El balance del año I después de Laso: el respeto de Chus Mateo, la barriga llena de la Euroliga y las incógnitas del futuro del Real Madrid

El balance del año I después de Laso: el respeto de Chus Mateo, la barriga llena de la Euroliga y las incógnitas del futuro del Real Madrid

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Saciado tras la heroica conquista de la Final Four, el proyecto blanco pasa por el retorno de Campazzo, la consolidación de su ‘core’ y la continuidad del técnico que aterrizó en mitad de un tiroteo

Los jugadores del Real Madrid, tras el tercer partido de la final.Juanjo MartínEFE

A falta de menos de un minuto, con todo ya prácticamente perdido ante el Barcelona, cuando ya ni la épica le quedaba en la reserva a los jugadores del Real Madrid, Chus Mateo pidió un tiempo muerto. Entonces, el WiZink, que había presionado hasta el límite, que por un momento creyó en la enésima remontada imposible, se rompió, en pie, en una abrumadora ovación. Un largo minuto de aplausos y reconocimiento a los campeones de Europa que bien resume el final de temporada blanco: terminó tan saciado de éxito tras la Final Four de Kaunas que no le quedó energía física ni mental para abordar a un rival que, bien es cierto, tampoco mostró ningún resquicio.

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¿Pereza competitiva, barriga llena, agotamiento…? Cualquier cosa que no sea ganar no se puede calificar de éxito en un club diseñado para eso y un 3-0 en contra es difícil de asimilar. El doblete (sin contar la Supercopa) hubiera sido el colofón perfecto al año I después de Pablo Laso, ese que tantos auguraban como el fin de tantas cosas. Pero tampoco es falso asegurar que el curso 2022/2023 del Madrid pasará a la historia: nadie olvidará jamás la heroica serie ante el Partizan ni las remontadas de la Final Four. El botín de la Euroliga es demasidado grande como para que la contundente derrota final ante el Barça ponga el duda el proyecto. Que evidentemente necesita retoques. Pero que también tendrá un conductor sin discusión.

Chus Mateo se ha ganado el derecho a que le respeten y no sólo por su mágico mes de mayo. Por batir a Obradovic, por inventarse a Ndiaye, por su zona… Pocos entrenadores aterrizaron en un banquillo en mitad de semejante tiroteo. Su sabiduría para lidiar con los momentos difíciles -principalmente la eliminación copera en Badalona y el comienzo de playoff contra el Partizan- y su elegancia para capear la crítica elevan su figura de permanente perfil bajo.

La principal virtud de Mateo, además de los aciertos tácticos en la rotación, fue ganarse al vestuario. Sólo hay que ver el gesto y las palabras de Tavares tras ganar la Euroliga. Después de caer ante el Barça, no buscó excusas ni señaló a terceros. Elogió a sus jugadores «por el esfuerzo, el trabajo, la entrega y la unión». Y reconoció que tanto su intención como la de club que no dudó en sondear a otros técnicos en plena temporada es que siga. Cualquiera echa al tipo que ha puesto su nombre junto al de Ferrandiz, Lolo Sainz, Obradovic y el propio Laso.

Hanga, Causeur, Goss…

Despejada la equis del banquillo, ahora el Real Madrid deberá abordar los cambios que le mantengan en la elite continental. Eso pasa por las renovaciones de Tavares y Deck (acaban en 2024), el verdadero core del colectivo junto a Musa, Yabusele, Poirier y Hezonja. Todos tipos en su plenitud a los que se unirá Facundo Campazzo tras su fracaso en la NBA y su atribulado retorno a Europa vía Estrella Roja.

El siguiente episodio pasa por los veteranos. Si alguien tenía alguna duda hace unos meses, Rudy Fernández, Sergio Llull y Sergio Rodríguez se han ganado en el final de temporada el derecho a hacer lo que les de la gana con su futuro. Han respondido como nadie en la hora de la verdad y merecen el ocaso que les apetezca.

Y luego está el resto. No ha habido ni atisbo de intención de renovar a Nigel Williams-Goss, quien durante la final perdida de ACB ha visto reducido el protagonismo y la importancia que sí tuvo, por ejemplo, en el desenlace de la Euroliga. Uno de los grandes asteriscos de la plantilla ha sido el de Alberto Abalde, por el que el club pagó una altísima cláusula al Valencia pero que ya ni siquiera está entre los 12 convocados y tiene contrato hasta 2025. Anthony Randolph parece que ha terminado su etapa de blanco tras siete temporadas en el club. Como un Petr Cornelie, que ha sido el gran fiasco. Y Alocén, sobre el que el Madrid tiene la opción de firmarle un año más pero que no juega desde que se lesionara hace año y medio, es probable que salga cedido. Las únicas incógnitas, por tanto, son las de Adam Hanga y Fabien Causeur, otros dos veteranos que nunca fallan. No sería raro que el año que viene ya no vistieran de blanco y tampoco que no tardando se les echara de menos: buen papelón para sus sustitutos.

kpd