La jugadora de la Selección Española Jenni Hermoso ha declarado este martes en la Audiencia Nacional que el beso que le dio Luis Rubiales, ex presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), no fue consentido “en ningún momento” y que, además, fue “inesperado”.
Según informan fuentes fiscales y jurídicas, la jugadora ha explicado que la situación que vivió posteriormente, tanto en el vuelo de vuelta a España como durante su estancia en Ibiza -tras ganar el Mundial de Fútbol Femenino que se disputó en Australia-, fue de “atosigamiento constante”; algo que alteró su vida normal y le produjo una “situación de desasosiego y tristeza”. Asimismo, ha apuntado que en aquellos días se sintió presionada.
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Por otro lado, Jennifer Hermoso ha destacado en todo momento que se siente víctima de lo sucedido y ha culpado a Rubiales de la situación creada que ha acabado en los tribunales.
Hermoso ha llegado a las 9:50 horas a la Audiencia Nacional para declarar en la causa donde Luis Rubiales está siendo investigado por los delitos de agresión sexual y coacciones.
Asimismo, la jugadora ha explicado durante su comparecencia que fue animada por la Fiscalía para denunciar los hechos y que, de hecho, presentó la denuncia después de que el Ministerio Fiscal se pusiera en contacto con ella.
El titular del Juzgado Central de Instrucción Número 1, Francisco de Jorge, instructor del procedimiento, citó a Hermoso inicialmente para que declarase como testigo el pasado 28 de noviembre pero varias defensas solicitaron su aplazamiento por motivos de agenda.
Suiza consiguió su primera victoria con suspense. Por mucho que firmara un primer tiempo aseado, en el que se impuso a Hungría por un incluso corto 0-2, gracias a los goles de Duah y Aebischer, los húngaros, mejorando sus prestaciones tras el descanso, se las arreglaron para hacerles sudar. Varga fue quien se encargó de marcar un 1-2 que impulsó a los suyos a amenazar el triunfo de los suizos hasta el final. Una amenaza que enterraría Embolo con el 1-3 tras aprovechar un fallo en despeje de Orbán. [1-3: Narración y estadísticas]
Los helvéticos dejaron el duelo aparentemente visto para sentencia en la primera mitad con dos tantos en los que Aebischer fue protagonista. Por un lado, asistió a Duah para el 0-1 invalidado inicialmente por fuera de juego, pero finalmente concedido a instancias del VAR, cuando apenas se había jugado 12 minutos. Y, por el otro, materializó el 0-2 cuando se enfilaba el descanso con un disparo fuera del área en el que el meta rival, Gulacsi, estaba tremendamente tapado por una nube de jugadores tanto propios como contrarios.
Hungría, a pesar del mazazo, saltó al césped en la reanudación convencida de sus opciones y apretó para acosar la portería de Sommer. Una circunstancia que Suiza aprovecharía también para amenazar con materializar un 0-3 que podía sellar definitivamente su triunfo. Ni unos ni otros, no obstante, acertaron inicialmente con sus llegadas. Hasta que Varga, casi seis minutos por encima de la hora de juego, consiguió recortar distancias para los húngaros con el 1-2. El tanto le puso algo de incertidumbre a un desenlace del encuentro muy movido, en el que Suiza encontró la sentencia en el añadido por medio de Embolo.
Es como si, de repente, el Real Madrid hubiera visto esa luz que lleva tanto persiguiendo. En el lugar y en el momento más insospechado, sufriendo una lluvia de triples en el Carpena ante el rival que les ha arruinado las dos últimas finales, Chus Mateo encontró ese ardor, esa competitividad, esa forma de rebelarse de tipos que parecían tan fuera de onda. Una remontada de carácter -y de infarto, pues el triple sobre la bocina de Tyson Carter se salió por bien poco- encabezada por Dzanan Musa (24 puntos, seis asistencia, 37 de valoración) y secundarios que han estado permanentemente bajo sospecha como Usman Garuba, Andrés Feliz y hasta un Rathan-Mayes que llevaba semanas sin contar para nada. [105-107: Narración y estadísticas]
Un triunfo, en una noche de baloncesto de quilates, emoción y toneladas de talento sobre el Carpena, de los que, bien aprovechados, pueden cambiarlo todo. Justo en la semana más importante del curso, la que le viene al Madrid en Europa. Sin Campazzo y encajando 23 triples por parte del Unicaja, récord total de la ACB (pulverizando el anterior, en posesión del Valencia Basket desde 2018). Con semejante acierto, mandaban hasta por 12 los de Ibon Navarro (78-66), casi terminando el tercer acto, encendidos Dylan Osetkowski, Tyson Carter y compañía. Pero acabaron sucumbiendo cuando Musa y el mejor Garuba (18 puntos, ocho rebotes y una defensa de las que cambia partidos) desde su vuelta de la NBA, pusieron todo patas arriba.
La mente del Real Madrid estaba parcialmente en lo que está por venir, la vida en juego en la Euroliga, primero el martes contra el Milán y el viernes en Belgrado ante el Estrella Roja, rivales directos por los puestos playoffs, "toros muy bravos". No es excusa, pero no podía ser más inoportuna la visita a un rival temible, su piedra en el zapato, el Unicaja que le ha derrotado ya esta temporada en dos finales, la de Supercopa y la de Copa. Ni siquiera lo disimuló Chus Mateo, que dio día libre a un Campazzo con "muchos kilómetros".
Los de Ibon Navarro no pretendían dejar pasar la oportunidad. La de volver a golpear a un grande, la de acercarse al liderato, la de reafirmar su buena línea. Con la valentía que es su seña de identidad, con su baloncesto frenético, tiros rápidos, con la defensa rival siempre a medio montar. Como en la final de Gran Canaria. Así lo intentaron y por muchísimos momentos zarandearon a un Madrid que se acogió a una defensa zonal, algo que no parecía ni mucho menos la mejor idea ante el ciclón perimetral de los malagueños.
Lesión de Bruno Fernando
La primera parte avanzó pareja, con el varapalo que supuso para el Madrid el golpe en el muslo de Bruno Fernando que le dejó k.o. para los restos (Ibaka se había quedado fuera de la convocatoria). Osetkowski taladró a los blancos, como si quisiera despedirse (su sanción por dopaje está al caer) con tan buenas sensaciones. Pero Tavares y Llull aguantaban el envite.
Todo cambió a la vuelta de vestuarios. Ahí el Madrid recibió una sacudida que pareció definitiva. Le llovieron triples por todos lados. Carter resultó imparable (13 puntos en el tercer acto) y, aunque Musa y Hezonja intentaban mantener al equipo, todo parecía desmoronarse para el Madrid.
Musa intenta taponar el último triple de Carter, que no entró.
Y, de repente, Chus Mateo se acordó de Rathan-Mayes. Que ni jugó la Copa ni ha sido convocado en los últimos partidos. El canadiense demostró que, sin ser una estrella, puede ser realmente útil. Su defensa sobre los exteriores fue determinante. Con un quinteto improbable, pequeño (Garuba al cinco) y Andrés Feliz a los mandos.
Un triple de Hezonja culminó la remontada (87-88) y un Garuba imperial en los dos aros impulsó al Madrid que se disparó con 39 puntos en el acto final. Pero el un triunfo aún tenía un capítulo más. A falta de ocho segundos, Carter culminó un dos más uno y Llull a continuación falló uno de sus tiros libres. El escolta americano del Unicaja recorrió la pista y lanzó sobre la bocina. Su triple no entró de milagro. Hubiera sido el 24º. Hubiera sido increíble.