La selección española femenina vive horas de incertidumbre a causa del conflicto bélico desatado en Oriente Medio. Este jueves debía viajar a la ciudad turca de Antalya donde el sábado a las 18.00 horas se enfrenta a Ucrania en el segundo partido de clasificación para el Mundial de Brasil 2027. España no cogerá el vuelo chárter que tenía programado a 15.45 horas a la espera de que le digan si puede viajar sin correr riesgos.
A última hora del miércoles, tras horas de reuniones en Las Rozas, llamadas de clubes y contactos con el Ministerio de Exteriores y la UEFA, la Federación anunció que posponía el viaje hasta el viernes. Quieren tener las máximas garantías de seguridad. “Nos dicen que todo está controlado, que es seguro viajar”, aseguraba la seleccionadora Sonia Bermúdez el lunes en Castellón. El martes en esa misma ciudad jugó Inglaterra, que goleó a Ucrania (1-6) sin ningún incidente, pero la escalada del conflicto ha complicado la situación en pocas horas.
El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, confirmó este miércoles que las defensas antimisiles de la OTAN habían derribado un misil iraní en el espacio aéreo turco y los restos del proyectil cayeron en suelo otomano sin causar víctimas ni heridos, pero sí generando temor en la población.
La RFEF ha transmitido a la UEFA su visión de que no son las mejores condiciones para disputar un partido de fútbol y que Ucrania, que juega en el exilio desde que estalló la guerra, quizá podría encontrar otro escenario para disputar sus partidos como local en esta clasificación.
Aún así, de no aplazarse este duelo, la selección tendría que viajar a Turquía o el partido, como le ha advertido la UEFA, se le podría dar por perdido. La incertidumbre es total entre las jugadoras y sus clubes, que han visto cómo otros deportistas han tenido problemas para salir de las zonas afectadas por el conflicto.
El plan de la RFEF pasaba por estar apenas 48 horas en un hotel resort de la costa de Antalya y volver a España al terminar el encuentro, pero ahora todo está en el aire.
Mestalla con la herida sangrando de otra derrota que hunde más al Valencia pobló la grada de pañuelos, miró al palco en un intento estéril de que reaccione quien está a miles de kilómetros, pero acabó abucheando a sus jugadores, temblorosos y sobrepasados por una situación que les lastra los pies, incapaces de igualar el gol de Pathé Ciss en el minuto 7. No saben cómo escapar, y tampoco parece que lo tenga claro Rubén Baraja. Nadie le gritó 'Pipo, vete ya' durante el partido, sólo la Curva Nord con la grada ya vacía, pero haber sumado diez puntos de 42 le convierte en el eslabón más débil. El Rayo ha agotado su crédito.[Narración y estadísticas: 0-1]
El Valencia ha perdido sus constantes vitales y cada jornada un poco más la fe en que puede escapar de un destino lúgubre. No encuentra de forma de sobreponerse a la falta de calidad, a la inexperiencia que este año sí les está pensando y se empequeñece ante el más mínimo contratiempo. No hace temblar a sus rivales, ni siquiera los intimida.
De aquel equipo vertical que construyó Baraja ya no queda nada. Ni siquiera los principios tácticos a los que ha renunciado el propio entrenador con mareantes cambios que el vestuario no encaja. Apenas pervive alguna cabalgada de Gayà, estéril porque nunca hay nadie al remate. Sólo hay un ataque más romo en toda la Liga que el valencianista y lo tiene el Valladolid, que en el fondo de la clasificación. El equipo no es que sea fallón cuando pisa área, que lo es porque casi siempre elige mal, es que el campo se le empina como si fuera una montaña cuando intenta encarar la portería contraria. La pelota siempre acaba volviendo a los centrales, que bastante tienen con no errar.
La tarea la tenían encomendada ante el Rayo Barrenechea y Javi Guerra, porque a Pepelu le tocó banquillo de manera inexplicable. El argentino optó más por la seguridad, incluso cuando pisaba frontal, sin confianza para armar la pierna y probar una alternativa para hacer daño. Guerra lo buscaba, pero sus intentos de lanzar al equipo no cuajaban. Al Valencia le pesaban las botas ante un Rayo desahogado que se vio el marcador de cara en un pestañeo.
Si Valera reclamó un penalti en su primer acelerón del partido, los vallecanos respondieron con dos saques de esquina casi consecutivos. Las dos jugadas fruto de las carreras de Álvaro García a la espalda del improvisado carrilero Diego López. En el segundo córner, Isi cogió el mando y teledirigió la pelota a la cabeza de Pathé Ciss, que le ganó el duelo en el salto a César Tárrega. La montaña ya fue una cordillera y el runrún de Mestalla se disparó.
La feligresía que llena el estadio cada jornada está hastiada, enfadada con la condena que le ha impuesto Peter Lim, decepcionada con sus jugadores y perdiendo la fe en Baraja. Si nadie despierta al equipo, lo ven en segunda y, por momentos, asisten a su funeral.
Sin el calor de la grada, las dudas aumentaban y el Rayo se sentía cada vez más cómodo. No tenía que arriesgar y su rival tenía miedo de hacerlo. Además, tembló ante un contratiempo de Mamardashvili. Ver al georgiano echarse al césped fue un mazazo anímico más, pero se sobrepuso y el parón permitió a Baraja resetear las bandas.
Eso provocó que Rioja, ahora por la izquierda, robara una pelota y se colara hasta la línea de fondo. De nada sirvió porque no había nadie al remate, como ocurrió al filo del descanso con otro centro al que sólo llegó Mumin para ayudar a Batalla. Tampoco acertó Álvaro García a cazar un centro de Ratiu que hubiera sido la sentencia.
Lesión de Gayà
Si temió el valencianismo la lesión de Mamardashvili, al regreso del vestuario se encontró contra peor: la de Gayà. El capitán se quedó en la caseta con problemas musculares y a Jesús Vázquez le recibieron con pitos por su falta de rendimiento. Deshizo Baraja sus cinco defensas para estirarse, algo que seguía costando y que sólo lograba con disparos lejanos de Rioja y Valera.
Rafa Mir dialoga con los aficionados de la Curva Nord.M. BRUQUEEFE
Arrinconaron al Rayo, que demostró tablas para sostenerse porque sabe nadar en aguas turbulentas, con más corazón que fútbol. Su rival sólo había logrado tirar a puerta dos veces, pero la sensación era de que el Valencia podía buscar y buscar que no hallaría la forma de batir a Batalla.
Desde el banquillo mandaron al campo a Pepelu y a Rafa Mir, que saltó entre la indiferencia y fue protagonista de un gol fantasma. Su problemas con la justicia, muy graves, se olvidaron por momentos ante la necesidad. El Valencia es incapaz de sobrevivir en Mestalla y eso es un mal augurio.
El proyecto Baraja arrastra la losa de haber brillado por encima de sus posibilidades la temporada pasada, pero fue entonces, en abril, cuando empezó a mostrar síntomas de una enfermedad que es hora de atajar.
La decisión la tiene Singapur. "¿Irme yo? ¿Estás loco? Yo no soy de retirarme", advirtió. Con dos años de contrato por delante, seis millones de finiquito, el técnico no va tirar la toalla. Nadie va a librar a Peter Lim de tomar la decisión.
El último Mundial que vivió Willy Sagnol (Saint-Étienne, 1977) lo acabó derrotado y encerrado en el baño del vestuario para sacudirse la frustración. «Me fumé 250 cigarrillos en diez minutos», confesó años después. La razón era que Zinedine Zidane había cometido la torpeza de asestarle un cabezazo a Materazzi en la final, con un 1-1 en el marcador de la prórroga, que acabó descentrando a Francia y costándole el título de campeona del Mundo en los penaltis. Dos años estuvo sin hablarle al astro francés y 20 lleva buscando cómo volver a estar en un Mundial. Una lesión en el tendón de Aquiles lo sacó del campo en 2009, pero lo puso en el banquillo. Hacer historia con Georgia es el camino que tiene para volver a la gran cita. Si lo hizo llevándola por primera vez en su historia a una Eurocopa, ¿por qué no confiar si tiene la mejor generación?
No será un reto fácil. En el camino se cruza con Turquía, Bulgaria y, sobre todo, la España más avasalladora, esa que le metió un 1-7 en Tiflis en un partido que el francés conserva y ha puesto más de una vez a sus jugadores para que no les volviera a pasar. No lo hizo en la Eurocopa, cuando se cruzaron en octavos. Perdieron 4-1, pero no salieron humillados ni arreciaron las críticas contra un técnico que, por las dudas en las primeras jornadas, se incendió: «Ahora algunos idiotas me insultan todos los días sin ninguna razón futbolística y no puedo soportarlo. Estoy harto», confesó entonces públicamente. El país, inmerso en una batalla política contra la influencia rusa y el recorte de libertades, miraba con lupa sus alineaciones, por si desde la Federación le obligaban a pasar factura a jugadores como Zivzivadze por su postura política antirusa.
La confianza en el técnico francés sigue intacta desde febrero de 2021, cuando Georgia fue a buscarle. «Puedo decir que el discurso de los líderes georgianos me marcó. Además, ya sea el presidente o el vicepresidente, son ex jugadores de la Bundesliga cuando yo estuve allí», explicó entonces Sagnol. Se refería a Levan Kobiashvili, ex jugador del Schalke y del Hertha, y a Aleksandr Iashvili, ex delantero del Friburgo y seleccionador Sub-21.
Sagnol no se había sentado en el banquillo desde que ejerció como ayudante de Carlo Ancelotti en 2017 en el Bayern y tuvo que dirigir al equipo en un partido tras su destitución. El conjunto bávaro no confió en él y llamó a Heynckes pese a que había tenido un paso reconocido por el Girondins de Burdeos y había sido seleccionador Sub-21 en Francia. Por eso la propuesta de Georgia le sedujo.
«Siento que todo el mundo está poseído por ese deseo de traspasar un umbral. Por supuesto, eso pasará por lograr resultados convincentes, porque son los que dan confianza. Hay mucho orgullo entre los georgianos; y hay jugadores que empiezan a irrumpir en la escena europea, y que deben servir de locomotora», explicaba entonces. Ya tenía en marcha a Kvaratskhelia, creciendo en Rusia, Mikautadze en Francia o Kochorashvili en España. Por el camino se encontraría a Mamardashvili como cerrojo para la portería. El futbolista georgiano empezaba a tener presencia, tanto es así que, de los convocados en esta ventana para enfrentarse a España y Turquía, su verdadera final, solo el tercer portero y un centrocampista siguen jugando en Georgia. Cuando Sagnol llegó, había mucho trabajo hecho en las academias de los principales clubes, en parte gracias a españoles como Andrés Carrasco. Al físico, siempre importante en el deporte georgiano, ya se había unido la táctica y el trabajo para potenciar la calidad. Solo había que ordenarlo todo. «Controla mucho la parte mental y nos da mucha libertad en el campo», describía Kochorashvili antes de una Eurocopa que fue una revolución.
Georgia había rozado la Euro de 2020 y se quedó lejos de Qatar, por eso la clasificación para Alemania fue un estallido del júbilo en todo el país que ahora se quiere repetir consiguiendo una de las 48 plazas que la FIFA pone en juego, 16 europeas. Con España en el grupo, la aspiración es ser segundos, algo que les abriría la puerta de manera directa a la eliminatoria de playoffs en la que se jugarán las últimas cuatro plazas.
La primera ventana dejó muy claro que su rival será Turquía, con la que perdió el primer partido en Tiflis y a la que volverá a enfrentarse el próximo martes. Más complicada tienen la última 'bala' que ofrece la UEFA a través de la Nations League, porque aunque está encuadrada en el grupo B, en esa 'repesca' podrán participar también los cuatro equipos mejor clasificados en la pasada edición. Y hay muchos candidatos del grupo A que pueden pasar apuros.