Eduardo Álvarez Aznar, líder de la 'Champions' de la hípica: "Este deporte es una forma de vida"

Eduardo Álvarez Aznar, líder de la ‘Champions’ de la hípica: “Este deporte es una forma de vida”

Actualizado Martes, 14 mayo 2024 - 23:09

Madrid abordará este fin de semana la conocida como la 'Champions' de la hípica en el Club de Campo y su máximo exponente en la disciplina de salto, Eduardo Álvarez Aznar (Madrid, 40 años), no se la podía perder. "No, no creo que se asuste. Tranquilo", comenta mientras posa con el caballo para las fotografías, confiando en que el flash no causará problemas. Así terminó siendo. Pese a la magnitud del lugar, el jinete atiende a este diario en un pequeño rincón en la zona de las cuadras para conversar sobre el torneo y el futuro.

Con su padre, el también jinete olímpico Luis Álvarez Cervera (Madrid, 76 años) como máximo referente, él estaba predestinado a acabar rodeado de caballos y a competir por medallas, por lo que no tardó mucho en tener claro su destino. "Con 16 años decidí que quería ser profesional y me fui a Suiza para intentar aprender el máximo posible. Luego, con el apoyo de mis padres y de mucha gente que he tenido alrededor, he podido dedicarme a un deporte que es una forma de vida".

Elegante dentro y fuera de la pista, cuando Álvarez Aznar se pone las botas y el casco se define como "constante, seguro y competitivo -cuando tiene que serlo-, puntualiza. También dice "arriesgar" si tiene posibilidades de hacerlo. "Esa es un poco mi estrategia. Llevo años intentando hacer lo mismo y de momento me está saliendo bien. No soy conservador, porque me considero competitivo. Quizá no para ganar todas las semanas, pero para estar con los cinco primeros".

Su mano con estos animales se nota en el mismo minuto en que se acerca a un caballo. Pero ellos no son los únicos con los que convive, ya que en casa también le esperan perros. Además, admite su gusto por viajar y por otros deportes como el tenis o el fútbol, aunque señala que el calendario, los entrenos y los desplazamientos para competir le quitan mucho tiempo para poder disfrutarlos.

JUEGOS OLÍMPICOS

Ganar ha sido habitual en el último tiempo y el pasado año logró finalmente proclamarse campeón de España en Dehesa Montenmedio (Vejer de la Frontera, Cádiz). Después de participar en Río 2016 (undécimo) y en Tokio 2020, donde se quedó a las puertas de la final por un solo puesto, el próximo reto es París. Para ello y una vez obtenida la plaza en el Campeonato de Europa en Milán, la Federación y el seleccionador tendrán que escoger a tres jinetes, más uno en calidad de reserva, para que formen el equipo nacional y que compitan después en la categoría individual. Entre los que componen ese combinado se encuentran, además de Eduardo, nombres como Mariano Martínez Bastida, Sergio Álvarez Moya, Armando Trapote o Manuel Fernández Saro. Será entonces cuando se elija al caballo que intente buscar la medalla.

Respecto a sus expectativas para los Juegos, Álvarez Aznar se muestra positivo, aunque prefiere no pronosticar nada: "Tenemos caballos y jinetes muy buenos. Puede pasar cualquier cosa. Es un evento más, entre comillas. No deja de ser lo importante que son unos Juegos, pero la prueba de hípica al final es un solo día".

Por el momento y para esta edición de la Global Champions Tour, el madrileño tiene claro quién será su fiel acompañante. "Traeré a Rockefeller y a una yegua nueva que se llama Made In't", confiesa. Rocki, como así se apoda el primero, tiene ya 19 años y lleva a su lado desde los ocho. Como quien dice, toda una vida: "Tengo mucha ilusión de seguir contando con él. Ya había estado en cuadras buenas en Francia, pero no sé por qué no terminaba de arrancar. Cuando llegó tuvimos un periodo de adaptación, pero poco a poco nos fuimos conociendo. Está en un gran estado de forma y sin duda ha sido con el que mejores resultados he obtenido".

"ES UNA PISTA QUE IMPRESIONA"

Un binomio inseparable que solo un campeones como él, pueden llegar a conocer cuándo algo no funciona: "Trabajamos y montamos todos los días y al final sabes perfectamente cuando el caballo está listo y preparado para competir. Al final es nuestro trabajo, que no esté ni demasiado fresco por haberlo dejado unos días tranquilo ni tampoco cansado".

Para un madrileño como él, poder competir en su ciudad es una motivación añadida, a lo que suma el hecho de ser uno de los favoritos. "Es una pista que impresiona, también por el público que hay. He sido jinete aquí desde que empecé a montar", dice Álvarez Aznar que, pese a las expectativas, prefiere ser prudente: "Voy muy bien en el individual, pero a nivel colectivo con el Madrid In Motion no hemos logrado hacer un buen papel. Entonces, intentaré mantener la posición y sumar".

Lucía Martín-Portugués, un sable contra la epilepsia: "Me podían dar 14 crisis de ausencia en un día. Era peligroso"

Lucía Martín-Portugués, un sable contra la epilepsia: “Me podían dar 14 crisis de ausencia en un día. Era peligroso”

Actualizado Jueves, 9 mayo 2024 - 23:20

Un día, plena adolescencia, Lucía Martín-Portugués (Villanueva de la Cañada, Madrid, 1990) cruzaba la atestada calle Preciados y, de repente, todo se fundió a negro. "Cuando volví en mí estaba en medio, con los coches cruzándome por los lados y sin que nadie se parase a a ayudarme", recuerda. Uno de aquellos episodios que eran tortura sin explicación hasta que tiempo después descubrió, "tras muchos estudios y pruebas", que se trataba de epilepsia. Apenas un obstáculo superado: este verano, el culmen de una carrera, buscará una medalla en sus primeros Juegos Olímpicos.

Para saber más

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Lucía, risueña, «dicharachera», «una ridícula profesional» como autodefinición, es una fiera sable en mano. A ella de pequeña, «como a todas las niñas de los 90», la apuntaron a ballet mientras que su hermano hacía esgrima. Y aquí, su frase de cabecera: «Lo mío era menos tutú y más tratrá». «Me va más lo de pegarme que lo de las poses y las danzas. Y me fue bien desde el principio», rememora esta odontóloga que en París alcanzará un hito: desde 2008, Araceli Navarro, no había una española olímpica en esgrima.

Y allí, en el Grand Palais, se acordará de su padre, fallecido hace 11 años de un cáncer de pulmón, del que no pudo despedirse porque, ya en sus últimos días, le dijo que se fuese a disputar el Europeo y ella le lloró a 2.000 kilómetros. Por eso, siempre en su cuello, las joyas de Miguel Ángel, las que en uno de los últimos torneos le salvaron. «Me dieron un golpe, pero le dieron un golpecito a uno de los collares y está marcado. Y gané. Es como si él hubiese parado un ataque», cuenta.

Pero para experiencia vital, el trance de superar lo desconocido, esas «crisis de ausencia» que no entendía. «Lo tengo supercontrolado, hace siete años que no me da una. Pero para llegar a este punto me ha costado. Muchos intentos de medicaciones, higiene de vida... Siempre digo que no hay que resignarse, que hay que seguir luchando», admite, antes de relatar el proceso. «Cuando murió Antonio Puerta yo me asusté muchísimo, porque leí que él también se mareaba. Me hicieron estudios, me vieron un montón de médicos en el CAR y me dijeron que no era nada del corazón. Me mandaron a un neurólogo, que rápidamente identificó una epilepsia, sólo había que ponerle nombres y apellidos: crisis de ausencias».

Lucía Martín-Portugués, con su sable.

Lucía Martín-Portugués, con su sable.Angel NavarreteMUNDO

Lucía estaba pero no estaba. Se encontraba mal y de repente ya no se acordaba de lo que sucedía. «Le decía a la profesora: '¿Puedo ir al baño?' y lo siguiente que recordaba era estar sentada en la silla. La gente me contaba cosas, vives como en un metaverso», explica. «Me podían dar 12 o 14 crisis de epilepsia en un día y como tuviese una semana un poco estresante, estaba dos o tres días así. A veces era peligroso».

La madrileña, en plena batalla ahora por subir su ránking olímpico, es una apasionada de la música, del reguetón a Sabina pasando por el tecno si es necesario. Porque lo que más le sorprende de sí misma es su transformación sable en mano, el «modo supervivencia». «Cuando mis amigos vienen a verme competir siempre se quedan alucinados. Me dicen: 'Parece que les quieres matar'. Antes de salir a la pista, en el equipo chocamos y decimos: 'Matar o morir'. Tyson decía que no le gustaba mucho en lo que se convertía cuando se subía al ring. Sabes que uno de los dos va a perder, va a morir y tienes que hacer lo que sea dentro del deporte para no ser tú. Me gusta esa esa adrenalina. Pero no me gusta ese nivel de agresividad que saca esa Lucía deportista».

Elia Canales: "El arco me ha llegado a dar asco"

Elia Canales: “El arco me ha llegado a dar asco”

Una flecha. Dos flechas. Tres flechas. Cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez... y así hasta 400. ¿Al mes? ¡No! Al día. "El arco me ha llegado a dar asco, a veces he pensado: ¿Para qué hago esto? Hay momentos en los que el entrenamiento se te hace bola, que no disfrutas y te lo replanteas todo", admite Elia Canales, la representante de España en los próximos Juegos de París en una de las disciplinas más repetitivas que hay: el tiro con arco. En otros deportes hay movimientos de puntería, el triple en el baloncesto, el saque en el tenis, el putt en el golf, pero se acompañan de otros elementos. Canales, en cambio, sólo debe darle al centro, y al centro, y al centro.

"Por eso es muy exigente a nivel mental. Si te sale todo, si fluyes, ves la diana enorme, pero gestionar la presión es muy complicado. Recuerdo que en mi primer Mundial absoluto estuve todo el primer round llorando, tirando las flechas fuera del parapeto. No estaba en el CAR, no sabía nada de psicología, no trabajaba con nadie. Luego he ido aprendiendo", explica a sus 22 años como parte de una revolución.

SERGIO ENRIQUEZ-NISTAL

El tiro con arco es un deporte exageradamente dominado por Corea del Sur. En los Juegos de Río 2016 hicieron pleno de oros, cuatro de cuatro, y en los Juegos de Tokio 2020 se les escapó uno para conmoción del país. Desde la primaria hasta la universidad hay equipos de formación, tienen una liga profesional con sueldos de 100.000 euros de media y los mejores son estrellas mediáticas. El resto de países se dedican a copiarles. Pero España ha decidido tomar su propio camino.

Hace unos años prescindió de la pareja de seleccionadores coreanos formada por Hyung Mok Cho y Mi-Jeong Lee para crear una metodología propia de la mano del entrenador Elías Cuesta. Repetir el oro del equipo masculino en los Juegos de Barcelona 1992, única medalla española en la disciplina, sería un milagro, pero como mínimo vuelve a tener opciones al podio olímpico.

¿Qué ha cambiado?
El método coreano es muy simple: repetir, repetir y repetir y hacerlo lo más básico posible. Hay que dejar la mente en blanco, convertirse en un robot. Es una técnica que te puede dar muchos puntos en un día bueno, pero el día que fallas es muy complicado salir de ahí, no tienes herramientas. Ahora con Elías es muy distinto. Estudiamos la biomecánica del movimiento, trabajamos a nivel mental, hacemos entrenamientos específicos de estabilidad o de la vista...

Sesiones distintas

En el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid, Canales abre los brazos, alza los dos pulgares y se dedica a mirar uno y otro sin mover la cabeza. O fija la vista en un punto determinado mientras se mantiene de pie a la pata coja. O lee unos cartelitos minúsculos colocados en el arco y la cuerda. O hace malabares. O juega a los botoncitos como hacen los pilotos de Fórmula 1.

SERGIO ENRIQUEZ-NISTAL

Los entrenamientos ahora son muy distintos y sólo mantienen un elemento común: hay que seguir tirando flechas. "Esa es la base de nuestro deporte, tirar, tirar, tirar, pero ahora sabemos cambiar cuando entramos en mala racha en competición, por ejemplo", apunta Canales que antes de cada sesión dedica 10 minutos a meditar. "Hemos cambiado de mentalidad. Antes veía a las coreanas y me imponían y ahora siento que puedo ganar. Mis puntos valen lo mismo que los suyos, no les dan un bonus por ser de Corea", concluye.

¿Y cómo acabó en el tiro con arco?
Tenía 13 o 14 años y ningún deporte se me daba bien. Me apuntaron a baloncesto, pero era muy bajita, me apuntaron a natación y no me gustaba. Prefería la música, estuve siete años tocando la guitarra. Pero un campamento de verano me hice un esguince el primer día y sólo podía hacer tiro con arco. Lo probé, me encantó y cuando volví a casa me apunté.

Estudiante de Marketing por la Universidad Católica de Murcia (UCAM) después de haber tenido que dejar Ingeniería Mecánica en la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), hoy Canales es séptima en el ranking mundial gracias a logros como una plata en el pasado Europeo. En la lista, junto a ella, hasta tres coreanas en el Top 10 que le complicarán las cosas en los próximos Juegos de París, aunque ya conoce el camino para vencerlas: la revolución española y tirar, tirar y tirar flechas.

La NBA global

La NBA global

Actualizado Domingo, 28 abril 2024 - 17:19

Se quejaba Winston Churchill de que la fe en la democracia se tambalea después de hablar un cuarto de hora con el elector medio. La fe en la NBA puede llegar a tambalearse viendo que un jugador con sobrepeso como Luka Doncic es una superestrella. Lleva seis años en Estados Unidos y está cada vez más rellenito. No obstante, es también cada vez mejor jugador. En ataque, se entiende, porque el excesivo tonelaje incide de modo negativo en las tareas

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Antía Jácome y el "lado coqueto" de las deportistas: "Luego la gente flipa cuando me ve en la canoa tan musculada"

Antía Jácome y el “lado coqueto” de las deportistas: “Luego la gente flipa cuando me ve en la canoa tan musculada”

«¿Mis hobbies? Me gusta hacerme las uñas. Me las hago yo, tardo tres horas, así que no me da mucho para otra cosa», bromea Antía Jácome (Pontevedra, 1999) mientras enseña sus manos. En su mirada de ojos impresionantemente grandes y azules se refleja el dorado de las dos medallas que anhela en París, una gallega menuda y fortísima que pasó su adolescencia en Sevilla y ahora vive y entrena en Mallorca, paladas de ambición y un «lado coqueto» que reivindica con un discurso decidido: «Me gusta ir mona. Que se vea que una chica deportista puede ir guapa a entrenar. La gente flipa cuando me ve vestida normal y luego en la canoa muy musculada».

Para saber más

Para saber más

El piragüismo es el gran caladero de medallas para España y en Tokio descubrió a Antía, quinta en su primera experiencia, la primera canoísta nacional de la historia, un rayo en el C1 200. Ahora, cambiada «al 99% física y mentalmente», no sólo luchará por un oro, lo hará por dos, porque descubrió en su gran rival, María Corbera, a su gran compañera. Y esa ambivalencia deber ser todo un éxito en el Estadio Naútico de Vaires-sur-Marne. «Nos llevamos muy bien y eso le quita tensión al barco individual, que es donde está la rivalidad. Ahí somos otras personas, somos competitivas, lo llevamos dentro. Si otra me apretase las tuercas como lo hace María...», explica Antía de María, a la que dejó fuera de los pasados Juegos y viceversa en el último Mundial y con la que aguarda ansiosa ese gran 500 que «todavía está por venir».

Ese «mal rollo» pretérito ahora es complicidad. Un objetivo común y personalidades en las Antípodas. «Yo me despierto, me echo mis 800 cremas, me maquillo, me pinto las pestañas, me hago la coleta y las trenzas bien. No puedo tener ni un pelo por fuera. Ese es mi ritual, todo perfecto. María es todo lo contrario, le da exactamente igual. Va con el moño con un pelo para cada lado y me pone muy nerviosa. Le digo: '¿Quieres un poco de fijador para el pelo?'», ríe la gallega, que descubrió el piragüismo a los 12 años, cuando acompañaba a su padre en una travesía a nado en la playa de La Lanzada.

Antía Jácome posa para EL MUNDO.

Antía Jácome posa para EL MUNDO.SERGIO ENRIQUEZ-NISTALMUNDO

Antía fue diploma (5ª) en Tokio con 21 años y ya es doble campeona de Europa y plata Mundial el año pasado en tres modalidades en Duisburgo. Pero la resaca olímpica supuso un trauma. «Me fisuré una costilla y estuve tres meses sin tocar la canoa, era muy doloroso. Y en el selectivo me ganó María y me sacó la plaza para el Mundial. No podía competir, no tenía nada. Y a la vuelta, mis entrenadores se fueron [Marcel y Georgina Glavan, que ficharon por China, el gran rival], dimitieron sin avisarme después de seis años. Fue todo el año terrible. Un bajón enorme. Me recompuse como pude», detalla quien se trasladó a Mallorca con el grupo de Kiko Martín y empezó «a disfrutar» y a valorarse a sí misma. «Salí fortalecida, siempre me estaba comiendo la cabeza, con miedo a que pensasen que no podía», cuenta quien, para celebrar ese resurgir, el verano pasado se fue a un voluntariado a Kenia que le cambió la vida.

«Fue una experiencia diferente a todo lo que había vivido, con sensaciones extrañas. Te sientes mal, porque nos quejamos por cosas sin importancia. Quiero volver y vivir eso desde dentro, ayudar a las mujeres en riesgo, a los niños en la educación. Repetiré pronto». Tal vez no después de París, donde espera poder hacer surf y salir de fiesta. Porque Antía son dos. Dentro del barco, «muy competitiva, autoexigente» y fuera, «muy alocada».

Nadia Comaneci: "Dicen que nadie es perfecto, pero durante un instante yo lo fui"

Nadia Comaneci: “Dicen que nadie es perfecto, pero durante un instante yo lo fui”

Nadia Comaneci (Onesti, Rumanía, 1961) tuerce el gesto cuando escucha la palabra sufrir. "Yo no he sufrido en la vida. ¿Te parezco alguien que ha sufrido?", pregunta mientras abre los brazos invitándome a mirarla. Está impecable. Con la melena rubia y un inglés con apenas acento parece más la mujer de negocios estadounidense que hoy es que aquella adolescente morena que se convirtió, en los Juegos de Montreal 76, en la gimnasta más grande de la h

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Laura Heredia y aquel maldito hotel en Tokio: “Parecía que estaba en una película”

Actualizado Viernes, 19 abril 2024 - 10:20

Nunca ha sido olímpica. O sí.

Nunca ha estado en Tokio. O sí.

En los últimos Juegos Olímpicos, Laura Heredia vivió una experiencia rarísima; tenía esperanza y, al mismo tiempo, sentía tristeza. «Parecía que estaba en una película», admite.

El día de la inauguración de los Juegos de Tokio, Laura Heredia estaba en Tokio, pero no en la Villa Olímpica, si no en un hotel desde donde veía toda la ciudad y de donde no podía salir. Era reserva. La primera reserva. Si cualquiera de las 36 participantes en pentatlón moderno se hubiera lesionado o hubiera dado positivo en coronavirus, Heredia habría debutado en unos Juegos. Fueron 72 horas de una espera trepidante. Desde que llegó a Japón hasta que empezó la competición, en cuarentena estricta y sin compañía, Heredia estuvo todo el rato pendiente del móvil. En cualquier momento podía sonar. Pero al final, para su desgracia, no sonó.

«No puedo decir que fui olímpica y tampoco que estuve en Tokio. Llegué al aeropuerto, me llevaron al hotel y de allí al aeropuerto. Casi no pude ni seguir cómo fue la competición porque estaba volando de vuelta», expone Heredia, que recuerda aquella vivencia con pesar. «Fue duro por la espera de aquellos días y por cómo llegué a esa situación. Podía haberme clasificado, pero en abril me contagié del virus, me perdí algunas competiciones y se fue todo al garete. Podía haberme quedado en casa y renunciar a ser reserva, pero no me lo hubiera perdonado si hubiera habido una baja», reconoce la pentatleta que este verano, ahora sí, seguro que sí, será olímpica.

David RamírezAraba

Desde hace meses tiene asegurada la plaza para los Juegos de París 2024 y, de hecho, es una de las candidatas españolas a medalla menos conocida. En su deporte, que combina natación, esgrima, hípica, atletismo y tiro, suele haber sorpresas y viene de una plata en los últimos Juegos Europeos. Toda la vida explicando en qué consiste su deporte y este agosto quizá lo aprende toda España.

¿Por qué nunca se especializó en atletismo o natación?
Es una pregunta que en algún momento nos hemos hecho todos los pentatletas. Pero al final esa es la gracia. Combinar disciplinas que no tienen nada que ver es muy divertido. Si me obligaran, elegiría el atletismo, el mediofondo, pero nunca lo he trabajado de forma específica.

Heredia forma parte de un milagro que se llama Escuela Llor de Sant Boi del Llobregat. De allí salieron los hermanos Gasol, sí, pero también han salido de allí la mayoría de practicantes españoles de un deporte en extinción. Desde primero de Primaria, extraescolar de pentatlón moderno. Así ya han formado a dos olímpicos.

«Yo empecé siguiendo a mi hermano Aleix, que compitió en los Juegos de Tokio. Nos llevamos ocho años y cuando empecé él ya estaba becado en la Blume. Al principio en la escuela combinábamos nadar y correr, luego nos introdujeron el tiro, después la esgrima y, por último, la equitación», acepta Heredia, que compagina el deporte con sus estudios de veterinaria en la UCAM. Especialistas en remontadas en la última prueba del pentatlón, que combina carrera y tiro, estas semanas está centrada en mejorar su esgrima, la disciplina que la puede aupar entre las mejores.

David RamirezAraba

«Esta vez llevo meses trabajando con la tranquilidad de tener la clasificación y todo es distinto a antes de Tokio», finaliza Heredia, aún con la rarísima experiencia de los últimos Juegos Olímpicos a flor de piel.

Nunca ha sido olímpica. O sí.

Nunca ha estado en Tokio. O sí.

Objetivo de París 2024: fabricar una estrella en la piscina o en la pista

Objetivo de París 2024: fabricar una estrella en la piscina o en la pista

¿Quién ganó los 100 metros lisos en los Juegos de Tokio? ¿Y los 100 metros estilo libre? Sólo lo recordarán los aficionados muy aficionados y quienes estén armados de una memoria excepcional. El resto, nada. De Marcell Jacobs y Caeleb Dressel pocos se acuerdan. Los deportes más importantes de los Juegos Olímpicos, el atletismo y la natación, viven en una crisis de la que están intentando salir a base de sacudirse la tradición y modernizarse, pero es complicado. Más allá de inventos -cambios de formatos o de distancias- viven en el vacío que dejaron Usain Bolt y Michael Phelps, los mejores de la historia. Por eso estos Juegos de París serán tan importantes. Algo grande tiene que pasar, sí o sí.

Para saber más

Para saber más

Deben aparecer nuevos ídolos, nuevos polos de atracción para el público. De lo contrario, los años posteriores, hasta los Juegos de Los Ángeles 2028, se harán muy largos tanto en el tartán como en la piscina. Candidatos no sobran, aunque los hay, todos con algún pero.

En la pista está Noah Lyles que, en principio, lo tiene todo para brillar. Es estadounidense, tiene carisma y, sobre todo, es rápido: en el pasado Mundial ganó los 100 metros, los 200 y el relevo 4x100. ¿Qué problema tiene? Más allá de la sombra de Bolt, aún debe exhibirse en unos Juegos -en Tokio fracasó- y conectar con el público. A través del manga y los videojuegos puede llegar a las nuevas generaciones, pero su estilo fanfarrón, tan yankee, antes siquiera de alcanzar el éxito, le aleja de muchos aficionados. Hace unos meses realizó un tour por los late night de su país y se proclamó capaz de batir los récords de Bolt, pero eso no le sirvió para hacer un hueco en el star system. De hecho, él mismo se quejó de la atención que reciben los campeones de la NBA. Sólo una auténtica exhibición en París le convertiría en una estrella. Tiene, así, un problema.

¿Dónde está Popovici?

Un problema diametralmente opuesto al que tiene el máximo referente en el agua. Si Lyles es demasiado charlatán, David Popovici es demasiado reservado. En el Mundial de 2022, a los 17 años, lo ganó todo y atrajo la atención del mundo por varios motivos: un cuerpo hecho para la natación, más incluso que Phelps, una sonrisa inocente y muchos secretos. Criado en Bucarest, había rechazado múltiples ofertas para nadar en Estados Unidos y se mantenía fiel a su equipo de siempre. Además, apenas concedía entrevistas. «No queremos que nadie sueñe por él», comentaba su entrenador, Adrian Radulescu, en conversación con EL MUNDO. El silencio entonces era parte de su encanto, pero se le ha girado en contra. En el último Mundial falló y ahora es una incógnita para París, más tras la irrupción del chino Pan Zhanle, que le arrebató el récord mundial de los 100 libre.

John MunsonAP

Como Lyles, además, Popovici necesita a triunfar en París contra una competencia mediática brutal. Como ocurre desde los Juegos de Barcelona 1992, los ídolos de deportes que no necesitan el olimpismo, como el fútbol, el baloncesto o el tenis, coparán la mayor parte de la atención, más con el cartel que se espera. Con la presencia de Kylian Mbappé aún en el aire, el USA Team ya ha anunciado un equipo exagerado con LeBron James como líder -Curry, Durant, Embiid, Tatum, Davis...- y Novak Djokovic ha fijado el oro en París como su principal objetivo del curso. En los tres deportes puede haber otros nombres atractivos -Wembanyama, Nadal, Alcaraz, incluso Messi- por lo que las disciplinas puramente olímpicas deberán pelear mucho por hacerse un hueco.

La vuelta de Biles

El único asegurado lo tiene Simone Biles. Después de lo ocurrido en los Juegos de Tokio, de su baja por salud mental en plena competición, la gimnasta estadounidense será nuevamente la estrella femenina más brillante, más después de su regreso. Pese a sus casi dos años de ausencia, en el último Mundial ganó su sexto oro y clavó un salto hasta ahora reservado para hombres, por lo que en París todo es posible. De retirarse, nada. La historia la espera. Aunque, para evitar lo ocurrido hace tres años, ella lleva meses quitándose presión. En sus últimas apariciones siempre asegura que su objetivo es clasificarse y que incluso si no lo consigue estará feliz consigo misma. Demasiada humildad. Los Juegos la necesitan y ella necesita los Juegos.

En el resto de deportes se pueden nombrar centenares de grandes deportistas -el judoka Teddy Riner, la arquera An San...-, pero es difícil que salten a las portadas. Sólo el atletismo y la natación pueden y deben marcharse de París con nuevas estrellas en su firmamento. Tiene que pasar.

Las 22 medallas de Barcelona 92, techo y obsesión: "Cuando conoces la inversión de otros países..."

Las 22 medallas de Barcelona 92, techo y obsesión: “Cuando conoces la inversión de otros países…”

Barcelona 92 fue cumbre y también 'techo de cristal'. Un espejismo olímpico de 22 medallas que desde entonces persigue España como un imposible. Es «la barrera que debemos de romper», en palabras de Alejandro Blanco. El presidente del Comité Olímpico Español (COE), poco de hacer quinielas, no se esconde esta vez. «Por primera vez en la vida me he lanzado. El reto, y cuando hablo con los deportistas lo tienen claro, son las 22 de Barcelona. Mínimo. Las previsiones invitan a ese optimismo», desafía en EL MUNDO a 100 días de París.

Para saber más

Para saber más

Los Juegos de Barcelona fueron un precioso asterisco en una colección histórica no tan boyante. El ardor patrio de aquella cita y una inversión de los sectores públicos y privados -vía Plan ADO- sin precedentes disparó los éxitos, nada menos que 13 oros, sextos en el medallero. Pero después, la cruda realidad. En las dos últimas citas, Río y Tokio, apenas 17 (y apenas tres doradas en la cita nipona). En deportes de equipo, uno de los puntos fuertes del deporte español, no se gana un oro desde Atlanta 96, por ejemplo.

La regla es sencilla en el medallero. Inversión, habitantes y PIB suelen ser el baremo olímpico. España tiene calidad y cantidad en sus deportistas para soñar con superarse, para dar ese salto necesario, aunque en tantas cosas el deporte nacional siga a años luz de otros. «Es imposible compararnos a Estados Unidos, China, Gran Bretaña... E incluso a otros países de ámbitos más cercanos. Cuando conoces las inversiones de esos países... Siempre digo que en el cociente entre resultados e inversión, somos el primer país del mundo. Los resultados están por encima de los medios. Y ahí destaca la calidad de nuestros deportistas, entrenadores, clubes y federaciones, que son las cuatro patas sobre los que se sujeta el deporte español. Que es el mejor del mundo, lo digo convencido», expone Alejandro Blanco que, sin embargo, pone en valor «el programa del Team España», que, junto a la inversión del CSD, «ha ayudado muchísimo».

Equipos

Pero hay motivos y, sobre todo, nombres propios para pensar que en la capital francesa España puede estar en una cifra similar a la de hace 32 años. «Hemos tenido un ciclo olímpico espectacular y la clasificación de nuestros deportistas para los Juegos está alcanzando récords. Sinceramente, la realidad nos invita a ser optimistas de cara a París», apostilla Blanco. «Sería negar la evidencia. Hay ya nueve equipos clasificados, nos falta el baloncesto masculino [Juega el Preolímpico en Valencia del 1 al 7 de julio] y el rugby. En piragüismo estamos al máximo, la vela también, taekwondo, gimnasia, Carolina cada [Marín] día bate más récords... Es un momento mágico», enumera. Y eso que, por ejemplo, la desaparición del kárate priva de dos éxitos casi seguros con Sandra Sánchez y Damián Quintero.

A estas alturas, ya hay 277 deportistas clasificados y la cifra puede superar los 360 cuando finalicen los ránkings y preolímpicos. Entre ellos, algunas parecen opciones seguras de metal. Hugo González fue campeón del mundo en 200 metros espalda el pasado mes de febrero, como meses antes lo fueron (por partida doble) los marchadores María Pérez y Álvaro Martín (sus opciones en París además se multiplican con la novedad del relevo mixto). Fátima Gálvez en tiro, Adriana Cerezo en taekwondo, Teresa Portela, el K4, Antía Jacomé y María Corbera en piragüismo, Jordi Xammar y Nora Brugman en vela..., especialidades en el que siempre son varias las opciones y que son las que nunca fallan en el deporte español.

Los nacionalizados Jordan Díaz y Yaimé Pérez, que se unen a otras opciones en atletismo como Ana Peleteiro, Fatima Diamé, Adrián Ben... El judo que pide foco después de años de mal fario con Fran Garrigós, Niko Shera, Ai Tsunoda... La gimnasia (Ray Zapata), la escalada con el dorado Alberto Ginés, por supuesto Carolina Marín y Maialen Chorraut (a sus quintos Juegos con 41 años)... Y dos mediáticos con ganas olímpicas como Jon Rahm en golf y Carlos Alcaraz en tenis (ese doble mágico con Rafa Nadal...).

Y, cómo no, los deportes de equipo y esa tradición de competir 'juntos' en la que España brilla como casi nadie en el mundo. «La ilusión, las ganas, el compromiso y el talento» como señas de identidad grupales, que reivindica Alejandro Blanco. Y ahí, por encima de todos, destaca la primera participación de la selección femenina de fútbol (entró en el programa olímpico en Atlanta 96), la histórica campeona del mundo. También la masculina (plata en Tokio) y los dos waterpolos. Quizá perdieron algo de expectación el baloncesto, el balonmano y el hockey.

A 100 días de París 2024: la inseguridad, el Sena y el terrorismo llenan de incertidumbre el inicio de los Juegos

A 100 días de París 2024: la inseguridad, el Sena y el terrorismo llenan de incertidumbre el inicio de los Juegos

Actualizado Martes, 16 abril 2024 - 21:54

Son las 10 de la mañana del lunes, quedan 102 días para la celebración de los Juegos Olímpicos de París y en la recién inaugurada Villa Olímpica los operarios ultiman detalles y trasladan el mobiliario a los apartamentos donde dormirán los deportistas. Serán entre cuatro y ochopor espacio, dos por habitación. Las camas son de cartón y espuma reciclada, siguiendo el modelo de los juegos de Tokio. El objetivo es que "duerman y coman lo mejor posible". Un trabajador lleva ventiladores. En el recinto no habrá aire acondicionado, sino "un sistema a través de agua subterránea que hará bajar las temperaturas", explica Laurent Michaud, director general de la mini ciudad.

Estamos en Saint Denis, uno de los barrios periféricos de París, en la llamada 'banlieue'. El equipo organizador abre por primera vez a la prensa las puertas de esta ciudad que Emmanuel Macron inauguró hace unas semanas tras seis años de obras. Es una de las infraestructuras clave para estos juegos, que arrancan el 26 de julio. Son 52 hectáreas con 50 edificios, más de 14.000 camas, un área de restaurantes, parking de autobuses o espacio médico. Tras el evento deportivo, se convertirá en barrio y contribuirá a revitalizar Saint Denis.

Los edificios "se han construido siguiendo el modelo de las ciudades del sur de España, tratando de adaptarse a la subida de las temperaturas, con tejados ajardinados y paneles solares", explica desde una de las azoteas Henri Specht, director del proyecto de la villa.

Macron, durante una visita a las piscinas olímpicas.

Macron, durante una visita a las piscinas olímpicas.AP

A 100 días del inicio de los juegos, hay algunas certidumbres y un puñado de incertidumbres. Que la villa está lista es una de las primeras. El resto de las obras van dentro del calendario, tanto las de las instalaciones fijas, que seguirán o se transformarán después de los juegos, como las temporales ubicadas en la Torre Eiffel o en la plaza de la Concordia. "Estamos listos para este último tramo, haymucha convicción y serenidad, los tiempos se están respetando", señalaba Tony Estanguet, presidente del Comité Organizador de París 2024, en un acto para explicar cómo van los preparativos.

Ayer la llama olímpica salió de la ciudad griega de Olimpia y llegará a Marsella el 8 de mayo. "Quedan aún preparativos, pero Marsella ya es el principio de la celebración", presume Estanguet. "Estoy seguro de que estaremos muy orgullosos de estos juegos", dijo el presidente francés, Emmanuel Macron, el lunes en una visita a las obras del Grand Palais, donde se harán las pruebas de taekondo y esgrima. Un 53% de franceses tiene dudas sobre la organización y opina que serán un caos.

Euforia contenida

Entre los organizadores y autoridades hay euforia, aunque algo contenida. No preocupa las infraestructuras, pues el grueso está terminado, aunque aún hay 22 obrasen marcha. Inquietan tres cosas: la seguridad, si París será capaz de acoger tal flujo de gente sin que se desate el caos y el estado del agua del Sena, donde se harán algunas pruebas acuáticas.

La inseguridad es el mayor temor. Francia está en máxima alerta terrorista, se va a movilizar a todas las fuerzas del orden y a contratar seguridad privada. París nunca habrá estado tan vigilada. El momento más delicado es la ceremonia de apertura, cuando los atletas desfilen en barcos por el Sena. Los organizadores saben que si sale bien, será espectacular y el resto de problemas, de haberlos, pasará desapercibido. "Cada día cuenta y hacemos prueba de audacia. Son unos Juegos más espectaculares que los pensados inicialmente", dice Estanguet.

El Stade de France, en obras para los Juegos.

El Stade de France, en obras para los Juegos.AP

Macron dijo el lunes que hay plan B si no se pueda garantizar la seguridad en el Sena. En este caso, la ceremonia se hará en la plaza de Trocadero, al lado de la Torre Eiffel, o en el estadio de Francia. "Estamos preparados para hacerlo según lo previsto", ha insistido Macron. La villa olímpica estará cercada por una valla de seguridad de tres metros.

No tranquiliza que en las últimas semanas se hayan robado dos USB con información de los juegos a personal de la organización. "El 97% de las necesidades en términos de seguridad están cubiertas", dice Estanguet. También inquieta el posible colapso de París, que ya a duras penas logra gestionar sus flujos y cuyos transportes están saturados. No hay aire acondicionado en el metro ni en la red de Cercanías y el propio Macron reconoció que en cuestión de accesibilidad -se celebran los Paralímpicos- París "aún no está a la altura".

Los parisinos están alquilando sus pisos a precios disparatados para huir de la capital este verano. "Se están haciendo pruebas para ver cómo será un día típico y poder hacer frente a ello", tranquiliza Estanguet.

Los trabajos en una de las instalaciones en el centro de París.

Los trabajos en una de las instalaciones en el centro de París.AFP

En el Estadio de Francia varios obreros colocaban estos días la pista violeta donde se harán las pruebas de atletismo. "Es una creación inédita con un color que no había existido antes", presume Alain Blondel, director adjunto de las obras. El 1 de junio estarán acabados los trabajos. "Esta pista se quedará una vez acaben los juegos", dice. También la villa olímpica en Saint Denis, con más de 4.000 viviendas y oficinas. Todos insisten: Este evento, que se produce 100 años después de los juegos de 1924, transformará la ciudad, y dejará una herencia a los parisinos.

El legado fetiche, del que se presume con más orgullo sin saber aún si podrá producirse, es recuperar el baño en el Sena. Hace un siglo que el río no es sumergible y la calidad del agua aún no garantiza que las pruebas se puedan hacer ahí. Aún así, Macron ha dicho que va a dar ejemplo: "El Sena será uno de los mayores legados de estos juegos".