Guerra civil en San Mamés: una minoría radical divide a la grada y echa un pulso al Athletic

Guerra civil en San Mamés: una minoría radical divide a la grada y echa un pulso al Athletic

Apenas siete meses después de que un millón largo de seguidores del Athletic Club abarrotaran las dos márgenes de la Ría para celebrar el título de la Copa del Rey, el virus de la división comenzó a florecer en La Catedral. El grupo más duro de la Herri Harmaila (grada popular, en euskera) lanzó el primer aviso a la directiva de Jon Uriarte el 28 de noviembre y durante 30 minutos del partido contra el Elfsborg sueco dejó de animar. Desde entonces, el chantaje ha ido a más. El millar de seguidores de este colectivo han decidido no volver a animar hasta que la directiva no se comprometa a evitar que la Policía vasca haga su trabajo. El pulso amenaza con enfrentar a la afición cuando Unai Simón e Iñaki Williams levantan la voz para recuperar una «unidad» rota.

Fue el portero internacional -el mejor jugador rojiblanco en el empate de este domingo con el Leganés (0-0)- quien dijo las cosas claras. «Estamos en una buena situación en La Liga y en Europa, que todos hubiéramos deseado al inicio de temporada. Y esta situación que estamos viviendo con la afición es una mierda», denunció tras el agrio empate en San Mamés. La «situación», además, tiene pocos visos de mejora y, como ratificó minutos después Iñaki Williams también en sala de prensa, preocupa mucho en los vestuarios y el palacio de Ibaigane.

El último incidente extiende el chantaje que el grupo Iñigo Cabacas Herri Harmaila (ICHH) mantiene con la directiva hacia el resto de los 45.000 aficionados rojiblancos, incluso los que se sientan junto a ellos. Simón incidió en otra clave ante los medios: «Es triste que se escuche ese runrún, que a gente que quiere animar no se le deje», constató. Una valiente denuncia del guardameta que el Athletic Club secundó 24 horas después al calificar de «absolutamente inaceptables las presiones» que sufrieron quienes intentaban animar.

Las entradas

La directiva ha publicado que facilita 44 entradas y material destinado a la animación (megáfonos, bombos y banderas) para una grada integrada por unos 4.000 socios. Pero este domingo, y con el balón en juego, uno de los líderes de ICHH se encaró contra otro seguidor del grupo Piratak Athletic que, megáfono en mano, intentaba animar en San Mamés.

El megáfono permaneció mudo y los ICHH se apuntaron otra pírrica victoria en una batalla ya a cara descubierta que arrancó en vísperas del partido de Copa contra Osasuna. Los jóvenes radicales declararon la víspera del partido copero que dejaban de «coordinar y participar» en la animación de los partidos. Un día después, el Athletic fue eliminado por Osasuna (2-3) y la amarga derrota agravó la crisis interna.

Los radicales de ICHH argumentan que la directiva de Uriarte no actúa ante una presunta «represión» de la Ertzaintza en los accesos y en la grada de San Mamés. El presidente rojiblanco no ha cedido al chantaje de una minoría que, jornada tras jornada, aparece retratada en los informes que elabora la Liga de San Mamés.

Amenazas a Uriarte

El primero de esta temporada, contra el Getafe (1-1), retrató a este grupo. Según el informe de La Liga, en los minutos 41 y 72 los situados en sus localidades gritaron «¡Puta Barça, eh, eh!». Cuando concluía el encuentro, (minutos 75, 82 y 87), el insultado fue José Bordalás, técnico del equipo rival. El Athletic recibió la pasada temporada sanciones por un total de 49.000 euros por estos cánticos. Todos los gritos recogidos en los informes de La Liga han sido protagonizados por «un grupo de aficionados locales» que se sitúan debajo de las pancartas «Iñigo Cabacas» y «Herri Harmaila». Cabacas fue el aficionado del Athletic que murió el 9 de abril de 2012 tras recibir un pelotazo de goma de la Ertzaintza tras un partido europeo del Athletic.

Además, un miembro de este grupo radical amenazó a Uriarte el pasado 4 de diciembre. Los de Ernesto Valverde habían logrado una vibrante victoria (2-1) frente al Real Madrid cuando un miembro de ICHH se encaró reiteradamente con el presidente advirtiéndole de las «consecuencias de meterse» con ellos. Uriarte denunció ante la Ertzaintza las amenazas e hizo pública su decisión.

La marea del Athletic se despliega en masa por Sevilla: “¿Queda alguien en Bilbao?”

Actualizado Sábado, 6 abril 2024 - 17:21

Los ciudadanos anónimos, ajenos al fútbol, a la revolución que supone que Sevilla acoja la final de la Copa del Rey e incremente coyunturalmente su población en 100.000 personas, adquieren un carácter extraño, casi sospechoso. Allá donde uno se dirija, allá donde uno esté, la mirada se posa sobre los colores rojo y blanco, los del Athletic, que antes de iniciarse el partido ya gana en adhesión popular. Hasta los seguidores del Betis, con la sólida coartada de una plaza extra para la Liga de Campeones en caso de triunfo vasco, no dudan en mostrar sus simpatías hacia esa peregrinación de athleticzales, hasta 70.000, según algunas fuentes, que se han desplazado a Sevilla, en algunos casos cruzando el mapa de España de punta a punta por carretera, en moto, los más jóvenes y aventureros.

"¿Queda alguien en Bilbao?", se pregunta en voz alta Germán, un lugareño extasiado que merodea por la fan zone, cerca de la Torre Sevilla, a cierta distancia del estadio de La Cartuja, donde se disputa el partido. Allí se reunen todos aquellos que han querido estar en el lugar de los hechos, del acontecimiento, si el destino hace un guiño a su equipo después de 40 años, pero no cuentan con el privilegio de una entrada para contemplarlo en carne viva, enviando su aliento a un club que desde siempre teje lazos singulares con los suyos, de quienes le privó la pandemia en las dos últimas finales perdidas, ambas en un par de semanas, en la primavera de 2021.

Discretos, salpicados por la geografía de la ciudad con las identidades prestadas en el dorso de Muriqi, el capitán Raíllo o hasta el vasco Aguirre, el entrenador que les ha llevado a un lugar impensable en el comienzo de la temporada, los seguidores del Mallorca se sienten cómodos en su papel. "Mejor así", apunta Martín, un joven de planta serena, "donde se resuelven las cosas es en el campo, mañana veremos quien canta más alto". No son muchos, y la mayoría se aglutinan en la carpa reservada para sus colores. Separados despiertan la atención, como intrusos en un paisaje uniforme, un decorado donde figuran como extras.

El sueño de la gabarra

"¡O sacamos la gabarra o la hundimos!", proclama Xabi, quien estuvo el 5 de mayo de 1984 en la final del Bernabéu ante el Barcelona y gasta ya más que canas como inquebrantable devoto del conjunto vizcaíno, mientras camina con una nutrida cuadrilla hacia el Athletic Hiria, la fan zone donde se suceden conciertos y actos festivos a la espera del comienzo del partido.

Desde que José Angel Iribar, gran portero y símbolo mayúsculo del Athletic, levantó el telón, acompañado por el lehendakari Iñigo Urkullu, quien solicitó que no se pitase el himno nacional en el prólogo del encuentro, y Jon Uriarte, el presidente del club, se ha instalado un sonido atronador, guitarras de plomo que entretienen a la hinchada aún a varias horas del encuentro.

El clima tranquilo y deportivo, en la veraniega tarde sevillana, se vio alterado por algunos incidentes en el Jardín de la Alameda de Hércules, zona de la fan zone del Mallorca. Volaron algunas sillas, con botes de humo y elementos pirotécnico. En líneas generales, los 1.800 policías desplegados en la ciudad no tuvieron demasiado trabajo para velar por una atmósfera sana y relajada.