Georgia y República Checa firmaron tablas en un duelo en el que los primeros se encomendaron sobre todo al acierto bajo los palos de Mamardashvili y lograron adelantarse en el añadido del primer tiempo con un penalti convertido por Mikautadze. Schick, en el primer cuarto de hora de la segunda parte, sería el encargado de anotar el gol que sellaría un empate que deja las opciones de ambos combinados por ahora en el aire. [Narración y estadísticas, 1-1]
De nada le sirvió inicialmente a la República Checa llegar con peligro al área de una Georgia a la que, en apariencia, le bastaba con mantenerse con vida gracias a su portero. Y, cuando Hlozek envió el balón a la red tras un primer rechace del meta, fue el VAR el que invalidó el tanto por mano. Otra mano, de Hranac, en el otro extremo del campo, acabaría también tras intervención del videoarbitraje por convertirse en un penalti, transformado por Mikautadze, que les permitió a los georgianos ponerse por delante en el marcador en el tiempo añadido. Y con 1-0 se llegaría al descanso, gracias, eso sí, a otra buena intervención de su arquero.
En arranque del segundo tiempo, Georgia se permitió dejar gran parte de la iniciativa en manos de la República Checa para buscar sin prisa alguna la opción de ampliar distancias. Una apuesta arriesgada que acabó por cristalizar en un a la postre afortunado remate de Schick tras saque de córner que se convirtió en el 1-1 con 30 minutos de tiempo reglamentario aún por delante en el crono.
Rozaron, además, los checos el 1-2 muy poco después y eso provocó que los georgianos se espabilaran. Ni unos ni otros, a pesar del arreón final checo y la postrera contra georgiana, lograron que el marcador volviera a moverse.
A Mariano García le define tanto su espontaneidad como su forma de correr. No hay filtro, ni en las palabras ni en las zancadas. «¡Y ahora, me voy a ver MotoGP!», proclama, eufórico, en las entrañas del Kujawsko-Pomorska Arena, en la Torun de Copernico donde, apenas unos minutos antes, ha volado para hacer historia: nadie jamás ganó oro bajo techo en dos distancias. El precioso legado del 1.500 español en manos ahora de un murciano de Fuente Álamo que ya fue campeón del mundo de 800 metros hace cuatro años en Belgrado.
Para qué mentir. «Quien tenga ganas, que me siga. Me he visto muy superior. Iba muy fácil fuerte», le suelta a su entrenador Gabi Lorente un atleta alejado de los Centros de Alto Rendimiento y hasta de las innovaciones tecnológicas, aunque desde hace tiempo recurre a una cámara de hipoxia en Los Alcázares. Que no sale de su pueblo, Cuevas de Rehíllo y de esa pista que algunos días se transforma en mercadillo, -«los entrenamientos en solitario se notan»- y que es puro talento.
Lo mostró en una final pletórica, el anticipo de un domingo que el atletismo español recordará por mucho tiempo con los bronces después de Moha Attaoui y del relevo 4x400 femenino, las Golden Bubbles. Tan decidido Mariano como avisaba, como se desplegó en las series eliminatorias: «Si a falta de dos vueltas estoy delante, sé que la medalla no se me escapa». Apenas se alejó de la cabeza en la primera vuelta, como dejando hacer, hasta que dio gas a su moto, gesto marca de la casa que no faltó en la presentación de Torun. Adelantó a todos como quien repasa una fila de sospechosos y no dejó de tirar hasta la recta de meta. Ni el campeón del mundo al aire libre, el favorito, el portugués Isaac Nader, ni el australiano Adam Spencer (bronce), ni nadie pudo ni siquiera inquietarle. «A mí me gusta dar espectáculo. Me podía haber quedado hasta sin el bronce. He pegado un ataque tan largo... Es que me veía con mucha fuerza», se sinceraba después de la exhibición, de esa aceleración progresiva que fue una tortura para el resto (Carlos Sáez, el otro español, acabó octavo en su primer Mundial), con los últimos 500 metros en un minuto y seis segundos, para acabar en 3:39.63 (lejos, eso sí, de su mejor marca, lograda a principios de año en Karlsruhe, 3:35.53).
Campeón del mundo en pista cubierta y de Europa al aire libre en los 800 metros, después de lo visto se abren todas las posibilidades para un tipo en plenitud. Ni él mismo sabe por qué apostará en verano, en ese Campeonato continental de Birmingham donde ya sí estarán alguno de los ausentes del 1.500, como el ahora lesionado (apenas acaba de empezar a correr) Jakob Ingebrigtsen.
"Quería más"
Contrastaba su felicidad con la contenida de Moha Attaoui, quien apenas unos minutos después cazó un bronce, su primero mundial, que resultó una alegría a medias. «Quería más, pero me faltaron fuerzas al final», se resignaba quien tenía el oro como objetivo pero no le salió la apuesta. La de siempre, la de aguantar atrás por orden de su entrenador -«No sé correr bien en cabeza»-, sin gastar balas en esas salidas de locos, y aguardar a su cambio de videojuego en los 200 últimos metros. Esta vez, algo encerrado, no fue suficiente ante el poderío de un chico de 17 años, Cooper Lutkenhaus (el campeón indoor más joven de la historia) que apunta a fenómeno ni ante la fiabilidad del belga Crestan.
Las seis protagonistas del relevo español, con la medalla de bronce.Petr David JosekAP
Bronces que saben diferentes. Porque había más en Torun. Quedaban ellas, el relevo 4x400 para rematar. Para una remontada sensacional. Paula Sevilla en la primera posta, sin perder del todo el ritmo de las tres primeras: «Salía con dos grandes referentes y estaba un poco cagada, la verdad». Para «ir pescando poco a poco a los equipos». Ana Prieto después, acercándose a ellas, «que no se me fuera mucho el grupo» que entonces conformaban Estados Unidos (oro), Países Bajos (plata) y Polonia. Rocío Arroyo en la tercera, confirmando las opciones. Y la estupenda Blanca Hervás para cazar un bronce que no fue plata por cuatro centésimas. Era su quinto 400 del fin de semana, dos medallas, una final mundial individual (su primera, para acabar sexta) y una marca personal para la madrileña.
Ninguna de las cuatro se olvidó de las dos ausentes (Carmen Avilés y Daniela Fra), que hicieron parte del trabajo en las series de por la mañana. Ni de los técnicos del Plan Nacional de Relevos, el secreto de una progresión que asusta.
«El relevo es el claro ejemplo del equipo», reivindicaba Hervás, la gran protagonista española de Torun. Es la primera vez en la historia del atletismo español con dos medallas en relevos en una gran competición internacional absoluta. Es la segunda mejor actuación de siempre tras las seis medallas de Birmingham 2003. Sólo cinco países quedaron por delante de la selección en el medallero.
Jugaba el Atlético sin objetivos, lo hacía el Osasuna sin entrenador para la temporada que viene. Dos equipos de carácter similar, pero diferente estatus. Uno, ya en la aristocracia europea, otro pugnando por entrar en Europa. A Simeone le llevaron los demonios con la actitud de los suyos en Vitoria así que, con objetivo o sin él, la salida de los rojiblancos al Sadar no fue espectacular, pero tampoco de etapa llana en el Tour. Los rojillos, en cambio, no pueden pensar en la repentina y sorpresiva despedida de Vicente Moreno, tienen que morder las jornadas que quedan sea el rival que sea. Y ante el Atlético lo demostraron con efectividad y corazón. Victoria y a soñar. [Narración y estadísticas, 2-0]
No obstante, el 5-3-2 de Moreno, otrora sistema preferido por el Cholo, esperaba agazapado cerca de Sergio Herrera a la espera de que Aimar lanzara alguna contra desde las botas del fulgurante Bryan Zaragoza. Pero la kryptonita de los extremos rápidos ocupaba también esa banda y al extremo propiedad del Bayern de Múnich le costaba encontrar continuidad. Y con Giuliano de escudero, por si fuera poco.
Pero Zaragoza no tiene únicamente la velocidad como arma, tiene buen pie y fue el que puso la rosca para que Catena, a la salida de un córner, adelantara a los rojillos y les acercara al sueño europeo. De alcanzarlo sería la sexta vez en su historia. Apenas se habían registrado tiros a puerta, solo tres, dos por los rojiblancos y uno por los rojillos, y todos con más inocencia que malicia. Pero Oblak ya había perdido la imbatibilidad que había mantenido los últimos tres duelos. No es un detalle menor para el esloveno, gran favorito para hacerse con el Zamora este año y así entrar en la historia del trofeo con seis, uno más que Ramallets y Valdés.
El Atlético buscaba el tanto desde las botas de Sorloth, en racha el noruego tras el póker a la Real. Amagó en un córner y lo intentó pasada la media hora tras un pase de Llorente, pero Herrera paró el esférico sobre la línea. Es sin duda un recurso diferente a Griezmann, quizás más útil para este Atlético profundo desde las bandas y con alegría por recurrir a centros laterales.
Había ahora que comprobar el orgullo de los rojiblancos lejos del aliento de los suyos... y de su exigencia. Las broncas del entrenador se pueden diluir si no hay continuidad desde la grada y el Sadar, claro, cuanta menos intensidad pusiera el rival, mejor. De momento, Galán y Giuliano dejaron sus puestos en el descanso a Azpilicueta y Lino. No es un señalamiento, Simeone acostumbra a hacer cambios al descanso, pero quería otros perfiles en el césped: uno más sobrio y otro más habilidoso.
Pero fútbol aparte, asustó Barrios al inicio del segundo tiempo cuando se desplomó en el área de Osasuna tras una carrera en solitario. Todo terminó en un susto y el futbolista pudo retirarse por su propio pie. Tercer cambio del Cholo en cinco minutos, aunque este no contaría para las ventanas. Y lo peor de todo es que las sustituciones parecía que no estuvieran surtiendo efecto puesto que el juego se ralentizó aún más.
Budimir iluminado
El único que buscaba acelerar el juego era De Paul. El argentino se movía entre líneas con agilidad y filtraba pases para compañeros demasiado estáticos. Costaba un mundo encontrar la espalda de una defensa rojilla, muy cerrada y, sobre todo, muy atenta. El gol era un tesoro y había que guardarlo aunque se amenazara poco arriba.
La salida de Sorloth quitó profundidad al Atlético y Griezmann y Correa no juntaban la finalización del noruego así que el Atlético monopolizaba la posesión, pero Sergio Herrera no sufría bajo palos. Y pese a que el campo estaba volcado, fue Osasuna quien volvió a golpear con un Budimir que está ante la temporada de su vida: 20 tantos y este último a un Atlético que fue incapaz de encontrar la contundencia que tuvieron los de Moreno. Pesa el sueño y no lo suficiente el Zamora del esloveno. Ya elegirá entrenador Osasuna para el año que viene, seguro que con el caramelo de Europa habrá más candidatos.