El 13 de febrero de 2013, el atleta mató a su pareja, la modelo Reeva Steenkamp, de 29 años, disparando cuatro veces a través de la puerta del baño
Oscar Pistorius en un juzgado de Pretoria.Siphiwe SibekoAP
Las autoridades penitenciarias de Sudáfrica concedieron este viernes la libertad condicional al famoso atleta sudafricano Oscar Pistorius, en prisión desde 2014 por haber matado un año antes a su novia, la modelo Reeva Steenkamp.
“El Departamento de Servicios Penitenciarios (DCS) confirma la libertad condicional para Oscar Leonard Carl Pistorius, efectiva a partir del 5 de enero de 2024”, señaló esa institución en un comunicado, después de que se celebrase una audiencia a puerta cerrada en la prisión de Atteridgeville, en Pretoria.
En la noche del 13 de febrero de 2013, el atleta mató a su pareja, la modelo Reeva Steenkamp, de 29 años, disparando cuatro veces a través de la puerta del baño de su habitación, en su residencia de Pretoria.
Detenido a primera hora de la mañana siguiente, negó haber matado a la joven en un ataque de rabia, y aseguró haberla confundido con un ladrón.
‘Blade Runner’, como se le conocía por sus prótesis de carbono, fue condenado a cinco años de cárcel por homicidio involuntario tras un primer juicio en 2014.
La fiscalía reclamó sin embargo la recalificación en asesinato y, en 2017, la Corte Suprema de Apelaciones, lo condenó a más de 13 años de reclusión.
Cuesta creerlo después de más de 20 años y casi 1.000 partidos, pero la retirada de Joaquín Sánchez (El Puerto de Santa María, Cádiz, 1981) es oficial. Ha hecho falta una temporada entera para asumirlo, verle con traje y corbata en las negociaciones de mercado del Betis y grabando anuncios y programas de televisión. No ha parado y admite que «no puedo» porque sentarse en el sofá le hubiera «matado». Se sienta con EL MUNDO después de ser la imagen de la nueva campaña de Gillette.
¿Cómo fue esa primera mañana después de la retirada?
Dura, muy dura porque ha sido mi vida, día y noche. He vivido por y para el fútbol y lo echo de menos. Desde que tengo uso de razón tenía un balón en los pies, no me gustaba el colegio, me gustaba jugar y ha sido mi pasión. Así que después de tantos años, de la noche a la mañana, levantarte y no tener que ir a entrenar, no ver a los compañeros... Es complicado. Creo que todos, unos más que otros, necesitamos ese tiempo de adaptación para ubicarnos. Mi suerte es que he intentado no parar, seguir trabajando, sintiéndome útil, trabajando en el club... Tener la cabeza ocupada.
Hablando con futbolistas retirados, la primera pregunta es siempre la misma: «¿Y ahora qué?».
No es fácil. Ahora los futbolistas jóvenes llegan más preparados, pero antes teníamos la cabeza en el fútbol y nada más, era lo que hacíamos. Sé que a mucha gente no le ha sido fácil adaptarse a esta nueva etapa y ha intentado pedir ayuda psicológica, que creo que viene bien, porque el fútbol te abarca tanto, te abre tantas puertas y te sientes tan privilegiado que cuando eso termina es difícil de gestionar.
¿Lo ha hablado con compañeros?
Sí. Cuando sabes que te queda poco vas preguntando cómo lo han hecho otros. Cada uno lo lleva a su manera. Creo que yo he trabajado en ese aspecto para no llegar al final y decir «¿qué hago ahora?». He trabajado para sentirme importante, y eso que yo me he retirado tarde, con casi 42, pero he intentado no quedarme parado, no sentarme en el sofá porque eso me hubiera matado.
¿Cuánto ha cambiado la televisión su día a día en la calle?
Ha cambiado totalmente. Antes me conocía la gente del fútbol, pero ahora la abuela, el padre, la madre, el hijo... Hace poco, saliendo del AVE, un niño le decía a su madre: «Mira, mamá, Joaquín, el del Betis». Y la madre le contestaba: «Es Joaquín el de la tele». Eso me ha cambiado para bien, afortunadamente. El cariño y la admiración es lo más bonito.
¿Qué ha sido el humor para usted en su vida?
Mi felicidad, mi forma de entender la vida. Yo soy lo que ves y así me muestro. Tengo mis días, mis cosas... Pero lo que se ve es lo que soy. No voy por la vida pensando: «Cuidado». Y eso que a veces debería. Soy muy lanzado porque soy así, soy transparente. Ese humor, esa alegría, esa forma de ser me ha servido para evadirme de muchas cosas.
¿Cómo es un día en su vida?
Buf, con muchas cosas. Me afeito con Gillette, obviamente, y luego pues acompaño a las niñas al colegio y luego voy a la ciudad deportiva si hay reunión de la directiva, o estoy de viaje grabando... No me quejo, tío, de verdad. Pero me fascina.
¿Meterse en la dirección deportiva entraba en sus planes? ¿Era de los que se veía partidos y ojeaba futbolistas?
No, no, no he sido tan 'fatiga' con los partidos. Ni lo soy. Vivo el fútbol a mi manera. Yo soy 'fatiga' con el Betis (risas), eso sí. Y cuando se me dio la oportunidad de comprar acciones y de devolverle al club de mis amores todo lo que me había dado, no me lo pensé. Y a partir de ahí pues tengo la oportunidad de estar en la planificación deportiva, que creo que es donde me siento realizado y puedo aportar.
¿Cuál es su labor?
Tanto dirección deportiva del primer equipo como de cantera. No sólo en la parte deportiva, sino en el día a día. Me gusta estar enterado, ayudar...Y en el tema del primer equipo, pues estar también en el día a día de los compañeros, porque ya tengo una relación de años y es más fácil comentar lo que sea, ya sea al entrenador o al jugador. Y luego en el mercado intentar aportar en lo que pueda, convencer o mostrar lo que es el Betis, ahí me siento bien.
Se habrá dado cuenta de que ya no hay jugadores de banda, como usted en su época.
Se quedó ahí en el tiempo. Pero mira, ahora tenemos a Nico Williams, a Lamine Yamal... A pierna cambiada, pero son futbolistas que desbordan, que se atreven, que llegan... Es verdad que nos habíamos encasillado en este fútbol moderno, que es espectacular y que tantas alegrías nos ha dado en la selección, pero es bonito ver a ese futbolista de poca vergüenza, diferente... Eso en mi época te lo daba mucho la calle. Esa calle se ha perdido un poco. Ahora, afortunadamente, los chavales entrenan en campos de hierba artificial y lo tienen todo, nosotros jugábamos en la plaza, en los pinos, en la playa... Y yo creo que eso ayudaba.
Ahora es más académico.
Se ha mejorado muchísimo en la formación, eso que quede claro. Está todo mucho más profesionalizado, que está genial, pero yo siempre digo que si el chaval tiene el don a edad temprana, que no se lo quiten, al revés, que lo trabaje y lo disfrute. Es fundamental. Hoy en día llegan más jóvenes al fútbol profesional, pero con 10 a 14 años que disfrute, que invente, que sea capaz de aprender dentro de la formación. Nosotros tenemos una ciudad deportiva magnífica y eso también es necesario, pero que no se pierda esa picardía porque es lo diferente.
¿Le gustaría pasar al banquillo?
A día de hoy no. No me lo he planteado nunca ni me nace. Ni tengo tiempo (risas). Para eso te tiene que gustar, te tiene que nacer. Por mi forma de ser y de pensar mi sitio está en otro lado.
¿Qué tenía la selección de su época, ese vestuario, que muchos han terminado en los banquillos? Xabi Alonso, Xavi...
Eran muy buenos todos (risas). Es verdad, sí. Baraja, Raúl... Y otros en despachos. Tenemos la suerte de seguir trabajando en lo que nos gusta desde otra perspectiva. Han salido muchos de aquella época. Nunca te alejas, tú te vas a sentir futbolista toda tu vida...
Ahora ve un balón y...
Te llama. Lo malo es ir a por él (risas). Ahora te quitas ese mono con los amigos, una pachanguita, un fútbol-tenis... Pero ya sin la exigencia, porque cuando miras hacia atrás y ves la exigencia que has tenido durante tantos años es brutal, muy difícil. El fútbol no es un deporte sano, y antes mucho menos, había mucha más leña, y yo he tenido suerte.
«No se lo dije yo a mi madre... ¿Cómo se lo iba a decir? Se lo expliqué por teléfono a mi hermana mayor y le pedí que me ayudara con mi madre. Pero no me hizo caso. Dos minutos después de colgar, mi madre ya me llamaba y me estuvo gritando durante una hora. Yo no podía ni hablar, tenía que aguantar el teléfono a un metro. Fue un momento bastante duro».
Abrirse paso entre defensas que pesan más de 100 kilos puede ser difícil, pero más difícil es explicarle a tu madre que tu novia se ha quedado embarazada cuando tienes 17 años. Ahora, a los 34 años, Bundee Aki, emblema de Irlanda, afronta un nuevo Seis Naciones como aquel que ha perdido el miedo. Lo peor ya pasó. Si hubo un tiempo en el que el porvenir escondía la felicidad, ahora sólo tiene que disfrutar mientras juega al rugby.
Los motivos de su retirada
El deporte que un día abandonó; tuvo que hacerlo. De padres samoanos y formado en los suburbios de Auckland, en Nueva Zelanda, Aki siempre había destacado con un balón ovalado entre manos y de adolescente incluso había conseguido un sitio en el filial de un equipo de Inglaterra y una beca para estudiar en la Truro School, un centro privadísimo de Cornualles. «Mi familia viene de un entorno muy pobre, en mi casa nunca tuvimos mucho, así que tenía que aprovechar la oportunidad. Estaba decidido a ser profesional», recordaba a Irish Independent, donde ensalzaba la vida pija inglesa, incluso las empanadas de carne del comedor. Pero esa oportunidad no era la suya.
A las pocas semanas de llegar, su novia neozelandesa, Kayla, le llamó para decirle que estaba embarazada y, después de aguantar la reprimenda de su madre, se preparó para ser padre: dejó Inglaterra, dejó el rugby y buscó empleo de vuelta a Auckland. A los 18 años y padre de una niña recién nacida, Armani-Jade, trabajaba como cajero en una oficina del banco Westpac y el deporte profesional parecía más que olvidado.
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Suerte tuvo de su amigo Tim Nanai-Williams, también samoano, vecino suyo, que le sacó de casa y le animó a jugar en un equipo de rugby-7. Aki había engordado hasta más allá de los 110 kilos y, según Nanai-Williams, «sólo se dedicaba a abrir cervezas». Pero empezó a entrenar, a ponerse en forma, a barrer con todos sus rivales, a marcar ensayos. Y a los 20 años le llamó Tana Umaga, ex capitán de los All Blacks, entonces entrenador de los Counties Manakau, un club de Auckland, para saber si quería recuperar sus sueños. ¿Qué hacer?
La polémica por su nacionalización
«Estaba en una encrucijada porque me ofrecían un sueldo, pero no estaba garantizado. Quizá sólo duraba una temporada. Me ayudó mucho que mi jefa en el banco, Kalo, la directora de la oficina, me animara a jugar y me asegurara que, si no funcionaba, podía volver a mi puesto», rememora Aki, que nunca más ha vuelto a actualizar cartillas. Pronto llamó la atención de los Chiefs, uno de los mejores equipos de Nueva Zelanda, y a los 24 años regresó a Europa de la mano del Connacht irlandés.
No era el mejor equipo de la Pro 12, la liga que engloba a los clubes de Irlanda, Escocia, Gales e Italia ,y le ofrecían casa en Oranmore, un pueblo de apenas 5.000 habitantes cerca de Galway, pero le daba igual. Acababa de nacer su segunda hija, Adrianna, y quería establecerse ya. Así se hizo con la titularidad en el Connacht, ganó la Pro 12 de la temporada siguiente e incluso se convirtió irlandés, pese a la controversia en el país.
«Convocarle para la selección está mal moralmente, le quita el sitio a jugadores nacidos y criados en Irlanda», proclamaba el ex internacional Neil Francis, uno de sus detractores. «Hay gente que no está contenta, pero yo trabajo duro para la selección», respondió Aki. Desde que juega con Irlanda, ha ganado tres ediciones del Seis Naciones, incluidas las dos últimas, y ahora busca la cuarta. Lo peor, claramente, ya pasó.