El ciclista mallorquín Enric Mas no volverá a competir en lo que queda de temporada, tras confirmarse que sufre una tromboflebitis en la pierna izquierda, según ha informado su equipo, Movistar Team. El diagnóstico se ha producido tras las últimas consultas médicas y exploraciones a raíz de su abandono en el pasado Tour de Francia. Según los facultativos, la tromboflebitis podría tener un origen postraumático.
El tratamiento de la lesión que sufrió requiere reposo y ausencia de actividad física intensa, lo que, según el comunicado del equipo, “imposibilita su participación en competiciones durante el resto de la temporada”. El equipo médico y técnico continuará realizando un seguimiento estrecho de su evolución, con el objetivo de garantizar una recuperación completa del corredor de 29 años.
Mas, uno de los referentes del ciclismo español, tres veces segundo clasificado en la Vuelta a España, no podrá estar presente en La Vuelta ni en otras citas del calendario internacional, cerrando así de forma anticipada su temporada de 2025.
¿Qué es una tromboflebitis?
La tromboflebitis es la inflamación de una vena, causada por la formación de un coágulo de sangre (trombo) en su interior. Este coágulo provoca enrojecimiento, hinchazón, calor y dolor en la zona afectada. Aunque puede ocurrir en venas superficiales (tromboflebitis superficial), lo que suele ser menos grave, también puede afectar a venas profundas (trombosis venosa profunda o TVP).
La TVP es más peligrosa porque el coágulo podría desprenderse y viajar a los pulmones, causando una embolia pulmonar, una complicación potencialmente mortal. Los factores de riesgo incluyen la inmovilidad prolongada, lesiones en las venas, venas varicosas, embarazo, obesidad y ciertos trastornos de la coagulación.
En la cima del Mont Ventoux, el icónico paisaje lunar que reina en la Provenza, como un monstruo en el horizonte, visible desde decenas de kilómetros, el espigado Valentin Paret-Peintre, cintura de avispa, pone su nombre entre lágrimas. La victoria de una vida, orgullo francés en este Tour que ansiaba un triunfo local y exploraba sus propias miserias, ahora que se cumplen 40 años de la última corona de Bernard Hinault. En el Mont Ventoux también Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard prolongan su interminable duelo, como condenados para siempre a estar cerca, a desafiarse hasta que uno quede en pie. [Narración y clasificaciones]
Fue una subida como un thriller, como un calvario, con la batalla por delante por la victoria, con Enric Mas en cabeza, sólo, soñando, sufriendo, más de 10 kilómetros, hasta que despertó sin un gramo de fuerza en sus piernas (acabó séptimo). Con Ben Healy y Paret-Peintre, tan livianos, barbudos, dos hipsters con poco más de 100 kilos entre ambos, golpeándose con ataques continuos, nerviosos, inquietos, como escaladores de antaño. Hasta que un inesperado Van Wilder, compañero del francés, salió de la nada y fue determinante en los últimos metros, donde también se había presentado Santiago Buitrago, para que el Soudal del arruinado Remco Evenepoel celebrara un triunfo que vale por 10.
Y más atrás, amenazantes, Jonas y Tadej. Agresivo el danés, más pleno que en los Pirineos. Conservador el esloveno, menos potente. Lejos los escapados del día, el Visma puso ritmo desde abajo, primero Van Aert, luego Kuss. Pogacar se quedó sin compañeros, ni rastro de Narváez. Y, a falta de ocho kilómetros, aún zona boscosa, probó por primera vez Vingegaard. Que repitió dos kilómetros después, cuando Benoot le echó una mano. Y una tercera, tras el impulso de Campenaerts. Todas contrarrestadas por el líder, siempre sentado.
A falta de dos, Pogacar atacó y también respondió con solvencia Vingegaard. Sólo en los últimos metros, para otra muesca mental, el esloveno puso otro par de segundos de ventaja.
Enric Mas y Alaphilippe, en la escapada.ANNE-CHRISTINE POUJOULATAFP
A Enric Mas, tan decaído en otro Tour más, tan lejos del Top 10 y hasta de cualquier opción de victoria de etapa hasta ahora, intenciones proclamadas tras sus primeros desfallecimientos, se le había presentado, al fin, una oportunidad de esas únicas. Atentísimo en los cortes del día, todo llano hasta las faldas del coloso, lo estuvo aún más para plantarse en el sexteto que iba a iniciar la subida con un minuto y medio de adelanto sobre otro grupo de 30 y casi siete con el pelotón, que comandaba el UAE con pocas ambiciones, aparentemente, de llevar a Pogacar hacia el triunfo en el lugar icónico.
Mejor aún el balear anticipándose con colmillo, atacando a falta de cuatro kilómetros a Thymen Arensman, el más peligroso de sus compañeros, el ganador en Superbagnères, al que acompañaba Julien Alaphilippe. Ya sólo le quedaba un calvario, pero qué calvario. En solitario hacia la cima del Gigante de la Provenza, rampas pedregosas, paisaje lunar. Allá donde Tom Simpson perdió la vida en 1967, donde Chris Froome corrió a pie desesperado en 2013, donde otros españoles coronaron en cabeza (Julio Jiménez, Gonzalo Aja y Juanma Gárate), donde hace cuatro Vingegaard se presentó al mundo dejando de rueda a Pogacar. La cima que exploró Petrarca en 1336. Hacia todos esos mitos y leyendas cabalgó el balear.
Que se quedó en la orilla, porque los menudos escaladores le atraparon. Porque Paret-Peintre, ganador el año pasado de otra bonita etapa de montaña en el Giro (Bocca della Selva) aprovechó una oportunidad maravillosa a casi 2.000 metros de descarnada altitud.
Olvidémonos de Eddy Merckx. La verdadera unidad actual de medida de Tadej Pogacar (26 años) es Bernard Hinault. Los tiempos son siempre distintos, ya se sabe. Pero de algún modo hay que establecer las comparaciones. Y, después de todo, el programa y el calendario son básicamente los mismos. Y todos los ciclistas, los de ahora y los de siempre, tienen un corazón, dos pulmones, dos piernas y deben dar pedales encima de la mejor bicicleta del momento.
Incluso así, es difícil llegar a conclusiones absolutas. Las relativas son admisibles como tabla de cálculo. Fechas por fechas, existen matices. Merckx nació en junio de 1945. La temporada de sus 26 años pillaba a caballo entre dos saltos temporales. Hinault es de noviembre de 1954. Hacía toda la campaña con la misma edad. Pogacar acaba de cumplir, el 21 de septiembre, 26 años. Es decir, ha hecho casi todo el curso con 25. Pero ya con los 26 ganó el Mundial, el Giro de Emilia y el Giro de Lombardía.
Por lo tanto, para no complicar en exceso el cotejo por unos meses más o menos, para concretar, pensemos en un Merckx de 26 años en 1971. En un Hinault de esa misma edad en 1981. Y en el Pogacar de 2024. Para centrar, acotándolas, las comparaciones debemos referirnos a las cumbres referenciales de las carreras ciclistas: las tres grandes rondas, los cinco Monumentos y el Mundial.
A sus 26 celebrados años, Pogacar lleva 88 triunfos, entre ellos hay cuatro grandes rondas, siete Monumentos y un Mundial. A esa edad, Hinault acumulaba 85 (tres menos que Pogacar), cinco grandes rondas (una más), cuatro Monumentos (tres menos) y un Mundial (empate). Trayectorias, en conjunto, parejas, homologables. Parece claro que Hinault es el hombre a batir por Pogacar en el futuro. Obviamente, no será fácil. Pero el esloveno se halla en disposición de superar las 10 grandes rondas del francés.
Pogacar y Eddie Merckx.MUNDO
No así en lo referente a Eddy Merckx, que a los 26 años había ganado, en la más comedida de las distintas estimaciones, 119 carreras, en las cuales figuraban cinco grandes rondas, 10 Monumentos y dos Mundiales. Acabará su trayectoria con 11 grandes rondas, 19 Monumentos y tres Mundiales.
Pogacar, por mucho que se apresure, no tiene tiempo material para superar semejante palmarés. Es verdad que ha hecho cosas inéditas, como ganar un Mundial escapándose a 100 kms. de la llegada y ganar en la misma temporada el Tour, el Giro, el Mundial y un par de Monumentos. Pero todos los grandes han protagonizado hazañas exclusivas. Hinault (dejemos aparte a Merckx), sin ir más lejos, otro gigante habitualmente solitario, ganó en Lieja en 1980 tras 80 kms. de escapada bajo un temporal de nieve y temperaturas bajo cero que hizo que llegasen a la meta sólo 21 hombres de los 174 que partieron. Dejó al segundo, Hennie Kuiper, a 9.24.
Merckx, critériums aparte, y arrollador en el campo amateur, obtuvo profesionalmente, según diversas fuentes que quizás añaden otro tipo de galardones e incluso el récord de la hora, 286 o 249 victorias. En la cifra más restrictiva, 220. Hinault, que es quien realmente nos incumbe, y por las mismas razones, 146 o 136. A Merckx, suprema jerarquía, ni siquiera se le acercan no sólo Hinault, sino los sprinters y/o los rodadores, que acumulan numerosos éxitos parciales en las pruebas por etapas o de un día. Ni Mario Cipollini, ni Roger de Vlaeminck, ni Rik van Looy, ni André Greipel, ni Alessando Petacchi, ni Freddy Maertens, ni Mark Cavendish. Ni, con virtudes complementarias, Sean Kelly, Francesco Moser, Laurent Jalabert o Giuseppe Saronni. Ni, entre nosotros, Alejandro Valverde.
Pogacar no está «en la estela de Merckx», sino en la de Hinault, que se interpone entre ambos. Es probable, pero no seguro, que Pogacar alcance a Hinault. Es prácticamente imposible que se eleve por encima de Merckx. Pese a ello, estamos ante un campeón no de época, sino de épocas. En averiguar cuáles son sus límites reside el mayor atractivo del ciclismo actual.
El rival más elogiado por el heredero de El Caníbal fue despedido por el equipo Trek-Segafredo por matar con una escopeta de aire comprimido al gato del ministro de Turismo y Correos de San Marino. Una imprudencia que marcó profundamente a Antonio Tiberi (Fronsinone, 2001), el nuevo ídolo de los tifosi. Tadej Pogacar, con sus declaraciones, ya ha consagrado a este debutante del Giro. «Antonio Tiberi es, hasta ahora, el único corredor que ha tenido pelotas. Admiro el coraje que ha mostrado», dijo tras observar su atrevimiento en las subidas a Prati de Tivo y a Cusano Mutri, en el primer tercio de la ronda italiana.
Este chaval, que creció viendo los triunfos de Vincenzo Nibali en el Tour, Giro y Vuelta y con el compartió habitación durante una temporada en el Trek, es la principal apuesta italiana para el podio de Roma. A sus 22 años, afronta el inicio de la última semana de la carrera en la quinta plaza de la general, un puesto que podría dejar atrás porque pocos escalan con más soltura que él. Hoy tomará la salida, en Livigno, con una desventaja de 9.26 respecto de Pogacar, pero sólo está a 2.30 minutos del podio, que es la distancia que le separa del tercero, el colombiano Daniel Felipe Martínez (Bora). Además, es el portador de la Maglia Bianca, prenda que distingue al Mejor Joven, con 19 segundos de margen sobre el neerlandés Thymen Arensman (Ineos).
Desde juvenil, Tiberi destacó por su polivalencia. En 2019 se proclamó campeón de contrarreloj en el Mundial júnior disputado en Yorkshire (Inglaterra) tras firmar un bravo ejercicio superación: poco después de la salida sufrió una avería mecánica que le hizo perder medio minuto y le obligó a seguir la carrera sin referencias ni potenciómetro. A pesar de este contratiempo superó al segundo clasificado, el neerlandés Enzo Leijnse, en siete segundos.
En 2020 militó en el Colpack, el grupo de formación en el que también estuvo Juan Ayuso. En 2021 fichó por el Trek-Segafredo y un año después se anotó la etapa reina del Tour Hungría. La escuadra estadounidense le apartó de la competición en 2023, después de conocerse que había sido denunciado por disparar, el 21 de junio de 2022, a un felino desde una ventana del tercer piso de su apartamento en el centro histórico de San Marino. El corredor sostuvo que aquello fue una imprudencia, que nunca quiso matar al gato. «Sólo quería medir la capacidad de tiro del arma. Apunté también a una señal de tráfico y reconozco que también intenté dar al gato y, para mi sorpresa, le di. No tenía intención de matarle, estaba convencido que el arma no era letal», declaró Tiberi ante las autoridades de San Marino. La mascota pertenecía a un miembro del Gobierno de San Marino, que no dudó en demandar al ciclista. La muerte del animal supuso una multa de 4.000 euros.
El padre de Tiberi, Paolo, que también se dedicó al ciclismo, argumentó que aquello fue una maldita casualidad y que su hijo, al contrario de lo que muchos pudieran suponer, es un apasionado de los animales. Y es que Antonio Tiberi se crió en una granja de su familia en la que hay cinco perros y 17 gatos, la mayoría de los felinos son callejeros, llevados allí por el propio Antonio. «Mi hijo cometió un gran error, tanto al probar el arma desde la ventana como al pensar que no era letal. Fue una tontería fruto de la inexperiencia», expuso en un reportaje en Bicisport.
En la primavera de 2023, el ciclista y el Trek acordaron la rescisión del contrato y a final de la pasada temporada, el escalador se comprometió con el Bahrain Victorious para ocupar el puesto de Mikel Landa, que se marchó al Soudal Quick Step de Remco Evenepoel. El fichaje del italiano por la formación patrocinada por el país árabe ha supuesto una fructífera relación para ambas partes. El corredor ha crecido una barbaridad y el equipo ocupa lugares de privilegio en el Giro. «Quiero seguir progresando y prepararme para un futuro ganar el Giro. Ese es mi sueño», ha dicho un ciclista que, con 1,82 metros y sólo 62 kilos, se aleja de la aquella figura del escalador pequeño que sufre en el llano. «Intento defenderme en todos los terrenos», apunta el italiano, que en la contrarreloj del pasado sábado terminó en sexta posición.
Tiberi, un valor en alza estigmatizado por un felino.