Estos días se ha hecho viral la historia de Elif Karaarslan, una árbitra turca que ha sido suspendida por la Federación de su país tras filtrarse un vídeo sexual de ella, supuestamente, junto al inspector de árbitros de la Superliga, Orhan Erdemir. La joven de 24 años ha afirmado que todo es un montaje y que su suspensión ha sido totalmente injusta.
“Hay un vídeo sexual que se intenta asociar conmigo, pero no tiene nada que ver conmigo y la calidad de la imagen es extremadamente mala. No soy la persona que aparece en el vídeo y el hecho de que me enfrente a una acusación tan grave es un atentado contra el honor de una mujer”, se ha defendido.
“Me espera un largo camino legal, pero lo superaré de la forma más fuerte y contundente. Espero contar con todo su apoyo y amor en este proceso. Llorar, gritar y estar triste no son cosas que yo haría. No soy así. Defenderé mi causa hasta el final. Soy sólo una de las muchas que están siendo perjudicadas. Espero ser la última”, ha argumentado la ex jugadora de Besiktas, que tiene más de 382.000 seguidores en Instagram.
También ha hablado el abogado de Elif Karaarslan, que ha defendido a su cliente. “Se publicó en las redes sociales un vídeo montado, que no era el original y fue creado enteramente mediante inteligencia artificial a partir de la cuenta de otra persona en las redes sociales y no tiene ninguna relación con mi cliente de ninguna manera… Cuando se examina el vídeo queda muy claro que la imagen no es clara y que las partes de la relación fueron editadas completamente por ordenador”, ha expresado.
Otro de los implicados, el inspector de árbitros de la Superliga, Orhan Erdemir, de 61 años, ha contado lo que implica este supuesto vídeo para él. “Mi carrera como árbitro y observador, que he mantenido con orgullo durante más de 30 años sin una sola mancha, ha dado un vuelco. Mi reputación ante los ojos de mi familia, mi círculo de amigos y la comunidad arbitral ha sido destruida”, ha denunciado.
Es Juan Eusebio Oiarzábal (Vitoria, 1956), Juanito, un hombre coqueto. A veces habla de sí mismo en tercera persona y quizás por eso, y porque ha sido el tercero en subir los 14 ochomiles sin oxígeno, hayan decidido hacerle un documental. Oiarzábal, entre Juan y Juanito, repasa la vida de un alpinista excepcional y de una persona irrepetible.
¿Cuánto frío ha pasado en su vida?
Mucho, pero te voy a confesar un secreto: soy muy friolero. Quizás sea porque en el Himalaya he pasado tanto frío que al final... He tenido congelaciones dos veces en la nariz, en las orejas y, lo más fuerte de todo, la amputación de los diez dedos de mis pies.
Friolero y alpinista, vaya mezcla.
Te adaptas a todo. Yo he cruzado el desierto de Taklamakán, el Sáhara y pasas mucho calor, pero luego tu organismo lo asimila. En montaña es parecido.
¿Y cuándo nota que pasa el umbral de no aguantarlo?
Enseguida. Cuando subo por segunda vez a la cumbre del K2 ya veía que me estaba congelando. A lo largo de mi carrera he ido viendo cuando tengo los pies de una manera o de otra y en este caso cometí el mayor error de mi vida deportiva. Me tenía que haber dado la vuelta, pero esa cabezonería mía hizo que me fuera a la cumbre hasta que acabé con un edema pulmonar y la amputación de todos los dedos de los pies.
Entonces, ¿eso del K2 fue un milagro o traspasar el umbral?
No creo en los milagros y en los duendes menos. Fue una oportunidad única en mi carrera para conmemorar la primera ascensión a esa montaña hace 50 años y una década desde la primera vez que lo hice. Para mí era un reto. No es fácil volver a subir dos veces el K2. La montaña actúa como un imán. Te absorbe.
¿Se plantea si mereció la pena?
No merece la pena perder el ápice de una uña por subir una montaña. Pero siempre he sido muy ambicioso y, aunque no lo merezca, el éxito está muchas veces en arriesgar pese a las consecuencias. Seguramente me arrepentiré toda mi vida.
También perdió a muchos compañeros, ¿cómo vive con eso?
Pues se vive porque sabemos cómo es este negocio. Nada es seguro en montaña, siempre hay algo. Y cuando sales de casa lo haces mentalizado a que igual no puedas volver. Eso me hace un auténtico superviviente tras haber realizado 47 expediciones sólo al Himalaya y 26 ochomiles sin oxígeno.
Estadísticamente no tendría que estar aquí sentado.
A mí la suerte me ha sonreído mucho y estoy muy agradecido a la vida porque a mis mejores amigos, con los que he crecido, los he perdido en el Himalaya. Sin embargo, subir dos veces el Everest, el K2, el Kanchenjunga... y así repetir 10 de los 14 ochomiles no es fácil porque el Himalaya no da esas oportunidades. Lo natural sería que en alguna te pillara. Estadísticamente hablando yo tendría que haber perdido la vida.
¿Cómo afronta un deporte así?
No me lo planteo. Sabes que vas a una montaña de 8.000 metros y sabes sus características. Todo se estudia. Yo me dediqué a escalar en los Alpes y eso hizo una base increíble para poder solventar situaciones comprometidas en el Himalaya.
¿Es usted físicamente superior?
Lo bueno que he tenido, primero, mi mentalidad de no hundirme absolutamente nunca y, por supuesto, la adaptación a la altura, que es algo importantísimo a la hora de subir un ochomil sin oxígeno. Mis compañeros siempre eran más fuertes que yo, pero el aclimatar bien es clave.
Ahora todos usan oxígeno.
El Himalaya está totalmente prostituido. Pero también el Aneto, los Alpes, el Mont Blanc... Las agencias comerciales lo han prostituido para forrarse. Les da todo igual porque casi, casi, te aseguran la cumbre por 40.000 euros, que es la expedición más barata que hay.
¿Cómo es la vida en el Campo 4 del Everest?
El de la parte nepalí, pues es un collao, con miles de botellas de oxígeno vacías y tiendas abandonadas. Es el estercolero a mayor altura del mundo. Un lugar con mucho viento, inhóspito, diría que incluso cruel, cuando estás esperando la noche para salir y alcanzar la cumbre. Son momentos muy tensos en los que sólo se oye el ruido de los quemadores fundiendo nieve. Todo el mundo dándole vueltas a la cabeza. ¿Cómo estaré? ¿Llegaré a la cumbre? Esas son las preguntas que te haces.
O sea, ¿el peor momento para afrontar un 8.000 es la noche previa?
Claro, es lo que vale, todo lo demás es pasajero. Vas aclimatando tu cuerpo, vas abasteciendo los campamentos de altura, colocando las cuerdas, pero si el último día, cuando llegas al campo 4, no estás en condiciones... Es el día estrella, el día por excelencia. Y luego tener en mente lo más importante, que la meta no es llegar a la cumbre sino al campamento base. El 70% de los accidentes en el Himalaya son bajando.
El alpinista posa para la entrevista.MUNDO
¿Y qué piensa a 8.000 metros?
En bajar (risas). Y cuando tienes un poquito de tiempo, te puedes recrear con el cielo ahí arriba. Aunque en el Cho Oyu fue distinto, fue mi primer ochomil y las sensaciones no se han vuelto a repetir. Es algo mágico.
¿Cuándo ve que puede vivir de ello?
Yo vengo de la gimnasia deportiva y eso fue mi base para la montaña. A los 14 descubrí ese mundo vertical, el de la escalada en roca. Y ahí empezó todo Hasta que me dije: 'Coño, voy a ver si soy capaz de ser el primer español en subirme los 14 ochomiles'. Y, efectivamente, lo fui.
Siempre hacia delante
Uno de sus hijos sigue sus pasos, ¿le asusta?
No. No me asusta. Me gusta incluso que se dedique a lo que yo he hecho toda la vida y me entretengo con él hablando de ello.
¿Hay algo que haría diferente?
No, la figura de Juanito es como es y Juanito no puede cambiar. Juanito es así de esporádico, así de natural y de campechano. Y en el documental se refleja de manera magistral la figura de Juanito.
¿Cómo casa la soledad de la montaña con hacer un documental?
En la montaña no hay soledad. Yo me divierto siempre, disfruto con cualquier cosa, me pongo a caminar y le doy la vuelta al mundo un millón de veces.
Alex Graneri es piragüista, y uno de los buenos, campeón del mundo júnior hace poco, sustituto ahora de Saúl Craviotto en el K4 500 español, gracias al helado. Concretamente, al Häagen-Dazs. Si no existiera el frío dulce, si la gente no se lanzase a por tarrinas cada verano, Graneri nunca hubiera tocado una pala, quizá ni tan siquiera hubiera disfrutado del mar. No hay que ser un genio del marketing para ver el patrocinio.
«Mi familia es de Logroño, pero mi madre se fue a Palma y por eso mi hermana y yo nacimos allí. Cuando yo tenía unos 10 años, ella empezó a llevar una heladería de Häagen-Dazs en el centro y tenía mucho trabajo en verano, así que estuvo buscando campamentos para nosotros. Una amiga suya le habló del que hacía el Real Club Náutico de Palma y allí acabamos mi hermana Cristina y yo. Era sólo una semana probando el piragüismo, pero nos encantó y un entrenador, Ismael Uali, nos ofreció seguir durante el curso. Y así hasta ahora», relata Graneri en conversación con EL MUNDO desde Szeged (Hungría), donde el pasado sábado fue cuartos en la final del K4 500 metros en la Copa del Mundo sprint como parte de uno de los equipos más brillantes de la historia del deporte español.
En los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se colgaron la plata; en París 2024, el bronce; y por ello en Los Ángeles 2028 todo lo que no sea un podio sería un fracaso. Por eso la exigencia sigue siendo máxima. Con la continuidad de Craviotto todavía en el aire, ha entrado Adrián del Río como sustituto, pero los otros tres componentes de siempre, Marcus Cooper, Carlos Arévalo y Rodrigo Germade, no son fijos. Germade empezó la temporada post olímpica sintiéndose vacío, falló en los primeros selectivos y, ¡pum!, ahí está ya Graneri con sus 21 años. En el Europeo y el Mundial de esta primavera ocupará su asiento; luego ya veremos.
La competencia interna en España es una locura.
Es complicado para todos, pero es normal que sea así porque hay mucho nivel. Este año empezamos con un selectivo donde se escogió a los 12 piragüistas más rápidos, luego hubo otra cita para reducir el nombre a tres y después hicimos aún más pruebas internas. Al final acabé yo en el K4 500, que para mí es un sueño, llevo toda la vida viéndoles competir a ellos. Siempre he luchado por estar aquí. Es duro jugarte tu futuro en 300 metros, pero el deporte es así.
Y luego en este K4 sólo vale ganar medallas olímpicas.
Sí, pero estos compañeros te dan una sensación de seguridad absoluta. Yo agacho las orejas, escucho e intento aprender lo máximo posible. Saúl es un superhéroe, un súperhombre en el piragüismo, pero siempre me he fijado mucho en Marcus, por ser de Palma y por su estilo. Competir ahora a su lado es increíble.
El piragüismo, todo o nada
Después de aquel campamento de verano en Palma junto a su hermana -hoy entrenadora-, Graneri no tardó en destacar y en mudarse al Centro de Tecnificación Deportiva de Trasona, en Asturias, para alcanzar la elite. Luego llegaría su dominio de la categoría júnior, dos temporadas en Sevilla, una en Madrid y el desencanto de los Juegos de París, cuando pudo clasificarse en el K1 1000, pero Paco Cubelos le arrebató la plaza.
«Hay que hacer muchos sacrificios, pero vale la pena. Soy un chico muy familiar y no veo mucho a los míos desde que tengo 16 o 17 años, así que me he acostumbrado a convertir cualquier sitio en mi hogar. Allí donde voy, sea a un centro de tecnificación, a una concentración o a alguna competición me llevo algunas fotos y con eso me basta», cuenta Graneri, que lo ha apostado todo al piragüismo. De hecho, este año había estudiado para las pruebas de acceso a un grado superior de actividades físicas, pero el mismo día del examen le pusieron un selectivo y no pudo presentarse. Lo intentará en 2026, asegura, si el piragüismo se lo permite.
Ahora, más que nunca, el camino a una medalla olímpica en los Juegos de Los Ángeles 2028 está muy claro. Si lo logra tocará celebrar con un helado de Häagen-Dazs, por supuesto. «De niño era lo que comía después de cada entreno, pero ahora tengo que controlarme. Una medalla será una buena excusa», finaliza.
Pecco Bagnaia dio un nuevo golpe sobre la mesa. El italiano sumó en Austria su tercer doblete del curso con su séptima victoria en Gran Premio y retoma así el liderato de una competición en la que únicamente Jorge Martín parece capaz de pisarle los talones. El de San Sebastián de los Reyes, ahora segundo a cinco puntos en la tabla, firmó un arranque muy fuerte, pero acabó viendo como su gran rival imponía a la postre su estilo más cerebral para abrir un hueco que sería ya del todo insuperable.
El tercer puesto fue para Enea Bastianini y Marc Márquez, tras caer hasta la decimotercera plaza por un error en la salida, consiguió firmar una de esas remontadas marca de la casa para acabar finalmente la carrera en cuarta posición. "Me mostré agresivo, traté de permanecer cerca de Pecco y Jorge, pero fue muy difícil. Este tercer puesto significa que vamos mejorando vuelta a vuelta y me puedo dar por satisfecho", aseveró Bastianini. "No hay excusas. Mejoramos en la salida y aspiraba a dar pelea hasta el final, pero, a medida que pasaba la carrera, vi que la temperatura del neumático delantero subía demasiado y él marcaba cada vez más distancia. Pensaba que podía lograr algo más, pero aún queda mucho campeonato", apuntó Martín.
"Tanto Jorge como yo hicimos algo increíble a nivel de velocidad y regularidad. Traté de abrir distancias, porque al final puede pasar de todo, logré hacerme con el triunfo y quiero darle las gracias a Valentino, por el gran trabajo que hacemos en la academia", señaló por su parte un Bagnaia que se acordó así de un Rossi que sufrió en Spielberg, en 2020, un accidente que a punto estuvo de costarle la vida. En cuanto al rendimiento del resto de españoles, Maverick Viñales fue séptimo, Aleix Espargaró, noveno, Álex Márquez, décimo, Pol Espargaró, con una wild card, duodécimo, Pedro Acosta, decimotercero, Augusto Fernández, decimocuarto, Alex Rins, decimosexto y Joan Mir, decimoséptimo, mientras que Raúl Fernández se retiró por problemas mecánicos.