El ex jugador del Real Madrid y ex miembro del Comité Ejecutivo del Mundial 2030 Fernando Sanz ha remitido una carta a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) para colaborar en el esclarecimiento del proceso de selección de las sedes.
Según ha podido saber EL MUNDO, Sanz quiere exponer a los responsables federativos que participó en la reunión de la evaluación de las sedes, que se celebró en su despacho el pasado 25 de junio, pero que no intervino en los procesos de puntuación posteriores ni en la modificación de la clasificación inicial ya que esa responsabilidad recayó en la jefa de la Candidatura, María Tato.
Asimismo, quiere dejar claro que se siente una “víctima” de todas las irregularidades que se hayan podido cometer a lo largo del proceso. También pretende aclarar que él nunca tuvo conocimiento de la primera clasificación en la que se seleccionó a Vigo, solo de la segunda, en la que ya figuraba el estadio de Anoeta como sede el puesto número 11.
“A vuestra entera disposición”
En su misiva, expone que “en base a las noticias publicadas durante el día de hoy en EL MUNDO, y ante la revisión del proceso de la candidatura al Mundial de la FIFA de 2030 anunciada por la RFEF, me pongo a vuestra entera disposición para poder esclarecer los hechos relacionados con las sedes de Vigo y San Sebastián”. “Entiendo que cualquier análisis que se lleve a cabo debe contar con mi participación directa para tener credibilidad y poder aclarar lo sucedido”, recalca. “Además de la compliance officer de la RFEF, pongo en copia al compliance officer de la candidatura por si tuviera algo que aportar”, añade.
La misma carta ha sido remitida por otro ex miembro del Comité Ejecutivo del Mundial, Jorge Mowinckel, que también quiere colaborar en esclarecer cualquier tipo de irregularidad en el proceso de la que sostienen que son totalmente ajenos.
La experiencia estaba siendo positiva. Rafa Guijosa, ex del Barça del Dream Team, mejor jugador del mundo en 1999, mostraba en sus redes sociales cómo disfrutaba del turismo en Irán, el país que el pasado septiembre le contrató como seleccionador. Visitaba Persépolis, por ejemplo, la que fuera capital del imperio Persa. Pero hace unos días todo se torció.
La escalada bélica entre Irán e Israel obligó a cientos de miles de habitantes de Teherán a huir de la ciudad y Guijosa se descubrió encallado en su residencia, detrás los monumentales atascos formados. Este martes lanzó un mensaje de socorro. A través del correo electrónico escribió a sus amigos en busca de ayuda.
"Estoy en una situación muy complicada. No tengo buena comunicación, ni Whatsapp ni redes sociales y la desinformación es total. Nadie sabe qué va a pasar. La única forma de salir es por carretera vía Turquía (1.300 km) pero me dicen que ahora es muy peligroso. Ir a Dubai o Qatar por barco es un suicidio... Necesito que se sepa de mi situación, simplemente que me ayudes comentando a todo el que puedas mi situación, a ver si en cuanto se pueda me sacan de aquí a través de la embajada, la Federación de Irán, Turquía, Española, IHF, Barca... lo que sea", escribió Guijosa desde un punto inconcreto del país asiático. La Embajada de España en Teherán ha contactado con él y también la Agencia EFE.
"Estoy en contacto con la Embajada a diario y también con la Federación Iraní, la Española y la Internacional (IHF). Están en contacto todos conmigo, pero en estos momentos hay que estar tranquilos", comentó por correo electrónico a la agencia y añadió que en Teherán "la gente sale a la loco, es un caos" por lo que prefiere "la prudencia y estar tranquilo en un sitio seguro, ya se calmará todo".
Guijosa ya fue seleccionador de Irán entre 2012 y 2014 y consiguió la única medalla del país, un bronce en el Campeonato Asiático, pero luego un cambio de normativa interna le impidió estar en su debut en un Mundial, en 2015. Después estuvo varias temporadas dirigiendo al Ademar de León en Asobal y volvió a las experiencias exóticas como seleccionador de Ruanda. En Irán contaba con un sólo jugador que competía en el extranjero, el central Pouya Norouzinejad, del VfL Eintracht Hagen alemán y el resto lo hacían en la liga doméstica.
Como jugador, Guijosa fue campeón de Europa con el Barcelona en cinco ocasiones consecutivas (del 1996 al 2000) y formó parte de la primera época dorada de la selección. En dos Juegos Olímpicos consecutivos, Atlanta 1996 y Sidney 2000, se hizo con el bronce. De hecho recientemente fue nominado para entrar al Hall of Fame de la Federación Internacional de Balonmano (IHF).
Eligió un mal día Donald Trump para convertirse en el primer presidente de Estados Unidos en acudir a una Super Bowl. O, al menos, eligió mal a quién dar su apoyo. Horas antes del partido declaró su amor por Patrick Mahomes y, aún más, por su mujer Brittany, fan declarada del republicano (o lo que sea). Ni siquiera le desanimó compartir la bufanda de los Chiefs con su odiada Taylor Swift, que le hizo más daño en las elecciones que Kamala Harris, y su novio, Travis Kelce, la otra gran estrella de Kansas City y supervillano en el planeta MAGA por ser el rostro de la campaña de vacunación durante la pandemia. Nada de eso desanimó a Trump porque él había ido a Nueva Orleans a ganar y, jubilado Tom Brady, nadie acerca tanto la victoria en la NFL como Mahomes. Un rato después, los Philadelphia Eagles celebraban el título tras una de las mayores humillaciones de la historia (40-22, gracias al maquillaje final).
No fue una victoria, fue una aniquilación, un partido para el que se deberían haber recuperado los dos rombos. Hay cosas que los niños no deben ver. La primera vez que Kansas City cruzó el mediocampo, acababa el tercer cuarto, perdía ya 34-0 y los Eagles pensaban ya en dónde ir a celebrarlo.
No necesitó siquiera el equipo dirigido por Nick Sirianni, que ha pasado en un año de hombre-meme cuya cabeza peligraba a campeón, un gran partido de su superestrella ofensiva, Saquon Barkley, que cerró el, seguramente, mejor año que se ha visto de un corredor con una actuación discreta para sus estándares. Más brillante estuvo su quarterback, Jalen Hurts (nombrado MVP con dos touchdowns de pase y otro de carrera), pero tampoco necesitó grandes heroicidades. La Super Bowl se decidió cuando ambos descansaban, en el ataque de unos Chiefs absolutamente destrozados por la defensa que vestía de verde. Fue una exhibición. Si hubiera sido boxeo, la esquina de Mahomes habría tirado la toalla antes del descanso.
Donald Trump, junto a su hija Ivanka y su nieto Theodore, en la Super Bowl.AP
Una y otra vez, liderados por un sensacional Josh Sweat (probablemente más merecedor del MVP que Hurts, pero el ataque siempre reina), golpearon al mejor jugador del planeta hasta convertirlo en un pelele que regaló dos intercepciones impropias a los fantásticos Cooper DeJean y Zack Baun. Y es que, para poner en perspectiva la obra de arte de la defensa coordinada por Vic Fangio, hay que recordar que Mahomes, aún sin cumplir los 30, buscaba su cuarto título (el segundo, contra estos mismos Eagles hace dos años) y el tercero seguido, un triunfo que le haría mirar ya sólo hacia Brady (siete anillos y que comentaba su primera Super Bowl en la tele) y la Historia. Aún está a tiempo, pero de Nueva Orleans salió su leyenda magullada.
Todo estaba ya resuelto (24-0) cuando Kendrick Lamar salió a actuar en el descanso. No fue el espectáculo más brillante que hemos visto, la propia NFL le había puesto la zancadilla sacando a Beyoncé a hacer magia en la jornada navideña, pero sí uno de los más morbosos. Primero, porque terminó de rematar al pobre Drake cantando ‘Not like us’ ante el mundo entero y acompañado de Serena Williams y Samuel L. Jackson. Tanto flow es abusar. Segundo, porque uno de los bailarines lució un buen rato una bandera palestina mientras regateaba a seguratas como Lamine Yamal a defensas. Tercero, porque nunca ha ocultado su (pésima) opinión sobre un Trump que le observaba desde el palco con cara de estar pensando a cuántos de esos tipos que en nada se parecían a él y a sus amigos podría deportar. A veces, la música no es lo más importante de un show.
La segunda parte fue un plácido paseo de Philadelphia hacia la gloria, hora y media de ver qué famosos aparecían en pantalla. Como siempre, no escaseaban. La citada Taylor Swift (que gestionó conuna fabulosa media sonrisa el tremendo abucheo de la afición de los Eagles al verla en el videomarcador), Jay Z, Kevin Costner, Bradley Cooper, Adam Sandler, Paul McCartney... y una llamativa representación de nuestro fútbol: Messi, Rodri, Griezmann, Koke, Luis Suárez, Busquets... Todos viendo cómo los Eagles ponían en pausa el ascenso de Patrick Mahomes a la sala más exclusiva del Panteón de los quarterbacks. Tendrá más oportunidades, no lo duden. Para la próxima, tal vez decida pedirle a Donald Trump que se quede en casa. Una humillación así tarda en curarse. Si es que se cura...