Se acabó el culebrón, Mario Hezonja renovará por el Real Madrid. Así lo ha confirmado el propio jugador en sus redes sociales, con un mensaje de amor abierto al club blanco, al que no ha dudado en tildar de su “casa”.
“El Real Madrid creyó en mí cuando muchos no, se cuidó de mí y de mi familia desde el primer día que llegué y nos hizo sentir como en casa. Mi única intención era quedarme así que estoy feliz de comunicarles que continuaré mi viaje en MI CASA, MI REAL MADRID ¡por mucho tiempo!”, ha escrito el croata en X.
“Como todos sabéis, después de mi último partido de la temporada me convertí en agente libre y soy libre de decidir dónde quiero jugar durante los próximos años. No he celebrado ningún acuerdo con nadie más a partir de ahora y, como dije, ¡siempre lo oiréis de mí primero!”, ha añadido ‘Super Mario’.
Con este anuncio, Hezonja pone punto y final a uno de los culebrones más sonados en el baloncesto patrio desde la llegada de Mirotic al Barcelona. El eterno rival, que ha firmado a Kevin Punter, tenía, según muchos medios especializados, la firma del jugador blanco en un contrato de larga duración y de sustanciosas cifras económicas.
Todo parecía indicar que el ala-pívot iba a hacer las maletas para instalarse en la casa del eterno rival y convertirse en uno de los puntales del nuevo proyecto blaugrana, que trata de salir a flote después de una temporada para el olvido. Pero finalmente, en un nuevo giro de guion, en otro revés de un ‘partido de tenis’ que tenía al espectador girando el cuello de lado a lado de la cancha, Hezonja ha terminado de deshojar la margarita y se ha decantado por el equipo de la capital.
Muchos dicen que fue el Barça quien se echó atrás después de las declaraciones de Hezonja tras la conquista de la última liga por parte del Madrid, pero nunca lo sabremos a ciencia cierta. En esa alocución, un emocionado Hezonja le declaró amor eterno al equipo blanco, destacando la presión del propio Florentino Pérez para convencerle de que se quedara.
Ha fallecido 'Praja' Dalipagic, uno de los más prolíficos anotadores europeos de la historia. Dominador del difícil arte de colar la bola por el aro de múltiples formas. Y hacerlo continuamente con una tenacidad y determinación que es lo que realmente dio valor a su fuerza de piernas y envergadura, un alero alto que dominó con Yugoslavia los 70 y, de forma individual, buscando el mejor contrato posible, alargó los 80 encestando y ganando liras italianas. Jugó un puñado de partidos de Copa de Europa con el Real Madrid, su temporada más difícil.
Hace no mucho le preguntaron que si la mayor alegría de su vida deportiva había sido la entrada en el Hall of Fame de Springfield. Dijo que no. Y puso otra cosa por encima de menciones y medallas. «Para mí, lo más importante que logré en mi carrera fue el compañerismo». Refiriéndose a la selección nacional, las semanas recorriendo el mundo y experimentando la vida como era y como nunca podrían haber sabido que podía ser. «Y el tiempo que pasamos juntos es el más hermoso de mi vida».
Admiración por ello a una estrella que tuvo que ser un depredador de puntos para mejor convivencia o supervivencia con gente como Kikanovic y Slavnic (vaya dos pájaros), con el valls en equilibrio de Delibasic, ser recibido por Kresimir Cosic y luego enseñarle lo que era la reprezentacija plavi (la selección) a Drazen Petrovic. Para tanto éxito y tanto ego en aquellos vestuarios me alegra que lo que más disfrutara fuera del camino en compañía. En esta época de solitarias cabezas agachadas reverenciando al teléfono móvil, que nos digan que el sentido de la vida es socializar de verdad, nos debería dar una pista sobre el auténtico sentido de la vida.
Además, se cumplieron cinco años del terrible accidente que mató a Kobe Bryant, a su hija Gianna, al piloto del helicóptero y a otras seis personas que, o eran entrenadores de cantera o compañeras de Gianna o familiares de las mismas. También era domingo aquella tarde española, también era domingo cuando lo de Fernando Martín. Temperamentos especiales en la cancha, personalidades difíciles fuera. Parecía que querían vivir la vida a tope de esencia porque sabían que su tiempo aquí no iba a ser mucho. Jugadores inolvidables, iconos generacionales. Imperfectos, con sus sombras.
Cuando se retiró, Kobe decidió dedicar esfuerzos y tiempo a estar cerca de su hija y su equipo de baloncesto. Entrenándolas, patrocinando, apoyando de verdad. No se quedó en la grada para criticar árbitros, a los técnicos o para usar un mando de la Play Station imaginario para que su hija jugara como él quería que jugara. Gloria por eso para él. Tomen nota.
Cuando jugaba en la Universidad de Kansas, un año después de llegar a Estados Unidos y dos después de empezar a jugar al baloncesto en su natal Yaoundé (Camerún), Joel Embiid hacía creer a sus compañeros que con seis años tuvo que «entrar en la jungla, matar un león y cargarlo en la espalda hasta mi aldea para demostrar que era un hombre». Eso fue poco antes de comenzar lo que él mismo bautizó como El Proceso. Desde que fue elegido en el número tres del draft del 2014 hasta su debut en la NBA tuvieron que pasar 853 días (más de dos años), dos operaciones de tobillo mediante.
Eso, las lesiones, han sido la pesadilla del gigante africano, que se ha perdido más de 400 partidos en la liga hasta que esta semana los Sixers anunciaron lo que todo el mundo temía: no iba a jugar más en el resto de la temporada por sus problemas, ahora, en la rodilla izquierda, la misma que también se operó en febrero de 2024 (y mucho antes, en 2017, lo que le impidió ser nombrado rookie del año). Fue después de que el alero de los Warriors Jonathan Kuminga le cayera encima. Quizá en el momento de más dominio de toda su carrera, pues hasta ese día , Embiid había anotado más puntos que minutos jugados, algo que ningún jugador había logrado desde Wilt Chamberlain hace más de 60 años.
Desde entonces, parones, cirugías, descansos, inyecciones y un estado físico bastante precario que, evidentemente, repercutió en su rendimiento. Hasta la alarmante preocupación de ahora. Se diría que todo el futuro de Embiid está en el aire. «Estamos trabajando con expertos médicos para determinar el plan de tratamiento exacto», informó la franquicia de Pensilvania. Pronto se deslizó que incluso valora seriamente intentar el «retiro médico», una decisión que debe tomar un médico seleccionado por la propia NBA y la Asociación de Jugadores, y un mecanismo que le permitiría ahorrarse parte de la boyante extensión de contrato que le firmó hace sólo unos meses: tres años más por 193 millones de dólares (para un total de 301 en cinco). Embiid, que cumplirá 31 años en unos días, asoma como un negocio ruinoso: le deben 248,1 millones durante las próximas cuatro temporadas.
Embiid, en el banquillo de los Sixers.Matt SlocumAP
Los Sixers lo hicieron pensando en los cielos alcanzados por el chico que creció formándose para ser profesional del voleibol, pateando un balón de fútbol y soñando con jugar en el Real Madrid (del que es un fanático, hasta viajar a alguna de sus recientes finales de Champions League y celebrar cada triunfo blanco con euforia en las redes sociales), siete veces All-Star y MVP de la NBA en la temporada 2022-2023 -para destronar a Nikola Jokic promedió 33,1 puntos, 10,2 rebotes y 4,3 asistencias, aunque en sólo 66 partidos-, un año después de ser el primer pívot desde Shaquille O'Neal en dominar la liga en anotación. Desde aquel cénit todo ha sido una travesía en el desierto y no sin polémicas, desde su atribulada elección para jugar con el USA Team los pasados Juegos Olímpicos (se había comprometido con Francia) a su sanción de tres partidos este comienzo de curso por empujar a un periodista. Al parecer, el columnista de The Philadelphia Inquirer hacía mención a Arthur, el hermano de Joel fallecido a los 13 años en Camerún en un trágico accidente de tráfico.
Embiid, en acción contra los Raptors.Matt SlocumAP
Aquel lejano Proceso, que también incluía al equipo de Filadelfia -estuvo seis años sin pisar unos playoffs-, tampoco culminó en lo colectivo. Pese a las expectativas, no logró no acercarse a unas Finales (como en 2001 con Allen Iverson). Y lo que debería ser presente vuelven a ser cuentas de futuro. Con el curso arruinado (en verano se habían hecho con Paul George), los de Nick Nurse pierden y pierden y ya piensan en el siguiente draft, en la posibilidad de que ahí les caiga ese fenómeno que viene llamado Cooper Flagg. Para eso, la lotería del draft les tiene quedar una de las seis primeras elecciones; si acaban del siete en adelante, será para los Thunder en una acuerdo que se arrastra desde 2020, cuando Al Horford fue enviado a Oklahoma Danny Green.