia tornó veloz y soleada, como si el viento ahora le empujara. El Illes Balears Arabay iba a materializar el sueño de su vida, desde cuando en infantiles, «muy bajito porque crecí de los últimos», se lo pasaba pipa compitiendo que no ganando. Ahora Gonzalo era ciclista profesional. «Igual tenían opciones más fiables que yo, pero me dieron la oportunidad. Le tengo que dar las gracias a Toni Vallcaneras, el gerente de Arabay», hace hincapié. Y, de repente, se vio en mitad del pelotón, saludando a Carlos Rodríguez, diciéndole que era su ídolo, aquella primera carrera en La Nucía, «un buen golpe de realidad» también. Pues nada tenía que ver con el ciclismo amateur. «Dije: 'Madre mía la que me espera'», rememora.
El castellonense se ganó la renovación gracias a sus buenos resultados, a lo que apuntaban su piernas. Pero no iba a ser todo cuesta abajo. Los controles médicos rutinarios del año pasado mostraban síntomas extraños. El tumor volvía a asomar. «Alguna resonancia salió mal y la oncóloga me dio malas referencias. Tenía miedo. Aunque entonces se acabó limpiando todo, el susto me lo llevé y estuve un tiempo parado». Otra vez los subes y bajas. «En verano volví a entrenar y surgió la opción de ir con el equipo al Tour de Estambul. Y el primer día, en Çatalca, me metí en la fuga. Una sensación espectacular, la mejor de mi carrera».
Ariño posa para EL MUNDO, en Benicasim.David González
Este 2025, con los colores blancos y negros del equipo balear, Ariño comenzó a tope, desde enero: Morvedre, Ruta de la Cerámica, Clásica de la Comunidad Valenciana, Trofeo Calviá, Volta a la Comunidad Valenciana, O Gran Camiño, Gran Premio Miguel Indurain... Aunque... «En las últimas pruebas se ha confirmado que el tumor se ha reproducido definitivamente. Estoy tranquilo, porque parece bastante pequeño. No como la otra vez, que eran seis centímetros. Sé lo que viene y no me asusta», pronuncia, mencionando su confianza en el doctor Pedro Riesgo, su ángel de la guarda.
El mismo que tras la primera intervención, estando en la UCI, le enseñó unas llaves. «¿Qué es esto?», le preguntó. «Y yo sabía lo que era, pero no me salía la palabra», dice sobre esos instantes terribles de pérdida del habla, ya que el tumor estaba cerca de las hormonas que influyen en el lenguaje, superados como todo lo que afronta Gonzalo. «Cuando volvieron al día siguiente, lo conseguí». Sabe que en unos días volverá a pasar por lo mismo. «Pero nunca he pensado en dejarlo. Es más, todavía no me han vuelto a operar y ya estoy pensando en regresar a la bici».
Un intruso irrumpe al pelotón y muchos corredores saltan para mostrar su inquietud porque consideran que su presencia puede frenar el paso a prometedores chavales. Aleix Espargaró (35 años), piloto MotoGP, retirado recientemente de la competición, ha fichado por el equipo estadounidense Lidl-Trek para ejercer labores de embajador y para participar en la preparación de entrenamientos y carreras.
Espargaró explicó este jueves que llega al ciclismo sin intención de incomodar a nadie: «No le voy a quitar el sitio a ningún joven (de la estructura juvenil del Lidl-Trek). Soy un loco, un romántico del ciclismo. Me gustaría hacer alguna carrera, el calendario es muy grande y extenso». El piloto se unirá oficialmente al equipo estadounidense el próximo 1 de enero.
Espagaró reside en Andorra, un lugar que acoge a decenas de ciclistas. En sus habituales salidas coincide, entre otros, con el español Carlos Verona, integrante del Lidl-Trek. En esta formación también figuran el andaluz Juanpe López, el italiano Jonathan Milan o el británico Tao Geoghegan Hart.
El tres veces ganador de carreras de MotoGP actuará como imagen de marca de Lidl-Trek, colaborando en eventos prestigiosos del calendario. La intención del piloto de Granollers es combinar la bicicleta con su trabajo de probador de Honda.
«Nunca he podido entrenar más de dos semanas seguidas con la bici. Ahora he podido hacerlo durante más tiempo. En el equipo tienen que ver qué tipo de ciclista soy y cómo puedo ayudar a los jóvenes. No tengo mucha ansia por ver qué voy a hacer, ya habrá tiempo para ello. Yo haré carreras de gravel y de mountain bike a principio de año, que es lo que me gusta. Mi sueño es hacer pruebas de carretera, pero es pronto para hablar de esto. Ahora estaré tres meses, hasta febrero, acumulando kilómetros y muchas horas de entrenamiento. A partir de febrero ya veremos», comentó el ex piloto de Aprilia, que ha participado en un raining camp de 33 horas con los mejores escaladores del equipo estadounidense.
Su principal misión será, según recalcó este jueves, es dar visibilidad a las actividades de Lidl-Trek. Será una especie influencer, pero participando en el equipo. «Soy un escalador malo... Yo no estoy aquí para correr una gran vuelta, un Tour, pero soy muy profesional, he hecho muchas pruebas físicas, en el laboratorio, en campo, fuera, y he aprendido una barbaridad. He venido para hacer otro rol. Estaré en las grandes vueltas y en las clásicas, pero no como ciclista. Enseñaré todo desde dentro, creando contenido...Estoy disfrutando mucho», dijo el que fuera campeón de España de 125 cc en 2004 y del campeonato mundial de CRT en 2012. Espargaró, que se ha reseteado, logró su primer podio en MotoGP en el Gran Premio de Aragón de 2014, con una segunda posición. En 2022, en Argentina, obtuvo su primera victoria.
«Trabajar con Aleix será increíblemente gratificante para nosotros, y especialmente para nuestros jóvenes corredores», ha dicho el director general de Lidl-Trek, Luca Guercilena. «Sabemos que es un ciclista fuerte y apasionado, pero también aporta diferentes experiencias y perspectivas al equipo. Puede ayudar a nuestros corredores más jóvenes a comprender y manejar las presiones que vienen con la competencia de alto nivel», incidió.