Como ya ocurrió en la burbuja de Orlando durante la pandemia, Jimmy Butler (42 puntos) ha pasado por encima de Antetokounmpo para mandar a casa a Milwaukee Bucks a las primeras de cambio.
Sin embargo, esta ocasión ha sido “el más difícil todavía” para unos Heat que parecen inmortales, ya que es la sexta vez en la historia en la que el último equipo en acceder a los ‘Playoffs’ elimina al primero de la temporada regular. Y lo han hecho en la prórroga tras remontar una diferencia de 16 puntos. Simplemente histórico.
Pero esto no ha hecho nada más que empezar y su rival, los Knicks, también llegan en un momento de éxtasis absoluto tras eliminar a los Cleveland Cavaliers de Ricky Rubio. El español no jugó ni un minuto en este último partido de la serie, aunque su experiencia podría haber ayudado a un equipo al que aún le faltan muchas de estas batallas.
Los de Nueva York alcanzan las semifinales por primera vez en 10 años (segunda vez en este siglo) a lomos de Jalen Brunson. El base, antiguo escudero de Luka Doncic al que el esloveno aún extraña, ha hecho una serie completamente espectacular cerrando su actuación con 23 puntos.
Como pega: la lesión de Julius Randle. El interior de los Knicks se torció el tobillo al inicio del segundo cuarto y habrá que esperar para saber si estará en el primer partido de la serie de los underdogs.
Memphis sueña gracias a Lebron
“Hoy he jugado como la mierda” explicaba el “Rey” tras un partido nefasto en el que solo pudo anotar 15 puntos con un acierto de 5 de 17 en tiros de campo. Una mala actuación que permite soñar a los Grizzlies.
Memphis continúa en la serie liderados por Desmond Bane y Ja Morant, que anotaron 64 puntos entre ambos. Además, Jaren Jackson Jr ha hecho un fantástico doble-doble con 18 puntos y 10 rebotes. Le salía todo a los de Tennessee.
Pero la serie regresa a Los Ángeles, donde los Grizzlies no ha conseguido ganar, para un sexto sobre el que Lebron ha prometido que jugará “mejor”.
Los Warriors dominan Sacramento
Los campeones de la NBA han dado un duro golpe sobre la mesa, que puede ser definitivo, al vencer a los Kings en el quinto partido la serie.
Los de Sacramento, pese a la lesión de Fox (24 puntos) en la punta de su dedo meñique, lo intentaron hasta el final en un encuentro que, al igual que el resto de la serie, siempre estuvo igualado.
Pero los Warriors son los Warriors, una franquicia legendaria liderada por Stephen Curry y Klay Thompson, los “Splash Brothers”, que no parecen cansarse de ganar y que han vuelto a dominar desde la línea de tres con 31 y 25 puntos, respectivamente.
La serie vuelve a San Francisco donde los Kings tratarán comenzar su misión imposible, eliminar a una de las mayores dinastías de la historia de la NBA.
Cuando Olga Carmona soltó un zurdazo en el minuto 29 de la final del Mundial que sorprendió a la portera inglesa Mary Earps, España volvía a hacer historia. Eran campeonas del mundo contra viento y marea, gracias al talento de sus jugadoras, que ya acumulaban tres Balones de Oro, y su capacidad de guardar bajo la alfombra los desprecios. Muy poco había cambiado desde que, un año antes, un grupo de ellas levantara la voz contra unas condiciones de trabajo inmerecidas. Algunas estaban en Sídney, en un ejercicio de resiliencia y olvido forzado; otras estaban en casa. Pero aquello que apartaron para jugar al fútbol lo sacudió un beso, una agresión sexual de Rubiales a Jenni Hermoso que escandalizó al mundo. «Se acabó». Una frase de Alexia Putellas que fue principio y final de todo.
En Sídney nació la España campeona que hoy volverá a pelear por un título que no tiene, la Eurocopa, de nuevo ante Inglaterra, dejando un reguero de elogios por su fútbol y su talento. Pero el legado supera al hecho histórico. «Sabéis todo lo que hemos pasado, todo lo que hemos luchado, siempre manteniendo el foco en el fútbol. Y eso es muy complicado. Esta Eurocopa ha sido muy tranquila, cosa que agradecemos, y creo que eso también ha ayudado a sacar nuestra mejor versión. Siempre es más difícil jugar cuando tienes cosas externas», reflexiona Aitana. Esa resiliencia, que por momentos no fue eso sino un amargo trágala, les hizo más fuertes. «Este equipo es mucho más maduro, tiene mucha más experiencia y sabe competir en los partidos», añade la jugadora.
Montse Tomé tiene claro por qué España merece ganar la Eurocopa, y va más allá del fútbol. «Somos un equipo, una selección, unas jugadoras, que llevan luchando, trabajando y esforzándose con mucha energía en muchos lugares. Y ahora hemos sido capaces de que la tuvieran en lo importante, que es el fútbol», sentenció la seleccionadora.
Una reconstrucción difícil
«Esto ha hecho tener un bagaje increíble de todas y que todos los que acompañamos a la selección podamos disfrutar de la profesión pura. Que pueda sentarme aquí y que todas las preguntas sean de fútbol es de las cosas más grandes que habla del cambio que estamos consiguiendo. Por todo el esfuerzo, el equipo se lo merece», añadió.
El camino de reconstrucción no ha sido fácil. El despido de Jorge Vilda y la inhabilitación de Luis Rubiales -en medio de un clamor político y social sin precedentes que terminó también en una condena judicial-, no cerraron las heridas. Con un presidente interino, Pedro Rocha, sin demasiada capacidad de maniobra y con desconfianza absoluta en Montse Tomé, segunda de Vilda, la selección echó a andar tras una larga noche de reproches y compromisos en el salón de un hotel de Oliva. Todo era tóxico menos el fútbol de España, que dos días después ganó a Suecia y goleó a Suiza en la Nations League.
La campeona se exhibió en la nueva competición, la ganó y, por primera vez, se plantó en unos Juegos Olímpicos. Tomé resistía la pregunta constante sobre las convocatorias de Jenni Hermoso, las que iba y las que no, y fue trabajando un equipo que necesitaba muchos cambios en el staff y algunos en el terreno de juego.
Aitana, Martin-Prieto y Esther, durante el último entrenamiento en Basilea.AFP
La RFEF, inmersa en una crisis de imagen, se vio abocada a un camino que imponía la igualdad, el respeto y la atención a sus jugadoras, a las que debía dotar de todos los medios posibles para seguir haciendo su trabajo. El modelo lo tenían en Inglaterra y, más cerca, en el Barcelona. Media docena de jugadoras pasaba de un club hiper profesionalizado, entre los mejores de Europa, a una selección precaria. El fichaje de Markel Zubizarreta empezó a poner en marcha un cambio que, ya sin él, aceleró la llegada a la presidencia de Rafael Louzán. Sólo había que acompañar.
A Montse Tomé, cuyo contrato acaba el 30 de agosto, le han permitido dotarse de un cuerpo técnico amplio y preparado, capaz de analizar rivales y transmitir a las jugadoras dónde están sus puntos débiles, como que Berger se adelanta. Luego Aitana, pura inteligencia en el campo, lo interpreta y lleva a España a una final. Porque en la élite, los detalles marcan diferencias.
a golpe de meritocracia
Tomé ha sabido manejarse con un grupo de jugadoras que desconfiaban de ella, pero a las que ha ido convenciendo. En tres años ha ido moldeando al equipo, primero con las convocatorias, renovando el grupo a golpe de meritocracia sin subvertir el orden natural del vestuario. Dejó en sus manos las capitanías, que volvieron a Irene Paredes y Alexia, y ha ido sumando al centro de mando a nuevas jugadoras que garantizan la cohesión. El bloque no ha cambiado demasiado, salvo la irrupción de jóvenes como Vicky López y Jana y el premio a veteranas como Martín-Prieto.
El legado en el campo es tan fuerte que puede servir para conquistar un título que completaría una triple corona inédita: España sería la primera vigente campeona del mundo que también gana la Euro, pero, además, suma una Nations que puede revalidar en noviembre. En el campo siempre quieren más. «Hemos hecho historia, pero somos ambiciosas, queremos ganar y competir al máximo», recuerda Alexia, brillante de nuevo en este campeonato.
Lejos del césped la huella es casi igual de profunda. Igualdad, respeto, audiencias millonarias... el fútbol femenino ha ganado visibilidad en el deporte y seguimiento. Aunque el impulso a la Liga F ha sido limitado, estas jugadoras son iconos nacionales y mundiales. Empezando por Alexia y Aitana, las dos balones de Oro, y siguiendo por aquellas que han dado el salto a otras competiciones, como Esther o Mariona, cuyas experiencias enriquecen la selección. Es el círculo virtuoso de un éxito que se labró en Sídney con un gol y muchas lágrimas.