Caso Usain Bolt
El caso de Usain Bolt, arruinado por la estafa de un fondo de inversión, vuelve a poner de manifiesto los problemas de las estrellas a la hora de manejar sus ahorros. “A veces la mejor inversión es no invertir”, dicen los expertos.
Caso Usain Bolt
Actualizado
El caso de Usain Bolt, arruinado por la estafa de un fondo de inversión, vuelve a poner de manifiesto los problemas de las estrellas a la hora de manejar sus ahorros. “A veces la mejor inversión es no invertir”, dicen los expertos.
«Yo eso no lo puedo ver, estoy sufriendo. Si te están pegando soy capaz de levantarme y darle yo a ella. A mi niña no se le pega». Marisa Delgado graba la conversación con su abuela y no tiene desperdicio. Hasta hace un par de años, la «niña» era una ingeniera industrial, siempre muy buena estudiante, una chica aplicada cuya afición era tocar el piano. Y ahora anda por el mundo de combate en combate dándose puñetazos, patadas y codazos con mujeres que le sacan una cabeza. ¿Cómo se come eso?
«Al principio mi familia se reía, me decían que estaba loca, pero cuando vieron que iba en serio intentaron quitarme la idea de la cabeza. 'Te corto los guantes antes de que te subas al ring', me soltaban. Ahora son el mayor apoyo que tengo», cuenta Delgado en conversación con EL MUNDO tras su debut en el Mundial de muay thai del pasado verano. Venció a la campeona de Asia, Floryvic Montero, y cayó ante la favorita, la turca Fatma Ceken, para finalizar entre las ocho mejores del mundo en la categoría de menos de 51 kilos. Un resultado extraordinario si se atiende a su historia.

Marisa Delgado, durante un entrenamiento.E.M.
Licenciada en Ingeniería Industrial por la Universidad Politécnica de Madrid, para entonces Delgado ya había vuelto a su ciudad, Jaén, y había conseguido empleo en Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF) como diseñadora de trenes. Trabajaba en proyectos en Egipto, Colombia, Arabia Saudí... Pero apareció en su vida el saco. Y el saco lo cambió todo. La experiencia golpeando el cuero le dio la vuelta a su vida hasta llevarla a pedir una excedencia y entregarse a ello, aunque necesitó su proceso.
«Me gustaba tanto dar puñetazos y patadas en las clases que me compré un saco, lo colgué en casa y me puse a entrenar también por mi cuenta viendo vídeos de YouTube. Estuve un año así, dándole al saco cada día. Al final me presenté en un gimnasio», relata. Como la ingeniera que es, estudió todos los centros cercanos. El boxeo era la opción más evidente, pero entendió que en el muay thai tendría más recorrido. Acabó en el Sukhothai Boxing Club de Martos a las órdenes de su actual entrenador, Sebastián Ardelean.
Aquello ocurrió en julio de 2024, hace menos de dos años, y a partir de entonces todo empezó a pasar muy rápido. En apenas un año: campeona de Andalucía, de España y directa al Mundial. «De repente me vi ahí peleando con tiarracas y lo disfruté mucho. Hasta que llegó mi primera lesión», apunta Delgado, que hace unos meses, entrenando, se rompió «un huesecillo de la cara» y tuvo que guardar reposo. «Ahí sí pensaba que me iba a caer la bronca de mi familia, pero fue todo lo contrario. Viendo lo emocionada que estaba con el muay thai me animaron a seguir adelante», explica la luchadora, que ya es solo eso: luchadora.

A sus 29 años, quiere probar hasta dónde puede llegar en las artes marciales, y por eso ha pedido una excedencia en su empleo y se ha lanzado a por todas. Ya ha pasado dos semanas en Tailandia —la cuna de su especialidad—, adonde volverá en breve para quedarse tres meses. No sabe hasta dónde llegará, pero no se quedará a medias. «De momento no gano nada del deporte, pero sí de las redes sociales. Empecé a ganar seguidores tocando versiones al piano y ahora enseño mi vida en el muay thai. Tengo algunos seguidores que me dicen que a ver si dejo de dar golpes y vuelvo a tocar, pero los vídeos de entrenamientos funcionan», concluye Delgado, que ahora sí cuenta con su abuela entre sus fans.
Ya declinaba la final del Masters 1000 de Roma cuando Jannik Sinner, hombre impasible, se permitió algunos gestos de desesperación: un suspiro, una mirada al cielo. No había nada que hacer. En rondas tempranas de torneos lejanos, Carlos Alcaraz a veces se ensimisma, pero con un título en juego y en coliseos como el Campo Centrale, se torna invencible. Su talento se agiganta, sus piernas se precipitan y, sobre todo, su cabeza se endurece. Cuando eso ocurre, no hay jugador en el circuito que pueda responderle, quizá no lo haya en la historia.
Este domingo ante Sinner, dominador del ranking mundial, campeón de los dos últimos Grand Slam, rival para la próxima década, volvió a demostrar que manda si quiere hacerlo. Al final, 7-6(5) y 6-1 en una hora y 43 minutos de juego. Sobre cemento, entre cañonazos, aún puede sufrir, pero en tierra batida, donde siempre gana el mejor, no quedan dudas. En esta gira ha ganado en Montecarlo y Roma y ha llegado en la final en Barcelona y en la edición de Roland Garros que empieza el próximo domingo si no es campeón sería una sorpresa.
La final ante Sinner se decidió en apenas cuatro o cinco puntos, todos en el desenlace del primer set, fueron sólo unos minutos. Hasta entonces, ambos jugadores marcaron sus fortalezas, el español con la derecha y el italiano con el revés. No se hicieron daño. El esquema de juego de Alcaraz pasaba por alargar los intercambios para molestar con bolas altas y la táctica de Sinner, mejor con su servicio, buscaba todo lo contrario. Hasta el 6-5, cada uno hizo lo suyo, a veces genial ambos, a veces erráticos. Pero entonces, Sinner ameritó dos bolas de set con n 15-40 y decantó la balanza.
Andrew MedichiniAP
El peligro era mortal. En un encuentro a cinco sets, ceder el primero no es un drama; en un partido a tres sets, hacerlo es sentencia. Alcaraz tenía que hacer lo que hizo. Al contrario que en otras ocasiones, se abrazó a la serenidad, jugó y forzó a Sinner para que repitiera ciertos errores. Entonces sólo quedaba el tie-break, donde clavó dos saques directo a la línea y cerró el periodo con una volea magistral. En ese mismo instante, convirtió el segundo set un disfrute ante rival ya rendido. El título ya era suyo.
"Estoy muy orgulloso de cómo he enfocado el partido mentalmente. Tácticamente todo ha ido bien, pero sobre todo no he tenido altibajos, me he mantenido en mi mejor nivel durante todo el partido", admitió el español al acabar el encuentro, antes de felicitar a Sinner por haber llegado a la final después de su sanción y de aceptarse como favorito para la próxima cita en París: "Ganar aquí en Roma superando a Jannik es un éxito que me da mucha confianza para Roland Garros, aunque ahora lo único que quiero es celebrar con mis amigos, mi familia y con los amigos que han venido desde España. Después descansaré y ya me podré centrar en el Grand Slam".
Con su triunfo, Alcaraz sumó su séptimo Masters 1000, el primero en Roma, pero sobre todo agigantó una estadística de aquellas que asustan a sus adversarios. A sus 22 años, ha jugado 12 finales entre 'grandes' y Masters 1000 y sólo ha perdido una. En los días decisivos, bajo los focos, se vuelve de mármol, como ocurrió este domingo.