Era un hecho irrefutable que el rendimiento de Jon Rahm en los torneos del Grand Slam había decaído desde su fichaje por LIV Golf en diciembre de 2023. Hasta esa fecha, había logrado ganar dos, finalizando en el 52% de sus participaciones dentro de los diez primeros. Sus estadísticas hablaban de 2,09 golpes ganados con respecto a la media del torneo en cada ronda de grandes que disputó hasta entonces. Si comparamos estos números con sus actuaciones en grandes desde 2024 y hasta el reciente PGA, nos encontramos con un 30% de torneos en el top ten y los golpes ganados por jornada cayeron hasta 1,38.
Aunque Rahm nunca ha admitido que su marcha al LIV tenga que ver con este descenso de rendimiento, el pasado Masters de Augusta, donde terminó en el puesto 38, sembró un cierto ambiente de preocupación en torno a él. “He jugado siete torneos este año y seis han sido muy buenos y uno malo, que es el más importante”, dijo entonces.
Solo unos días después del fiasco de Augusta, levantaba el segundo trofeo del año en el LIV Golf México. Dos victorias, tres segundos puestos, un quinto y un octavo ha sido el exitoso bagaje en la liga saudita en lo que llevamos de año, pero Rahm de alguna forma necesitaba callar bocas demostrando que sigue siendo competitivo en las citas más importantes.
“Definitivamente tengo que cambiar algunas cosas para seguir avanzando”, fue la enigmática declaración a la prensa que dejó en su despedida del Masters. Los acontecimientos se precipitaron desde entonces y el LIV se tambalea en la cuerda floja tras la retirada del dinero del fondo soberano saudita.
“¿Qué significaría para el LIV que ganaras mañana el PGA Championship?”, le preguntó un periodista la víspera de la jornada definitiva en la que Jon salía a dos golpes de la cabeza. “Egoístamente pienso en mí y en el legado para el golf español”, respondió.
Diez hoyos de locura
El domingo en Filadelfia se coronó el inglés Aaron Rai, que provocó un auténtico cataclismo en los últimos 10 hoyos de Aronimink, jugando en -6 bajo par y ganando con -9. Rahm hubo de conformarse con la segunda posición, a tres golpes del nuevo ganador. No fue una sensación de oportunidad perdida. “He jugado muy buen golf. Esa es la única manera de verlo. Ojalá hubiera manejado mejor la velocidad de los greenes. No conseguía darle el ritmo adecuado a la bola para llegar al hoyo, y esa es la razón por la que no metí más putts“.
Un par más de acierto en los greenes es el único debe que dejó el domingo en su mejor actuación en un major desde que milita en el LIV Golf. “Con lo que hizo hoy [por este domingo] Aaron Rai, alcanzarle habría sido muy complicado”, comentaba en la rueda de prensa tras la conclusión del torneo.
“Por mi parte, volver a estar en la pelea, pegarle tan bien a la bola y rendir como lo hice hace que haya sido una gran semana. Cuatro rondas bajo par o al par, no puedo pedirme mucho más. Quizás meter algunos putts más, aunque no es nada fácil en estos greenes“.
Rahm ha vuelto, si es que alguna vez se fue. Nos consta que desde su entorno sí les preocupaba la presión creciente, como abanderado de LIV, de demostrar su verdadero nivel en las grandes citas. Más aún después de la decepcionante actuación del otro peso pesado, Bryson DeChambeau, que falló el corte en los dos primeros grandes y salió del PGA Championship sin hacer ni una sola declaración.
Sobre esa posible presión, Rahm comentó a las cámaras de Movistar que lo único que verdaderamente le importa “es la opinión de su familia”. Del resto, está más que acostumbrado a las críticas desde que tomó el rumbo de aceptar el dinero de Arabia Saudita. Con respecto a los cambios en su preparación, mencionados en el Masters, reconoció que se habían producido, pero no quiso aclarar más. “Siempre pensáis que va a ser algo revolucionario, pero son pequeños detalles”, concluía la versión más tranquila y serena del jugador vasco, que tras el segundo puesto se alza duodécimo en el ránking mundial.





