Sarunas Jasikevicius tenía a toda su familia en las gradas del WiZink, felices todos de otro triunfo más de papá en una cancha que siempre se le dio bien. Con el Barça, ocho victorias en 11 partidos, incluida una final de Copa. Esta vez, con el amarillo del Fenerbahçe, la cosa no fue un paseo ante el Real Madrid, pero casi.
Venció de principio a fin, dominando abrumadoramente el rebote. Con la sabiduría de Calathes a los mandos y el poderío de Nigel Hayes-Davis, otros dos ex azulgrana. Y su equipo, de menos a más, ya está en puestos playoffs.
Era la primera vez que regresaba el técnico lituano al Palacio desde la última final de Liga Endesa y sobre ese pasado de rivalidad se le cuestionó en sala de prensa. Y, aunque ya ha dejado algún avance de aquel “proceso feo” que resultó su salida del Barça el pasado verano, sorprendieron las duras palabras del Saras. “Todo el mundo me pregunta por el Barcelona y hay que dejar eso atrás. Además, lo hemos dejado de una manera bastante mala. Hoy he hecho una entrevista en la que he dicho que al final en la Euroliga esto es una victoria y dos días de buena prensa, y si pierdes te vas sin la victoria y tienes dos días de mala prensa. El maratón sigue”, dijo en primer lugar de forma enigmática.
Para después aclarar que no era “la primera vez” en la que salía así del Barcelona, “ganando”, recordando su etapa de jugador, en la que partió rumbo al Maccabi tras ganar la Euroliga (aunque luego regresaría para cerrar su carrera antes de su último paso por Zalgiris). “La decepción es enorme, sin ninguna duda. El trato malo sigue ahora mismo, estos días ha seguido, sobre mi familia y eso. Un día hablaré claro, no quiero hacer más daño. Un día hablaré bastante más de lo que he hablado hasta estos momentos”, zanjó. Su hijo Lukas juega en la cantera azulgrana.
Tras tres temporadas como entrenador del Barça, el pasado verano el club le hizo una oferta a la baja que él no aceptó y Roger Grimau se hizo cargo del equipo. Jasikevicius llevo al Barça a las tres últimas Final Four, perdiendo la final ante el Efes en 2021 y dos veces en semifinales contra el Madrid después. Conquistó dos Copas y dos ligas ACB.
Fue un naufragio rotundo, una noche de frustración y fantasmas de vuelta para un Real Madrid al que ya sólo le queda una bala en esta Euroliga. El sorprendente Paris Basketball, el equipo más fresco y divertido de la competición, le torturó en el Palacio en el primer partido del play-in. Los de Tiago Splitter se enfrentarán al Fenerbahçe en cuartos y los blancos el viernes, de nuevo en casa, al Bayern (que ganó al Estrella Roja) para no quedar eliminados. [73-81: Narración y estadísticas]
La peor versión del colectivo de Chus Mateo regresó en el momento menos oportuno. El grupo que desde la final perdida de Copa se reencontraba a sí mismo se estrelló de lleno contra el mago TJ Shorts y sus compinches. Un grupo salvaje que desubicó al Madrid con su desparpajo, que le hizo dudar de todo y perder un partido que no entraba en ningún plan. Y que, de salvar la vida el viernes, le condena a un playoff contra el Olympiacos.
No hubo ni resquicio para la épica, tal el desastre. Una noche para olvidar de casi todos, especialmente alguno de los que deben tirar del carro. Hezonja, Tavares, Musa... hasta Llull. Tan desaparecidos que quedaron en evidencia ante la energía del París Basketball, que no tembló en unas alturas que nunca ha pisado. Domó el duelo desde el primer acto y no lo saltó jamás, liderado por ese genio que es TJ Shorts, imparable (23 puntos y nueve asistencias).
Como un mal augurio, a la noche le costó entrar en ebullición, que se creara el ambiente que requería la ocasión. No ayudaron los parones en el primer cuarto por los fallos en el cronometraje, como un palo en la rueda de la inercia con la que el Real Madrid pretendía entrar en el partido, golpear de inicio para no dejar crecer mentalmente a un rival con mucho menos que perder, el debutante que asombra en la Euroliga.
Pero cuando lo supo, era ya tarde. Estaban los blancos enredados en la trampa parisina, un equipo único, de ritmo vertiginoso, cambios de tres en tres y lanzamientos cuanto más rápidos mejor. Todo comandado por un pequeño diablo, el jugador más sorprendente de la competición. Tavares se cargó con dos faltas por una protesta tan temprana como absurda y sin el gigante, el único elemento contra el que los de Splitter tienen poco que hacer, el caos: un parcial de 3-12 que desorientó completamente al Madrid para los restos.
Campazzo
La primera pequeña reacción, con Campazzo sobre Shorts y Garuba al cinco, fue de nuevo contrarrestada por el París, dos triples como puñales de Hifi -el mismo día que fue nombrado mejor joven de la temporada- y una canasta final en uno contra uno de Shorts que fue el síntoma de todo lo que no estaba bien en el Madrid. Ni capacidad de defender individualmente, ni de dominar el rebote ni tampoco de atacar, 14 puntos apenas en el segundo acto (seis en toda la primera mitad de los 'Brates'). Al vestuario los blancos se fueron conscientes de que estaban metidos en un lío.
Hifi celebra el triple que sentenció el partido.MariscalEFE
Y de no sencilla solución. Porque el retorno fue un poco más de lo mismo, TJ y frustración. Otro acercamiento, basado en el trabajo de Abalde, fue contestado de forma contundente por el pequeño base californiano, que además sacó la cuarta de Tavares. Fueron Feliz e Ibaka, dos secundarios, los que volvieron a tocar a rebato, esta vez con el París fallando, que no era lo normal hasta ese instante.
Fue un repentino fundido tan negro como su camiseta (seis minutos sin un solo punto), aunque los de Splitter no iban a dejar de seguir jugando como si sólo tuvieran una bala en la recámara. Y una técnica al entrenador brasileño acercó más que nunca al Madrid (61-62). Pero ponerse por delante iba a ser otro asunto para el Madrid.
De hecho, le resultó imposible. Ni cuando volvió Tavares. Los triples de Jantunen y uno final precioso de Hifi -junto a Ward y Kevarrius Hayes, claves- y el dominio de Shorts dieron un triunfo histórico al París y otro buen sofocón al Madrid.
Simon nació 26 segundos después que su gemelo Adam, el mismo que el viernes comandaba el ya rendido grupo de perseguidores camino de Sestriere, toda la estructura del UAE hecha añicos por un ciclista con el que nadie contaba y que ayer en Roma festejaba enfundando en rosa el triunfo de una vida. Es el éxito de quien siempre prefirió «pasar desapercibido», la segunda grande del 'menor' de los Yates -el Yates bueno se suele bromear, pues le supera en victorias- tras la Vuelta a España de 2018, entonces por delante de otro talento emergente, Enric Mas.
En esta época de prodigios precoces, Simon ha triunfado con varias de las cualidades que marcan su carrera. La regularidad, la resistencia y, finalmente, el ataque. No flaqueó en ninguna de las etapas de montaña de las dos primeras semanas, lució en la contrarreloj bajo la lluvia de Pisa (a nueve segundos de Juan Ayuso), en una de las disciplinas que más ha evolucionado durante su carrera. No le pilló el corte del pelotón camino de Nova Gorica. Y resistió sin alardes pero sin perder demasiado tiempo los tres etapones de los Dolomitas. Y, en el Colle delle Finestre, donde en 2018 había protagonizado un hundimiento histórico, saldó una cuenta pendiente para escribir una de las páginas más vibrantes del ciclismo de los últimos tiempos, desplumando las dudas de Isaac del Toro y de Richard Carapaz.
La carrera de Simon, que incluye 10 victorias de etapa entre las tres grandes, está marcada por las comparaciones con su hermano -al que hace dos años, en la primera etapa del Tour con meta en Bilbao, dejó el honor del triunfo cuando culminaron juntos la escapada-, que sigue siendo su mejor amigo, no hay día sin llamada telefónica entre ellos. Imposibles de distinguir, cuando se convirtieron en profesionales en el equipo australiano Orica-GreenEdge en 2014, les obligaron a usar gafas de sol de diferentes colores. Habían crecido en Bury, influidos por la afición de su padre John, y se habían labrado en el ciclismo en el velódromo de Mánchester. De hecho, su gran sueño de infancia era ser olímpico en pista, ahí fue oro Mundial en 2013 en Minsk. Simon aguantó algo más, creciendo en la Academia Great Britain. Adam puso rumbo a Francia (Troyes) para aventurarse en la carretera.
Era la primera vez que se separaron. Se volvieron a unir en 2014, hasta que en 2021 Adam volvió a separar el camino, rumbo al Ineos. Simon permaneció una década bajo la misma estructura con sus cambios de nombre: Orica-Scott, Mitchelton-Scott, Team BikeExchange, BikeExchange-Jayco y, finalmente, Jayco-AlUla. Allí vivió uno de sus episodios más turbios, cuatro meses sancionado por el uso de un inhalador para el asma en París-Niza. Su propio equipo se responsabilizó del error de no haber avisado previamente a la UCI.
Hasta que el pasado verano protagonizó uno de los fichajes más sonados al unirse al proyecto de un Visma Lease a Bike marcado por los infortunios y las derrotas en los últimos tiempos. Pero el gran objetivo de Simon era (y sigue siendo) ayudar a Jonas Vingegaard en el Tour.
Adam y Simon Yates, durante la última etapa en Roma.LUCA BETTINIAFP
Nadie contaba demasiado con él para el Giro. Pero alejado de enfermedades e infortunios que le lastraron en el pasado, su preparación fue perfecta, entre las montañas de Andorra (donde reside desde 2015) y de Sierra Nevada, su lugar preferido para los trainings camps, donde siempre le acompaña su familia y su perro. «Disfruto analizando los datos, mirando las gráficas y viendo qué funciona y qué no», aseguraba en una entrevista hace un par de años.
Simon, cuyos ojos claros estaban empapados en lágrimas en la meta de Sestriere, el mismo que por la mañana en Verrés dudaba de si iba a ser capaz de pasar al ataque (reconoció que fueron sus compañeros los que le animaron y le dieron la confianza suficiente para intentarlo), confiesa su pasión por los videojuegos - paso muchas horas relajándome con el FIFA, Call Of Duty, Battlefield»- y también disfruta de la carrera a pie, que practica fuera de temporada. Su hermano corrió hace años el maratón de Barcelona, bajando de las tres horas. Él, confiesa, también le gustaría intentarlo algún día.
«No hay nada más grande que esta sensación. Es un momento importante en mi carrera, ya veremos qué pasa a partir de ahora», confesaba ayer el tercer corredor británico de la Corsa Rosa, tras Chris Froome en 2018 y Tao Geoghegan Hart en 2020.