Las semanas sin carreras en pleno Mundial amenazan con un nuevo orden de parrilla a la vuelta, en Bakú, el 30 de abril. Aston Martin promete mejoras del monoplaza para mantener su puesto.
Fernando Alonso, en el podio de Arabia Saudí.STREFE
“Estoy batiendo algunos récords porque he corrido muchas temporadas en la Fórmula 1, pero el único récord que importa es el número de títulos. Por ahora ése es inalcanzable… probablemente” y con ese “probablemente” Fernando Alonso regalaba esperan
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Paula Badosa llegó a pensar que su carrera en el tenis se había acabado. Hace poco más de un año, su fractura de estrés en un vértebra la llevó a visitar decenas de médicos y muchos de ellos, la mayoría, le dijeron que la única opción era la retirada. Únicamente su aguante, muchísimas horas de tratamiento y las infiltraciones le permitieron seguir y ahora recibe su recompensa. Por primera vez en su vida jugará las semifinales de un Grand Slam después de vencer en cuartos de final del Open de Australia a Coco Gauff por 7-5 y 6-4.
De aquel agujero, la española salió siendo otra: de repente una tenista cerebral capaz de controlar y utilizar a su favor sus emociones. "Antes llegué a ser la número dos del mundo, pero ahora soy mucho más madura, soy mejor" admitió después de la victoria, más tranquila que nunca, calmada incluso en la celebración. Este miércoles, ante la estadounidense, ganó por su juego, por supuesto, pero sobre todo por su actual mentalidad inalterable.
La desesperación de Gauff
A Gauff, que venía en espléndida racha, que todavía no había perdido un solo set en 2025, ya le había inquietado en sus enfrentamientos previos -en los Masters 1000 de Roma y Pekín-, pero la estadounidense siempre se las apañaba para remontar. En esos duelos, pese a sus 20 años, Gauff imponía su serenidad sobre la pista. Pero esta vez fue distinto.
Badosa desmontó como siempre la débil derecha de la yankee y, cuando ya la tenía desarmada, no dudó. Si acaso hubo algún temblor en los minutos finales, cuando su éxito ya era un hecho, y concedió un último break, sin consecuencias. Pero durante una hora y media la española fue un robot: no fallaba un golpe. Si resistía al duro servicio de su rival ya había ganado el punto. Todos los intercambios caían de su lado, especialmente si en el duelo intervenían los drives. Las estadísticas suelen ser simplificaciones, pero Gauff acumuló casi el doble de errores no forzados (41) que Badosa (23).
De hecho, entre el primer y el segundo set, cuando la española encadenó cuatro juegos ganados consecutivos -del 5-5 al 7-5 y 2-0-, Gauff amagó con romperse. En el eterno primer juego del segundo set, erró casi todas las derechas que intentó y se echó más de una vez las manos a la cara para reprimirse el llanto. Badosa la miraba y entendía: yo he estado ahí. Pero ahora es otra jugadora, es la jugadora de enfrente.
Otro posible duelo ante Sabalenka
Había estado otras dos veces en cuartos de final de un Grand Slam, en el Roland Garros de 2021 y en el US Open del año pasado y no había logrado pasar más allá. Había jugado tres partidos de Grand Slam ante jugadoras dentro del Top 5 y nunca las había derrotado. Este martes, ante la actual número tres del mundo, rompió su techo y ahora le queda el quien da más. Si su amiga Aryna Sabalenka, la número uno, vence a Anastasia Pavlyuchenkova, Badosa tendrá el jueves en semifinales la mejor prueba para sus nuevas posibilidades. ¿Puede ganar un grande y ser número uno del mundo?
En su versión actual hay que ser muy osado para negar que sea capaz. "Soy una persona emocional y a veces me han superado las circunstancias, pero ahora quiero mostrar mi tenis de una vez. Estoy muy orgullosa de cómo estoy jugando", comentó tras ganar a Gauff en Melbourne, la victoria más importante de su vida.
El tenis se acostumbra a la dulce rutina de ver frente a frente a dos hombres geniales en lo suyo, tan distintos, dominadores de su época. Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, en otra final, la sexta del año. Este domingo (18.00 horas, Movistar) será en las ATP Finals, en casa del italiano en todos los sentidos: en Turín y con su público, pero sobre todo en superficie dura y bajo techo. Únicamente esas condiciones hacen favorito a Sinner, porque los precedentes señalan al español como vencedor. Wimbledon creó la sensación de una rivalidad alterna, pero lo cierto es que en Alcaraz se impuso en las otras cuatro citas.
En todo caso será un capítulo más de una historia, su historia, que promete continuar años y más años. En todos los torneos, se celebren donde se celebran, los rivales claudican ante ellos con una impotencia en aumento. Hasta esta temporada ni Alcaraz ni Sinner habían disfrutado de la grandeza que hacía que Nadal, Federer o Djokovic ganasen incluso antes de empezar a jugar. Ahora ya gozan de esa aura.
En semifinales, Álex de Miñaur nada pudo hacer ante Sinner, que lo derrotó por 7-5 y 6-2, y Felix Auger-Aliassime apenas resistió ante Alcaraz antes de caer por 6-2 y 6-4. Si en una cita así, con los ocho mejores del mundo clasificados, nadie puede ni tan siquiera discutir un set, ¿Qué hará el resto? El caso de De Miñaur se puede considerar excepcional porque ha perdido sus 13 duelos con Sinner y la falta de moral es lógica, pero Auger-Aliassime mostró el mismo ánimo.
MARCO BERTORELLOAFP
Desde el primer juego, el canadiense apareció con la tristeza en los ojos y los brazos decaídos. No es que sea un tenista muy expresivo, todo lo contrario, pero su gestualidad resumía sus escasas probabilidades de éxito. Todas sus opciones pasaban por tener un gran día al servicio y que Alcaraz estuviera fallón y no ocurrió ni una cosa ni la otra. El canadiense empezó tembloroso concediendo demasiadas bolas de break y el número uno se le abalanzó encima. El primer set apenas duró 37 minutos. El partido entero, sólo un poco más, 82 minutos.
La perfección de Alcaraz
Durante la fase de grupos de estas ATP Finals, Alcaraz había dominado a sus rivales, pero siempre le quedaba una adversativa. Vencía, aunque quería afinar su revés. Ganaba y sin embargo se lamentaba su porcentaje de primeros. Este sábado ya no podía hacerse reproches. Su actuación fue perfecta. Todo lo que necesita para derrotar a Sinner salió a relucir. Más allá de su saque -sólo concedió una bola de break- y de la potencia en su derecha, la clave estuvo en su puntería.
Una bola iba a la línea y luego otra y luego otra. En los minutos iniciales Auger-Aliassime pidió una revisión y se quejó varias veces, pero al final se dio cuenta que el Ojo de Halcón funcionaba perfectamente. Su problema era otro. Las estadísticas pueden ser tramposas, pero Alcaraz acabó el primer set con apenas dos errores no forzados. Ante un rival tan preciso nadie puede hacer virguerias, aunque Auger-Aliassime todavía arrastra los problemas con su revés de siempre. Si había tensión en un punto, Alcaraz le tiraba a ese lado y, al final, siempre ocurría lo mismo. El canadiense acabó el partido con muchos más errores -19- que aciertos -15-.
MARCO BERTORELLOAFP
"Estoy muy feliz por la victoria de hoy", aseveró Alcaraz en italiano justo al acabar ganándose al público local, que apoyó a Auger-Aliassime. "Espero que al menos tres o cuatro personas me animen mañana [por este domingo]", añadió bromista. "Ha sido mi mejor actuación en el torneo. Desde el principio he estado muy concentrado, sin hacer errores, yendo a por ello, apurando la pista al máximo. Punto a punto he ido cogiéndose confianza y me he acabando encontrando muy bien. Estoy orgulloso del nivel que he demostrado para lo que viene", comentó después quien disputará la primera final de las ATP Finals de su carrera.
Por la pista y por las fechas se suponía un torneo difícil para él, pero ya no lo es. Como pasó en otras superficies, como pasó en otros meses de este 2025, como pasó en Roma, Roland Garros, Wimbledon, Cincinnati y el US Open, está a un paso del título y el último escollo es Sinner. Dulce rutina para el tenis.