Era la cabina de prensa número 6, en el sector 4 de la zona habilitada para los medios de comunicación en el Santiago Bernabéu. Ahí, entre la Cadena Ser y Benfica FM, Jose Mourinho tenía planeado su regreso. Desde ahí debía ver la vuelta del playoff entre su equipo y el Real Madrid, la primera vez que veía un partido oficial en Chamartín desde su salida en 2013. Pero Mourinho, The Special One para todo, no apareció. Llegó en el autobús del conjunto lisboeta al interior del estadio y se bajó para alentar a los suyos, pero no se dejó ver en público. Volvió al autocar y desde allí observó la eliminación del Benfica.
Habían pasado 4.652 días desde su última noche en el banquillo del Bernabéu. Aquella despedida entre el amor y la rabia en un duelo contra Osasuna, el 1 de junio de 2013. Su etapa terminó con otra semifinal de Champions perdida y con otra rodilla hincada en Liga, donde se alejó a 15 puntos. Unos resultados deportivos que unidos a la pérdidas de sensaciones y buena convivencia con parte del vestuario, del club y de la grada pusieron el punto y final a los tres años más intensos que se recuerdan en la memoria mediática del Madrid.
Quizás por eso, por el foco que ha sido siempre Mourinho para la prensa y el entorno del conjunto blanco, su regreso ha sido tan curioso. Tan surrealista. En la previa pisó el césped del Bernabéu para dirigir el entrenamiento del Benfica, pero rechazó comparecer en la sala de prensa ante los medios, a pesar de que aún estando expulsado en la ida podía hacerlo. Dejó su lugar a su segundo y no ofreció palabras. Antes, eso sí, había firmado autógrafos y había sonreído ante los «vuelve a Madrid» de algunos de los fans que se acercaron al hotel.
Ya en la mañana del partido, Mourinho dejó el hotel del Benfica en un taxi durante dos horas y reapareció a media mañana. Un paseo, una cita o una reunión que no ha trascendido. Ya en la tarde, máximo surrealismo. Después de la expulsión de la ida no se podía sentar en el banquillo, así que la megafonía del Bernabéu anunció a João Tralhão, su segundo, y dejó a Chamartín sin la posibilidad de ofrecerle un cántico o una ovación. No hubo nada.
Los periodistas, esperando
En los pasillos del estadio reinó la incertidumbre. El Benfica había pedido al departamento institucional del Madrid una cabina de prensa para que Mourinho viera desde ahí el partido con alguno de sus asistentes. La famosa cabina 6, adecentada con tres sillas y un amplio catering con hamburguesas, frutos secos, fruta, agua y patatas fritas. A ella se acercaron varias decenas de periodistas para capturar en foto o vídeo la llegada del portugués al interior del Bernabéu. Una situación peculiar que obligó al club blanco a avisar al diferentes trabajadores de dicho departamento y a varios miembros de seguridad, que crearon un perímetro invisible al que los medios no se podían acercar. Ni siquiera a las mesas habilitadas para el trabajo, aunque fuera para otro tema. Algo que nunca había sucedido en la zona de prensa.
La prensa esperando a Mourinho el miércoles.E.M.
Todo, comida, prensa, seguridad y trabajadores del Madrid, para nada. Mourinho dejó colgado al Madrid y volvió al autobús con varios asistentes para desde allí, a través de un iPad, ver el decisivo duelo entre su equipo y el Madrid. Un Madrid al que, según pudo saber este periódico, sigue teniendo la ilusión de volver algún día.
El portugués fue el gran protagonista del partido junto a Mbappé mientras la grada decía «no al racismo» en respuesta a Prestianni, sancionado por la UEFA por su presunto insulto racista a Vinicius. Mbappé, por su parte, fue baja a última hora por las constantes molestias en la rodilla izquierda que arrastra desde diciembre. La ausencia del francés fue la segunda situación surrealista del día en el Madrid.
En la previa, Arbeloa había asegurado que «Mbappé está preparado para jugar mañana». Pero ya en la tarde del martes comenzó el runrún sobre su estado físico, y por la mañana ni siquiera entró en la convocatoria. «Hemos hablado él y yo con los médicos, y creemos que lo mejor es que pare, que se recupere y que vuelva al 100%. Creo que no va a ser cuestión de días, sino que va a ser un poco más largo», anunció el técnico, que rechazó hacer público el diagnóstico. «Tenemos un diagnostico, pero no soy yo el que tiene que dar ese tipo de datos. Tenemos claro qué es lo que le ha pasado y lo que le está pasando. Y queremos que se recupere al 100% y por eso hemos decidido que parase», insistió.




