No es el mismo centralismo ventajista al que se refiere desde siempre el victimista barcelonismo. Pero el mismo día que Ancelotti, aplazando 24 horas el alirón azulgrana, ganaba póstumamente la batalla ante el Mallorca con un gol de Jacobo en el alargue, tras asistencia de Vallejo, se conocía el fichaje de Huijsen y el procesamiento de Asencio por lo que ustedes ya saben. Había centrales por todas partes.
Asencio fue, horas después, rebajado de cargos mayores. Veremos en qué para el asunto. Respecto a los otros tres implicados, de cuyos nombres no queremos acordarnos, se ve que en la cantera blanca, donde ciertamente se forman futbolistas y personas, hay ovejas negras. Es de suponer que habrán sido expulsadas del aprisco.
Jacobo se llevó una alegría y, a la vez, un disgusto. Huijsen se incorpora hasta 2030 al nutrido elenco de centrales puros o recalificados como tales, sanos o descacharrados de diversa duración y edades, asentados o amenazados, para hacerle aún más difícil su promoción al primer equipo: Militao, Rüdiger, Alaba, Asencio, Vallejo, Tchouaméni… En el Castilla, aparte del propio Jacobo, proliferan los centrales: Joan Martínez, Mario Rivas…
Huijsen es uno de los ocho nominados por la Premier League al premio de Mejor Jugador Sub-23 de la temporada. Pero el Madrid lo descubrió en la Selección. Y de milagro. Y de rebote. Huijsen entró de refilón en la convocatoria a causa de la lesión de Íñigo Martínez. Y pisó el verde, en el minuto 41, en el lugar de un lastimado Cubarsí. Si no se hubieran dado esas circunstancias, quizás no estaríamos hablando de un fichaje de 50 millones, la cifra más elevada que el Madrid ha desembolsado por un defensa. La contratación parece más fruto de la necesidad (o la desesperación) que de un interés que viene de lejos.
Florentino hace acopio de centrales como otros de víveres por si llegasen tiempos de escasez y racionamiento. Los amontona como quien se surte de un kit de supervivencia por si viene otro apagón o nos ataca Putin. Incluso se habla de que con Alexander-Arnold, un lateral, vendría, también del Liverpool, un central: Konaté. Y del Arsenal, otro central más: Saliba.
El Madrid, como Franco Battiato en una de sus canciones de éxito, busca un centro de gravedad permanente. Y el centro de gravedad de un equipo es el centro del campo. El centro de gravedad del Madrid era Kroos. Y no se ha encontrado a su sustituto. En fútbol, como en política, el centro es el equilibrio. Tampoco en esa parcela del césped le han ido bien las cosas al Madrid. Así que piensa, que sepamos, en Zubimendi, Mastantuono, Exequiel Palacios, Reijnders, Stiller y, de regreso a casa, Nico Paz. A este paso, y con perdón, al Madrid de 2025-26 no lo va a reconocer, en célebre y celebrada frase de Alfonso Guerra, ni la madre que lo parió.
El centralismo, o la centralidad, constituye el fundamento táctico, el espinazo, de un equipo de fútbol. Se justifica desde el mismo lenguaje por la existencia de los defensas centrales, los centrocampistas y el delantero centro. El Madrid se tiene que centrar. Ha estado descentrado toda la temporada. Y en el medio, o sea, en el centro, está la virtud.
La carrera de Maradona se alteró tras el Mundial Italia 1990. Le asfixiaba la pasión callejera de los tifosi napolitanos. Le acaparaba la mafia como amigo-trofeo al que despeñaba por la peor vía. Sufría una acusación de paternidad. Y, peor, pagaba las consecuencias de un error grave: ante la semifinal Italia-Argentina, en Nápoles, reclamó a la ciudad que le apoyaran a él, recordándoles que el resto de Italia les despreciaba. Todo acabó cuando en la jornada 25 dio positivo por cocaína, cosa que a nadie extrañó pues esnifaba continuamente, y le cayó una suspensión de año y medio. Adiós Nápoles, adiós Italia.
Instalado en Buenos Aires, la policía entró en su casa, le encontró en posesión de cocaína, fue detenido, liberado bajo una fianza de 20.000 pesos y obligado por la jueza a someterse a un proceso desintoxicación. Paralelamente, la justicia italiana le condenó en ausencia a 14 meses de prisión. El D10S se había convertido en carne de páginas de sucesos.
Cumplidos los 15 meses de suspensión, se dispuso a volver al fútbol con idea de jugar el Mundial Estados Unidos 1994. Su ficha aún pertenecía al Nápoles, que reclamaba su incorporación, pero él no quiso ni oír hablar de eso. Surgieron dos posibilidades, el Olympique de Marsella y el Sevilla, que tenía como entrenador a Carlos Bilardo, el que fuera seleccionador de la Argentina campeona del mundo con Maradona en México 1986. Le gustó esta opción y Blatter, presidente de la FIFA, presionó al Nápoles para que aceptara un traspaso razonable, pensando que una regeneración de este jugador daría buena imagen al fútbol y mejores beneficios en el Mundial. El Sevilla pagó 5,7 millones de dólares ayudado por Mediaset, de Silvio Berlusconi, a cambio de televisar amistosos que el Sevilla se comprometió a jugar. Regresó rodeado de expectación, el 28 de septiembre de 1992, ante el Bayern de Múnich.
Las cosas no fueron mal en principio. Se entrenó decentemente y puso lo mejor de sí en cada partido. Un control aquí, un pase allá, una ruleta, un caño, algún que otro golito... Mejoraba paulatinamente. Los compañeros le adoraban. Pero de esa mejoría derivó el desastre, pues el 18 de febrero le convocó Argentina para dos partidos a jugar en una semana, en plena temporada: el del Centenario de la AFA, ante Brasil, y la Copa Artemio Franchi, entre las selecciones campeonas de América y Europa, Argentina y Dinamarca. El Sevilla pretendió impedirle ir, se rebeló, fue, a su regreso, sancionado y, rota la relación con el club, se entregó por despecho al desenfreno más absoluto.
El Sevilla le puso un detective, al que destrozó con sus horarios, idas y venidas. Descuidado de los entrenamientos, se convirtió en un peso muerto. Bilardo le sustituyó antes del fin de un partido ante el Burgos y fue el acabose. Le insultó al salir y ahí finiquitó la aventura sevillana tras 29 partidos, seis goles y nueve asistencias. El Sevilla terminó séptimo.
El 10 de Argentina, en el partido contra Nigeria.AFP
Y, claro, dejó de contar para la selección, que sin él ganó la Copa América. Tampoco jugó la liguilla de clasificación para Estados Unidos 1994, que Argentina disputó a Colombia, Uruguay y Perú. El campeón iría directo al Mundial, el segundo tendría la oportunidad de una repesca contra el campeón del grupo oceánico. Argentina y Colombia llegaron empatadas a puntos a la última jornada, el 5 septiembre de 1993, cuando debían enfrentarse en el Monumental del River Plate. Por supuesto, Argentina era favorita, pero se iba a encontrar con el resultado más catastrófico de su historia: 0-5. La afición se indignó, y en el segundo tiempo empezó a escucharse: «¡Maradooo...! ¡Maradooo...!», reclamando el regreso del astro, presente en la tribuna.
Julio Grondona, presidente de la AFA, y Coco Basile, seleccionador, asumieron que estaban obligados a contar de nuevo con él. Una eliminación en la repesca ante Australia sin Maradona hubiera provocado que les arrastraran por las calles. Las fechas eran 31 de octubre en Sidney y 17 de noviembre en el Monumental. Pero D10S estaba inactivo y eso se resolvió gracias a Torneos y Competencias, televisión que le buscó un equipo fuera de Buenos Aires a fin de aumentar audiencias en el interior. El elegido resultó ser el Newell's Old Boys y su primer entrenamiento, el 13 de septiembre, fue una conmoción en la ciudad, Rosario: cerraron comercios y escuelas. Se presentó con buen aspecto, casi fino. Hacía semanas que trabajaba en el gimnasio New Age del barrio de Belgrano con un fisioculturista llamado Daniel Cerrini, que a la larga sería su condena.
Debutó el 7 de octubre en un amistoso ante el Emelec de Ecuador y en el abarrotado estadio estuvo Lionel Messi junto a su padre. Sólo tenía seis años, y apenas recuerda otra cosa que el tumulto. Permanecería en Newell's 145 días, hasta febrero del 94. Sólo jugó cinco partidos oficiales, no hizo gol y no ganó un solo partido, pero se recuerda su paso con orgullo, como ocurre en el Levante con Cruyff.
El 31 de octubre se disputó el partido de ida de la repesca en Sidney, con Maradona, por supuesto. Hizo poco, pero lo esencial: le envió a Balbo el pase del gol argentino. El partido acabó 1-1, y el de vuelta, el 17 de noviembre, 1-0 (Batistuta). Argentina se clasificó para el Mundial, que iba a ser el cuarto de Maradona. Se había convertido en su obsesión: quería que sus hijas, Dalma y Giannina, le vieran como campeón del mundo.
Convenció a su preparador físico, Signorini, que le acompañó a Nápoles y estaba cansado de su inconstancia, de volver a trabajar juntos, y éste buscó un lugar aislado en La Pampa, un rancho llamado El Marito en un lugar semidesértico, a unos 70 kilómetros de Santa Rosa. Sólo les acompañaron el padre del jugador y el representante, Marcos Franchi. Signorini vetó a Cerrini, el mago que le había hecho adelgazar antes de fichar por el Newell's. Maradona aceptó.
En El Marito iban a trabajar a fondo, con toda la naturaleza encima, a partir del primero de abril. La coca no entró allí. Tomaba calmantes para enfrentarse al síndrome de abstinencia en una lucha feroz de la que salió ganador. En un estupendo documental titulado The Fall [La caída], Signorini cuenta cómo una noche Maradona apareció en el quicio de su puerta, con los ojos fuera de las órbitas, y le dijo: «¡Vamos!». Se vistió y salieron a correr en la noche. Maradona respiraba muy agitadamente. Al cabo de un buen rato soltó un grito atronador, paró y le dijo: «¡Ya está!».
Regresó de aquella cuarentena curado y se incorporó al grupo. Hubo que cancelar una gira programada por Japón, que le negó la visa por sus antecedentes con las drogas, pero se hicieron suficientes partidos de preparación con él y llegó al Mundial en un óptimo estado físico para sus 33 años. En el Babson College de Boston, donde se hospedó el equipo, el comentario permanente era el «milagro Maradona». Fuerte, ágil, bienhumorado, sin rastro de su adicción, brillante... provocaba asombro. Sólo una cosa contrarió a Signorini: se empeñó en tener de nuevo a su lado a Daniel Cerrini, casi como cábala. Hubo que aceptar. La AFA admitió en la delegación oficial a un séquito de Maradona formado por cuatro personas: Franchi, Signorini, Cerrini y Salvatore Carmando, antiguo masajista del Nápoles.
El equipo no era sólo Maradona; estaban también Caniggia, Batistuta, Redondo, Simeone, Cáceres, Ruggeri... El primer rival fue Grecia, en Boston, el 21 de junio, y la victoria fue aplastante: 4-0. Tres del joven Batistuta y uno de Maradona, en una preciosa llegada en paredes. Corrió a la banda y lo gritó desesperado, a un palmo de la cámara, enviando a los hogares de todo el mundo un gesto salvaje de alegría y superación. A los cuatro días, nueva victoria, sobre Nigeria, 2-1. Los dos de Caniggia, uno a pase de Maradona.
Maradona, camino del control donde terminaría dando positivo.E. M.
Mientras acababa el partido, se hizo el sorteo para el control antidoping, al que asistió el segundo médico de Argentina, Roberto Peidró. Él mismo extrajo los dos números argentinos: el 2, Sergio Fabián Vázquez, y el 10, Diego Armando Maradona. Ninguna preocupación, le pasaban sus controles y la coca estaba olvidada. Tan era así que en la bocana del vestuario Peidró animó a la enfermera, Sue Carpenter, a salir al campo: «Anda, ve por él, saldrás en todos los lados». Ella fue y le tomó la mano. Maradona iba feliz saludando a sus conocidos en la grada.
A los dos días explotó la bomba: positivo. ¿Cómo era posible? Signorini y Daniel Bolotnicoff, abogado de Maradona, sospecharon de Cerrini, fueron a su habitación y le exigieron que les mostrara todo lo que le estaba dando. Resultó que un suplemento alimenticio de nombre Ripped que le venía suministrando se le había acabado y fue a comprarlo a una farmacia de Boston. Pero compró la variedad Fast, no Fuel, como el que tenía. Las cajitas eran muy parecidas: fondo negro con letras rojas uno, y el otro al revés. No pensó que hubiera diferencia. Sacaron el prospecto y vieron que el nuevo contenía efedrina. «Tomá el primer avión lo más lejos que podás», le dijeron.
El dopaje lo hizo oficial el doctor Michel D'Hooghe, de la FIFA, recitando «efedrina, seudoefedrina, norefedrina, norseudoefedrina y metaefedrina». Llegó a sugerir un cóctel elaborado ad hoc. Peidró y Bolotnicoff viajaron a Los Ángeles, a la contraprueba.
Allí Peidró vio un rayo de esperanza: el frasco del contraanálisis tenía un cartelito con la palabra efedrina, lo que violaba el protocolo del doble ciego. Se hubiera podido anular el procedimiento, o al menos retrasar la sanción, pero los precedentes de Maradona no ayudaban. Joao Havelange fue inflexible: «Estamos en un país que gasta anualmente 50.000 millones en combatir las drogas, ¿y ustedes me piden que mire para otro lado?».
Maradona hizo protestas de inocencia y se derrumbó: «Me cortaron las piernas». Grondona replicó: «Se las cortó él solito», e invirtió esos días en evitar que Argentina fuese expulsada y no en salvarle. Criticó su entorno.
Argentina siguió, ya que Sergio Vázquez no dio positivo, lo que descartaba un dopaje de equipo. Pero perdió el tercer partido del grupo, con Bulgaria, y el de octavos, ante Rumanía. La caída de Maradona dejó un ánimo fúnebre en el equipo. Le suspendieron otros 15 meses, tras los cuales reapareció en Boca: «La pelota no se mancha», dijo emocionado, renovando sus protestas de inocencia. Reales, porque él no se dopó. Fue la torpeza de Cerrini. Pero la fatalidad le había atrapado. Volvió a la coca, a la vida desordenada, en dos años jugó siete partidos, perdió la familia, fracasó como entrenador y murió solo, con 60 años.
El Madrid se presentó en Guingamp sin saber muy bien qué le podría deparar el futuro. En Guingamp, que no en Brest, porque el estadio oficial de su rival no cumple con los requisitos requeridos por la UEFA. Por tanto, el equipo bretón tuvo que buscar un nuevo hogar continental a 110 kilómetros, en el Estadio de Roudourou, propiedad del Guingamp, de la segunda división gala.
Desde allí, el conjunto blanco descubrió que su rival en el playoff previo a los octavos, que disputarán los equipos posicionados entre el 9º y el 24º, será el Celtic de Glasgow o el Manchester City. Siempre con la vuelta en el Santiago Bernabéu.
En la previa, Ancelotti admitió no estar pendiente de las cuentas, «sólo del partido, porque lo más importante es lo que hacemos nosotros». Pero al terminar el duelo, Rodrygo reconocía que en los últimos minutos estaban preguntado por posibles rivales. «¿Ya se sabe?», preguntaba el brasileño al periodista a pie de campo. «Si es el City será difícil, como siempre», declaró.
Posibles cruces
El cruce se sabrá en el sorteo de este viernes y emparejará a Bayern de o Madrid contra Celtic o City. El que gane esos enfrentamientos esperará al sorteo de octavos, que se celebrará el 21 de febrero, y en el que se podrían cruzar con el Atlético o el Bayer Leverkusen. Así lo dicta el nuevo formato de cruces de la Champions, que cruza a los equipos de dos en dos entre el 9º y el 24º, por orden clasificatorio, y envía directamente a octavos a los ocho primeros, también divididos por parejas y con un lugar reservado para cada dos a la espera de dicho sorteo. El Liverpool y el Barça, primero y segundo, esperan en octavos a los dos vencedores de las eliminatorias entre PSG, Benfica, Mónaco o Brest.
Durante los 90 minutos que duró la octava y definitiva jornada de esta nueva Champions, los posibles cruces cambiaron prácticamente cada minuto. El Madrid se puso enfrente del Mónaco, del Benfica, de la Juventus, del Celtic... Rodrygo decantó el duelo con un doblete, anotando su décimo gol en sus últimas once apariciones, y el Madrid perdió la batalla goleadora contra el Dortmund y el Bayern, que también anotaron tres goles y quedaron por encima de los blancos en la clasificación.
A su lado, Bellingham sentenció la cita en el segundo tiempo. El inglés aprovechó una buena asistencia de Lucas Vázquez y marcó su segundo gol en Champions este curso después del tanto anotado en Bérgamo contra la Atalanta.
En los últimos minutos todos estaban más pendientes del ordenador y de los móviles que del césped, con el cuerpo técnico consultando el resto de resultados y posibles rivales. Un gol del Sporting o del Milan evitaba ese posible Madrid-City, pero no sucedió.
Antes del sorteo
Atalanta, 9º, y Dortmund, 10º, se medirán a Sporting de Lisboa, 23º, o Brujas, 24º. Bayern y Madrid esperan a Celtic o City. Milan y PSV, 13º y 14º, se cruzarán contra el Feyenoord o la Juventus; mientras que el PSG y el Benfica, 15º y 16º, disputarán el playoff ante Mónaco o Brest.
Los ocho primeros aguardan en octavos, con el Atlético y el Bayer Leverkusen pendientes del Bayern, el Madrid, el Celtic y el City. De ahí saldrán sus rivales, veremos si un posible derbi madrileño. Recuerden, ese doble emparejamiento se sorteará el 21 de febrero tras el playoff.