Era la gran baza oculta del atletismo español para el Campeonato del Mundo de pista cubierta de Torun (Polonia). El estreno del 4×400 mixto, una especialidad donde España evoluciona con pasos de gigante. Un final directa, los seis mejores. Entre ellos Markel Fernández, Paula Sevilla, David García Zurita y Blanca Hervás. Pletóricos los cuatro, plata tras Bélgica, con una marca que es el nuevo récord de España.
El 3:16.96 rebaja el 3:17.12 del Europeo de Apeldoorn 2025. Un tiempo que vale una medalla por sí solo, aunque se vio favorecido por el tropezón en el primer relevo que llevó al suelo a los relevistas de Estados Unidos y Países Bajos, con Jamaica como culpable del incidente (fue descalificado posteriormente y su bronce pasó a Polonia).
Momento de la caída en el 4×400 mixto.Petr David JosekAP
Markel Fernández corrió en 47.76 y fue después Paula Sevilla, con dos rivales ya descolgados, la que empezó a dibujar la medalla (52.05). Cumplió David García Zurita (46.09) y remató, extraordinaria, Blanca Hervás. Ella, generosa para competir pese a que esta tarde deberá disputar también su primera final en un Mundial (la de 400), compitió con velocidad y cabeza. Lejos la belga Helena Ponette, no perdió el pie de la jamaicana, a la que adelantó con una sonrisa unos metros antes de la línea de meta (51.06).
Bélgica, oro, logró el récord del campeonato (3:15.60).
«Me he caído muchas veces, tengo cicatrices por todo el cuerpo, pero nada iguala ese sufrimiento. Recuerdo una etapa del Tour. Me dolía tanto que no podía ni pedalear, se me saltaban las lágrimas». Ane Santesteban (Rentería, 1990) revive en voz alta su 2024, el que era el año de la vuelta a casa después de una década corriendo en equipos extranjeros, siendo una de las mejores ciclistas españolas de siempre, dos Juegos Olímpicos, Mundiales, top 10 en Giros y Tours... Un dolor tan insoportable como misterioso, una tortura mental también, hasta que en el lugar más improbable halló la solución. Una revisión ginecológica rutinaria iba a dar con el problema. «Tienes un quiste grande en el ovario y una endometriosis», le anunciaron. «Gracias a Dios. Qué liberación», respondió.
Ane cuenta lo que muchas otras callan, «por vergüenza o por miedo», por tratarse de salud femenina. Lo hace, una vez superado, para «normalizar, dar visibilidad y ayudar a otras mujeres». Las que le escriben en privado confesándole que su caso es el mismo, pidiéndole consejo. Detalla su experiencia, que es la de tantas deportistas, un tabú del que ahora escapa y se vuelve a sentir plena encima de la bici. Con los colores del Laboral Kutxa - Fundación Euskadi, el pasado fin de semana corrió la primera edición de la Milán-San Remo femenina. Acabó 35ª (a 1:25 de la ganadora, Lorena Wiebes), pero dejó un alarde. Como Pogacar en la masculina, la ciclista vasca marcó el mejor tiempo de siempre en la emblemática subida a la Cipressa, los 5,6 kilómetros en 11 minutos y 37 segundos (a de 29,1 km/h). «Este año quiero hacer las tres grandes, Vuelta, Giro y Tour», anuncia en conversación con EL MUNDO desde Rentería.
Es un renacimiento el de la menuda corredora errenteriarra. Porque, tal dolor le provocaba el problema ginecológico, que pensó hasta en dejarlo: «Al final dudas de todo». Hasta de sí misma, de si lo que le estaba ocurriendo no sería producto de su propia imaginación, porque ninguna prueba detectaba nada. «Le decía a Pablo (Rodríguez, también ciclista profesional, de mountain bike), mi pareja: '¿A ver si me estoy volviendo loca y me estoy inventando el dolor?' Entré en un bucle bastante complicado».
Ane Santesteban.Rosa GonzalezMUNDO
La temporada no arrancaba como las de antaño. No sólo era el malestar, tampoco los números salían. Tanto en entrenamientos como en competiciones, su rendimiento había bajado «entre 20 y 30 vatios». «Empecé el año pasado sin encontrarme bien en la bici. Estaba siempre con dolores, en las lumbares, hacia la espalda, me bajaba a una pierna. En ningún momento lo relacioné con los ovarios, claro. Y el Tour fue un calvario de dolor. Hablé con el médico del equipo y le dije los síntomas. Que no encontraba postura en la bici. Hicimos una resonancia en la espalda y no había nada. Yo decía: 'Algo tiene que haber'. Estaba en el sofá, sin entrenar, y no me podía ni mover, tenía muchísimo dolor», describe Ane.
Allí, en la Grande Boucle, donde en 2023 había finalizado octava de la general (fue séptima en el Tourmalet en la etapa reina), donde todo se hizo insoportable. «Recuerdo un momento durísimo. Día tras día, iba acumulando el dolor. En las últimas tres etapas... Sobre todo, hubo una, que se salía subiendo un puerto, donde yo mejor me defiendo. Lloraba. Pedía analgésicos para poder competir. Por mi experiencia, quería estar al lado de Usoa Ostolaza, aportar al equipo. Por intentar terminar, fue un sufrimiento bastante agónico», rememora.
Lo terrible para Ane era, sobre todo, no saber de donde provenía aquello. «No puedes empezar un tratamiento porque no sabes lo que es. Nuestros médicos están más acostumbrados a trabajar con resfriados, clavículas, dolores musculares...», explica. El calvario acabó el 31 de octubre en el sitio más insospechado, el ginecólogo, «en la revisión rutinaria de todos los años». Tenía un quiste en el ovario y sufría endometriosis, una enfermedad que se define por la presencia de endometrio (tejido mucoso que tapiza el interior del útero) fuera de la cavidad y musculatura uterinas y que afecta al 10% de las mujeres en edad reproductiva. «Me dijeron que lo mejor que podía hacer era tomar la píldora. El problema iba a seguir estando, pero iba a tener 'calidad de vida'. Desde que empecé, al poco ya empecé a sentirme muchísimo mejor», desvela, aliviada.
Pero no fue hasta el mes pasado que Ane quiso dar a conocer lo que le había ocurrido. Lo hizo con un sincero post en sus redes sociales en el que hablaba de «desesperación», pero también de que «las buenas sensaciones» habían vuelto. «No pensé que fuera a tener tanta repercusión. Llevaba tiempo dándole muchas vueltas. Venía guardando para mí todo lo que estaba sufriendo. Me daba un poco de miedo o vergüenza. Decidí que, como deportista, con el altavoz que tenemos, quería hablar de algo que muchas mujeres sufrimos en silencio. Darle visibilidad y contar mi experiencia por si podía ayudar a otras», proclama. Y tanto. La escribieron compañeras, ciclistas y de otros deportes. También ginecólogas y nutricionistas «para ofrecerme su ayuda».
«Es algo de lo que no se habla en el pelotón ni en el deporte femenino en general. Igual que hablas de una rotura de fibras, de una rotura de clavícula o de cualquier otra lesión o enfermedad. ¿Porque sea el ovario o el útero no se va a hablar? Es un tema tabú, da como vergüenza o respeto tratarlo», reflexiona Ane la escaladora, aquella niña a la que su padre, profesor de ciclismo en las escuelas del pueblo, inyectó en vena la pasión. Y a la que los puertos, en los que desde bien temprano se desenvolvió con facilidad, la hicieron profesional.
Ane Santesteban, en carrera con el Laboral Kutxa, esta temporada.Laboral Kutxa - Fundación Euskadi
Ane, que en diciembre cumplió 34, se siente ahora renacida. Dispuesta a aprovechar esta segunda oportunidad que le ha dado el ciclismo, a lograr su primera victoria después de tantos buenos puestos. «Creo que va a llegar, porque veo las cosas de diferente manera, porque vengo de pasarlo mal. He cambiado la forma de correr. Disfruto más y no tengo miedo de perder. Otros años me costaba más arriesgar, era más conservadora», explica, echando un vistazo a una carrera en la que transitó el camino del «cambio brutal» en el ciclismo femenino. «Ahora hay más equipos, más dinero, se retransmiten las carreras... En mis inicios, terminaba y tenía que escribirle a mis padres para decirles que estaba bien. Ahora hay salarios que son buenas cantidades, se ha conseguido tener un sueldo mínimo. Unos avances muy grandes», se sincera a quien le hubiera gustado nacer «un poco más tarde»: «Mi carrera hubiera sido diferente. Hubiese sido más sencillo. Cuando empecé era muy difícil tener un referente. Casi no podías soñar con ser profesional, porque no había ni estructuras. Tenías que ir al extranjero...».
Cuartos de final
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Madrid
Actualizado Viernes,
28
abril
2023
-
17:46El francés, reincidente, protagonizó la agresión más peligrosa de toda la...
Lo que empezó como drama acabó como fiesta total. El debut de Sergio Scariolo en el Palacio, en su segunda etapa como entrenador del Real Madrid, dejó una noche de las que ilusionan, una remontada de coraje ante nada menos que al Olympiacos. El recital defensivo del último cuarto fue de los de guardar en vídeo. [89-77: Narración y estadísticas]
Hacía mucho que no se veía semejante nivel de intensidad, de huecos cerrados, de rivales maniatados. Como un mecanismo sin resquicios, en lo colectivo y en los duelos individuales, emergió en la hora de la verdad de una noche que tenía mala pinta un Madrid poderoso. Contagió al Palacio no desde el ataque (ahí fue una labor coral, con todos anotando y sólo Hezonja y Deck por encima de la decena), sino desde una defensa casi perfecta. El mate de Hezonja y el triple de Deck con los que el equipo de Scariolo abrochó la faena puso en pie a una grada con ganas de volver a sentirse grande en Europa.
Nada peor que para un equipo que está tratando de arrancar, un proyecto diseñado para el largo plazo que comienza con dos derrotas en tres partidos, que encontrarse en su debut en casa con una máquina tan engrasada, que lleva años jugando tan de memoria, como el Olympiacos de Bartzokas (y, sobre todo, de Vezenkov). Pero mucho peor es que ese rival, el mismo que desplazó al Real Madrid en los cuartos de final de la última Euroliga, amanezca en el Palacio con siete triples sin fallo. A Scariolo nadie le dijo que fuera a resultar sencillo.
Mientras trata de ajustar y que sus jugadores los entiendan, se ve 12 abajo en el primer cuarto, con Tyler Dorsey despertándole fantasmas del Eurobasket, desesperado por los tiros que no entran. No hay urgencias, pero perder siempre enrarece todo. Menos mal que Llull sabe de qué va esto.
Walkup, defendido por Tavares.SERGIO PÉREZEFE
Fue la entrada del capitán, en su 19ª temporada en Euroliga, la que sentó el cuerpo en la noche al Real Madrid. También coincidió con el descanso de la primera unidad griega. Aunque a remolque y todavía distanciado en el marcador, los blancos al menos batallaban, miraban de tú a tú a un rival con ganas de hacer sangre. Sin presumir del acierto de los de enfrente, el perímetro no era el drama del martes en Bolonia. Al descanso, con los puntos de Hezonja, el ímpetu de un Chuma Okeke que apunta alto y el empuje de la pareja Campazzo-Deck (Scariolo pronto se ha rendido a la pujanza de sus argentinos, cómo no), el Madrid se arrimó todo lo que Vezenkov (y algunas decisiones arbitrales) le dejó.
Con el mismo quinteto que naufragó al inicio del partido, el Madrid regresó de vestuarios decidido. Y eso que pronto se encontró con dos de sus puntales defensivos, Abalde y Tavares, cargados con la tercera falta. Pero la remontada ya se palpaba. Primero igualó Hezonja y luego el propio Abalde -sendos triples-, puso a los blancos por primera vez por delante (62-61).
Parte del trabajo estaba hecho, pero seguía habiendo mucho toro delante. Y esos pequeños fallos de concentración tras buenas y trabajadas defensas, hacían daño en lo anímico. Porque el Olympiacos no perdonaba una. Del enésimo tirón de los atenienses emergió un Madrid electrizante, enérgico, bordando la defensa. Con Luis Guil cual maestro de orquesta desde la banda, iniciaron el cuarto definitivo dejando seco al Olympiacos, casi seis minutos sin anotar. Un recital de esfuerzo colectivo (24 puntos encajados en toda la segunda mitad) que le llevó a la recta de meta con un buen pellizco y, después, con Kramer secando a Fournier y Hezonja y Campazzo rematando, el Real Madrid coronó con un triunfo de mérito total.