El Valencia resucita con el bramido de Mestalla

El Valencia resucita con el bramido de Mestalla

1-0 en Mestalla

Actualizado

El equipo de Baraja sale del descenso tras su triunfo ante una apagada Real Sociedad, víctima del gol en propia puerta de Zubeldia (1-0).

Los jugadores del Valencia se abrazan tras el 1-0 en Mestalla.EFE

En Mestalla el fútbol ya no llega a la mente, se queda en el corazón. Es la única manera de 37.400 gargantas convirtieran el estadio en una caldera, olvidándose del miedo al descenso, de los gritos a un propietario que no sufre como ellos, colocándose detrás de Baraja y frente a la Real Sociedad defendiendo que, por qué no, tienen una misma fe. [Narración y estadísticas (1-0)]

Este el ejercicio que se ha visto obligado a hacer una parroquia que ha ido perdiendo la alegría feroz con la que arrancó la temporada y que ahora alienta llevada por la enloquecida fuerza del desaliento a sus jugadores y contra Peter Lim, que siente que la maltrata. La conjunción disyuntiva que siempre persigue al valencianismo, blanco o negro, el apoyo al césped o la censura a los despachos, las trincheras del pasado o la unión hacia la supervivencia, se ha borrado de un plumazo ante la agonía del descenso. Hay ruido en el entorno, mucho ruido y necesario, tanto como puntos en juego y capacidad de reacción. Pidió apoyo el Pipo y eso son palabras mayores. Lo advirtió la leyenda: ganar lo cambia todo. Y el equipo, después de despeñarse durante cinco jornadas, lo logró.

El Valencia que ha sido mil equipos en uno esta temporada despertó como buen murciélago ante una Real Sociedad que no estuvo cómoda a pesar de su capacidad quirúrgica de hacer daño al más mínimo despiste. O al más mínimo temblor. No lo hubo durante toda la primera parte a pesar de que Take Kubo avisó en un balón a la espalda de Lato en el arranque.

Contras visitantes

El equipo del Pipo se juntó, le quitó la pelota y la manejó con Guillamón, resucitado y hasta con energía para probar a puerta, y Almeida al mando y atemorizando con las velocidad apariciones de un peligroso y comprometido Samuel Lino y Castillejo, la brega de Hugo Duro y las cabalgadas por banda de Lato recordando a Gayà. Atrás, Paulista y Diakhaby no son dos generales napoleónicos y vieron cómo Mamardashvili salvaba un disparo de Oyarzabal que había encontrado hueco a la espalda de Foulquier.

Tan incómodo estaba el equipo de Alguacil que los duelos caían del lado valencianista, que robaba y armaba contras rápidas para llegar con comodidad al área. Allí se complicaba, aunque Yunus tuvo la mejor ocasión llegando de segunda línea al punto de penalti para buscar un centro de Foulquier. De una recuperación del lateral a los pies de Kubo nació la jugada del gol al filo del descanso. Se apoyó en Guillamón que vio a Lato presto a lanzar a Samu Lino para que se colara en el área, le ganara a Barrenetxea y pusiera un tenso centro a Hugo Duro que Zubeldia envió al fondo de la red. A este Valencia que deambula en este 2023 con armas de fogueo, el gol se lo tenía que dar un rival.

La Real tenía que despertar y lo hizo a la vuelta del vestuario. Un remate de Le Normand ajustado al palo obligó al meta georgiano y empezaron a aparecer Brais Méndez y, tímidamente, Oyarzabal. Todo apuntaba a que iban a despertar y, frente a un equipo que se descompone en las segundas partes, su oportunidad llegaría.

Intervención del VAR

Trató de evitarlo Hugo Duro reclamando penalti de Sola que Hernández Hernández pitó primero y, tras ir al VAR, anuló. Era un respiro, pero los donostiarras seguían atascados mientras el Valencia se aferraba con uñas y dientes al resultado sin dejar de buscar la meta de Remiro, que se vio obligado por Castillejo, después por un centro de Lato, lesionado, y de sus sustituto, Jesús Vázquez, que recorrió el campo para forzar al meta a sacar una mano milagrosa. Hasta contra el palo se estampó Samuel Lino. El segundo no querría entrar y Mestalla apretaba los puños.

También Baraja, que emulaba a Simeone buscando el aliento de la grada, que colocó a cinco defensas para aguantar un resultado vital y que cogía de la pechera a Ilaix para pedirle la intensidad que lo mucho que se jugaba el equipo requería. El Valencia tenía que resucitar, aunque fuera comportándose como un equipo salido de una siderurgia alemana y mareado por el esfuerzo como Hugo Duro. Había que desatar el rugido de Mestalla.

kpd