Cuesta mucho mudarse de casa. Las viejas paredes, las que dejas, están llenas de recuerdos, de alegrías, de sinsabores y de cicatrices que sientes como tuyas. Si las paredes son gradas y la casa es un estadio, esa sensación se magnifica.
Hace 2.233 días que el Atlético de Madrid abandonó el estadio Vicente Calderón. Un estadio en el que los colchoneros habían sufrido, llorado, reído y disfrutado durante 50 años. Los principios del hoy Cívitas Metropolitano fueron duros a nivel sentimental. “Echo de menos el Calderón, pero este es un paso más. Los rivales se van a sentir intimidados cuando salgan. Nosotros aún nos sentimos un poco en un campo neutral”, decía en su momento el lateral rojiblanco Filipe Luis.
Y Luis García Plaza, daba la razón al defensa brasileño. “La primera parte ha sido la peor de la temporada. Quizás nos ha asustado el escenario”, comentaba el entrenador babazorro en la rueda de prensa posterior a la derrota de su equipo ante el Atlético por dos goles a uno. “Todo lo que nos pasa en casa tiene un factor importante de nuestra gente”, valoraba por su parte Diego Simeone.
Más allá de los títulos, el equipo colchonero había conseguido entre 2012 y 2013 un hecho histórico: 14 triunfos consecutivos en casa. La mejor racha de su historia llegaba de la mano de Diego Simeone, el entrenador que ha cosechado los mejores resultados con los rojiblancos. “La situación que estamos atravesando hay que cuidarla y queremos aprovechar este momento”, manifestaba Simeone.
Esta racha se ha igualado con el partido ante el Alavés. El equipo llevaba contando sus partidos como victorias en el Metropolitano desde la jornada 20 en la temporada 2022/2023 que empató a uno ante el Getafe. Desde entonces, nueve victorias en esa temporada y cinco más en esta para igualar la mejor racha de su historia. Pleno al 15 si contamos la victoria ante el Feyenoord en Champions League.
Curiosamente, la anterior serie de partidos ganados data de mayo de 2012 a abril de 2013 y la firma el mismo entrenador que se sentó en el banquillo ante el Alavés. Simeone lleva 276 victorias, 103 empates y 71 derrotas en Liga con el Atlético de Madrid.
Récord de Simeone
Esos números los ha alcanzado gracias a otro récord en la competición doméstica. Con el encuentro ante el conjunto babazorro, Simeone llega hasta los 450 partidos en Liga. Se trata del único técnico que ha llegado hasta esa cifra en el mismo club. “Feliz y contento porque muchos futbolistas han acompañado una idea. Sin su trabajo sería imposible que mantenga el lugar que tengo”, agradecía el técnico argentino..
Entre el míster y sus jugadores ya han conseguido realizar lo que pedía Saúl tras la mudanza entre estadios. “Tenemos que ir creando esa magia que teníamos en el Vicente Calderón en el Metropolitano“, pedía el canterano rojiblanco. Magias y récords. Todo sonrisas.
Mientras 'ardía' la avenida de Arcentales, una madre vestida con la camiseta de Griezmann disfrutaba con su hijo de la maravillosa puesta del sol que se ve desde el parque del estadio Metropolitano. Es la perfecta metáfora del contraste que vive hoy este Atlético de Madrid. La llama y la calma. Era día de llama. De remontada y de intensidad... De rugidos. Rugió el león, rugió el Metropolitano y rugió Oblak. [Narración y Estadísticas, 2-1]
El esloveno volvió por sus fueros con una gran actuación durante el encuentro y con una parada decisiva en la tanda de penaltis. Su performance merecía los cuartos de final de la Champions, lugar que n oocupaba el Atlético desde la 2021/22. El equipo necesitaba fuego, sí, pero también calma. Sólo había que remontar un 1-0.
Así, desde un bloque medio con las líneas muy juntas, cerrarían todos los pasillos interiores que tan bien ataca el equipo de Inzaghi, con esa movilidad tan característica que le mantiene ya con 16 partidos seguidos sin perder. El plan funcionó de inicio con un robo de Molina que generó el primer 'uy' en la grada y una salida de Lino, como un cohete por la banda izquierda, cuya finalización exigió una buena parada de Sommer.
Como dos rivales que se miran al espejo, Dumfries quiso responder al brasileño apenas dos minutos después. Oblak, el Oblak que necesita el Atlético, apareció para negar el gol al neerlandés. Lautaro se desesperaba porque estaba solo al palo largo. Minuto 14 y el partido era un vaivén de emociones, juego y ocasiones. Era todo lo que se puede esperar de una noche de Champions en un duelo de estrellas.
Barella y Lautaro eran dos de las que estaban en el césped. El primero era la batuta de los neroazzurri, el segundo, el vértice sobre el que se montaba la ofensiva. Aunque el argentino apenas levante 174 centímetros del suelo, es increíble su juego de espaldas y la manera de aguantar las embestidas de Savic y Witsel. Aunque al final de la noche la suerte le fuera esquiva, el partido del Inter fue suyo.
Su homólogo, Morata, debía responder al desafío del 9. Escribíamos en este periódico que ambos estaban en el mejor año de sus carreras, así que el duelo estaba servido. Las contras del Inter eran cosa de Lautaro, pero el primer remate a puerta fue un cabezazo del madrileño, blando, pero bien dirigido. 1-1 en el duelo particular.
Resultado que se puso en el marcador tras dos minutos de locura disputada la primera media hora de partido. El primero que golpeó fue el Inter. Lo hizo aupado a una pared de sus dos estrellas y a una llegada fulgurante de Dimarco, quien remachó la descarga de Barella en el punto de penalti.
Dimarco, tras marcar el primer gol del partido.Juanjo MartínEFE
Y respondió a quien más esperaba el partido. Griezmann comenzó el partido en cuerpo, pero no en espíritu. Fallón, cabizbajo y sobre todo sin sonreír y, si él no sonríe, al Atlético le cuesta más hacerlo. El equipo sabe luchar, presionar, morder, pero le falta algo de creatividad y esa es la característica fundamental del juego del Principito.
Y, aunque la creatividad tardó en llegar, apareció la efectividad. Un fallo estrepitoso de Pavard le valió, al borde del fuera de juego, para remachar ante Sommer al borde del área pequeña. Casi hace el segundo cinco minutos después, pero la defensa interista repelió otro disparo suyo dentro del área. Bienvenido Principito.
Griezmann celebra el empate del Atlético.MariscalEFE
Terminó el francés la primera mitad como comenzó la segunda, percutiendo. Lástima que le cayó a la derecha un pase atrás de Llorente y disparó blando a las manos de Sommer. Tuvo otra 10 minutos después, pero Morata no le vio y remató mal arriba. Si la deja pasar se quedaba solo el francés. Se hubiera caído el estadio si culmina la remontada de la eliminatoria en la portería del fondo sur del Metropolitano.
El partido avanzaba y el cronómetro apretaba en la cabeza del Cholo. El argentino, que en varias fases del partido pedía calma, en el 70 declaró fuego. De Paul y Lino al banquillo, Riquelme a la izquierda y Correa en punta con Morata. Griezmann al medio campo a intentar recuperar la creatividad perdida. Necesitaba una sacudida el encuentro que había perdido lustre con el paso de los minutos.
La sacudida casi se la da Lautaro al Atlético de Madrid tras conducir dos contras con maestría y dejar solos a Thuram y a Barella. Afortunadamente, el francés no tiene el temple del argentino y el italiano llegó fundido a los últimos metros. Ambos definieron mal.
Los últimos diez minutos de partido eran un toma y daca donde el gol podía encontrarse en cualquiera de los lados. Memphis pudo empatar en dos ocasiones. La primera tras una gran jugada de Correa, esta noche sí, el gran agitador que necesitaba Simeone en los metros finales. Y la segunda tras un gran disparo al poste.
El león
Y tanto insistió el león que terminó por encontrar a su presa. Lo haría tras un gran pase de Koke. El neerlandés se revolvió bien y remató fuerte y al palo. Eliminatoria empatada a cinco minutos del final. El Inter, plagado de defensas, grogui. El Metropolitano en ebullición. Y Riquelme pudo evitar la prórroga en sus botas cuando la creatividad de Griezmann había vuelto. Una pena.
El Inter, lejos de afectar el golpe en el tiempo añadido, mostró una versión más parecida al partido de ida. Mas agresivo y más intenso. Thuram amagó con un cabezazo que silenció a la grada. Y era el Atlético el que esperaba cazar una contra. En cuestiones de caza, lógicamente, hay que llamar al león. Esta vez, Memphis no pudo encontrar el gol tras una gran jugada de Riquelme. El partido se iba a decidir por los pequeños detalles.
Un córner por ejemplo, como el que remató Lautaro, pero no encontró portería. Un 'valderrama' de Thuram a Savic, que el VAR pudo interpretar de otra manera. O la sustitución de Griezmann... los caminos del Cholo son inescrutables. Nada pasó y el partido se decidió en los penaltis. La suerte más injusta en el fútbol. Lo fue con Lautaro, el mejor del Inter y el que falló el penalti definitivo. Pero no con el Atlético que creyó y rugió como nunca.
En el momento en que Rodrigo de Paul acunaba la bola en el pecho tras el rechace de Unai Núñez, Simeone hablaba con Nelson Vivas sobre cómo meter mano al Celta. El golazo posterior del argentino no interrumpió la conversación. Con ese tanto y el pitido final, el técnico argentino sumaba 400 victorias, el entrenador de LaLiga que más ha conseguido.
Y así respondía a la pregunta sobre esa marca histórica: "No lo analizo, miro para adelante, como he buscado ser siempre. No me detengo. Sé lo que quiero, sé lo que busco, estoy convencido de por dónde es el camino y seguiré empujando hasta el último día que esté acá". Ese es Simeone y así se explica la cantidad de marcas que ha roto con el Atlético.
Es el técnico con más partidos dirigidos como rojiblanco, con 678. De los cuales ha ganado 400, empatado 151 y perdido 127. Lleva 13 años al frente del Atlético y si cumpliera su contrato, que finaliza en 2027, superaría a Miguel Muñoz como técnico con más temporadas en el banquillo de un mismo club. Muñoz cumplió 14 en el Real Madrid.
Dentro del club sus marcas son estratosféricas y llevaría un buen rato recopilar todos los registros que ha batido como la mayor racha de victorias europeas consecutivas con 16; de triunfos como local con 20, si hablamos de partidos imbatido en casa el número se elevaría a 28; el que más títulos ha levantado, ocho y así podríamos seguir si metemos porcentajes y goles. El de victorias es el mejor con un 59%. Y si hablamos de tantos, su fortaleza defensiva se demuestra en el ratio de goles encajados por encuentro con 0,8, el menor.
Pero la labor del entrenador, como no podía ser de otra manera, se ha dejado notar en una plantilla que, gracias a él, ha crecido a nivel europeo gracias a la disputa de todas las ediciones de la Champions desde su llegada (sin contar con la media temporada en la que sustituyó a Gregorio Manzano en 2011) y también en el entorno doméstico hasta situarse en el segundo escalón tras Real Madrid y FC Barcelona y le ha permitido grandes momentos como la victoria en la final de la Copa del Rey ante el eterno rival en su propia casa en 2013.
Jugadores históricos
Así, jugadores como Koke, el eterno capitán rojiblanco han conseguido situar la marca de jugador con más partidos disputados en la historia del club con 634 encuentros. Lejos quedan los 553 que llegó a competir el mítico centrocampista colchonero Adelardo Rodríguez.
En la delantera, este año se celebró otro récord. Ni más ni menos que el de mayor número de goles marcados en la historia atlética. Antoine Griezmann fue el futbolista que consiguió superar a Luis Aragonés que había hecho 173 goles con la zamarra rojiblanca. El francés lleva 178 además de 81 asistencias.
Por último, hay que acordarse de Jan Oblak, otro de los bastiones de la época de Simeone. El cancerbero esloveno es el guardameta y el extranjero con más partidos en la historia del Atlético con 441 y también el que más trofeos Zamora ha conseguido con cinco. En LaLiga empata en cabeza con Ramallets y Víctor Valdés.
Está el Atlético en una indefinición que preocupa a propios y extraños. Desde fuera, el público se impacienta porque el equipo no carbura y desde dentro el entrenador da vueltas a tácticas y nombres, pero no termina de encontrar la idea que quiere poner en práctica esta temporada. Sabe Simeone que debe mantener la portería a cero, y algo mejor le va que la temporada pasada, pero arriba no hay definición y las victorias cuestan un mundo. Si encima empiezas perdiendo y no pones actitud para solucionarlo, pierdes, como ocurrió ante el Betis. [Narración y estadística, 1-0]
Sólo bastó un pelotazo a la banda hacia la profundidad de Perraud para que éste descargara al primer toque para Abde, que entró en el área del Atlético como Pepito por su casa. Puso el balón al área pequeña y entre Witsel y Giménez se la metieron a Oblak. El Atlético se quedó aturdido con el gol y aún tardó cinco minutos en despertar y en amenazar, con un disparo tímido de De Paul, la portería de Rui Silva.
Sin embargo, fue Abde quien pudo poner el segundo en el marcador para los verdiblancos tras un pase maravilloso de Johnny. Oblak reaccionaba gritando a los suyos tras ver que el mano a mano del marroquí se iba fuera. Simeone, lo dicho, cambiaba el sistema de 4-4-4 al 5-3-2 habitual. Más vale malo conocido...
Ese susto de Abde inflamó a los jugadores de azul. Comenzaron a morder arriba, conscientes de que les faltaba creatividad para construir desde atrás. Koke está lento, De Paul vive en uno de esos períodos de apatía que tanto enfadan a la parroquia rojiblanca y Gallagher es más un box to box que un arquitecto de juego. Todo queda en las botas de Griezmann. Pero lo que no se le puede pedir al francés es construir y rematar. Siempre se ha dicho que no se puede estar en misa y repicando.
Igualmente, la cosa no marchaba y seguían los verdiblancos percutiendo la portería y los postes de Oblak. A la media hora, los de Pellegrini llevaban 10 disparos por apenas dos de los colchoneros. ¿Y si, esta vez sí, el chileno conseguía vencer al conjunto de Simeone? Desde luego, en la primera media hora podían haber resuelto el encuentro si Vitor Roque hubiera estado más acertado. Los mejores minutos del Betis en toda la temporada y lo mejor para el Atlético al descanso era el resultado.
Sacó Simeone a Galán y Sorloth para buscar más posibilidades ofensivas con los tres magníficos arriba. Pero el problema para el Atlético venía por la derecha, Molina no veía a Abde. Ni en parado, ni al espacio, ni de espaldas. Se le fue el marroquí de todas las maneras. Si tuviera más pausa en sus decisiones, Abde quizás no habría abandonado el FC Barcelona. No obstante, con el noruego fijando los centrales, Julián Álvarez y Griezmann ya empezaron a encontrar espacios arriba que no aparecían en la primera parte.
Polémica en el área
Pese a la mejoría del Atlético, había despistes en defensa y falta de contundencia en los duelos que generaron más de un susto a la portería de Oblak. Si Fornals pegó un palo, el rechace volvió al propio jugador del Betis y Galán metió ahí la bota. Gil Manzano pitó penalti pero, tras consultar el VAR, deshizo su decisión. Respiraba el Cholo, pero por poco. El Betis seguía percutiendo la portería del esloveno. Con más contundencia esto hubiera sido una goleada, pero las ocasiones no cuentan.
Cómo estaría viendo el Cholo la actitud de su equipo en el Benito Villamarín para que, perdiendo, decidiera meter a Lemar, que no había salido ni un minuto esta temporada, aunque Julián y Correa hubiera enviado el balón al palo cinco minutos antes. Quizás los últimos cinco minutos sí fueran un acoso. Pero ganar en ese tiempo lo que no has hecho en 85... Primera y merecida derrota rojiblanca, que pudo ser mayor.