Tras la decepción del comienzo de la tarde, cuando el dominicano Alcántara acabó con los sueños de medalla olímpica de Rafa Lozano júnior, la noche tenía reservada en el Centro de Exposiciones de Villepinte una estupenda sorpresa. El peso pesado Ayoub Ghadfa derrotó al armenio Davit Chaloyan y aseguró la segunda medalla en estos Juegos para el boxeo español, la sexta de su historia.
El marbellí ya desató las ilusiones en su debut olímpico. Con su pegada brutal y su determinación, acabó contra pronóstico con el kazajo Kamshybek Konkabayev, bronce en los pasados Juegos Olímpicos y dos veces campeón universal.
Ayoub, al que su padre apuntó a kickboxing para que aprendiera a defenderse de los abusos y el racismo que sufría cuando era niño, y después descubrió sus habilidades boxísticas en Madrid, fue fortaleza y precisión en el cuadrilátero del Arena París Norte.
En un combate brutal, en el que varias veces tuvo que parar porque sangraba por su oreja izquierda, el español arrasó al armenio. Sonaba “¡Ayoub, Ayoub!” en las tribunas y Ghadfa seguía golpeando sin piedad. Ganó los tres rounds, decisión unánime.
Su rival por llegar a la final olímpica será el local Djamili-Dini Abodou, que un momento antes encendió a las tribunas con su triunfo ante el ecuatoriano Congo.
Y mañana sábado, también en cuartos, José Quiles (15:30 h.) se enfrenta al uzbeko Khalokov en busca de asegurar la tercera medalla para el boxeo nacional.
La derrota contra el Barça en el Palacio dejó resaca, dolor de cabeza y dudas. Espesura general en Francia y una llamada a la energía sin respuesta. No fue drama porque, otra vez (y van ya unas cuantas esta temporada), el Real Madrid despertó a tiempo, ya avanzado el acto final, cuando Usman Garuba tocó a rebato desde la defensa y Trey Lyles desplegó su repertorio mortal. Ahí se quedaron la rebelión del ASVEL Villeurbanne y el susto blanco, bordeando la que hubiera sido la octava derrota a domicilio en Euroliga. El triunfo, un respiro, aunque no sea para presumir. [69-80: Narración y estadística]
Porque fue media hora de mal juego, de demasiados errores, de llegar tarde a casi todo y de ir a remolque de un rival inferior. La mejora en defensa (por primera vez en muchos partidos el rival se quedó en menos de 70), el cerrojazo en el acto final (8-20 de parcial), taparon lo anterior, incluida la noche gris de Hezonja.
La memoria de la derrota en el clásico, tan reciente, tan dolorosa, no fue acicate. Al menos de inicio, se volvió a comprobar a un Real Madrid apático, desganado, como si la energía les hubiera abandonado. Otro partido en poco más de 48 horas, así es el calendario, así lo quieren los propios clubes. Descansaron Llull, Deck y Almansa (y Procida no participó) y aunque el amanecer trató de ser otra cosa, al menos en defensa, pronto se comprobó de nuevo a un mal Madrid.
Un equipo fallón y blando, que encajó, sin venir mucho a cuento y sin Tavares en pista, un parcial de 25-10 y se vio a remolque una noche más. Hería el rebote y desequilibraban las individualidades, el eléctrico Glynn Watson, el talentoso y veterano Thomas Heurtel, tenía que ser él. Uno de los colistas de la Euroliga -una competición que abandonará rumbo a la Champions League de la FIBA- que acaba de perder a su gran líder, De Colo (fichado por Fenerbahçe).
Maledon
Ante tal oposición, el ASVEL, con su propietario Tony Parker en el palco, se vino arriba. Mientras Hezonja continuaba errando triples, los galos despegaban con contras rematadas por pases por la espalda de Heurtel o triples liberados tras estupendas combinaciones. La remontada se hacía esperar, incluso cuando Usman Garuba pisó por primera vez el LDLC Arena, casi al final del tercer cuarto.
Fue un poco después, sin brillantez, con los puntos al fin de Maledon -homenajeado en la previa en el que fue su equipo- y el esfuerzo del pívot canterano (63-65). La chispa adecuada. De la que se aprovechó después Lyles, talento desatado y un Madrid, como un sprinter, lanzado hacia una victoria que un rato antes no vio nada clara. 12 puntos del pívot y fundido a negro del ASVEL. El jueves, sin público en el Palacio ante el Maccabi, siguiente round.
Fenerbahce 100 Real Madrid 99
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Actualizado Jueves,
30
noviembre
2023
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22:14Una canasta de Madar in extremis, tras un error...
Yago Rojo, probablemente el más pujante de los maratonianos españoles, 41º en los Juegos de París, oteaba el horizonte del reciente Maratón de Valencia y se relamía. Un estado de forma como no recordaba. "A mí no me gusta decir 'estaba para esto', porque siempre defiendo que la marca que haces es la que vales (2:07:47 es la suya). Pero estaba para reventar el crono. Los entrenamientos que estábamos haciendo, sobre todo las sensaciones... Recuerdo una tirada con Carlos Mayo, acabando el último 10.000 en 29:30 y le decía a Luismi (Martín Berlanas, su entrenador), 'si quieres sigo'", cuenta a EL MUNDO desde la más pura "frustración", desde "noches sin dormir". Porque, a las puertas del "gran día", le acudió el dolor y "no sé si este estado de forma va a volver alguna vez en mi vida".
Yago, el chico de Aluche que soñaba con ser Fernando Alonso, pura alegría y desparpajo, vivió días "horrorosos". Descubrieron una pubalgia, con afectación en la zona del sacro ilíaca. Tocaba parar, redefinir objetivos, una pesadilla para quien acostumbra a acumular 200 kilómetros a la semana. Aunque la oportunidad de Valencia y su recorrido siempre propicio para batir una marca que le resituaría entre las mejores nacionales de siempre, el madrileño pronto encontró la motivación de vuelta, siempre pensando en Los Ángeles como objetivo de fondo. Sólo había que regresar a la infancia.
"Yo de niño quería ser ciclista", comenta quien encontró en la bici a su mejor aliado para la recuperación. Diversión, exigencia y buena compañía. Nada menos que a rueda de Juanpe López, toda una maglia rosa del Giro.
Pero no sólo es la experiencia. El entrenamiento cruzado también es científicamente provechoso para los atletas de elite. "Es una barbaridad. Además, en mi caso, no sé por qué, me sube el pulso muchísimo en la bicicleta. Es bastante curioso, hasta me compré otro pulsómetro porque pensé que el que tenía estaba mal", explica Yago, que en esfuerzos sostenidos de unos 12 minutos, supera las 180 pulsaciones. Algo que, corriendo, en su caso sería ir a 2:50 el kilómetro, aproximadamente.
Juanpe López y Yago Rojo, en una imagen reciente.EL MUNDO
Rojo encontró en el nuevo refuerzo del Movistar un estupendo compañero. Se conocieron el año pasado y, aprovechando la estancia del sevillano en la capital con su pareja, la marchadora Lidia Sánchez-Puebla, acordaron unos entrenamientos en los que también se unen otros como el también ciclista Gonzalo Serrano o el duatleta Javi Martín. Tiradas de hasta cinco horas en las que el maratoniano comparte en paralelo los calentamientos y a rueda las series de los ciclistas. "Yo le dije que no quería interrumpirle sus entrenamientos. En las series largas, me cuesta seguirle. Pero lo disfruto una barbaridad, me lo estoy pasando como un enano, ir ahí detrás viendo su culo con el loguito de Movistar, su Canyon", bromea Yago, alucinado del reconocimiento que reciben por las carretas de Madrid y con la potencia de los profesionales en las subidas. "El otro día fuimos para el Alto del León y luego subimos Navacerrada. Cuando Juanpe y Gonzalo empezaron, dije: "¿Pero va a aguantar así 20 minutos?". Arrancó como si me pasase una moto. Cuando la carretera se pone para arriba no hay un punto de comparación. Ellos están tres ligas por encima".
Rojo se lleva la experiencia ("es una excelente persona y te va enseñando cosas técnicas") y sus músculos, protegidos del impacto hasta que pueda volver a correr (cree que será en unos días) la inyección fisiológica que acelerará su puesta a punto. "Ponerme en forma me va a costar bastante menos. El cansancio después de una salida es diferente al de correr, más orgánico, menos muscular. Un reventón sobrehumano, pero sin la sensación de no poder moverte que provoca la carrera", explica.
Si todo va bien y con la precaución debida, las miradas de Yago están en el Europeo de Birmingham del próximo verano, aunque para ello deberá acreditar la mínima en alguna maratón previa, posiblemente en Hamburgo o Praga. Y, llegado el momento, recordará esas salidas invernales en bicicleta, a 50 kilómetros por hora por Chinchón a rueda de Juanpe López.