Mohammed Ben Sulayem, presidente de la Federación Internacional del Automóvil (FIA), ha decidido recrudecer su lucha contra el lenguaje grosero en la Fórmula 1. A dos meses del inicio del Mundial 2025, la FIA ha actualizado su Código Deportivo Internacional, que sancionará con mano dura la mala conducta de los pilotos y sus palabras malsonantes, tanto en el coche como en las ruedas de prensa.
Las directrices del nuevo apéndice prevén fuertes sanciones económicas, la retirada de puntos o incluso la suspensión en caso de reincidencia. En el caso de la Fórmula 1, las multas oscilan desde los 40.000 euros por una primera infracción hasta la deducción de una cantidad no especificada de puntos en el Mundial.
Los comisarios serán los encargados de decidir las sanciones por “conducta inapropiada”, definida en el artículo 20 del Código Deportivo de la FIA, como “el uso general de un lenguaje ofensivo, insultante, grosero, descortés o abusivo” y los actos de “agresión” e “incitación”.
La guerra con Verstappen
También se multarán “las declaraciones o comentarios políticos, religiosos y personales que violen de forma notable el principio general de neutralidad promovido por la FIA”, con el añadido de que el infractor tendrá que ofrecer una “disculpa pública y repudie dichos comentarios”.
Estas medidas pueden agravar más el conflicto abierto entre Ben Sulayem y los pilotos del Gran Circo, con Max Verstappen al frente. El pasado diciembre, el tetracampeón mundial tuvo que cumplir unas horas de servicio comunitario en Ruanda tras calificar como “jodida” la situación de su coche tras el pasado GP de Azerbaiyán.
A sólo unos meses de concluir su mandato, el dirigente emiratí ha optado por más medidas severas, como la vigilancia en las protestas a los comisarios. Según el artículo 13.7 del nuevo código de la FIA, no se aceptarán bajo ningún concepto y se considerarán “inadmisibles” las quejas a las decisiones de los jueces en el ejercicio de sus funciones.
No lanzaba un penalti desde un partido de Copa del Rey ante el Fuenlabrada, allá por octubre de 2017, durante su segunda temporada en el Real Madrid. Tampoco marcaba en Champions desde los cuartos de 2023, en su última campaña de blanco. Contra toda lógica había iniciado como suplente ante el Brujas, pero Marco Asensio tomó ayer el balón en el minuto 88 para certificar desde los 11 metros el triunfo del Aston Villa, con pie y medio ya en los cuartos de final, donde el mallorquín podría cruzarse con el PSG, el club al que pertenece.
La mera presencia en esta eliminatoria, primera desde 1991, suponía ya un hito en el Jan Breydel. El Brujas, que venía apuntando maneras en la liguilla, ridiculizó al Atalanta en la repesca, así que no iba a dejarse atemorizar por las dificultades propias de un rival que este curso ha gastado más de 214 millones de euros en fichajes. Tampoco por el rápido 0-1 de Leon Bailey, con un certero zurdazo tras un saque de esquina cabeceado por Tyrone Mings.
En 10 minutos iba a empatar Maxim De Cuyper, que formaba de lateral zurdo, pero que se sumó al ataque para cruzar a la red una dejada de Christos Tzolis. Bonito modo de festejar su centésimo partido con Las Gacelas. Era un hecho que los jugadores de Nicky Hayen hacían justicia a su apelativo. No sólo Tzolis, sino fundamentalmente Chemsdine Talbi, un zurdo de 19 años que ya maravilló en Bérgamo.
Martínez, providencial
Durante ese tramo inicial, el Aston Villa no titubeó ante el intercambio de golpes, porque cuenta con futbolistas tan prometedores como Morgan Rogers. En cada carrera del canterano del Manchester City se intuía algo, como en cada acción de Marcus Rashford. Sin embargo, a partir de la media hora, Unai Emery quiso bajar las pulsaciones, cediendo el balón, silbando hacia otro lado. El Brujas quiso creérselo y Emiliano Martínez salvó abajo el remate de Talbi que parecía el 2-1.
Emery manoteaba en la zona técnica, nervioso ante los avances de Tzolis, pero el partido empezaba a estabilizarse justo donde más le convenía. Sin ritmo en la circulación, el mero dominio belga ni siquiera hacía cosquillas por los dominios de Martínez. Y cuando suturó todo lo que pareciese una herida, el técnico guipuzcoano se lanzó a degüello, con un cuádruple cambio en el minuto 64: Asensio, Matty Cash, Boubacar Kamara y Jacob Ramsey por John McGinn, Rashford, Bailey y Axel Disasi.
50 partidos como suplente
La recompensa de un cruce de cuartos ante Liverpool o PSG resultaba demasiado goloso para dejar escapar la ocasión. El Brujas había cedido en su entusiasmo y Asensio sólo se demoró cuatro minutos en exigir el máximo a Simon Mignolet. Se trataba del partido 50 del mallorquín como suplente en la Champions, donde apenas ha disputado 20 como titular. Era el momento del Villa.
En otra incorporación de Rogers, esta vez como extremo diestro, su centro raso fue desviado por Brandon Mechele, ese central ataviado con una máscara. Aun sin tiempo para reponerse, Tzolis cometió una imprudencia ante Cash, imputable a su falta de práctica en ciertas funciones. Asensio asumió la responsabilidad, impávido, resuelto, definitivo.
A los 74 años, casi 16 después ser sancionado de por vida, Flavio Briatore regresa a la competición en la Fórmula 1. El italiano ejercerá como asesor ejecutivo de Alpine, la escudería heredera de Renault, donde ya conquistó junto a Fernando Alonso dos títulos mundiales (2005, 2006). Una controvertida apuesta personal de Luca de Meo, CEO de Renault, dada la implicación de Briatore en el escándalo Crashgate.
Alpine, a través de un comunicado, confirmó que Briatore se centrará en la "búsqueda de talento", el "mercado de pilotos" y el asesoramiento sobre algunas "cuestiones estratégicas". Un papel de cierto rango en la estructura del antepenúltimo clasificado del Mundial de Constructores, sólo por delante de Williams y Sauber.
La polémica que suscita el nombramiento estriba en esas "cuestiones estratégicas" a las que hace referencia el escrito, ya que Briatore fue el artífice de lo sucedido en el GP de Singapur 2008. Durante aquella carrera, la primera nocturna de la historia de la F1, Briatore planeó y ordenó un accidente de Nelsinho Piquet para beneficiar las opciones de Alonso, vencedor final en la meta de Marina Bay.
De Meo, siempre al frente
Otro de los protagonistas de aquel episodio, uno de los más funestos del motorsport, fue Pat Symonds, castigado con cinco años por parte del Consejo Mundial del Motor. Cumplida esta sanción, el ingeniero británico también regresó al Gran Circo, donde pudo colaborar con Williams o Marussia y donde ahora va a formar parte en el nuevo proyecto de Michael Andretti. Por supuesto, esos movimientos de Symonds no despertaron los comentarios que se suceden ahora con Briatore, que regresa precisamente a la estructura que él mismo debió vender de forma apresurada en 2009.
A lo largo de los cuatro últimos años, De Meo ha asumido decisiones de mucho calado en Alpine. Desde el cambio de nombre del equipo, con el que pretendía potenciar la división de coches deportivos, a las contrataciones de ejecutivos como Laurent Rossi, Marcin Budkowski, Otmar Szafnauer o el actual team principal, Brumo Famin y el despido de Alain Prost como director no ejecutivo de la marca.
Demasiados rumores
A esos precedentes se suma ahora la apuesta por Briatore, la de mayor riesgo a nivel de imagen. Durante los últimos meses se vienen sucediendo los rumores sobre la posibilidad de que Alpine renuncie a su programa de motores y deje de fabricar en su sede de Viry-Chatillon. Mucho analistas interpretar esa transformación en un equipo cliente como un final anticipado de su histórico trayecto en el Gran Circo.
Asimismo, los comentarios en el paddock apuntan a una venta más o menos inminente del equipo, en la que Briatore podría asumir un papel protagonista. En cualquier caso, el horizonte a corto plazo tampoco se antoja nada halagüeño para Alpine. A los errores iniciales de diseño en el A290, que ha tenido que adelgazar casi 1 kg, se suma la feroz rivalidad interna entre Esteban Ocon y Pierre Gasly, protagonistas de un feo incidente durante el GP de Mónaco y un largo cruce de cruce de declaraciones durante el GP de Canadá.
Cuando vio el balón en la escuadra, Vinicius se giró como si nada, dio media vuelta y se abrazó con Aurelien Tchouaméni. A su lado, Kylian Mbappé reclamaba unidad en la piña, en el festejo del equipo. Una vez bien apretados todos, el autor del 5-0 acudió a la zona técnica para reunirse en el abrazo con Álvaro Arbeloa, que le recibió no como a un amigo, sino como al hijo pródigo. De la recuperación de Vinicius depende el futuro del técnico. Bien lo sabe el Bernabéu, que seguirá exigiendo cada noche lo suyo al astro brasileño.
Fue un martes feliz de Champions, que falta hacía por Chamartín. Una goleada vital para acceder al top-8, culminada por el clamoroso reconocimiento a Jude Bellingham, autor del 6-1. Quién lo iba a imaginar en la previa, cuando sólo cundía el desencanto. Desde las siete y media, mientras el autobús del equipo descendía por Concha Espina, se sentía ya el frío de este enero poco propicio para el gran torneo. El gélido ambiente derivó en la indiferencia cuando el equipo de Arbeloa inició el calentamiento. Entre el escaso público que ya se había acomodado apenas pudieron distinguirse los aislados silbidos de los tímidos aplausos.
Llegado el turno de las alineaciones, el atronador volumen de la megafonía dejó escaso margen para emitir un veredicto. Desde la grada de animación, situada en el Fondo Sur, se desplegó una pancarta en recuerdo de las víctimas del accidente de Adamuz, por las que además se guardó un minuto de silencio. No de los altavoces, por supuesto, que ni siquiera conocen el descanso en un instante tan sagrado.
Arbeloa, impávido
La resolución definitiva quedaba pospuesta, pues, a cuando echase a rodar el balón. Y desde ese minuto uno quedó en el olvido aquel ambiente hostil del sábado frente al Levante. Nada de broncas cada vez que recibían Fede Valverde o Bellingham. Apenas unos pitos para Vinicius, atenuados por el madrugador 1-0, por el que Mbappé pidió disculpas a la afición del Mónaco, que colmaba sus butacas en un rincón del Fondo Norte.
Desde una esquina de la zona técnica, las manos en el bolsillo del pantalón, Arbeloa asistía impávido a la victoria. En la misma actitud contemplativa de sus dos primeros partidos, economizando cada gesto, cada una de esas órdenes que dice guardarse porque no alcanzan en la lejanía a sus futbolistas. El más apartado de su zona era Vinicius, tan habituado últimamente a que le regalen los oídos.
El brasileño, para lo bueno y para lo malo, juega ajeno a todo. A su ritmo, sin importarle el qué dirán. Ni le pesó errar una buena ocasión en el minuto 8, ni se le vio eufórico tras servir el 2-0, ni pareció arrepentido tras su disparatado error que casi aprovecha Folarin Balogun. Quedaba poco para el descanso y el madridismo tuvo que dividirse entre la protesta y el aliento.
Bellingham, ante Caio Henrique, el martes en el Bernabéu.AFP
Por mucho que se empeñe el club, desde todos sus estamentos, la gente sigue sin comprender la falta de actitud de Vinicius en tareas defensivas. Sobre todo en comparación con Mbappé, a quien ahora se le ve en la obligación de dar ejemplo, como buen capitán in pectore. En más de una ocasión quiso animar el francés a sus compañeros de ataque a acompañarle en el esfuerzo. Sin ningún éxito, por otra parte.
La tibia de Asencio
Aunque en realidad sí hubo un instante, nada más sacarse de centro tras el 2-0, en que el Madrid se volcó en campo rival con esas ganas que le exige su gente. Un episodio aislado, anecdótico y que, por tanto, resulta aún más significativo. En la actual dinámica tanto da que sea Antonio Pintus quien active a los muchachos en el calentamiento. No hay piernas frescas, por mucho que sean jóvenes. De hecho, el once inicial de Arbeloa, con 24 años y 152 días de promedio, fue el más tierno del Madrid en Champions desde diciembre de 2018.
Esa edad media se elevó tras el descanso, por culpa de la sustitución de Raúl Asencio, víctima de un fuerte golpe en la tibia derecha. El rol de Dani Ceballos como mediocentro pasó más desapercibido que el primer gol de Mastantuono en Chamartín, saludado por el inevitable: "Franco, Franco". No hubo más coros cuando retiraron al argentino, sólo el inevitable runrún contra Ceballos por la absurda pérdida que facilitó el gol de Jordan Teze.
El estadio aún tuvo tiempo de lamentar el excesivo egoísmo de Vinicius, sólo él capaz de desperdiciar una clamorosa ocasión para el 7-1. Muchos desfilaron satisfechos camino al hogar cuando el '7' recogía el galardón de MVP. Mbappé, siempre atento a cada detalle, le premió con un formidable empujón para celebrarlo.