El videoarbitraje no avisó al colegiado para que revisara el derribo de Kessié a Fran Pérez en el área. “No entiendo por qué no lo revisa”, pidió Baraja. Xavi: “Para mí es un duelo. No es penalti”
El Valencia está en plena reconversión para armarse en la batalla por la permanencia y ayer fue capaz de mantener en tensión a un líder que se quedó con diez jugadores sin conseguir que nada pudiera caer de su lado. Ni el equipo fue capaz de aprovechar sus ocasiones, tan pocas como las de su rival, ni Alberola Rojas vio penalti en el derribo de Kessié a Fran Pérez en el minuto 85. Tampoco el VAR le avisó para que revisara el contacto, algo que en el vestuario valencianista no se entendió.
«Me sorprende que no vaya a verlo porque el contacto parece claro», aseguró Rubén Baraja. «Me ha dado la sensación de lo que iba a pitar, porque ha habido contacto. Pero ya nos tocará otra vez», dijo tímidamente Hugo Guillamón. La voz oficial del club fue el director de fútbol, Miguel Ángel Corona. «Si no era penalti se ha inventado un córner porque Kessie no ha tocado el balón. Para eso ha llegado el VAR, para revisar las jugadas. ¿Protestar? Lo que vamos a hacer es seguir compitiendo y estos detalles te van mermando, porque era una ocasión manifiesta de gol».
El Valencia, penúltimo en la clasificación y que vio en esa jugada la posibilidad de sacar algo positivo en el Camp Nou, se queja con la boca pequeña. Aún escuece la dura sanción de cuatro partidos que recibió Gayà por criticar un arbitraje la pasada temporada, única hasta el momento en el fútbol español. Tampoco se olvida que el club tienen en los tribunales a la RFEF por el cambio de formato y de reparto económico de la Supercopa. A la sombra de la sospecha aireada por el caso Negreira se suma la fría relación del club con Rubiales.
En la orilla azulgrana, que vivió una expulsión que reconocen justa de Araujo y una penalti, que el Valencia admite, por manos de Guillamón, la jugada de Kessié no se ve polémica. “Para mí es un duelo y viendo la jugada repetida creo que no es penalti”, aseguró Xavi. Su prioridad era respirar después de un partido complicado al menos a siete puntos del Real Madrid.
El 20 de julio de 2022, España caía en la prórroga de los cuartos de la Eurocopa femenina ante Inglaterra (2-1) y aquella dolorosa derrota en los malditos cruces abrió una herida que, paradójicamente, se hizo enorme cuando se proclamaron campeonas en el Mundial 2023. Ahora, dos años después, se puede decir que es una cicatriz curada. Tras mucho dolor, pero sanadora. En aquel campeonato de Europa estuvieron 12 de las 23 jugadoras que buscarán desde mañana en Suiza el primer título continental para una selección revitalizada y mucho más arropada, en los estadios y en las entrañas de la Ciudad del Fútbol. Por primera vez, este grupo se siente fuerte y valorado, capaz de ser «sólo futbolistas». La enorme tormenta que se desató en Australia no sólo las hundió, sino que cambió el fútbol español por completo y abrió los ojos de la sociedad ante una agresión sexual televisada en directo. La gota que colmó el vaso.
La condena judicial a Luis Rubiales (18 meses de multa por el beso a Jenni Hermoso) llegó hace apenas unas semanas, pero la catarsis sin precedentes ni vuelta atrás nació aquel 20 de agosto de 2023. Las jugadoras habían apartado de sus mentes cómo nadie las escuchó -ni Rubiales ni Jorge Vilda- cuando pidieron mejoras tras la Euro 2022. Ante esta situación, 15 de ellas, entre las que estaban las hoy capitanas Aitana Bonmatí y Mariona Caldentey, firmaron una carta que la RFEF interpretó como una renuncia.
Sólo hubo ligeros cambios, pero la ilusión por disputar la Copa del Mundo provocó que algunas de ellas aparcaran la lucha. Aquello fue un ejercicio de resiliencia que parecía acabar en explosión de júbilo con el gol de Olga Carmona ante Inglaterra. España era, por segunda vez, campeona del mundo. Pero Rubiales besó a Hermoso sin consentimiento en la entrega del trofeo y se desató una tormenta que ha durado dos años.
«más libres, más seguras y arropadas»
Pese a los intentos del ex presidente de normalizar un abuso y de su intento de resistencia en aquella bochornosa asamblea, ellas, las campeonas, tuvieron el respaldo social y político. Rubiales se vio inhabilitado por la UEFA y forzado a dimitir; Jorge Vilda, despedido. Las riendas las tomó entonces su segunda, Montse Tomé. Ella y la propia RFEF, con el Consejo Superior de Deportes de interlocutor, lucharon contra una desconfianza que hoy ha desaparecido.
«Ahora nos sentimos más libres, más seguras y arropadas», confesaba hace unos días Alexia Putellas. Hasta la relación con Tomé, que se inició muy tensa en aquella reunión en Oliva (Valencia), se ha destensado. La seleccionadora, con pausa, ha ido moldeando al equipo, incluso superando al inicio algún enfrentamiento con lideresas como Aitana -en diciembre de 2023 en el vestuario del España-Italia (2-3)-, o errores en los cambios que le hicieron jugar algunos minutos con una menos (en ese mismo partido ante Italia).
Hasta la informática falló al subir a la plataforma UEFA una convocatoria equivocada sin Irene Paredes, Ivana Andrés, Esther González y Mariona Caldentey. Eso y la eterna pregunta por Jenni Hermoso en cada una de las convocatorias en las que la madrileña, inmersa en el proceso judicial contra Rubiales, no ha sido llamada y lo ha cuestionado abiertamente en redes, algo que empieza a molestar a la RFEF.
El beso de Rubiales a Jenni Hermoso sentenciado como agresión sexual.rtve
La asturiana ha ido haciéndose con las riendas y en lo que no ha flaqueado es en su apuesta por revitalizar al equipo con jóvenes, aunque sólo hayan vestido la camiseta nacional en una decena de ocasiones. Las capitanas volvieron a ser las veteranas Alexia y Paredes, que disputan en Suiza su cuarta Eurocopa, pero a ellas se acaban de sumar Aitana y Mariona.
Larga maldición de los cuartos
En el huracán, España logró proclamarse campeona de la Nations League, clasificarse para esta Eurocopa y para disputar la fase final de la próxima Nations League. El único lunar fueron los Juegos de París. Nunca había estado en una cita olímpica y Alemania le arrebató la medalla de bronce.
A la Eurocopa llegan como favoritas para sacudirse la maldición que las ancla en cuartos. España no alcanza una semifinal desde 1997. En la fase de grupos se medirán a Portugal, Bélgica e Italia, pero para ser campeonas tendrán que cruzarse en algún momento con Inglaterra, Francia o Alemania.
En el campo base de Lausana nadie se fija objetivos, pero tampoco límites. Se espera a Aitana, recuperándose de la meningitis vírica que ya la deja tocar balón y es duda para los primeros partidos. También se cuida a la portera Cata Coll, que sale de unas anginas.
Carlos Corberán aterrizó en Valencia el 27 de diciembre y apenas ha pasado por su casa de Cheste. El entrenador, acostumbrado a la vida 'Premier' que convierte las ciudades deportivas casi en los hogares de los técnicos, se instaló en un hotel junto a Paterna. No tenía tiempo que perder porque cogía a un equipo hundido en la tabla y en el ánimo. Con la terapia clara, no tardó en aplicarla.
Corberán está reelaborando el estilo del Valencia a fuerza de hacer crecer a los jugadores, o quizá sea a la inversa. Lo cierto es que en sólo dos partidos ha dibujado un equipo que elabora más el juego, sin perder verticalidad y siendo más atrevido. Buscar la portería es una obsesión. Conceptos claros y sencillos en lo colectivo, compartidos en el vestuario o en el campo de entrenamiento en dobles sesiones, y mucho trabajo individual a través de charlas que él mismo o sus ayudantes -tiene un nutrido cuerpo técnico- están manteniendo con los jugadores. Los arropa con instrumentos de mejora, que muchas veces pasan por conversaciones y otras por el vídeo. Es intenso porque necesita que asimilen conceptos de pretemporada en plena competición y con el agua al cuello.
Por eso también les exige en detalles que van desde el cuidado del peso -fue lo primero que hizo al aterrizar, pasar al equipo por la báscula tras las vacaciones de Navidad- a la restricción del uso del móvil tanto en la Ciudad Deportiva como en las concentraciones y desplazamientos.
El lateral Aarons, cerca
Corberán, criado en los banquillos en Inglaterra, vive una vida 'Premier': por y para el fútbol, con largas jornadas en Paterna y convivencia con sus jugadores, una de las plantillas más jóvenes de Primera, a los que intenta llevar por ese camino. Sabe que el «crecimiento» que pretende tiene que reflejarse en resultados a contrarreloj, porque el Valencia tiene que sumar si quiere agarrarse a Primera.
Convencido de que el grueso de su plantilla tiene calidad para no estar en el fondo de la tabla, y en su margen de mejora confía, su llegada ha tenido impacto más allá del vestuario. Al refuerzo con la cesión de Sadiq, ya hilvanada con la Real Sociedad, se suma ahora la de un lateral derecho que vendrá... de la Premier. El club había trabajado con Iván Fresneda pero, ante las dudas del Benfica y del propio futbolista, ha escuchado al técnico, que ha mirado hacia lo que más conoce y le parece oportuno que Max Aarons, lateral derecho inglés de 25 años del Bournemouth, llegue cedido en las próximas horas.
No estará en Sevilla, como sí podrían estarlo ya Mamardashvili y Gayà para el segundo de los duelos de la cuesta de enero, un mes en cuyo horizonte aparecen también Real Sociedad y Barcelona. Todo un reto para Corberán.