La Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha rechazado el recurso de Luis Rubiales y ha confirmado la condena al ex presidente de la Real Federación Española de Fútbol a una multa con una cuota de 20 euros al día durante 18 meses por el beso no consentido a la futbolista Jenni Hermoso.
La Sección Cuarta del Tribunal mantiene, no obstante, la absolución del delito de coacciones al dirigente y al resto de acusados en el procedimiento: Jorge Vilda, exseleccionador femenino, Albert Luque, exdirector de Fútbol de la sección masculina y Rubén Rivera, responsable de marketing de la Federación.
Además del recurso de Rubiales, la sala también ha resuelto los presentados por la Fiscalía de la Audiencia Nacional y las acusaciones particular y popular manteniendo la confirmación íntegra de su sentencia del pasado 20 de febrero.
Se mantiene la confirmación de la orden de alejamiento de Rubiales respecto a Jenni Hermoso en un radio de 200 metros así como cualquier otra comunicación con la víctima en el espacio de un año. Pese a la petición de 50.000 euros por parte de las acusaciones en concepto de indemnización, la Audiencia mantiene el importe en 3.000 euros más los intereses generados en este periodo.
Se confirman así los hechos probados en la sentencia respecto a la agresión sexual sufrida por la jugadora durante la entrega de medallas del Mundial de Australia en 2024, en el que la selección española de fútbol femenino se proclamó campeona. Así como que la futbolista no sufrió ningún tipo de coacciones en el retorno del equipo nacional a España ni tampoco en el viaje posterior a Ibiza, como premio a la consecución del título.
Había brujas que exorcizar en Bélgica. El Jan Breydel Stadium es una pesadilla para el Atlético y eso que este conjunto arquitectónico de cemento con capacidad para 30.000 ruidosos aficionados no es uno de los fortines europeos. Cero victorias en la historia rojiblanca. Había que apelar a la magia. Y los hechiceros del Atlético aparecieron, pero luego se dejaron engatusar hasta perder una triple ventaja. El Atlético se deja deberes para la vuelta y la maldición continúa vigente. Hay que sudar los octavos. [Narración y estadísticas, 3-3]
El partido comenzó frío, como no podía ser de otra manera. Una lluvia helada te calaba los huesos y complicaba la precisión rojiblanca. No obstante, los colchoneros querían apabullar a un Brujas que no terminaba de encontrarse cómodo. En el minuto tres, una jugada al primer toque estuvo a punto de cazarla Griezmann al costado izquierdo de Mignolet. El balón terminó en córner y a raíz de ese saque de esquina Seys decidió cometer la imprudencia que ya no permite el VAR ni el nuevo reglamento. Dos minutos de suspense... penalti.
Fue Julián no sólo el que lo marcó sino el que fue a por la pelota decidido a ejecutar su lanzamiento. Su falta de confianza ya es historia. Descorchó la botella ante el Barça y ahora no hay corcho que le sujete. Se adelantó el Atlético en un campo maldito. E iba a costar la maldición, porque el tanto del argentino espoleó a los belgas que se echaron encima de la portería de Oblak con Tresoldi.
El Atlético empata contra el Brujas en Champions: "Faltó contundencia defensiva"
El ataque belga era tan violento que cualquiera diría que en frente estaban los tercios españoles. Jugaban sin red y buscaban el fallo en salida del Atlético y lo encontraban. Molina y Llorente tuvieron algunos capitales que el Brujas no aprovechó y eso que se encontró con una jugada calcada a su penalti, pero la mano de Hancko estaba más abajo.
Pese al acoso belga, las oportunidades más claras antes de que Nyberg pitara el descanso fueron para Lookman. El nigeriano a punto estuvo de doblar la ventaja tras una gran jugada de Giuliano, pero tapó de manera milagrosa Sabbe. Sin embargo, lo consiguió tres minutos más tarde tras un saque de esquina maravillosamente sacado por Griezmann. Había mucho ganado con ese otro tanto antes del descanso, pero no todo.
De hecho, los belgas recortaron nada más volver de vestuarios. De nuevo, un córner. Un barullo en el área encontró la testa de Tresoldi pero su remate fue bien respondido por Oblak, que no pudo atajar la respuesta de Onyedika. El VAR dio algo de suspense al tanto por la posición del italiano, pero finalmente le dio validez. Nada es fácil en esta Champions. Tampoco Brujas, un equipo que cuenta con una grada caliente pese la temperatura que gastan en invierno.
Onyedika y Tresoldi, los goleadores del Brujas.NICOLAS TUCATAFP
Los belgas se agarraban al buen hacer del espigado Vannaken, capitán y general del conjunto azul y negro, y al menudo Stankovic, que lanzaba a placer a Diakhon a falta de Forbes. De hecho, el francés encontró en una de sus internadas a Tresoldi que batió a Oblak casi en área pequeña. Todo lo remado y conseguido se esfumaba en 10 minutos fatídicos. Había que ver la manera de recuperarse del golpe. Simeone lo quiso hacer a través del balón y para ello sustituyó a Lookman por Baena. Mucho que exigir al almeriense según el argentino.
Sorloth no pudo
Pero el que ya no tiene nada que demostrar, a juzgar por su rendimiento en el último mes, es Sorloth. El noruego sustituyó a Griezmann y la primera que tuvo la mandó a la cruceta. Con él se ganaba la profundidad que estaba faltando desde la ventaja en el marcador. La volvió a tener tras un pase de Baena que detuvo Mignolet y luego despistó a Ordóñez para que el central se la metiera en su portería.
Se las prometían felices los rojiblancos, pero las brujas tienen muchas vidas como demostraron en el 90. Tzolis definió la última oleada belga y apagó las ilusiones de romper la maldición, pese a la última opción de Sorloth. Malditas Brujas.
Fueron 200 segundos. Ni uno más. En los que el Atlético tiró por la borda todo el esfuerzo que había hecho en el encuentro pese a que intentó restablecerse con un obús de Molina. Hancko y Gimenez, dos defensas serios y veteranos, cometieron dos errores infantiles que provocaron la derrota de su equipo, pese a que al principio del encuentro, los rojiblancos soñaran con hacer historia. No pudieron aprovechar su superioridad numérica. "Pudimos haber hecho más, controlar el partido de otra manera después del 1-0, no cometer errores, gestionar mejor y tenemos rivales importantes y que juegan bien y ante la menor oportunidad te van a hacer daño", expresó el entrenador rojiblanco.
Hacía 10 años que el Atlético no ganaba en el Bernabéu. Una década de la que, en el césped, sólo quedan Griezmann, Koke y, claro, el Cholo que dirigía su derbi número 50. El argentino se llevó la gran pitada de la noche por la afición madridista cuando el speaker le nombró en las alineaciones iniciales. Pero luego saltó como loco cuando Lookman, tras un taconazo inmenso de su hijo, inauguró el marcador y enmudeció el estadio blanco.
La renta pudo haber sido doble, pero Munuera decidió no pitar un penalti sobre Llorente tras haber sido arrollado por Carvajal. "No creo que el tema de no haber ganado sea por eso. Tuvimos la oportunidad de aprovechar las ocasiones buenas que se generaron y no fuimos capaces de hacer ese paso hacia adelante", apuntó Simeone.
Era el renacer del jugador nigeriano, absolutamente invisible desde su meteórica aparición ante el Betis en la Copa del Rey. Antes había avisado con un eslalon monumental que terminó por cerrar Rüdiger. Estaba el partido para apariciones individuales, para diagonales y para caos controlado. Su presencia en el once era una apuesta propia de su entrenador. Nico, más solidario defensivamente, parecía una opción más plausible y quizás adecuada. Pero el Cholo quería filo y en las bandas puso dos puñales que le dieron el primer tanto del encuentro.
Contundencia, repite incansablemente el Cholo. La tuvo el Atlético que, salvo por un disparo de Llorente, había pisado poco el área de Lunin. En la otra costa, Musso no podía relajarse ni un minuto porque los blancos rondaban su área con un Valverde hiperactivo. El argentino sólo pudo mirar cómo le remató al palo en su primer mano a mano, pero después tuvo intervenciones de mérito como ante un disparo de Carvajal desde el borde del área. Era su presencia una nota nada discordante ya que su rendimiento ante la ausencia de Oblak había sido siempre sobresaliente. Nada pudo hacer sin embargo ante el penalti de Vinicius, que valió el empate del Madrid.
Tampoco ante el gol de Valverde cinco minutos después. La pájara de Giménez fue un error imposible de enmendar por el argentino. El Atlético vio cómo en apenas dos jugadas se esfumaba su ilusión inicial de romper una racha de una década. Pesa la historia, pesan los errores y vuelve a sonar esa palabra del Cholo: contundencia.
En la misma estaba el capitán derbi, Koke, el futbolista que más ha jugado con 45, que apuntaba que "hay que cuidar más los detalles". "La derrota duele igual, un derbi es un derbi", explicó el rojiblanco sobre los objetivos diferentes entre el Atlético y el Real Madrid en liga. "Estamos en el momento que queremos estar en champions y en copa, en liga no hemos sido regulares", añadió el futbolista que dice que ahora su mente ya está preparada en el triple duelo ante el FC Barcelona antes de la ilusionante final de Copa del Rey.
Molina, el cañonero
Pero para contundente, el zurriagazo de Molina. Está el argentino acostumbrándose a encañonar desde cualquier parte como demostró ante el Getafe. Mal rollo con los vecinos. Lunin sólo pudo embellecer la foto y el Cholo mejoró la celebración, trotando por la banda desbocado.
No pudo seguir celebrando el argentino al final. Vinicius le amargó la fiesta. Tenía el Atlético a mano arruinar la liga a su vecino, pero no pudo aprovechar la roja de Valverde por patear a Baena de muy malos modos. Julián lo intentó, pero la escupió el palo. Mateu Alemany quiere otro derbi en la final de Champions. No debe de tener memoria el director deportivo rojiblanco.
Era el plan. Trazado con maestría. Con la pericia del perro viejo. Sabiendo dónde se le podía hacer daño al Barça. Desde la desesperación. Del muro a la victoria. 18 duelos ha costado, pero lo logró Simeone y dejó al Barça en la UVI, en la que lleva ya siete partidos y colocó a su Atlético líder. Oblak construyó y Sorloth remató. A Flick, en la grada, le llevarían los demonios porque lo quiso más, pero no lo encontró. Un noruego quiso hacer historia. [Narración y estadísticas, 1-2]
Valentía. Era la palabra clave en este duelo en la cumbre. Mitad de temporada, sí; pero más que tres puntos entre dos contendientes a esta liga, le guste al Cholo o no. El argentino, sobre el que pesaba la sombra de la sospecha, salió con sus habituales: pretorianos, pero con clase. Flick, en cambio, se quiso proteger de salida con un equipo más trabajador que de costumbre, aunque el partido tuviera que verlo desde la grada por su expulsión ante el Betis.
Sin embargo, planillas y pizarras aparte, el Barça salió como un ciclón en Montjuic. No parecía que las dinámicas entre ambos, opuestas, se intercambiaran en los primeros minutos. Raphinha perdonó un gol y Gallagher tapó otro. La mala noticia para el Atlético es que fue en apenas cinco minutos en los que los jugadores rojiblancos, el sábado de celeste, parecían más aguadores que futbolistas.
Diez minutos tardó el Atlético en tener su primera posesión larga, muchas más iba a necesitar para apagar los ánimos blaugranas con un combativo Gavi y un imaginativo Pedri. Ha recuperado su mejor nivel el canario con Flick y el equipo lo nota. Si ya encima marca, pues miel sobre hojuelas. Se aprovechó el 8 de un mal control de Gavi para hacer una pared involuntaria y colocarla en la base del palo imposible para Oblak.
Pedri anota el primer tanto del partido.Quique GarcíaEFE
En el primer cuarto de hora, la posesión era 70/30 a favor de los locales. Como si a Simeone eso le importara. En el 17 llegó el primer atisbo de peligro rojiblanco tras un gran cambio de juego de Gallagher. Se iba abriendo el Atlético, pero faltaba llegar con algún pase más. Se hacía complicado precisar a pelotazos. Se echaba en falta a De Paul, el faro rojiblanco en los últimos partidos, ahogado entre blaugranas igual que Barrios.
Ni siquiera el gol de Pedri, en el minuto 29, cambió al Atlético su plan inicial de estar agazapado y salir rápido, más que rápido, precipitado. Mientras, los azulgrana mordían más arriba y haciéndole daño desde el costado de Raphinha, un puñal. Está el brasileño en su curso, ese que esperó, paciente, cuando media parroquia blaugrana pedía su venta para hacer caja. Le faltó una zancada para hacer el segundo al filo del descanso después de que Íñigo Martínez evitara que Julián empatara en boca de gol.
El que evitó el segundo en el inicio de la segunda parte fue Oblak. Tapó bien el esloveno el disparo de Fermín tras una cesión infructuosa de Giménez, que salió unos minutos más tarde con un problema muscular. Volvió en Montjuic el calvario para el uruguayo. Y eso que el Atlético había salido con otra intención inicial, más agresivo en la presión y pisando más campo contrario, pero el Barcelona seguía amenazando no solo a la contra sino también con posesiones largas para aplacar los ánimos colchoneros.
De Paul, tras anotar el empate.JOSEP LAGOAFP
De una de las primeras inventó Pedri otro precioso pase en profundidad, el enésimo, pero Raphinha estrelló su vaselina en el larguero. Y como en el duelo la cosa iba de pases a la red. Quiso De Paul imitar a Pedri para reivindicar su presencia en el partido. Culminó el argentino una contra que comenzó él mismo con un putt al segundo palo de Peña. Otro que se estiraba para la foto. Y el gol trajo de nuevo los mismos papeles con los que se inició la contienda con cambios, ambos, con esas intenciones. El Atlético pasaba a su clásico 5-3-2. Estilos, los llaman.
Desde la defensa intentó sorprender el Cholo y casi le sale si Barrios llega a embocar la que tuvo solo ante Iñaki Peña. Respondió bien el cancerbero. Oblak le respondió poco después por partida doble salvando un mano a mano ante Raphinha a pase de Pedri y otro ante el propio canario. Hasta que llegó Sorloth para cumplir el plan del Cholo. Se impusieron los estilos, triunfó la manta. Una victoria gloriosa e histórica.