Alcaraz no tiene piedad de un angustiado Fils y gana en Doha su segundo título de la temporada

Alcaraz no tiene piedad de un angustiado Fils y gana en Doha su segundo título de la temporada

Arthur Fils es la gran promesa del tenis francés. Desde que hace seis años ganara la Orange Bowl, el Mundial oficioso para juveniles, su país le sueña levantando un título de Roland Garros en la Philippe Chatrier. Por fin un galo campeón de Grand Slam, ya era hora. Pero es muy difícil gestionar una presión así. Este sábado, a sus 21 años, tembló en la final del ATP 500 de Doha para perder ante Carlos Alcaraz por 6-2 y 6-1 en solo 50 minutos.

El número uno hizo lo suyo, brilló al servicio -82% de primeros-, dominó con la derecha y bailó ante la red, pero al otro lado de la pista tampoco había nadie que le pusiera en duda. Los nervios de Fils, exagerados desde el primer juego, impidieron que hubiera competición, mucho menos espectáculo. En su regreso a un escenario importante después de estar en el dique seco durante meses por una lesión en la espalda, el francés cometió 19 errores no forzados y solo construyó tres golpes ganadores. Su derrota nunca estuvo en duda.

"El año pasado perdí aquí en cuartos de final y tenía en mente hacerlo mejor esta temporada. Con mi equipo fijé unas cosas que probar en este torneo y estoy muy contento de cómo han salido. Durante toda la semana he mantenido un buen nivel, excepto quizá ante [Andrei] Rublev, y eso me enorgullece", analizaba Alcaraz después de una final extraña en la que nuevamente demostró su madurez.

En partidos así, ante adversarios derrotados, el peligro está en el contagio. Si quien está enfrente está perdido, uno puede perderse con él. Pero el español, consciente del peligro, no frenó en ningún momento. Fue su partido más fácil de toda la semana y seguramente fue en el que jugó mejor. En el segundo set, con 6-2 y 4-0 en el marcador, todavía se animaba —"¡Vamos, Charly!"— para seguir, seguir y seguir. Si hubiera buscado el lucimiento, hubiera multiplicado sus dejadas o se hubiera entregado al deleite, se podría haber marchado con peor gusto de boca. Ahora encara su siguiente cita, la gira estadounidense, con los Masters 1000 de Indian Wells y Miami, con confianza plena.

Este año, entre el Open de Australia y el ATP 500 de Doha, ha disputado 12 partidos y los ha ganado todos. Su excelente racha le mantiene en la cima del tenis y así será hasta bien entrada la primavera. El título, y la derrota de Jannik Sinner en cuartos de final, aumenta su ventaja como número uno del ranking ATP hasta los 3.150 puntos. Este 2026 ya van dos títulos, y los que quedan.

Alcaraz se cabrea con Rublev para llegar a su segunda final este año

Alcaraz se cabrea con Rublev para llegar a su segunda final este año

Carlos Alcaraz juega al tenis por el placer de jugar al tenis y cuesta ver un partido en el que eso no sea así. Este viernes, en las semifinales del ATP 500 de Doha, fue el caso. El español no es uno de esos deportistas que quiere romper a su rival, acabar con sus ánimos, hundirle. Su mente suele moverse por el disfrute propio y, en muchas ocasiones, el disfrute de quienes le están viendo. Pero ante Andrey Rublev eso cambió. Quizá por el cansancio después del Open de Australia, quizá por sus sensaciones estos días en Catar y, seguro, por el comportamiento del ruso, Alcaraz se cabreó y así venció por 7-6(3) y 6-4 para clasificarse para la final del torneo. En las gradas del complejo Tenis Khalifa Internacional, su amigo Holger Rune, que bien lo conoce, se reía.

Por una vez y sin que sirva de precedente, el español cambió la sonrisa por el ceño fruncido y la alegría por la irritación para hacerse con el triunfo. En realidad, las dos maneras son válidas. Aunque a Alcaraz le funciona mejor la positiva. Lo sabía su entrenador, Samu López, que a principios del segundo set le pedía que levantara la cabeza y sonriera, y lo sabía él mismo, que intentó tranquilizarse. Pero el cabreo no se le fue del cuerpo hasta que cerró el encuentro.

El momento de la polémica

El enojo de Alcaraz llegó por una extraña queja de Rublev. En los primeros juegos del partido, el español había estado impreciso y desordenado en los intercambios largos, como ya le había pasado en cuartos de final ante Karen Khachanov. El ruso tuvo entonces opciones de adelantarse, pero prefirió autoflagelarse, como acostumbra: en lugar de centrarse en su magnífica derecha, se martirizó por sus problemas con el revés. Así se descubrió con un break en contra. En el marcador, 5-4, saque para Alcaraz, y todo parecía decidido. Pero ahí tuvo lugar la polémica.

Rublev obtuvo una bola de rotura y, justo antes de que se disputara, empezó a quejarse al juez de silla. Que si Alcaraz tardaba mucho en sacar, que si a él le habían advertido por lo mismo... El español no entendía nada. En ese preciso instante, con el set en juego, era un momento inadecuado para congelar el encuentro. Y esa desorientación le afectó. Después de un rato de charla entre Rublev y el juez, Alcaraz se enfrió, cometió una doble falta y se vio obligado a alargar un set que tenía controlado. Su cara lo decía todo: estaba enfadado. En los puntos posteriores empezó a tirar derechazos como si estuviera poseído, y le funcionó hasta que dejó de hacerlo. Al final tuvo que esperar al tiebreak para calmarse y llevarse ese primer set.

La finura de Alcaraz

Cuando lo hizo, Rublev ya se había desesperado. Después de romper las cuerdas de la raqueta contra su rodilla y de tener que marcharse a los vestuarios por ello, el ruso encaró el segundo set con el ánimo torcido. Nuevamente volvió a inquietar a Alcaraz, especialmente con su finura al resto, pero en los momentos decisivos se vio superado por el número uno, ya más relajado. Divertido y cabreado a partes iguales, Alcaraz no deja de ganar este año, y este sábado —a las 19.00 horas por Movistar— disputará su segunda final.

El enfado de Alcaraz en su camino hacia las semifinales del torneo de Doha: "Las reglas ATP son una mierda"

El enfado de Alcaraz en su camino hacia las semifinales del torneo de Doha: “Las reglas ATP son una mierda”

Actualizado

El tenista español Carlos Alcaraz ha cedido por primera vez un set en el torneo y tuvo que completar una remontada para superar en tres sets al ruso Karen Khachanov (6-7(3), 6-4 y 6-3) y situarse, por primera vez, en las semifinales del torneo de Doha.

"Déjame ganar una vez", ha pedido en la red el ruso, campeón en 2024 al español con el que perdió por sexta vez en otros tantos cara a cara. Sin embargo, por segunda vez, tal y como sucedió en el Masters 1000 de Roma del pasado año, en el último partido entre ambos, Khachanov logró hacerse con un set. Pero sólo el australiano Alex de Miñaur y el griego Stefanos Tsitsipas tienen un parcial en contra tan rotundo (6-0) como ahora el moscovita.

El número uno del mundo logró su décima victoria seguida en lo que va de 2026. Aún no ha perdido partido alguno en lo que va de curso el campeón del Abierto de Australia que, después de dos horas y 28 minutos, ganó de nuevo al subcampeón olímpico en Tokio 2021.

Ahora aguarda Alcaraz, que ha mejorado en la presente edición su mejor registro en Doha, fijado en los cuartos de final en los que se estancó el pasado año, superado por el checo Jiri Lehecka, a otro ruso, Andrey Rublev, ganador vigente y también en el 2020 que en su partido superó al griego Stefanos Tsitsipas por 6-3 y 7-6 (2).

La final número 46 en el circuito en lo que va de carrera de Alcaraz necesitó de un ejercicio de paciencia y contundencia ante un rival que mostró más resistencia que los anteriores. Exigió más a Alcaraz que evitó que su rival ganara por primera vez en su carrera a un número uno del mundo. Pero el murciano no pierde un partido en pista dura al aire libre desde el belga David Goffin en el Masters 1000 de Miami del año pasado.

Se dejó un set Carlos Alcaraz aunque pudo ganar todas las mangas. En el primero, el que perdió, tuvo punto de set pero Khachanov, aún fresco, sin el cansancio que mostró al final, lo salvó.

El ganador de siete Grand Slams superó cada contratiempo con el que se encontró en el parcial inicial. En el séptimo, por ejemplo, pudo hacer rotura el ruso pero el español sacó su mejor tenis.

Amonestación y malestar de Alcaraz

Carlos Alcaraz se dejó el primer set del torneo, pero firmó una de las acciones más brillantes cuando llegó a una dejada casi imposible y después culminó el punto con una volea de espaldas. Salvó un break pero para su sorpresa, la juez de silla, la croata Marija Cicak le amonestó por falta de tiempo.

"Las reglas ATP son una mierda", le dijo Alcaraz a la balcánica que le explicó: "Paré el tiempo cuando fuiste a por la toalla y luego le volví a dar. No puedo hacer otra cosa".

Alcaraz no disimuló su malestar. El partido siguió, cada uno mantuvo su juego y con 6-5, al resto, el español tuvo punto de set. No lo aprovechó y la resolución fue al desempate, donde Khachanov mostró su superioridad.

Le tocó remar al murciano que mantuvo su nivel mientras poco a poco Khachanov empezó a flojear. Rompió Alcaraz en el quinto juego del segundo, 3-2, 4-2. Amarró la manga por 6-4 y el choque se fue al tercero.

El ruso carecía ya de la frescura de entonces y Alcaraz, por derribo, se hizo con el juego. Lo ganó al resto, después de casi dos horas y media y por 6-3.

Una semifinal más para el murciano, en puertas de una nueva final. Diez victorias seguidas y con Rublev en el horizonte. Séptimo duelo entre ambos, con dos triunfos para el ruso y cuatro, entre ellos los tres más recientes, para el español.

Alcaraz esquiva otra trampa en Doha y mantiene su racha de invicto en este año

Alcaraz esquiva otra trampa en Doha y mantiene su racha de invicto en este año

«¡Sí!», gritaba Carlos Alcaraz en su celebración después de otro sobresalto. En el ATP 500 de Doha, un torneo menor con cartel de Grand Slam gracias a los petrodólares cataríes, el número uno transcurre por un camino lleno de trampas rumbo a la hipotética final ante Jannik Sinner. Son sólo cinco partidos, cinco partidos en días consecutivos, pero ninguno es plácido. Como le pasó en primera ronda ante Arthur Rinderknech, Alcaraz tuvo que emplear todos sus trucos para vencer este miércoles en segunda ronda al también francés Valentin Royer por la vía rápida, por 6-2 y 7-5.

Si no se asomó al abismo del tercer set, si se salvó otra vez de un sobreesfuerzo, fue porque mostró su versión de las finales. Entre las muchas delicias que exhibió, por ejemplo, una derecha cruzada en carrera que lleva semanas trabajando junto a su entrenador, Samu López. Sin esos golpes, sin su magia, a saber qué hubiera ocurrido.

Porque Royer, como Rinderknech, le puso en apuros; el marcador que diga lo que quiera. Su balance de resultados dice que este año todavía no ha ganado ningún partido en el circuito ATP, que es el 60 del mundo gracias a imponerse en unos challengers en Ruanda y que no ha pasado de segunda ronda en ningún torneo «grande», pero sabe jugar. A sus 24 años en algún momento vivirá mayores alegrías. Más allá de su esquema de juego, sorprendió que fuera capaz de igualar la velocidad y el ritmo de bola de Alcaraz, incluso que se le impusiera en determinados momentos.

Hay que remontarse muchos meses para recordar a un Alcaraz a la defensiva en una segunda ronda de un torneo. En el primer set, a Royer le pudieron los nervios, sacó mal, falló de más, pero en el segundo set fue un gusto verle. Con una actitud muy positiva, concentrado pese a sus escasas opciones, arrebató un break al español, le colocó con un 5-2 en contra y le obligó a destapar su mejor tenis. Luego llegaron cinco juegos consecutivos de un Alcaraz superlativo, pero queda el buen hacer de Royer.

En cuartos de final el español se medirá este jueves (17.30, Movistar) a Karen Khachanov y encarará así una nueva trampa.

Alcaraz vuelve tras Australia con una victoria de seriedad y calma

Alcaraz vuelve tras Australia con una victoria de seriedad y calma

Sabe Carlos Alcaraz que hay rivales especialmente engorrosos para él. Aquellos tenistas fuera del Top 10 que martillean con su saque y se saben mover en la red siempre le complican la vida, y en esa categoría encaja el francés Arthur Rinderknech. En sus cinco enfrentamientos, el español siempre ha ganado. Pero siempre ha sufrido.

Dos semanas después de proclamarse campeón en el Open de Australia, Alcaraz reapareció en una pista en el ATP 500 de Doha y lo hizo con un triunfo exigente ante Rinderknech por 6-4 y 7-6 (5) en una hora y 47 minutos.

Ya está en octavos de final, donde se medirá al también francés Valentin Royer. El torneo le propone un cuadro asequible hasta las semifinales o incluso hasta una hipotética final contra Jannik Sinner, pero detrás queda el susto. Rinderknech tuvo dos bolas de set para alargar el duelo más allá de las dos horas y solo cayó tras un tenso 'tie-break'.

A Alcaraz, lejos de aquel 'flow' fresco de Melbourne, se le vio serio. Consciente de los peligros de su estreno en Qatar, ahorró en gestos, emociones y expresiones. Incluso en los puntos clave su celebración se limitó a una mirada a su equipo, poco más. Su tenis habló más que él, pese a la exigencia del rival.

Su velocidad con la derecha se impuso en los intercambios desde el fondo, pero Rinderknech encontró la manera de equilibrar el duelo. Consciente de su desventaja en la línea de base, el francés se apoderó de la red como si fuera su único refugio, porque lo era. En cada oportunidad, saque y volea. Una y otra vez.

En el primer set, Alcaraz descifró el reto. En el segundo, en cambio, se le atragantó hasta verse contra las cuerdas. Con 6-5 en contra tuvo que afrontar dos bolas de set, aunque lo hizo con una tranquilidad absoluta. La misma que poco después le condujo a la victoria en la muerte súbita.

La crítica de Toni Nadal a Alcaraz por olvidarse de Ferrero: "Queda muy bien poner en valor a tu entrenador pero uno se tiene que acordar del otro también"

La crítica de Toni Nadal a Alcaraz por olvidarse de Ferrero: “Queda muy bien poner en valor a tu entrenador pero uno se tiene que acordar del otro también”

Actualizado

Toni Nadal analizó la victoria de Carlos Alcaraz en el Open de Australia en el programa Radioestadio noche de Onda Cero y además de elogiar el mérito del murciano, que se convirtió en el tenista más joven en lograr los cuatro Grand Slam, tuvo una crítica para él.

Y es que al que fuera entrenador de Rafa Nadal no le gustó que el murciano no mencionara a Juan Carlos Ferrero, que había sido su entrenador hasta un mes y medio antes de la victoria en Melbourne, y sólo tuviera palabras de elogio para Samuel López, su nuevo técnico.

"Queda muy bien poner en valor a tu entrenador, pero uno se tiene que acordar del otro también. No sé cómo quedó la relación con Ferrero, pero cuando dice eso me sabe mal decirlo. Seguro que Samuel López ha hecho gran trabajo en estos dos meses pero no puede olvidar el trabajo de Ferrero durante años", dijo Toni Nadal.

Y fue más allá al asegurar que a él le habría molestado si su sobrino hubiera actuado así cuando ambos separaron sus caminos. "A mí no me hubiese gustado que nada más dejar a Rafael él hubiese dicho esas cosas de Carlos Moyà", confesó el ex entrenador de Nadal.

Toni Nadal auguró un gran futuro a Alcaraz ya que "tiene una capacidad altísima porque lo tiene todo y tiene una gran ventaja que es que no veo casi ningún rival que le pueda inquietar mucho, sólo Sinner y Zverev... Zverev es un rival peligroso pero tiene un problema en lo mental...tiene mucha presión por ganar un Grand Slam".

Carlos Alcaraz: “Las cosas negativas que leí me afectaron, incluso me entraron dudas”

Actualizado

Una hora antes de que llegue Carlos Alcaraz, los fotógrafos ya están haciendo pruebas en los jardines del Royal Exhibition Building de Melbourne. "Ponte aquí", le piden al periodista más madrugador, y él se pone. Más tarde, cuando el campeón del Open de Australia aparece con cara de sueño, todo sucede a una velocidad de vértigo. Ya acostumbrado a estas artes, Alcaraz posa, posa, posa y vuelve a posar con su traje de Louis Vuitton, saluda a los aficionados que le esperan y se entrega a sus últimos compromisos antes de volar de vuelta a casa, por fin.

"Ya me gustaría haber tenido fuerzas para ir de fiesta. Después de la final llegué a mi habitación a las dos de la madrugada y no podía hacer nada. Estaba muerto. Estuve jugando a unos juegos con mi hermano y ésa fue toda mi celebración. No daba para más", confiesa a EL MUNDO en una entrevista realizada en el coche que le lleva a toda velocidad del posado oficial a su hotel para recoger las maletas antes de ir al aeropuerto. "Tengo ganas de llegar ya a Murcia para descansar", añade, con la amabilidad con la que siempre habla a los demás y con la que en los últimos meses también se dirige a sí mismo.

En este Open de Australia, como en el pasado US Open, no ha parado de animarse durante los partidos. "Vamos, Charly", se decía. Todo empieza por uno mismo.
Totalmente. Es muy importante para mí. Me he dado cuenta de la importancia que tiene hablarse en positivo. Cuando las cosas se complican es cuando hay que sacar esos ánimos. Lo pueden cambiar todo, te cambian la mentalidad. No es raro que mis dos mejores Grand Slam -en referencia al US Open y a este Open de Australia- hayan llegado cuando me he hablado bien y cuando me he tratado bien de manera exagerada, con intención de hacerlo desde el principio.
¿Con quién habla si ese positivismo no acaba de salir, si algo le preocupa?
Fuera de la pista está mi familia. Mi padre, mi tío, mi hermano... todos viajan conmigo y para mí es una gran suerte. Pero en la pista, durante los torneos, tengo a Samu [López]. Samu es una persona que no solo me ayuda a nivel profesional, a mejorar mi revés o mi derecha, a señalarme cambios tácticos; también me tranquiliza cuando me inquieta algo. Eso es muy importante para dar lo mejor en pista.
Cuando de niño soñaba con tener esta vida, ¿se la imaginaba así?
De niño soñaba con ganar los mejores títulos, con tener varios Grand Slam, pero no sabía qué sentiría ni qué iba a pasar en mi vida. De la idea que tenía de niño, las sensaciones son un poco diferentes.
¿En qué sentido?
Cuando tenía 12 años quizá pensaba que todo llegaba de la nada. Como un regalo, algo que aparece. Pero conforme vas avanzando te das cuenta de que eso no es así. Que te tienes que preparar mucho para ese momento que soñabas, que tienes que trabajarlo mucho, que empiezas en los primeros torneos ATP 250, luego los 500, los Masters 1000, y vas llegando. Ahora, obviamente, me siento increíble, me siento especial, pero no viene de la nada. Hay mucho detrás.

WILLIAM WESTAFP

En su discurso de campeón habló de las críticas recibidas por haberse separado de su entrenador, Juan Carlos Ferrero. ¿Le afectaron?
Conforme pasa el tiempo me he ido dando más cuenta del poder de las palabras. Tanto una palabra buena como una palabra mala puede cambiar el ánimo de una persona. Por eso yo siempre intento llevar mucho cuidado con lo que digo y cómo lo digo. Algunas de las cosas negativas que leí o escuché me afectaron, incluso me entraron un poquito de dudas. Pero también quiero decir que las cosas positivas me llenaron de orgullo y me hicieron feliz. Gracias a Dios hubo más cosas buenas que malas.
Ese cambio en su equipo, ¿qué motivos tenía?
La temporada de un tenista es de enero a noviembre y cuando acaba hay que tomar decisiones. La vida se basa en eso: en tomar caminos. A veces esos caminos son correctos, a veces son erróneos, y hay que ir aprendiendo. Veíamos que necesitábamos un cambio, lo decidimos así y se dio de esa manera.
Son siete Grand Slam con 22 años, el pleno en todos los 'grandes'. ¿Le preocupa despegar los pies de la tierra?
La verdad es que no. Tengo claro cuál es mi base, de dónde soy, de dónde vengo, cuál es mi gente, y eso nadie me lo va a cambiar. Si alguna vez, en algún momento, por lo que sea, puedo llegar a equivocarme, ahí tengo a mi familia y a mi gente. Si me tienen que pegar una colleja para bajarme a la tierra, lo harán. Son los que siempre me han acompañado desde chico y los que me conocen realmente.

Dita AlangkaraAP

Cuando habla con sus amigos, ¿ve una vida muy distinta a la suya?
Obviamente sí. Eso es innegable. Pero cuando estoy con ellos me olvido de todo eso. Me olvido de lo que vivo, de todo lo que implica ser tenista. Cuando nos reunimos somos todos iguales y vuelvo a la infancia, cuando tenía 12, 13 o 14 años y podía estar más tiempo con ellos. Yo les agradezco que me traten así, me encanta, pero obviamente vivimos situaciones diferentes en nuestro día a día.
Su palmarés dice que ya lo ha conseguido casi todo.
Antes veía que el año que viene aquí, en Australia, puedo completar los cuatro Grand Slam dos veces y también ser el más joven en hacerlo. Siempre hay algo. Siempre salen cosas que te mantienen con ambición. Los torneos grandes siempre me motivan y hay varios Masters 1000 que me gustaría ganar al menos alguna vez. También están las ATP Finals y, sobre todo, la Copa Davis. La Davis es un torneo que me encanta, me gusta mucho jugar con España y me encantaría tenerla en mi palmarés.
Alcaraz, sabiendo superar cada obstáculo

Alcaraz, sabiendo superar cada obstáculo

Actualizado

Tengo que reconocerlo, Alcaraz me ha sorprendido, mucho, durante este precioso Abierto de Australia. Todavía más incluso que ver a Novak Djokovic en la final. ¿Por qué? Porque últimamente se ha hablado mucho de Carlos, ha estado demasiado en las noticias. Él mismo ha reconocido, después del triunfo, que lo ha pasado mal, que ha sido una pretemporada «emocional» y especial. Con toda esa presión de la ruptura con Juan Carlos Ferrero (a todos nos ha pasado), su maestro, alguien tan especial. Cómo lo ha superado, cómo ha completado sus cuatro Grand Slams, siendo el más joven de siempre y de la manera tan espectacular en que ha jugado. Sorprende sí, por cómo está sabiendo superar todos los obstáculos que se presentan en su carrera. Esa es la clave que saco de su inolvidable victoria en Melbourne.

Para saber más

Antes, superar la semifinal también resultó increíble. Otro obstáculo que le hizo sacar lo máximo de sí mismo, emocional y físicamente. Fue una prueba de fuego. Fue como: 'Si gano este partido voy a llegar a la final preparadísimo'. Zverev es un jugador duro, te lleva al límite.

Más obstáculos, porque de eso se trata. De afrontarlos y de ir superando cada uno. Perder el primer set de la final. Vi a Djokovic con mucha chispa en ese arranque. Sacando muy bien, con golpes buenos, restando. Si juega así todo el partido... Pero eso, en Novak, era antes... Ahora las piernas son de Carlos, la velocidad. ¿Cuántas veces tiene que ganar el punto Novak? Porque Carlos llega y llega y llega... a cada esquina. Y Novak se va como apagando. Quizá el Djokovic de hace 10 años... Ante Jannik Sinner logró mantener ese nivel, pero dos partidos seguidos así, ante estos dos superhéroes actuales, es demasiado.

Aún así, hay que poner en valor al serbio. Porque gracias a Novak el torneo ha sido sensacional, de película. Cada vez nos quedan menos oportunidades de verle jugar, de verle rozar ese 25 Grand Slam que se le está resistiendo tanto. Ha tenido buen cuadro, es cierto, pero comprobarle a ese nivel, derrotar a Sinner. ¡Guau! Qué ganas de seguir demostrando que sigue aquí, que no es el abuelo del circuito. Qué nivel físico. Ha bromeado después con que le veremos una década más...

Para Alcaraz, empezar así el año es increíble. Pero ahora, el siguiente paso, es fundamental. Esto no se detiene. Tiene que planificar un calendario inteligente, trabajarlo bien con su equipo. ¿Medio Oriente, Indian Wells, Miami...? Después de un clímax tan grande como el de ayer en Australia, hay que resetear. Ha tachado el objetivo número uno de la lista, pero hay que marcar el siguiente. Cuando uno consigue algo muy grande, siente un vacío.

Por último, técnicamente no he apreciado cambios radicales con su nuevo entrenador. Se habla del saque, pero las variaciones son muy lights. Es que, en realidad, poco hay que tocarle a Carlos, Mejor dejarlo así. Le he visto muy sólido en su juego.

La celebración de Alcaraz, de una copa de champán al tatuaje de un canguro: “Mucha gente habló de mí y me puso en duda”

Actualizado

"Sabe bien", aseguraba y, la verdad, es que sí: sabía bien. Durante la atribulada celebración de su Open de Australia, Carlos Alcaraz ofreció champán a los periodistas desplazados a Melbourne y se permitió tomar un trago de una de las copas. "No bebo más, que esto es un non stop", comentaba en pleno trajín. Ser campeón de un Grand Slam es un duro trabajo. Desde que recibió la copa de manos del australiano Mark Edmondson -qué oportunidad perdida que no lo hiciera Rafa Nadal- hasta que se marchó a su hotel, Alcaraz anduvo arriba y abajo por el edificio Centerpiece del Melbourne Park.

Primero fue a la televisión australiana Nine, luego a Eurosport, más tarde a ESPN, a la sala de prensa escrita, frente a las cámaras de TNT británica, CCTV china, Sky Italia... Todo sin ni siquiera pasar por la ducha, todo sin ni siquiera disfrutar de la celebración. Más allá del abrazo con su equipo -especialmente con su entrenador, Samu López- al acabar la final ante Novak Djokovic, apenas pudo saltar un poco con ellos, hacerse unas fotos con cada uno y poco más. Melbourne está demasiado lejos para que sus amigos viajen hasta aquí -como sí hacen a París, Londres e incluso Nueva York- y esta vez le tocará esperar a aterrizar en Murcia para disfrutar de una merecida fiesta.

MARTIN KEEPAFP

"Con el tiempo he aprendido a parar después de ganar un Grand Slam y saborearlo. Quizá no veo todos los partidos, pero me pongo puntos, momentos concretos... Así me doy cuenta de que lo que he conseguido es muy complicado. Con el tiempo he visto que parar y disfrutar es la mejor manera de seguir trabajando e ir a por el siguiente título", reflexionaba Alcaraz en una reivindicación muy íntima.

En las semanas previas al primer Grand Slam de la temporada, su separación de Juan Carlos Ferrero generó polémica: fue criticado e incluso se puso en duda su capacidad. Todos esos comentarios los tenía guardados. En la ceremonia de entrega de trofeos ya habló de su "montaña rusa de emociones" durante el invierno y luego fue más allá: "Mucha gente habló sobre mí y puso en duda el nivel que podría ofrecer en este torneo. Cada año venía a Australia pensando en ganar, pero esta vez tenía más ambición todavía. He tenido que ser fuerte mentalmente para no escuchar a esa gente, para centrarme en mi juego, y ahora estoy contento porque he demostrado que se equivocaban".

Niega ser leyenda

Durante la rueda de prensa, el ya ganador de siete Grand Slam confesó que pronto se hará un nuevo tatuaje, esta vez un canguro "en una pierna", y que no cree que ahora le falte motivación. El Open de Australia era su gran objetivo de la temporada, pero ahora vendrán otros. "Me plantearé nuevos objetivos. De alguna manera mi cabeza ya está en Roland Garros. También me gustaría ganar algunos Masters 1000 por primera vez y completarlos todos. Y, obviamente, están las ATP Finals y la Copa Davis, que es un título que realmente quiero conseguir. No quiero dejar nada a nadie", confesaba, con la ambición por las nubes.

JOEL CARRETTEFE

Tanta que incluso rechazaba uno de los elogios de Novak Djokovic. Tras el partido, el serbio aseguró que Alcaraz ya era una "leyenda". Pero el propio Alcaraz lo negaba: "Entiendo que me llamen así por los siete Grand Slam o los 25 títulos que llevo. Hay gente que lo hace, pero una leyenda se forja durante mucho tiempo. No es cosa de tres o cuatro temporadas. Una leyenda tiene que ser un jugador que, año tras año, vaya a los torneos con la misma hambre, la misma energía y la misma ilusión".

El mejor partido posible

El mejor partido posible

En un partido cargado de simbología y también de nostalgia, Carlos Alcaraz conquistó el único Grand Slam que le faltaba frente a quien lo ha ganado más veces. La mejor final posible no era el mejor partido posible, categoría reservada, por definición, al disputado entre el primero y el segundo del ránking. Pero Australia mostró al tenis, entusiasmado por los nombres, los antecedentes y las circunstancias, que un enfrentamiento inesperado y desigual puede suscitar el mayor interés que cabe pedir y celebrar.

Dos semifinales eternas habían puesto en la final, frente a frente, a dos hombres y dos épocas. Una nacida como ley natural para aplicar la última pena a la otra. Y ésta decidida a resistir como un deber consigo misma, con el propósito de aplazar la sentencia por medio de una victoria insospechada. O, en la presumible derrota, extinguirse con un grito y no con un gemido. Con una explosión y no con un crujido. Se medían el más arrollador presente y el más glorioso pasado, reunidos en un punto común a través de un destino devenido neutral tras haber tomado partido por ambos con el fin de juntarlos en un mutuo homenaje.

Alcaraz es depositario de una herencia individual que crece y se expande. Djokovic, custodio de otra tripartita que agoniza y con él expira. El tiempo no se había detenido para permitir a Nole jugar otra final de Grand Slam. Únicamente se había tomado un descanso antes de volver a transcurrir en beneficio de quien tiene la edad para aprovecharlo y no para sucumbir ante su peso.

Desde el crepúsculo de su grandeza, intacta en la historia y el recuerdo, Djokovic, orgulloso, quiso morir matando. Lo hizo hiriendo. De gravedad en el primer set y, en el cuarto, con un estertor muy parecido a una reacción. En un regalo al aficionado, en una oda y una ofrenda al tenis, Alcaraz lo fue macerando con la cruel violencia de los servicios y la venenosa dulzura de las dejadas. Nole nunca se rindió, aunque siempre careció de auténticas posibilidades. Incluso agotado, no entregó las armas: se las tuvieron que arrebatar.

A casi cuatro meses de cumplir 39 años, no volverá a jugar otra final de Grand Slam. En Australia ha compartido con Alcaraz el mejor partido posible. A partir de ahora, ese mejor partido volverá a ser un Alcaraz-Sinner.