España empieza a preparar el duelo de cuartos de final ante Suiza con una mueca de preocupación y una sonrisa. En alerta ha puesto Esther González, máxima goleadora de la competición que no participó en el entrenamiento de este lunes, y el optimismo Jana Fernández, que vive su primera Eurocopa con entusiasmo después de haber olvidado una lesión de cruzado con 20 años que puso en riesgo su carrera.
Esther ha saltado al césped del Juan Antonio Samaranch para los estiramientos previos a la sesión, pero no ha participado. Se ha dirigido a Montse Tomé para señalarle que tenía una molestias musculares en la zona del aductor de la ingle derecha. La expectativa es que remita en los próximos días. “Sólo sabemos que es una molestia”, desveló Jana.
Hay tiempo para recuperarla, para las jugadoras casi demasiado. “No es como una mini pretemporada porque nuestras piernas están cansadas. El trabajo es progresivo, pero estamos deseando que lleguen los cuartos”, aseguró la jugadora, que debuta en una gran competición. “Estoy muy contenta, en el momento muy feliz de mi vida. Hace tres años salía del quirófano de operarme del cruzado y, lo hablaba con Alexia, es un sueño estar aquí. Lo guardo todo en la retina porque son cosas que quizá no se vuelvan a repetir”, aseguró.
“Cuando vi la convocatoria, llamé a mis padres y empecé a llorar. Si no se ha vivido no se puede entender, porque conlleva mucho en lo emocional. Hace tres años era impensable estar aquí y l valoro mucho”, confesó Jana, que está convencida del potencial de la selección. “Soy súper creyente en lo que puede hacer este equipo, en la confianza que tenemos. Si demostramos lo buenas que somos, pocos rivales serán superiores. Aunque a veces no se puede hacer el mejor fútbol”, advirtió.
Jana, junto a Vicky López, en el entrenamiento de este lunes.ANA ESCOBAREFE
A la vista, Suiza y los 12 goles en los dos enfrentamientos que tuvieron en la fase de grupos de Nations League de hace dos años. “Es un partido nuevo. El pasado no existe. Se clasificaron para cuartos con un gol en los últimos minutos, pero tienen jugadoras de mucha calidad. Sabemos de su potencia y lo duras que van a ser en ciertos aspectos. Vamos a intentar llevar el partido a lo que nos gusta a nosotras: tocar y crear ocasiones”, sentenció.
Las noches de hundimiento del Barça tienen un escenario europeo más, Milán, pero en nada se parecerá a cualquier otro naufragio. Esta vez fue un castigo cruel y por momentos injusto para el equipo primaveral y descarado que ha ensamblado Hansi Flick. Se encontraron con el primer gran obstáculo y pelearon con convicción toda la eliminatoria, sin miedo, guiados por un Lamine Yamal en la persecución de un sueño que les arrebató el Inter justo cuando vivían inmersos en un estado de felicidad sostenida. Parecían quedar atrás los breves estallidos que habían alimentado la última década, en la que el Barça no creó memoria y ni recuerdos europeos, a veces por deméritos otras por falta de suerte. Cuando pareció que este equipo, comandando por un juvenil y bajo el gobierno de Pedri, lo tenía todo, los italianos se cobraron primero los errores, después le sobrevivieron y acabaron resistiendo para someter la alegría feroz de esta generación culé en una eliminatoria épica. [Narración y estadísticas (4-3)]
El Barça encontró con la necesidad de masticar un duelo que tardó en saber interpretar, tuvo en su mano y lo vio escapar. No lograba generarle dudas a un rival que echó mano de veteranía, esa misma que hizo de Dimarco buscara intimidar a Lamine a base palitos. Nada que pudiera castigar Marciniak, pero suficiente para desquiciar. Aún así se sostuvo el de Rocafonda para tirar de un Barça que se refugió solo en él para intimidar, sin que eso le permitiera sacar a pasear su don.
En los primeros minutos, ambos equipos buscaron dañarse por los flancos. Si Lamine estaba juguetón, Dumfries anduvo siempre preparado para buscarle las cosquillas a Gerard Martín. Fue la caldera del Giuseppe Meazza la que encendió el partido cuando el Inter encadenó tres saque es de esquina consecutivos e impuso su pizca de locura. Se durmió Olmo en la salida de balón y apareció Dimarco para robar, buscar a Dumfries y que el neerlandés asistiera a Lautaro Martínez para abrir el marcador. El argentino había apurado para llegar al duelo y fue determinante durante muchos minutos.
Cubarsí y el VAR
La ventaja le dibujó al equipo de Inzaghi el escenario que quería. Sin necesidad de arriesgar, entregó el control a los azulgrana, demasiado imprecisos ante Sommer. Ni Ferran ni Lamine, en alianza con un solvente Éric García en funciones de lateral, eligieron bien y Olmo y Raphinha ni aparecían.
Al Inter le bastaba con estirarse a la contra, buscando inquietar en cualquier despeje como la bolea que probó Mkhitaryan o el zurdazo de Çalhanoglu. Se sostenía el Barça en esa mínima desventaja cuando Cubarsí se lanzó a los pies de Lautaro frenando su mano a mano con Szczesny. Se jugó el penalti y el VAR lo cazó. El argentino, a medio gas, había marcado un gol y dejado en bandeja el segundo a Çalhanoglu desde el punto de penalti con la primera parte cumplida. El 2-0 era un mazazo que Flick tendría que buscar enmendarlo en el vestuario.
Aunque solo la habilidad en el fuera de fuego les libró del tercer tanto, al alemán no le hizo falta ni mover el banquillo porque el héroe inesperado lo tenía en el césped. Se activaron Lamine, Pedri y Raphinha, pero fue Gerard Martín el que puso un centro lateral que Eric García enganchó para enviar a la escuadra. Ese gol recordó que no hay desaliento cuando está en juego una final. Tuvo el empate el improvisado lateral en una contra de manual con Gerard y Pedri, pero su disparo lo adivinó Sommer, todo reflejos.
Frattesi festeja el 4-3 del Inter, el martes en el Meazza.AFP
Nada pudo hacer el suizo con otro centro llovido desde la izquierda para el testarazo de Dani Olmo. El Barça había revivido y el Inter temblaba. Tanto que cuando el VAR convirtió en falta al borde del área la entrada de Mkhitaryan a Lamine que Marciniak vio como penalti, todo el estadio resopló de alivio.
La superioridad culé era aplastante y, como no podía ser otro, Lamine tuvo la ocasión de romper el empate con un latigazo desde la frontal del área que salvó la mano de Sommer. Entonces apareció Raphinha. Necesitó probar con la izquierda, que salvara Sommer y recoger el rechazo para ajustar un derechazo a la base del poste para poner rumbo a Munich. Nada parecía poder frenar a este Barça y hasta Lamine estrelló el cuarto en el palo. Sin embargo, el Inter revivió para aguar la fiesta culé. Cuerpeó Dumfries con Gerard y le ganó para poner un centro que Acerbi convirtió en el empate que condenaba a la prórroga.
Con el partido loco, en el tiempo extra los errores se pagaron mucho más caros. El de Araújo dejando escapar a Thuram en el lateral del área para asistir a Frattesi fue determinante. Otra vez el Barça estaba eliminado. Bajo la intensa lluvia de Milán, faltaba el gol de Lamine que, por más que lo buscó de manera incansable, no apareció.
INMA LIDÓN
@inma_lidon
Actualizado Sábado,
2
septiembre
2023
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