El presidente del Barcelona, Joan Laporta, se desplazó este jueves a Eslovenia para reunirse con el presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, y darle explicaciones sobre el ‘caso Negreira’. Este encuentro se produce dos semanas después de que el directivo europeo expresase su preocupación por un caso que consideró “excepcionalmente grave”.
Según pudo confirmar EFE, el viaje de Joan Laporta se realizó vía Londres, donde se encontró con el representante Pini Zahavi, agente también de Robert Lewandowski.
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Hace unas semanas, el dirigente azulgrana ya había remitido explicaciones por escrito al presidente de la UEFA, pero quiso transmitirle los avances en la investigación interna que ya desveló ante los medios el pasado lunes en una multitudinaria rueda de prensa en Barcelona.
Laporta había mostrado un talante conciliador con el presidente de la UEFA, a diferencia de lo expresado sobre el presidente de LaLiga, Javier Tebas, y respecto a la actuación del Real Madrid, que se ha personado en el caso, cuestión que tachó como “un ejercicio de cinismo”.
La intención del dirigente azulgrana es informar en persona a Ceferin de que el club catalán nunca ha comprado árbitros y que tampoco ha abonado ninguna cantidad para influir en ellos. Además, Laporta habría intentado transmitir al presidente de la UEFA que el Barcelona podría haber sido víctima en todo esto asunto, por lo que podría personarse como acusación en el caso.
La reunión se produce un mes antes de que la UEFA tenga que decidir sobre la participación del club azulgrana en la próxima edición de las competiciones continentales. Esos torneos son organizados por la UEFA, que tiene la potestad de dejar un año al Barça sin jugar en Europa sin tener que esperar una sentencia judicial.
A finales de 2012, me anunciaron desde el Comité que en 2013 iba a ser árbitro internacional. En una concentración del mes de noviembre coincidí con Victoriano Sánchez Arminio y le dije: «Presi, si soy internacional, ¿puedo elegir a mis asistentes?». «Claro, tú tienes la última palabra, pero ya sabes...», me contestó de forma enigmática. Lo que me quería decir es que en realidad la última palabra la tenía Enríquez Negreira.
Era 22 de diciembre de 2012 y estaba en una cafetería llamada Top Capi de Lleida. De repente, me llamó el vicepresidente del CTA: «Quiero que bajes a Barcelona». Enríquez Negreira me citó en el bar La Torrada, que se encontraba en el centro de Barcelona, concretamente en la calle San Antoni María Claret n.º 209. El local lo regentaba su pareja, Ana Paula Rufas, y echó el cierre hace unos años. Actualmente, en su lugar se ubica un restaurante asiático de tapas. En este negocio organizaba dos tipos de encuentros, principalmente. En primer lugar, se reunía el día antes de los partidos con los colegiados que iban a pitar al FC Barcelona y al Espanyol para darles consignas y directrices. Dichos colegiados nunca eran catalanes, obviamente.
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En segundo lugar, en La Torrada también se organizaban encuentros con los árbitros del Comité catalán de Primera, Segunda y Segunda División B dos o tres veces al año, en los que estuve presente en muchas ocasiones. En estas citas analizaba tus calificaciones de la temporada, que guardaba en un cuaderno de contabilidad que llevaba siempre con él. Además, revisaba tu evolución y te hacía todo tipo de comentarios. Te decía, por ejemplo, «chavalito, tienes que apretar» y te sentías condicionado, porque no sabías si te quería descender de categoría para la próxima temporada. Te dejaba siempre con la incertidumbre. Los árbitros de Primera División nos veíamos obligados a ir al bar de Enríquez Negreira porque era el del jefe y te tenías que dejar caer de vez en cuando para que todo fuera bien. Además, servía para pulsar cómo estaba tu situación personal en el seno del CTA con él. Sucedía igual que con el coaching de su hijo Javier Enríquez, los colegiados se veían condicionados a contratar sus servicios y pasar por caja, porque era el hijo del que mandaba.
El 'Txistu de Barcelona'
La Torrada era un bar de barrio muy cutre y pequeño, que llamábamos de forma irónica el «Txistu de Barcelona». Nada más entrar había una barra a mano izquierda y al fondo un patio interior con mesas y sillas de camping. Durante la semana había menú, pero cuando íbamos nosotros nos ponían carne y jamón serrano en lonchas de supermercado, recién sacadas del sobre. Era lamentable y vergonzoso. Eso sí, la cuenta no la perdonaban y nos cobraban unos 50 euros a cada uno. Mucho dinero para la calidad de la comida y del propio local. La pareja del vicepresidente del CTA estaba siempre detrás de la barra y tenía algún empleado más. Cuando acudíamos al local, manteníamos muchas conversaciones con Enríquez Negreira relacionadas con el fútbol y el arbitraje en un ambiente muy distendido. Junto a él también solían ir al bar importantes directivos de la Federación catalana y otros amigos árbitros de su círculo de confianza. Era su «cuartel general» en Barcelona y estuvo abierto como mínimo desde el 2009 hasta 2018, aproximadamente.
Cuando fui citado en el bar La Torrada, no sabía exactamente qué me podía encontrar allí. Cuando llegué, en el interior del local estaba la pareja de Enríquez Negreira y él permanecía fuera junto a Xavier Moreno Delgado, uno de sus hombres más cercanos del Comité arbitral. Estaban fumando y bebiendo una botella de cava mientras me esperaban sentados en una mesa metálica de la terraza. Llevaba ya cuatro años en Primera División, pero tuve miedo al ver solo la postura de Enríquez Negreira. Nunca se me pasó por la cabeza lo que iba a vivir y escuchar en ese momento. Fue una hostia que no fue física, pero sí más dolorosa. Se me estropeó la visión idílica que hasta ese momento mantenía del arbitraje y del CTA como una institución relativamente transparente y sana.
Tenía a Moreno Delgado enfrente y Enríquez Negreira me hizo un gesto autoritario con su mano para que me sentara a su lado. Luego me dijo una frase, o más bien una amenaza, que se me quedó grabada para siempre: «¿Tú sabes lo que es la familia?». En ese instante pensé «estoy sentado al lado de Al Capone». «Te voy a pegar una hostia...», continuó diciéndome el vicepresidente de los árbitros a la vez que me miraba fijamente a los ojos. No me lo podía creer.
La Audiencia de Barcelona ha estimado los recursos de la Fiscalía Anticorrupción y de Joan Laporta para revocar la decisión del juez Aguirre de investigar al presidente blaugrana por los pagos realizados a Enríquez Negreira entre los años 2008 y 2010.
La resolución indica que las retribuciones al vicepresidente de los árbitros "son imputables no a cada junta directiva sino al FC Barcelona como persona jurídica por la falta de concreción y de elementos fácticos" que apunten a esta figura.
Además, señala que el presidente blaugrana solo sería responsable, en todo caso, de "los pagos realizados durante el periodo que ejercieron sus cargos", algo descartado puesto que en 2010 Laporta ya había abandonado la entidad. Estas justificaciones eximen al presidente azulgrana de los delitos de cohecho y de corrupción deportiva que se le pudieran imputar.
El delito está prescrito desde 2015
Por otro lado, la sala también considera prescrito un posible delito de administración desleal continuada al haber pasado más de cinco años desde la finalización de su primer mandato presidencial el 30 de junio de 2010. Hecho que supone extinción total de toda responsabilidad penal relacionada con los pagos realizados durante ese periodo.
Esta razón, sin embargo, no serviría para el presidente Sandro Rosell ya que su plazo de prescripción se amplía hasta los diez años.
En un comunicado, el FC Barcelona ha celebrado la decisión de la Audiencia de no imputar a su presidente y califica el fallo como "riguroso y bien fundamentado". Por último, el conjunto blaugrana espera que se pueda acreditar "la absoluta inocencia del club".