Un sprint caótico dictó sentencia en la apertura en un Giro de Italia que promete emociones intensas. El velocista Paul Magnier (22 años) se anotó este jueves la primera etapa de la Corsa Rosa, con final en Burgas (Bulgaria), en la orilla del Mar Negro, y es el primer líder de una prueba en la que el danés Jonas Vingagaard es el favorito indiscutible.
El francés fue el más rápido en una llegada que resultó condicionada por una monumental caída a falta de 800 metros, que provocó que sólo una decena de corredores optara a la victoria. Entre ellos se encontraba Jonathan Milan (Lidl-Trek), que era el gran candidato a la victoria, pero el italiano se vio sorprendido por la potencia de Magnier, el estandarte de los nuevos sprinters. Entre los damnificados por la caída figuraron el neerlandés Dylan Groenewegen y el australiano Kaden Groves.
Magnier fue el más aclamado en Burgas, una ciudad adornada con los motivos rosas que distinguen a la ronda italiana. Para Bulgaria, acoger esta ronda por primera vez y durante tres días supone uno de los grandes retos deportivos de su historia. Un nuevo país disfruta de la Grande Partenza. En los últimos años, RCS Sport, empresa propietaria del Giro, ha apostado por salidas fuera de Italia: en 2025 partió de Albania, en 2022 de Hungría y en 2018 de Israel.
La jornada inolvidable para Bulgaria comenzó sin respiro. Tras el banderazo de salida en Nessebar, ciudad Patrimonio de la Humanidad, se fugaron el español Diego Pablo Sevilla (Polti) y el italiano Manuele Tarozzi (Bardiani), que llegaron a tener una renta cercana a los dos minutos. El madrileño se mostró muy combativo y se hizo con los puntos suficientes para liderar el Gran Premio de la Montaña. Ambos fueron cazados a falta del 23 km para la meta. El equipo Soudal, liderado por Magnier, asumió la cabeza del pelotón y no la soltó hasta el decisivo último kilómetro, en ligera pendiente y con una carretera ancha que propició unos peligrosos bandazos y cambios de dirección que ocasionaron la primera caída del Giro.
Un día accidentado en el que Jonas Vingegard quedó escondido en el seno del pelotón. El danés, además de asumir las responsabilidad de ser el rival a batir de la carrera, tiene tiempo para promocionar campañas altruistas y humanitarias. Este jueves, antes de la salida de la etapa, apareció con el dedo anular de la mano pintado de rojo. En un vídeo difundido por el Visma en sus redes sociales, el danés explicaba la razón de esta iniciativa: “Es por una buena causa. Es para denunciar la condiciones de los niños en Dinamarca. Uno de cada seis niños sufren abuso mental o físico por parte de sus padres. Así que queremos luchar contra eso. Cada niño necesita tener buenas condiciones en casa. Creo que es un tema importante” .
Este sábado se afronta la segunda de las tres jornadas por carreteras búlgara. Es la etapa más larga: 221 kilómetros. Sale de Burgas, termina en la medieval de Veliko Tarnovo e incluye tres ascensiones de tercera categoría. La última, camino del Monasterio de Lyaskovets, tiene una longitud de 3,5 km y una pendiente media del 7,5%. Se encuentra a sólo 11 km de la meta, por lo que el pelotón llegará fraccionado.







