Histórica Mikaela Shiffrin en la Copa del Mundo, con la vista puesta en los Juegos Olímpicos

Histórica Mikaela Shiffrin en la Copa del Mundo, con la vista puesta en los Juegos Olímpicos

En el último eslalon antes de los Juegos Olímpicos, en la estación checa de Spindleruv Mlyn, obtuvo Mikaela Shiffrin su victoria número 108 en la Copa del Mundo, 71 en esa disciplina de eslalon. Una doble celebración en el seno de una trayectoria inigualable y, aunque en deporte todo puede ocurrir, probablemente irrepetible.

La estadounidense, tercera el sábado en el gigante, ganó matemáticamente, y por novena vez, el Globo de Cristal de la modalidad y siguió certificando su categoría, su naturaleza, de esquiadora suprema en la actualidad y en la historia de su deporte. Ese noveno Globo supera los ocho que obtuvieron, también en eslalon, Ingemar Stenmark y, en descenso, Lindsey Vonn, en camino esta temporada de lograr el noveno e igualar así a su compatriota. Ambas esquiadoras suponen la cumbre de ahora y de siempre en las pruebas de habilidad y velocidad. El esquí las reconoce como sus reinas.

Es imposible esquiar mejor y más bonito, uniendo la belleza a la eficacia. Ya en la primera manga, Shiffrin, impecable en la pureza de su estilo, deslumbrante en su forma de deslizar y cimbrearse sin brusquedad en el zigzagueante paso de las puertas, estableció entre ella y las demás una barrera insalvable. Dejó a la suiza Wendy Holdener a 1:26. Sólo un accidente, más improbable en ella que en el resto, podía evitar su victoria, coronada casi siempre con una exhibición en el fondo y en la forma.

No se produjo, y Mikaela, vencedora por tercera vez en la estación checa, prodigó de nuevo su serena sonrisa rubia, escoltada por la suiza Camille Rast, su gran rival este año en el eslalon, y la alemana Emma Aicher, también asidua de los podios. Dado que la perfección humana no existe, al menos ininterrumpidamente, Mikaela tuvo en la segunda manga, a diferencia de la primera, algún ligero titubeo, solventado en el acto y sin daño, como quien rectifica un error sin reconocerlo ni lamentarlo. Al igual que en la primera manga, hizo el mejor tiempo en la segunda. En el cómputo de ambas, dejó a Rast a 1:67. Una diferencia sólida en un deporte resuelto habitualmente en centésimas.

Spindleruv Mlyn no es un nombre más en la memoria y la sentimentalidad de Shiffrin. Reviste una iniciática. Allí debutó Mikaela, el 11 de marzo de 2011, en la Copa del Mundo. Tenía 15 años. Era un proyecto de gran esquiadora, el embrión infantil de una futura estrella. Pero, naturalmente, nadie podía pensar que en el cuerpo de aquella chiquilla estaba naciendo un mito.

kpd