El alemán del Bora Hansgrohe ganó la duodécima etapa del Giro de Italia, disputada entre Bra y Rivoli, de 179 km, en la que mantuvo el liderato el británico del conjunto Ineos.
Denz celebrando su victoria en la meta de Rivoli.LUCA BETTINIAFP
Denz fue el mas rápido entre los tres fugados que se disputaron la etapa al esprint, invirtiendo en meta un tiempo de 4h.18.11, a una media e 43 km/hora. La segunda plaza fue para el letón Toms Skujins (Trek) y la tercera se la adjudicó el australiano Sebastian Berwick (Israel).
En un Giro de Italia marcado por los accidentes, el mal tiempo, los abandonos y las enfermedades. El pelotón agradeció este día de respiro. Los 185 kilómetros con dos pequeños puertos ofrecían el día perfecto para las fugas. Y así fue.
Por su parte, el grupo del líder, Geraint Thomas, se tomó la etapa con tranquilidad, guardando fuerzas para la jornada de montaña de este viernes. Llegó a 8.19 minutos del vencedor. El corredor inglés mantiene la maglia rosa con 2 segundos sobre Roglic y 22 sobre Almeida.
Este viernes la decimotercera etapa tiene cita con la montaña, llegan los Alpes, con un recorrido de 199 km entre Borgofranco d’Ivrea y Crans-Montana, con final en alto incluido.
El pionero de La Decana corría con boina negra, pantalón largo y medias hasta la rodilla. Léon Houa invirtió 11 horas en cubrir los 250 kilómetros de la primera edición de la Lieja-Bastoña-Lieja, disputada en1892. El héroe belga impulsaba una mole de hierro por los muros de las Ardenas y se jugaba la vida en estrechos senderos repletos de trampas. En su primera hazaña sufrió una caída y terminó la carrera con sólo un pedal. A pesar de ello, aventajó a sus adversarios en cerca de 23 minutos. Él había nacido el 8 de noviembre en 1867 en Lieja y conocía bien la sinuosa orografía de la carrera, lo que le sirvió para anotarse las victorias en 1893 y 1894, un triplete que este domingo igualó Tadej Pogacar, el fenómeno incomparable de este siglo.
En la clásica más longeva, el esloveno ofreció otro festival con un ataque a 34 kilómetros de la meta. Una aceleración sin respuesta de sus enemigos que le proporcionó en triunfo en el cuarto Monumento de la temporada. Un ejercicio agotador de 252 kilómetros y 11 cotas, las nueve últimas encadenadas en un tramo de 100 kilómetros. Un castigo sin tregua en el que Pogacar volvió a ser coronado con los laureles, como ocurrió en las ediciones de 2021 y 2024.
Pogacar, con nueve Monumentos, iguala los registros del CampionissimoFausto Coppi (cinco Giros de Lombardía, tres Milán-San Remo y una París-Roubaix), del clasicómano irlandés Sean Kelly (tres Giros de Lombardía, dos Lieja-Bastoña-Lieja, dos París-Roubaix y dos Milán-San Remo) y del polivalente italiano Constante Girardengo (seis Milán-San Remo y tres Giros de Lombardía). Se coloca en el tercer escalón de los máximos ganadores, sólo superado por los belga Eddy Merckx (19) y Roger De Vlaeminck (11), los únicos, junto a su compatriota Rik Van Looy (ocho), que han conquistado los cinco Monumentos.
Pogi, aclamado por un público entsiasta, repitió historia en la clásica que se acomoda como un guante a sus característica de escalador y corredor de fondo. Ya sólo se queda a una victoria de las cuatro de Alejandro Valverde y Moreno Argentin, y a dos de Merckx.
La Doyenne, con sus 111 ediciones de historia, está muy viva y sabe renovarse para seguir atrapando al público. Este domingo repescó el Col de Haussire, que no se incluía en el recorrido desde 1995 y que, según muchos aficionados, es la colina más dura de Bélgica, con cerca de cuatro kilómetros de longitud y 6,8% de desnivel medio. En la cima hay una escultura en honor a Claude Criquelion. En ese lugar, a 130 kilómetros de meta, se planteó el primer pulso del día, con un ataque en pareja del Ineos, con Bob Jungels y Tobias Foos. Ambos fueron neutralizados a 80 km. de meta, cuando el UAE de Pogacar impuso un alto ritmo. Aventura sin profundidad, como la fuga integrada, entre otros, por Boulahoite, Sepúlveda, Loland, Le Berre y Haig.
La carrera que cierra el Tríptico de las Ardenas transitó nerviosa hasta el muro de la Redoute, del que este domingo se cumplieron 50 años de su estreno. Santuario de clasicómanos, escenario habitual de la resolución de la prueba. Allí llevó el ataque lejano de Pogacar, con una aceleración de potencia, sin levantarse del sillín. El impulso del esloveno se produjo cuando Remco Evenepoel iniciaba la subida en la parte central del pelotón. El fenómeno del UAE descompuso el grupo principal. Pidcock, Healy, Hirschi y Alaphilippe intentaron, sin éxito, reducir los daños. En la cima, la ventaja era de 10 segundos, una renta que fue creciendo hasta superar el minuto en las orillas del navegable río Mosa, que surca la medieval Lieja, donde levantó los brazos ante la algarabía de un público rendido a su talento. La segunda plaza fue el italiano Giulio Ciccone, a 1.03 y la tercera para el irlandés Ben Healy.
Nueva página gloriosa para El Príncipe esloveno, que esta temporada, en las ocho pruebas disputadas, no se ha bajado del podio. Ganó el Tour de Emiratos, la Strade Bianche , el Tour de Flandes, la Flecha Valona, fue segundo en la París-Roubaix y la Amstel Gold Race y tercero en la Milán-San Remo. En su hoja de servicios ya figuran 95 triunfos. No volverá a competir hasta el Critérium Dauphiné (8-15 de junio), que le servirá como último test de preparación para el Tour de Francia.
Hoy llega la Vuelta a los Lagos de Covadonga. La clasificación general la encabeza un sorprendente australiano, Ben O'Connor. Aunque cuarto en el Tour2021 y el Giro2024, al comienzo de la carrera nadie lo colocaba entre los favoritos. Una cabalgada en solitario en la quinta etapa en medio de la confianza o el despiste del grupo de ilustres lo situó en cabeza de la general con 4:51 de ventaja sobre el segundo, Primoz Roglic.
Las etapas posteriores contemplaron cómo Roglic le iba limando tiempo hasta, en vísperas de los Lagos, dejar la diferencia en 1:03. Otros aspirantes también se le habían acercado. Hoy O'Connor, heroico pero inestable, está condenado, se augura que perderá la carrera en la última semana de pasión.
Aunque tal vez no. La historia de la Vuelta registra casos de ciclistas más o menos corrientes que, enfrentados a situaciones excepcionales, se comportaron del mismo excepcional modo. La carrera recuerda al francés Éric Caritoux en 1984 y al italiano Marco Giovannetti en 1990.
Curiosamente, la etapa en la que se coronó O'Connor empezaba en Jerez de la Frontera, donde Caritoux, en aquel 1984, en la habitación del hotel, maldecía entre dientes al darse cuenta, al abrir la maleta, de que había olvidado las zapatillas. Las malditas prisas. El equipo Skil había recordado a última hora que estaba obligado por contrato a participar en la Vuelta, y, precipitadamente, reclutó como pudo a nueve hombres. No estaba entre ellos el líder del equipo, Sean Kelly, que se hallaba disputando las clásicas (y ganando algunas). Caritoux, su gregario de cámara, se encontró poco menos que al frente del grupo. Haría lo que pudiera.
O sea, nada. O casi. A los 23 años, sólo reunía cuatro victorias; la más importante de ellas, una etapa de la París-Niza. La Vuelta no era un bocado a su alcance. El equipo cubriría el expediente, y a otra cosa. Pero he aquí que, tras una semana de etapas llanas, en la que finalizaba en Rasos de Peguera, atacó Eduardo Chozas e hizo pedazos el pelotón. Lo atraparon Alberto Fernández y Caritoux, que se sintió muy bien y soltó al español, que fue sobrepasado por un trío en el que figuraba Pedro Delgado, que se vistió de líder con su primer jersey amarillo.
Lo perdió en, también curiosamente, Covadonga, donde ganó Reimund Dietzen, y pasaría a manos del inesperado Caritoux, que ya no lo soltó. Fernández ascendió al segundo puesto, a 32 segundos del francés. Ni en etapas posteriores ni en la sierra de Madrid-Segovia pudieron Delgado y Fernández con él.
Alberto estaba entonces a 37 segundos. Era un buen contrarrelojista y en la penúltima etapa, la crono de Madrid, de 33 kms., depositó sus esperanzas. Le sacó 31 segundos al francés, que acabaría con seis de ventaja, todavía la menor diferencia registrada en la Vuelta entre el primero y el segundo. Fernández se mataría en diciembre, junto a su esposa, en un accidente de tráfico cuando regresaba desde Madrid, donde había recogido el trofeo al mejor ciclista español del año.
Giovanneti pedalea en una etapa de la Vuelta.MARCA
Giovannetti no tenía más pedigrí que Caritoux. Es cierto que entre 1986 y 1989, incluidos, había coleccionado dos sextos puestos y dos octavos en el Giro. El clásico corredor fiable, pero sin brillo. No era un ganador. Su historial de triunfos se reducía a una etapa de la Vuelta a Suiza. Los equipos españoles Banesto (Miguel Indurain, Pedro Delgado, Julián Gorospe) y ONCE (Pello Ruiz Cabestany, Anselmo Fuerte, Marino Lejarreta) estaban tan preocupados por vigilarse entre sí que no advirtieron que Giovannetti, tras la sexta etapa, era segundo, a 25 segundos de Gorospe.
En el undécimo asalto, el que concluía en la estación de esquí de San Isidro, en la frontera astur-leonesa, Gorospe flaqueó. Lejarreta, que había roto las hostilidades, se había caído a 60 kilómetros de meta. La etapa la ganó Carlos Hernández (Lotus-Festina). Pero Álvaro Pino (Seur) había llevado a su compañero Giovannetti hasta el liderato.
Y ya no lo abandonó. Ni en el Naranco. Ni en la cronoescalada de Valdezcaray. Ni en Cerler. Ni en la contrarreloj de Zaragoza. Ni en la sierra segoviana, pese a los esfuerzos frenéticos de Delgado. Al día siguiente, el italiano desfiló de amarillo por Madrid y coronó un podio con Delgado a 128" y Anselmo Fuerte a 148".
Sin más emociones
Giovannetti y Caritoux no lograron nada parecido en años posteriores. Ambos fueron campeones nacionales (el francés dos veces) y Giovannetti fue tercero en el Giro en ese mismo 1990.
Conseguiría también buenos puestos en la corsa rosa. Pero terminaría su vida profesional con cuatro victorias. Caritoux, con 13. La flamígera gloria, esa yegua hermosa y salvaje, había pasado una vez por su lado. Se subieron a ella en marcha, se aferraron a sus crines, la domaron y luego, exhaustos, derribados pero victoriosos, la vieron perderse galopando en dirección a otros.
El jefe pasea por el Palacio de la Ciudad de las Artes de Valencia y agradece la presencia de los invitados a la puesta de largo de la temporada 2026 del Movistar. Una campaña que marca ciclo: Eusebio Unzué (Orcoyen, Navarra, 1955), tras 52 años en el centro neurálgico de la dirección deportiva, cede galones a su hijo Sebastián (34 años). El director que catapultó a Miguel Indurain o Pedro Delgado seguirá siendo el gran referente del equipo más longevo, ejerciendo labores de representación en la escuadra patrocinada por Telefónica.
A sus 70 años, Eusebio Unzué se aparta del foco principal del escenario, ahí donde ha figurado desde 1973, cuando accedió al cargo de director del equipo Irurtzungo tras convencerse a sí mismo de que su carrera como ciclista no tenía futuro. El navarro, que corría los fines de semana y trabajaba en la empresa familiar Piensos Unzué, aparcó la bici por el volante del coche y los despahos. Tras varios cursos formando a corredores amateurs, en 1980, junto a José Miguel Echavarri, dio el salto al profesionalismo con el grupo Reynolds. Aquello fue un éxito absoluto gracias a la fenomenal labor de los pioneros José Luis Laguía y Ángel Arroyo. El manchego y el abulense enseñaron a todos cómo terminar con el temor y los complejos al Tour de Francia y alisaron el camino a Delgado, Indurain, Julián Gorospe, Abraham Olano, Chava Jiménez, Paco Mancebo, Pablo Lastras o Alejandro Valverde, representantes de lo más selecto del pelotón español de las últimas cuatro décadas.
La estructura levantada por Unzué y Echavarri creció hasta convertirse en una influyente empresa, Abarca Sports, especializada en la gestión de equipos de la máxima categoría ciclista. Unzué ha dirigido su equipo bajo el patrocinio de emblemáticas marcas: Reynolds (1080-1993), Banesto (1990-2003), Illes Balears (2004-05), Caisse D'Epargne (2006-10) y Movistar (2011-25). Unzué ha sabido compaginar la gestión deportiva y la administrativa. Nadie tiene más experiencia en la negociación de patrocinios y planificación de desafíos. ««Yo seguiré en el equipo, pendiente de todo, como siempre, pero ahora no estaré tan encima. Vamos a ir dejando paso a Sebastián, que yo creo que está preparado para ello», recalca el veterano directivo tras una reunión con un grupo de periodistas en el Palacio de las Artes de Valencia. Sebastián Unzué, que lleva más de una década en el Movistar Team, comenzó limpiando coches, entregando bidones, fue mánager del equipo femenino, director de operaciones de Abarca Sports y ahora asume la dirección suprema del área deportiva con el cargo de Head of Sports. «Queremos seguir evolucionando como organización y dotar al equipo de una estructura moderna, eficaz y alineada con las exigencias del ciclismo actual», dice el nuevo jefe, que controla cuatro departamentos clave en el seno del equipo: Rendimiento, Carrera, Salud y Corredores. «Este nuevo modelo nos permitirá optimizar procesos y fortalecer la colaboración entre todos los departamentos», apunta un técnico que ayer, en la presentación en el Palacio de la Ciudad de las Artes de Valencia, se mostró ilusionado con los objetivos del nuevo curso del Movistar.