Hoy vuelve el Madrid a jugarse el pase a una final de Champions en el Bernabéu y sus aficionados llevamos días jugando el partido entre cábalas, especulaciones y todo tipo de supersticiones. Los rituales se despliegan como un manto sagrado sobre la fe de los creyentes. Porque aunque el partido parezca que dura 90 o 120 minutos, en realidad se empezó a jugar tras la ida.
Encima el rival es el Bayern, ese gigante mitológico que en los 80 devoraba ma
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Se pasa uno la semana procrastinando la ansiedad, pensando en la lluvia, en el trabajo, en qué como hoy, qué ceno mañana. Como si se pudiera vivir tranquilo. Surgen pensamientos intrusivos, pero se van despejando más mal que bien. El día de partido uno ya se levanta aturdido y no esconde nada. Frías las manos, revuelto todo, atención desmedida al detalle. ¿Valdría como resultado el número de esta taquilla? ¿Y si le tiro un dardo al 16? Le he dado, pero muy al borde, se va a sufrir. ¿Comí esto mismo el día del City? En la M-30, el atasco es una peli de espías: ¿debería colaborar con este conductor que intenta cambiarse tres carriles en 30 metros o será del Atleti? Cuando la locura ya descarrila, el único consuelo es soñar con un inicio de partido anodino, un par de pelotazos, dos pérdidas de cada uno en medio campo y un 0-0 sanador en el minuto cinco. Que el futbolista civilice al hincha demente. Siempre hay que tener cuidado con los regalos que se piden: después hay que abrirlos.
A ese miedo atávico del hincha carcomido por la rivalidad correspondieron los jugadores del Real Madrid con una cobardía insuperable. Cobardía para no ganar ningún duelo, cobardía para no atreverse nunca a regatear, cobardía para esconderse entre la maraña de defensas sin insinuar ni un desmarque en todo el partido. La cobardía suprema de Mbappé renunciando al penalti y condenando a Vinicius al ridículo. Habría sido una injusticia que lo marcase. Su cobardía para no levantarse y pedir cada balón tras el error. La cobardía abismal de Ancelotti quitando a Rodrygo, por mucho el mejor de los atacantes.
Estímulo-respuesta. Igual que el Madrid correspondió al miedo de parte de su afición, el Atlético hizo lo propio con el de Simeone. No se atrevió a ganarlo antes de tiempo con el cambio obvio de Sorloth y mientras guardaba cambios pensando en la prórroga, el equipo la asumió también. Los penaltis eran ya una consecuencia lógica que sólo parecían aborrecer Camavinga, Valverde y Brahim. Lo que pasó después, explicación no tiene. Debió servir lo de la taquilla, ese dardo al 16, ese pequeño acelerón molesto en la M-30 quizá hizo resbalar a Julián Álvarez. Qué sabe nadie. Se acabó la Copa del Rey con purpurina: que empiece la Champions League.
"Joya de la cantera serbia", "llamado a ser referencia de la selección", "gran capacidad goleadora"... estos fueron alguno de los halagos que se escribieron cuando Ivan Saponjic (Nova Varos, 1997) fichó por el Atlético de Madrid en 2019 tras brillar con la selección serbia en el Mundial sub-20 de Nueva Zelanda, en 2015. Dos años después, el espigado delantero serbio salía del club colchonero tras disputar apenas 111 minutos oficiales en cinco partidos y una cesión infructuosa en el Cádiz donde, por lo menos, consiguió marcó un tanto ante Osasuna, aunque fue de penalti y ni siquiera sirvió para llevarse el encuentro. Su destino, curiosamente, fue el Slovan de Bratislava, que este miércoles visita el estadio Metropolitano. El Slovan, junto al Young Boys, es el equipo más flojo de esta Champions. Ambos llevan cero puntos, pero los suizos están por debajo porque llevan un gol a favor menos y uno más en contra. Aunque los eslovacos se llevaron nueve goles en las dos primeras jornadas, luego han ido mejorando pese a contar sus partidos por derrotas.
Ivan Saponjic no sólo no ha tenido minutos en Europa, tampoco en la liga eslovaca. De hecho, el jugador no figura ni en la foto oficial del primer equipo al que volvió esta temporada tras una cesión al Ümraniyespor, que milita en la segunda categoría del fútbol turco. El serbio se pasó más de media temporada lesionado y, en 15 partidos, apenas pudo aportar un gol y una asistencia.
Parece que el problema de Saponjic es principalmente futbolístico, o así lo ha reflejado el entrenador del conjunto eslovaco, Vladimír Weiss. "No significa nada que estuviera en el Atlético Madrid. Estuvo en el Atlético Madrid, no jugó en el Atlético Madrid. Estuvo en el Benfica de Lisboa, pero no jugó en el Benfica de Lisboa", recordó el entrenador sobre el pasado del supuestamente prometedor futbolista serbio.
Saponjic, tras firmar con el Slovan.IG
Y eso que fue uno de los primeros que bendijo su aterrizaje en Eslovaquia. "Ha llegado un jugador en el que confío. Saponjic era uno de los delanteros jóvenes más prometedores de Europa. Tiene un gran potencial", apuntó sobre su llegada en 2022 después de que el Atlético rescindiera unilateralmente su contrato.
Además, el jugador fichó confiado en triunfar, explicando en su presentación que quería "mostrar lo que aprendió de las estrellas del Atlético y aprovecharlo para el Slovan". Pero esa ilusión le duró apenas dos medias temporadas, la de su llegada en el mercado invernal de la 2021/22 y medio año de la siguiente. En total, el serbio consiguió ocho goles en 43 partidos que le hicieron perder no sólo el protagonismo en el once, sino su propia permanencia en el club que lo sacó cedido.
Burbuja explotada
Lo cierto es que el delantero nunca ha sido lo que se dice un killer. Quizás en su primera cesión a Turquía desde Eslovaquia, al Bandrmaspor, sí mostró su capacidad goleadora con ocho tantos en 12 partidos, pero en el resto de equipos nunca ha alcanzado dobles dígitos en una temporada. El máximo, siete tantos con el S. V. Zulte Waregem, equipo en el que militó también cedido después de su fichaje por el Benfica.
Y es que su historial de cesiones, tras lo que se antoja un rendimiento insuficiente en sus clubes, es extenso para sus 27 años. Del Benfica B al equipo belga, del Atlético al Cádiz y del Slovan a los dos clubes turcos citados. Y eso que hablamos de un jugador que tuvo ofertas de la Premier, el Milan o el Anderlecht antes de recalar en el Metropolitano.
Igual también es un problema de actitud. De hecho, en el Slovan fue castigado tras hacer una peineta a los aficionados al ser aplaudido sarcásticamente por fallar una clara ocasión en noviembre de 2022.
A día de hoy, no hay noticias del jugador ni siquiera en sus redes sociales. Su última publicación en Instagram data de hace más de un año. La joya de la cantera serbia se ha terminado por convertir en otro juguete roto del fútbol, que pasó de un valor de tres millones de euros, cuando fichó por el Atlético en 2019, a los 200.000 en los que le valora actualmente Transfermarkt.
Decía Roberto Canessa, que cuando el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya se cayó en plena cordillera andina hace más de 50 años sólo había una premisa: "sobrevivir". El fútbol, por suerte, no es tan trágico como la vida y pase lo que pase en una fría noche de Champions, a la mañana siguiente, todo ha terminado. Y el Atlético decidió sufrir, pero se agarró a la vida agarrado al filamento de la tela de una araña. Julián Álvarez quiso tejer su primera obra de arte en el Metropolitano. [Narración y estadísticas, 2-1]
Y eso que una roja a Pablo Barrios, por una imprudencia cometida justo frente a Xabi Alonso marcó el desarrollo de un partido que arrancó complicado, pero que pareció imposible. Antes de esa acción, el Bayer ya había tenido tres ocasiones. Pero de repente, Giuliano consiguió provocar la expulsión de Hincapié para igualar las fuerzas y así culminar el milagro. Hasta entonces, había un clavo al que agarrarse: Jan Oblak. El esloveno está viviendo una segunda juventud en el equipo rojiblanco. Bien es cierto que este año le apoya una defensa más compacta que otras temporadas, pero se le ve ágil y atento a cualquier acción por arriba o por abajo que pase a sus alrededores. Wirtz, la estrella germana se acordará de él tras pararle varias ocasiones.
Wirtz y muchos, porque los primeros 20 minutos del Bayer fueron arrolladores, como los de aquellos antiguos equipos alemanes que te ganaban atropellándote. Pero Oblak ejerció de quitamiedos y, aunque resulte increíble, tras la expulsión, al conjunto de Alonso le debió quedar para septiembre cómo atacar a un equipo con 10, porque se le terminó atragantando el fútbol para desesperación de su entrenador.
Hasta que al filo del descanso, cuando Frimpong volvió a conectarse al partido y volvió a irse de Galán, pasó a Tella que la puso al segundo palo donde Hincapié, con un salto poderoso, colocó el balón en la base del palo más alejado de Oblak. La supervivencia se antojaba difícil para el equipo del Cholo y más tras ese golpe psicológico justo antes del paso de los vestuarios.
Igualmente, Simeone había planteado un partido largo a Alonso. Con un equipo en bloque bajo esperando las acometidas alemanas y con Griezmann tirado a la izquierda para ayudar a Galán por su banda y Llorente más metido al medio. Se buscaba contención y pierna fuerte. A veces esta segunda premisa mal entendida.
El choque estaba siendo más bronco de lo esperado, siendo la roja de Barrios un accidente entre todas las refriegas que hubo en el campo, con un Giménez especialmente nervioso con los jugadores alemanes, y con varias tanganas que terminaron con el árbitro italiano sacando demasiadas tarjetas amarillas para que no se le fuera el encuentro.
Homenaje a Helenio Herrera
A la salida de los vestuarios Xabi se fue a por el partido y el Cholo quiso apuntalar la banda de Galán, que había sufrido un calvario con Frimpong. Pero como esto del fútbol no va de tácticas ni Griezmann entiende de reservas, decidió el francés dibujar un pase imposible para que Julián, otro jugador que cree en los milagros, corriese como si le persiguieran una jauría de lobos. Cuando llegó a Kovar, la cruzó para júbilo del Metropolitano. Alonso no se lo creía.
Y de repente, en homenaje a Helenio Herrera, el Atlético empezó a jugar mejor que su rival con uno menos. Hasta que Giuliano consiguió igualar las fuerzas provocnado a Hincapié. Y las tornas cambiaron radicalmente. Las energías que diría el mismo Xabi Alonso. Esa supervivencia, ese clavo ardiendo al que se agarraron los rojiblancos, podía valer un top-8. Y Julián Álvarez lo agarró y lo clavó consus botas en el último minuto. Locura en el Metropolitano. Roja, resiliencia y milagro.