El ciclista italiano Kevin Bonaldo, de 25 años, ha muerto este viernes después de haber pasado un mes en coma, ingresado en un hospital de Vicenza debido a un paro cardíaco que sufrió durante la carrera conocida como la Pequeña Sanremo.
“Kevin Bonaldo, el atleta de 25 años del Sc Padovani Polo Cherry Bank que había sufrido un ataque el pasado 21 de septiembre al término de la Piccola Sanremo de Sovizzo, falleció esta mañana, tras un mes luchando entre la vida y la muerte en una cama del Hospital San Bortolo de Vicenza”, informó el equipo ciclista.
El ciclista, durante esa carrera en la que sufrió el paro, fue atendido por los servicios médicos e ingresó inmediatamente en la unidad de cuidados intensivos del Hospital San Bortolo de Vicenza.
Con el paso de las semanas, según desveló el equipo, dio señales de recuperación. Sin embargo, en las últimas horas, su estado empeoró y falleció.
“Hemos llevado a Kevin con nosotros en todas las carreras de este final de temporada. Desde el pasado 21 de septiembre comenzó una espera llena de inquietud que, lamentablemente, concluyó con esta trágica noticia. Nos unimos a la familia para hacerles sentir todo nuestro cariño y nuestra solidaridad en este dolor”, expresó el presidente del ‘Sc Padovani Polo Cherry Bank’, Galdino Peruzzo.
Con el equipo italiano firmó un quinto puesto internacional en la cuarta etapa de la Dookoa Mazowsza en Polonia.
Cada mañana, en el atribulado enjambre que es una salida del Tour de Francia, donde se amontonan autobuses y coches de equipos, miles de aficionados, patrocinadores y ciclistas que esquivan todo eso como si de una gymkhana se tratase en su ida y vuelta al control de firmas, un pequeño grupo de comisarios de la UCI pasea por el paddock y se detiene de tanto en tanto a revisar con sus tablets las bicicletas de los corredores. Entre ellos Juan Antonio Aragonés, un profesor de matemáticas de Córdoba que cumple en la Grande Boucle parte de un sueño.
«Fui ciclista desde los 11 años hasta empezar la universidad. No era malo, pero no era un ganador nato. Llegué a correr un campeonato España cadete y coincidí con Purito Rodríguez», rememora quien hoy mismo celebra su 46 cumpleaños mientras no pierde detalle de la Colnago de Pogacar y apunta en su libreta. Una lesión de rodilla le apartó de la carretera, pero no del ciclismo que le venía de cuna. Su padre fue director de equipo durante dos décadas y, mientras él completaba brillantemente sus estudios -acabó el instituto con matrícula de honor y fue arquitecto hasta que la «crisis» le hizo tomar el camino de la docencia, «cuando ya era padre de dos hijos»-, le animó a convertirse en árbitro de ciclismo «para intentar superar mi timidez y conseguir algún dinero para costearme la carrera universitaria». «A día de hoy, como profesor y todo lo que ello conlleva, puedo decir que cumplí mi objetivo», cuenta.
La jornada de Aragonés en el Tour es frenética. Nada que ver con otras carreras, ni siquiera con la Vuelta (estuvo en las de 2017 y 2021). «Los días aquí son largos. Llegamos a la zona de salida unas tres horas antes del comienzo de la etapa. Allí, los comisarios tenemos una breve reunión donde repasamos aspectos de la etapa anterior y planificamos el trabajo de la del día. Tenemos en cuenta muchos factores, al igual que hacen los equipos cuando diseñan sus estrategias», describe. Entonces, comienza su caminata por el paddock, con su camiseta de la Federación (también hay otro español, Pedro García), donde cada mañana escanean exhaustivamente las bicicletas de varios equipos.
Aragonés, analizando con su tablet una de las bicicletas del pelotón.L. S. B.
Desde hace unos años la UCI estableció un protocolo para la lucha contra el dopaje tecnológico. Los comisarios usan un escáner de rayos X de última generación. Se buscan imanes, motores ocultos, cualquier cosa que haga levantar suspicacias. «Yo nunca he visto nada sospechoso», admite Juan Antonio, que confirma, entre risas: «Evidentemente, en la bici de Pogacar no hay ningún motor».
Nunca se ha demostrado que algún ciclista profesional se haya ayudado de la tecnología. Aunque sí que ha habido sospechas virales. Ninguna como aquella de 2010, cuando Fabian Cancellara dejó de rueda a Tom Boonen en el Kapelmuur durante el Tour de Flandes. Tal fue su potencia que parecía un acelerón artificial. O las acusaciones directas de Jean Pierre Verdy, ex jefe de la agencia francesa antidopaje, quien en un libro de 2021 afirmó que Lance Armstrong, además del dopaje declarado, también usaba un motor en su bici. El único caso detectado fue en el ciclocross, durante el Mundial 2016. La belga Femke Van den Driessche era la favorita para llevarse la prueba sub'23: fue sancionada por seis años y multada con 20.000 francos suizos.
Con el escaneo de las bicicletas no se acaba la labor de Aragonés, que lleva 23 años como árbitro -tiene categoría Nacional Élite- y que debuta en el Tour durante sus vacaciones escolares en el IES Trassierra de Córdoba. Lo hace gracias a un intercambio a tres bandas que se ha retomado entre La Vuelta, el Giro y el Tour. Tras una breve comida le toca subirse a la moto. «Este año, como novedad, llevamos chaleco airbag con posicionamiento GPS incluido», detalla.
En carrera los árbitros controlan que todos los equipos cumplan con el reglamento y con la circulación. «La UCI y su comisión de trabajo para la mejora de la seguridad en carreras (Safer), ha establecido este sistema de añadir estas tarjetas a acciones que ya se sancionaban (si un corredor recibe dos, es expulsado), para intentar disminuir las acciones peligrosas y sus consecuencias. De momento, parece que podemos ser optimistas», cuenta sobre unas sanciones que conllevan «tensión en momentos puntuales», con directores y corredores, «pero ni más ni menos que en cualquier otro deporte en competiciones de muy alto nivel».
ALBERTO CONTADOR
@albertocontador
Actualizado Miércoles,
9
agosto
2023
-
01:29Alberto Contador y Federico Martín BahamontesMUNDOCiclismo El ciclista que hacía pis en la...
Los gigantes locales muestran su jerarquía en la Corsa Rosa. Los rodadores italianos acaparan protagonismo en la segunda y consecutiva jornada resuelta al sprint en el Giro. El italiano Jonathan Milan impuso su punta de velocidad en una frenética clausura de etapa en Andora. El velocista del Trek (23 años y 1,93 metros) asumió la cabeza del pelotón tras neutralizar una fuga del contrarrelojista Filippo Ganna (también 1,93 metros) cuando sólo restaban cuatro kilómetros para la bajada del telón. Otra acometida brillante e inesperada, como la rubricada el lunes por Tadej Pogacar. Un nuevo regalo para los sentidos.
Ganna buscó sorprender a unos velocistas que no estaban dispuestos a desperdiciar un escenario propicio. El rodador del Ineos arrancó con esa potencia descomunal que le caracteriza y provocó el nerviosismo en el gran grupo. En un terreno en ligera subida, el pelotón se estiró en fila india. Los sprinters, protegidos por sus lanzadores, sufrieron para llegar hasta Ganna. El gigante italiano fue cazado cuando sólo faltaban 600 metros. En ese instante, Milan asumió la responsabilidad y no permitió que nadie le sobrepasara. Alegría para el otro gigante italiano, que el lunes quedó frustrado con la victoria de Tim Merlier. La segunda plaza ni siquiera supuso un consuelo. Este temporada también ha conseguido dos victorias de etapa en la Tirreno-Adriático y otra en la Voltaa la Comunitat Valenciana.
Una jornada inolvidable para Fran Muñoz, el chaval del Polti Kometa, el equipo de Alberto Contador, que se metió en la escapada buena del día y que, junto a De Bond, mantuvo un interesante duelo con las locomotoras del pelotón. Un estreno venturoso para el asturiano en carreteras de la Milán-San Remo. Un lugar desgraciado para Biniam Girmay, que abandonó la prueba por una caída. El eritreo se anotó una etapa en la Corsa Rosa de 2022.
Una etapa accidentada por varios percances que salió del Piamonte y llegó a la zona de Liguria, comarca marcada por la expulsión de Eddy Merck en el Giro de Italia de 1969. Entonces, en la jornada que finalizó en Savona, muy cerca de la llegada de este martes a Andora, el belga dio positivo por anfetaminas. El Caníbal aseguró que aquel control fue un fraude y que alguien le dio una bebida adulterada.
El triunfo de Jonathan Milan de produjo horas después de que Jonas Vingegaard reapareciera en las redes sociales. El equipo Visma lanzó un vídeo en el que se veía al danés entrenándose en carretera. Era la primera vez que el escalador se ejercitaba al aire libre tras su caída de hace un mes en la Vuelta al País Vasco. Las imágenes fueron acompañadas con unas breves declaraciones del corredor en las que se mostraba optimista con su futuro cercano. "Es agradable poder salir a entrenar al exterior de nuevo con normalidad. Me siento bien y estoy mejorando día a día. Aún tengo que terminar de recuperarme de algunas cosas, pero voy mejorando", dijo.
El danés no ha perdido la esperanza de estar el próximo 29 de junio en Florencia en la salida del Tour de Francia. "Por supuesto, espero estar en el Tour. Aún no sé con exactitud como irá mi recuperación y cual será mi condición, pero haré todo lo posible para llegar en el mejor estado de forma que pueda", cerró.