Etapa reina y no ganó el rey, sino uno de sus escuderos. Mejor de sus gentilhombres de cámara. No ganó Jonas Vingegaard. Quizás porque no quiso. Quizás porque en el Visma habían reservado el día para Sepp Kuss, en pago por los impagables servicios que ha prestado a su jefe en este Giro (y en cualquier otra carrera). A los 31 años, el estadounidense de Durango, residente en Andorra, se convirtió en uno de esos elegidos que han ganado etapas en las tres grandes rondas.
En la quinta llegada en alto, el danés no obtuvo su quinta victoria. Es cierto que esta vez no concluía el trayecto en un puerto de 1ª, sino de 2ª. Pero venía precedido de una sucesión atormentada de picos dolomíticos, entre ellos la Cima Coppi (el Passo Giau), encerrados del primero al último en 151 kms. entre Feltre y Alleghe, con 5.000 metros de desnivel acumulado.
Vingegaard, en su debut en el Giro, ya no ganará seis etapas como Tadej Pogacar en su, también, debut en 2024. Este sábado, en Piancavallo, de nuevo en un puerto de 1ª, se apuntará probablemente la quinta. Sin que ello suponga más que una anécdota, ha perdido, por así decirlo, ese duelo a distancia, deportivo y psicológico, que mantienen los dos mejores corredores del mundo en las grandes vueltas: el rey Jonas y el emperador Tadej.
Hubo un vencedor feliz, Kuss, y un héroe desdichado, Giulio Ciccone, que pasó en cabeza todos los puertos de la jornada, menos el Passo Falzarego, por detrás de Einer Rubio, para, exhausto, reventado, ceder en el postrer envite. Entró en cabeza en las rampas finales de Piane di Pezze, en los cinco kilómetros decisivos al 9,7% de pendiente media y al 15% de máxima. Lo hizo tras abandonar a sus siete acompañantes en el descenso del Falzarego: Caruso, Gee, Rubio, Hirt, Pellizzari, Kuss y Storer. Detrás, el grupo de la maglia rosa, con Gall, Eulálio, Bernal, Arensman, Hindley, Piganzoli, Lemmen, De la Cruz… Había muchas cosas en juego en algunos hombres de ambos grupos: el podio y el Top-10.
En los dos kilómetros finales, cada uno hacía lo que podía. Dispersos y mezclados, fueron tras Kuss, pero no a por Kuss, que, aunque también agotado, estaba a salvo. Cada cual defendía su suerte sobreponiéndose a la desgracia de estar allí en ese momento. Kuss cruzó la meta, Derek Gee, que había agarrado cuatro segundos en el kilómetro Red Bull, hacía segundo a 13″. Y, a 36″, Ciccone, todavía él, tercero. Aunque desgraciado por haber perdido la etapa, sonreía por dentro porque era, con toda justicia, maglia azzurra de la montaña. El Lidl-Trek salvaba un Giro no muy afortunado. Pocos segundos más tarde, a 39, Gall, que salvaba el segundo puesto, y Vingegaard, que, sin esforzarse, apuntalaba aún más el primero.
La maglia ciclamino de la regularidad se había decidido a favor de Paul Magnier con el sorprendente abandono de Jhonatan Narváez. Al parecer, el ecuatoriano había sufrido un golpe el jueves en el traslado hacia el autobús y no estaba en condiciones de afrontar una etapa tan dura.
Y, lo dicho, sábado de pasión ciclista con la penúltima etapa, reina compartida, con la doble subida a Piancavallo.




