La separación de Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero fue un shock para todos. Normalmente, en el tenis, los cambios llegan cuando hay una mala racha y Carlos venía del mejor año de su carrera. No me lo esperaba, como nadie se lo esperaba. Pero hay que dar tiempo para saber cómo influirá en su carrera.
De momento, lo veo feliz, lo veo animado, incluso lo veo aliviado. Empieza un Open de Australia con mucha presión, por el cambio de técnico y porque es el único Grand Slam que no ha ganado, pero se le nota relajado. Por primera vez en su carrera ha pasado por el despido de un miembro de su equipo, nada menos que el entrenador principal, y eso nunca es fácil. Pero tarde o temprano tenía que pasar.
Los jugadores que siempre han tenido el mismo entrenador son casos muy contados. Lo normal en los circuitos ATP y WTA es abrir y cerrar etapas. Es bastante habitual que el técnico que te ha dirigido de junior no siga contigo cuando estás luchando por ganar torneos grandes porque las necesidades son distintas. De joven te ayuda alguien que te organice también fuera de la pista, que te haga de padre y de psicológico, que te incluye disciplina y te enseñe hábitos. Después ya no hace falta esa figura o no debería. De ahí que haya tanto cambios de entrenador.
Y también es que estas relaciones nunca son faciles. Pagas alguien para que te diga lo que debes hacer. Es una situación extraña. En el tenis lo vives desde niño, te acostumbras desde las clases particulares que contratan tus padres, pero igualmente es raro. Genera rifirrafes y el equilibrio es muy delicado. Si pensamos en los grandes de la historia, incluso las relaciones de Rafa Nadal con su tío Toni o de Novak Djokovic con Marian Vadja tuvieron un final.
En mi opinión, Carlos acabará contratando un segundo entrenador. Lo necesita porque juega muchos torneos, viaja mucho, y sobre todo para tener un contrapunto. En un banquillo debe haber un técnico serio y un técnico relajado, al igual que debe haber uno técnico y otro experimentado. Sentir la ayuda de alguien que haya jugado finales de Grand Slam es muy importante y, aunque todo le vaya muy bien, en algún momento puede echarlo de menos.
Carlos Alcaraz seguía siendo Carlos Alcaraz. Look fresquísimo, con una camiseta de béisbol Nike ‘oversize’ y una gorra del estilo, sonrisa preparada y un discurso diáfano, muy sincero. Este viernes, el número uno ofreció su primera rueda de prensa desde noviembre y todo parecía igual. Pero su concentración al escuchar las preguntas demostraba que la ocasión exigía un esfuerzo extra. En Melbourne, un día antes de su debut en el Open de Australia ante el local Adam Walton (09.00 horas, Eurosport), Alcaraz habló por primera vez de su ruptura con su entrenador de siempre, Juan Carlos Ferrero, y se notaba la precaución en sus palabras.
"Era un capítulo de la vida que debía terminar", comentó ante los medios internacionales. "He aprendido muchísimo. Probablemente gracias a él soy el jugador que soy hoy. Estoy realmente agradecido por estos siete años", aseguró, aunque tampoco quiso ofrecer más detalles de los motivos de la separación.
"Cerramos este capítulo de mutuo acuerdo. Seguimos siendo amigos, tenemos una buena relación, pero simplemente decidimos hacerlo así", añadió Alcaraz en una versión de lo ocurrido que se aleja de la versión de Ferrero que desde el primer momento aseguró que le hubiera gustado seguir. Según el número uno, la decisión de cambiar de entrenador fue parte de un proceso que vivió junto a todo su equipo, de una deliberación conjunta: "Fue algo interno, algo nuestro. Es algo que decidimos como equipo. Al ser un grupo tan profesional y tan unido, no hay un simple movimiento que no pongamos todos encima de la mesa y se hable. Así que fue una decisión interna y al final se llevó a cabo de esa manera".
La relación con López
"Para mí está todo prácticamente igual. Obviamente ha cambiado el entrenador principal y cada uno tiene sus pensamientos y su método, pero yo ya venía trabajando con Samu [López] desde el año pasado. Que sea segundo o primero no quiere decir que haya cambiado su manera de entrenar, de aportar sus opiniones o de hacer las cosas. Nos conocemos muy bien, así que no ha cambiado nada en mi rutina de entrenamientos", aseveraba Alcaraz que cerraba así el trámite de tener que hablar de su cambio de técnico y abría su temporada con el objetivo claro de vencer en el Open de Australia y convertirse en el jugador más joven de la historia en ganar los cuatro Grand Slam.
De hecho, el propio jugador aseguró que el torneo en Melbourne es su "objetivo principal" de la temporada, una intención que nunca se había planteado a lo largo de su carrera. "He hecho la pretemporada centrado únicamente en el Abierto de Australia, para llegar en muy buena forma aquí física, mental y tenísticamente. En todos los aspectos", finalizaba Alcaraz que este viernes descansará -no entrenará en el Melbourne Park- antes de encarar un debut de Grand Slam ya sin Ferrero, su técnico de siempre, en su palco.
Carlos Alcaraz iniciará ante el australiano Adam Walton el Abierto de Australia, primer torneo del Grand Slam de tenis de 2026, donde el defensor del título, el italiano Jannik Sinner, debutará con el francés Hugo Gaston, tras el sorteo celebrado este jueves en Melbourne para establecer la configuración del torneo.
Alcaraz evitó al serbio Novak Djokovic que quedó ubicado en la otra parte del cuadro, en el de Sinner, con el que se encontraría en una hipotética semifinal. El ganador de diez Grand Slam se enfrentará en el primer tramo al español Pedro Martínez. En el camino del murciano, antes de la final, tendría enfrente al alemán Alexander Zverev, tercero del mundo y finalista una vez en Melbourne.
Carlos Alcaraz irrumpe en el intento de lograr el único evento grande que falta en su historial en el choque contra Walton, 79 en el ránking ATP, con el que ya se había enfrentado en junio de 2025 en los Queen's Club Champianships de Londres, donde Alcaraz ganó al australiano por 6-4, 7-6(4).
Por el lado de Alcaraz, una vez superada la primera ronda, apuntan jugadores como el alemán Yannick Hanfmann, el galo Corentin Moutet o Sebastian Korda, el estadounidense Tommy Paul o Alejandro Davidovic en octavos, y Alex de Miñaur, el kazajo Alexander Bublic, o el estadounidense Frances Tiafoe en cuartos. En semifinales, Zverev, Daniil Medvedev o Andrey Rublev.
Sinner coincide con jugadores como Lorenzo Musetti, el estadounidense Ben Shelton, o su compatriota Taylor Fritz.
En cuanto al resto de españoles, Pablo Carreño se enfrenta al checo Jakub Mensik, mientras que Roberto Bautista ha sido emparejado con el chino Juncheng Shang.
Jaume Munar será el rival del checo Dalibor Svrcina y Alejandro Davidovich iniciará su recorrido con el austríaco Filip Misolic. Carlos Taberner se medirá con el italiano Lorenzo Sonego.
Cuenta Kilian Jornet que una de las peores lesiones de su vida no fue corriendo por las montañas, mucho menos ascendiendo a las alturas del Himalaya; fue en Puigcerdà, la ciudad más cercana a su hogar de infancia, donde resbaló al cruzar una calle y se destrozó una rodilla contra la acera. No es algo tan raro. El ciclista que vuelve del Tour de Francia y se estrella mientras pasea en bici con sus hijos, el maratoniano que se rompe trotando por el parque.
La relajación puede llevar al desastre; eso fue lo que descubrieron Carlos Alcaraz y Jannik Sinner en su partido de exhibición en Seúl este sábado. El español ganó por 7-5 y 7-6(6) en una hora y 43 minutos, pero fue lo de menos. Lo importante es que ambos acabaron sanos, sin un rasguño, y estarán preparados para el Open de Australia que empieza el próximo domingo. De hecho, justo después del amistoso ambos volaron a Melbourne en un jet privado y este domingo por la tarde ya se entrenarán en la ciudad australiana.
Una suerte para ambos. El partidillo ante 12.000 personas en el Incheon Inspire Arena empezó como debía: con risas. Sinner y Alcaraz intercambiaban reveses cortados hasta el infinito o se entretenían con dejadas y contradejadas. El público coreano aplaudía, la organización ya contaba la recaudación y todos contentos.
La moqueta, culpable
Pero a finales del primer set ocurrió algo inesperado. En una decisión extraña, se había instalado una moqueta como superficie de juego, un material que no se usaba en el tenis desde los años 90, y Sinner resbaló. No fue nada, un susto, pero en ese instante el italiano se dio cuenta del riesgo al que se estaba exponiendo. Por una pachanga, por dos millones de ingresos, toda su temporada estaba en peligro.
HAN MYUNG-GUEFE
Y dio un paso atrás. Con mucho tiento dejó que Alcaraz se llevara ese primer periodo y en el segundo set empezó incómodo. Otro tropiezo y podía romperse. Luego, con el paso de los minutos, volvió a soltarse, a divertirse, incluso le cedió su raqueta a un niño para que le ganara un punto a Alcaraz. Pero con el primer set decidido ya estaba marcado todo el encuentro. Ninguno de los dos contendientes quería llevar el partido de exhibición hasta el tercer set, así que en el tie-break del segundo Sinner entregó tres puntos y se acabó. La amenaza se esfumaba y así el 2026, otro año que posiblemente guardará muchos duelos entre Alcaraz y Sinner, ya está listo para empezar.
Carlos Alcaraz aterrizó en Seúl el jueves, atendió a fans coreanos en el aeropuerto, visitó la sede de Hyundai, ofreció una rueda de prensa amabilísima -muchas preguntas de broma, ninguna sobre su separación de su ya exentrenador Juan Carlos Ferrero- y este sábado (08:00 horas, Movistar) se enfrentará a Jannik Sinner en una exhibición de una hora y media. Gane o pierda, este domingo se marchará de la ciudad con dos millones de euros más, según publicó La Gazzetta dello Sport.
Unas horas después, Alcaraz llegará a Melbourne, se entregará a numerosos actos publicitarios -entre ellos un partido a un punto con un aficionado-, se enfrentará en las siguientes dos semanas a los mejores tenistas del mundo en siete partidos de esfuerzo máximo e intentará levantar su primer Open de Australia. Si lo logra, con el propio Sinner como amenaza, ingresará 2,4 millones de euros, no mucho más de lo que ya tiene asegurado en Seúl. De hecho, si es subcampeón apenas recibirá la mitad.
JUNG YEON-JEAFP
Siempre ha habido encuentros de exhibición en el tenis. Antes de la Segunda Guerra Mundial, jugadores históricos como Bill Tilden o Suzanne Lenglen ya disputaban partidos amistosos y recibían notables cantidades por ello, aunque entonces prevalecía la excusa proselitista: descubrieron el tenis a muchos que no lo conocían. En las décadas posteriores hubo auténticos profesionales de las exhibiciones, como Bjorn Borg, pero con la madurez de los circuitos ATP y WTA la tendencia fue decreciente. Roger Federer y Rafa Nadal también disputaron en 2006 un lucrativo encuentro en Seúl, por ejemplo, pero en sus agendas apenas había huecos para informalidades.
En los últimos años, en cambio, la moda de las exhibiciones ha vuelto con fuerza. Pese a que el calendario tenístico es cada vez más exigente por medidas como la ampliación de los Masters 1000 a dos semanas, los mejores tenistas no paran de disputar encuentros de esta índole por todo el mundo por un motivo muy claro: se pagan exageradamente bien. Lejos de las obligaciones que implica la organización de un torneo -y de la dificultad de entrar en el universo ATP-, empresas y gobiernos de todo el mundo ven en el formato de exhibición una forma de promoción y no dudan en gastar lo que haga falta.
La defensa de Alcaraz
Gracias a ello, Alcaraz, que según los extenistas del podcast Nothing Major tiene un caché superior a los 1,5 millones de euros, puede ganar en una única temporada entre ocho y 10 millones únicamente a través de las exhibiciones. En los últimos años, el número uno ha tenido que escuchar críticas por la falta de descanso que esto implica, pero la recompensa no es poca cosa.
«Es un formato muy diferente. Es muy distinto jugar una exhibición que un Grand Slam oficial, con 15 días seguidos de una concentración muy alta y una exigencia física enorme», declaró hace unos meses Alcaraz a BBC Sports, y añadió: «Los jugadores elegimos las exhibiciones porque consisten en simplemente divertirse y eso es genial». El año pasado, el español participó en las exhibiciones previas al Open de Australia en enero, se midió en marzo a Frances Tiafoe en Costa Rica, en octubre disputó el multimillonario Six Kings Slam de Arabia Saudí y en diciembre volvió a verse con Tiafoe en Nueva Jersey y se midió a João Fonseca en Miami.
Los torneos pequeños, los perjudicados
Para él y el resto de jugadores, el riesgo de estas exhibiciones es mínimo y el beneficio, alto. Para el tenis es otra cosa. Los Grand Slam van incrementando sus premios para no quedarse atrás, pero la tendencia afecta con mayor fuerza a los torneos pequeños. Las exhibiciones impiden que los mejores tenistas incorporen citas ATP 250 como las que se disputan estas semanas -Brisbane, Hong Kong, Adelaida, Auckland- en sus preparaciones y, sobre todo, les roban protagonismo.
La mirada del público, que durante toda la temporada ya está centrada en los duelos entre Alcaraz y Sinner, no puede extenderse a torneos más humildes ni cuando ambos están fuera de la competición oficial. En la pista es normal que haya alegría durante las exhibiciones; en los despachos crece la preocupación.
Con el Mundial de fútbol como gran evento deportivo para 2026, el año traerá sus citas habituales e imprescindibles para los reyes del deporte mundial. Algunos de los más grandes deportistas actuales afrontan un calendario repleto de desafíos concretos que puedan seguir potenciando sus figuras y enriqueciendo todavía más su palmarés.
TADEJ POGACAR
Muy pocas veces un deportista domina el ecosistema de su profesión como el fenómeno esloveno (27 años) el ciclismo. La bicicleta gira a su alrededor como una reina sumisa a un rey de rostro aniñado que se eleva por encima de su propia época, a la que define, caracterizada por la presencia de estrellas de extraordinario brillo: Jonas Vingegaard, Primoz Roglic, Remco Evenepoel, Mathieu van der Poel, Wout van Aert...
Pogacar y Eddie Merckx.MUNDO
Gigante en las grandes rondas, coloso en las clásicas, Pogacar no es invencible. No puede ganar todas las carreras. Pero nadie gana tantas como él. Ni, cuando pierde, se queda tan cerca de la victoria. En 2025 obtuvo 20 triunfos, líder del año, en 58 días de competición y elevó a 108 su cifra total de triunfos.
En 2026 le esperan varios desafíos de primer orden, entre ellos vencer en San Remo y en Roubaix. Pero, sobre todo, hacerse con su quinto Tour de Francia. Sentarse a la misma mesa que Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Indurain. Y a partir de ahí...
LAMINE YAMAL
Lamine Yamal todavía no tendrá 20 años en 2026. En julio cumplirá 19. Pero, renovado hasta 2031, ya es alguien en completa disposición de aspirar a todos los trofeos individuales y liderar a sus equipos, el Barcelona y la selección nacional, en persecución de los colectivos.
Balón de Plata, por así decirlo, tras Dembélé, Premio Kopa al mejor jugador joven y triplemente homenajeado en los Globe Soccer Awards, sus metas ya están fijadas para 2026: La Orejona con el Barça. El Balón de Oro en el Barça. Y una estrella en la camiseta con, en y para La Roja.
Desde el otoño se vio limitado por una pubalgia de la que, a tenor de sus últimas actuaciones, parece recuperado. Según la lista de Transfermarket de diciembre, es el futbolista más valorado del planeta. Se le tasa en 200 millones de euros, los mismos que Kylian Mbappé y Erling Haaland. Pero su menor edad lo coloca por delante de tan distinguido dúo, que, pese a su juventud, no tiene tanto tiempo por delante.
CARLOS ALCARAZ
El año acabó con la sorprendente, dolorosa para el tenis, ruptura no aclarada del todo de Carlos Alcaraz con Juan Carlos Ferrero después de haber logrado juntos 24 torneos y seis Grand Slams. Ya sin Juanqui, Carlitos penetra en 2026 con el propósito de revalidar su número 1 mundial mientras se reencuentra de sopetón, a las primeras de cambio, con el Abierto de Australia, único Grand Slam que (aún) no ha ganado. Avanzando el año, abriga la intención de llegar hasta los 10 títulos, una cifra redonda y siempre provisional en su caso, de esos Grand Slams que marcan las jerarquías en el circuito y sitúan a los tenistas en los lugares más altos en la historia de la raqueta.
No le será fácil, naturalmente. No puede serlo. Pero, en todo caso, lo tendrá menos difícil que Rafa Nadal, que lidió durante muchos años con Roger Federer y Novak Djokovic (y ellos con Rafa). En el camino de Carlos sólo se interpone realmente Jannik Sinner. Y viceversa. Mejor para ambos. Peor para todos los demás.
LINDSEY VONN
En los Juegos Olímpicos de Vancouver, en 2010, Lindsey Vonn, la reina de la velocidad sobre unas tablas, obtuvo, en la prueba de descenso, su única medalla olímpica de oro (acompañada por el bronce en el eslalon supergigante). En Pyeongchang, en 2018, ya veterana y machacada por las lesiones, accedió casi milagrosamente al bronce en el descenso. Aquel oro solitario, magra recompensa para tan excelsa esquiadora (83 triunfos y 143 podios en la Copa del Mundo), buscará, 16 años después, una eternidad en el deporte, compañero de color y brillo, en febrero, en los Juegos de Milán-Cortina dAmpezzo.
Lindsey Vonn.Pier Marco TaccaAP
No es ninguna utopía para la estadounidense. A sus 41 años y con su prótesis de titanio en una rodilla, esta temporada ganó el primer descenso de St.Moritz. En otras pruebas ocupó una segunda posición, dos terceras y una cuarta. Está en una condición asombrosa. Inimaginable a su edad. En enero tendrá tres descensos y tres supergigantes antes de los Juegos.
MARC MÁRQUEZ
En 2020, tras su caída en Jerez, Marc Márquez, ya campeón de Moto GP por cuarta ocasión consecutiva con Honda, vivió en el purgatorio de las lesiones y las operaciones, tan lejos del infierno de la retirada como del cielo de los triunfos. Salía del quirófano, se subía a una moto, se caía, regresaba al quirófano, tornaba a cabalgar la máquina y a caerse. Muchos le daban por muerto.
En 2025 resucitó. Ha continuado, como todo piloto sobre dos ruedas, cayéndose y encaramándose de nuevo a la moto, esta vez una Ducati al rescate del campeón en apuros bajo el ojo escéptico del aficionado. Y 2.184 días después de su último título mundial, el octavo, alcanzó el noveno (séptimo en MotoGP). Lo hizo, además, matemáticamente, a falta de cinco carreras para el final del Campeonato. Todavía convaleciente de su última intervención, tres meses después del percance que la motivara, ya piensa en ascender en 2026 al cielo de los 10 títulos, allí donde sólo moran Ángel Nieto y Giacomo Agostini. Para empezar, ya se ha subido a la Ducati de cross, la Desmo 450 MX.
LANDO NORRIS
En la Fórmula 1, en la fusión hombre-coche, es imposible saber qué porcentaje del éxito o del fracaso corresponde a uno u otro. Depende, se supone, de, entremezcladas en distinta proporción, las concretas e independientes calidades de la persona y la máquina. En cualquier caso, mucha gente piensa que en la adjudicación del título de campeón del mundo en 2025 han pesado más las bondades del vehículo en cuestión, el McLaren, que las de su conductor, Lando Norris.
El piloto británico (26 años) superó a Max Verstappen y su netamente inferior Red Bull por sólo dos puntos: 423 contra 421, la diferencia más escueta en términos absolutos en la historia de la Fórmula 1. Fue el triunfo de la regularidad. Norris acopió siete victorias, una menos que Verstappen, pero pisó tres podios más. Es una estrella y, a la vez, un meritorio que aspira en 2026 a convencer al entero universo de las cuatro ruedas de que es un campeón legítimo. Cuenta para ello con su talento y, claro, con su McLaren. ¿Quién le deberá más a quién?
JORDAN DÍAZ
El 9 de agosto de 2024, Jordan Díaz se proclamó campeón olímpico de triple salto. Desde entonces, estorbado por lesiones recurrentes, ni graves ni leves, en la rodilla y el cuádriceps, sólo realizó, en 2025, un salto en el Campeonato de España, suficiente para ganar, antes del Mundial de Tokio. Y en la capital japonesa, en el primer intento de la calificación, se volvió a lesionar. En resumen, Díaz sólo ha hecho dos saltos en casi año y medio. Así que 2026 se anuncia esperanzadoramente como el regreso al aplazado presente de un saltador excepcional. Un superdotado que cumplirá 25 años el 23 de febrero y que con 18,18 de marca, récord de España, amenaza el mundial de Jonathan Edwards (18,29), que data del año 1995.
Otros deportistas afrontan sus propios desafíos y cultivan sus propias ilusiones. Aitana Bonmatí piensa en su cuarto Balón de Oro consecutivo. Y, aunque en 2026 no hay Mundial ni Juegos Olímpicos, Sydney MaLaughlin (47.78 en 2025), en romper el récord del mundo de los 400 metros (47.60), en poder de Marita Koch desde 1985. Léon Marchand ganó en París el oro en los 200 braza, los 200 mariposa y los 200 y 400 estilos. Es el plusmarquista mundial en estas dos últimas pruebas. Y quiere el récord en las otras dos para cerrar el cuádruple círculo.
Estaba en un hotel de puro lujo en una isla paradisiaca de Turcas y Caicos, tenía una playa privada frente a su habitación y un barco a su disposición para navegar hasta Miami, pero lo que recordará Carlos Alcaraz de sus semanas de vacaciones recién finalizadas serán las partidas de mus o de League of Legends junto a su hermano Álvaro y sus amigos de siempre, el Joserra, el Pedro, el Fran, el Álex.
2025 fue el mejor año de la carrera de Alcaraz: remontó la final de todas las finales en Roland Garros ante Jannik Sinner, volvió a derrotar a su máximo rival en el US Open y acabó la temporada como número uno. Pero sobre todo 2025 fue el año en el que encontró el equilibrio.
Hay muchos motivos técnicos y muchos motivos tácticos y muchos motivos técnico-tácticos, pero si el español domina el tenis de la manera en la que lo hace, hasta sumar seis Grand Slam con apenas 22 años, es porque ha entendido una cosa: las victorias no dan la felicidad, la felicidad puede llevar a las victorias.
Otras temporadas acabó cayendo en la desesperación, el llamado burn-out: en 2025 ya no. Alcaraz ha comprendido que lo primero es su bienestar. Para vencer necesita alegría y su alegría se basa en la compañía, en sentirse querido, en estar con los suyos el máximo tiempo posible. Más que trofeos, le llenan las comidas con su familia, los ratillos con los amigos.
Bajo esa máxima también se puede entender el divorcio con su entrenador, Juan Carlos Ferrero: por encima de todo, su espacio. Bajo esa máxima incluso se puede entender su ventaja respecto al resto de tenistas.
El antiejemplo, Zverev
Este 2025, cuando el español o Sinner no estaban en pista, se observaban cuadros de ansiedad, montones de hombres padeciendo el privilegio de vivir holgadamente de un juego. Hay un debate encendido sobre qué posición ocuparían Alcaraz o Sinner si hubieran nacido 15 o 20 años antes, pero no hay duda sobre qué pasaría con el resto de jugadores del Top 10 actual. Nada bueno.
El caso paradigmático es Alexander Zverev. De otros, como Alex de Miñaur o Lorenzo Musetti, se puede decir que su tenis no les alcanzó para discutir a los dos mejores del mundo. Pero con el alemán es distinto: tiene el juego, siempre lo ha tenido, pero le falta precisamente eso, la alegría.
Zverev vive en una constante lucha contra sí mismo que le lleva a sabotarse cuando menos debe. Cuatro veces se enfrentó al italiano durante la temporada y cuatro veces se empequeñeció hasta desaparecer. Su estabilidad parece depender de ganar, incluso de ganar mucho, de celebrar por fin su primer Grand Slam, y así será difícil que lo consiga.
En un deporte individual, más en uno tan cruel como el tenis, esa inquietud es letal. Y al mismo tiempo quizá sea inevitable. Quienes llegan a lo más alto de la ATP lo hacen cargados de un entorno armado de halagos y exigencias -normalmente personificado en el padre- y es imposible hollar la cima con tanto peso.
Muchos de su generación ya han caído por lo mismo: Daniil Medvedev, Stefanos Tsitsipas, Andrei Rublev. Y muchos otros lo harán. La revelación del final de temporada fue Felix Auger-Aliassime, aunque en sus ojos se sigue leyendo la tristeza.
Sinner aprende a disfrutar
También les pesa la diferencia con Alcaraz, siempre disfrutón, y con un Sinner que este 2025 ha emprendido su mismo camino. La rivalidad con el español sería un nido de frustración para muchos, ya no digamos perder como perdió en París, pero el número dos del mundo analizó lo ocurrido y extrajo la mejor conclusión posible: su rival le derrotó porque al final se lo gozó más. El balance, Sinner también ha hallado el balance.
En el último de seis duelos Alcaraz-Sinner del curso recién terminado, la final de las ATP Finals, pasó algo extraordinario. Durante el segundo set, Sinner engañó con una dejada de revés a Alcaraz y este, que no llegó a devolverla, sonrió. Sonrió de verdad. Sonrió con todos los dientes.
Si hubiera sido un partidillo en el club, sin trofeos ni cámaras, lo hubiera parado y le hubiera dicho a su amigo: «Lo ves, ahí me has pillado». Son muy distintos, pero Sinner devolvió el detalle a Alcaraz con una miradita cómplice. Dentro de todo, los dos estaban echando un buen rato.
Poco después, en Turín, las cámaras ya estaban apagadas, pero al acabar la ceremonia de trofeos, Sinner saltó a la pista con su equipo, unos familiares, su nueva pareja y su perrete. Ahí se podía ver que el tipo es mucho más alegre de lo que parece.
Le lanzó un «Sit!» al animal, el animal le hizo caso y entonces Sinner soltó una carcajada. ¡Una carcajada! Como Alcaraz, parece que también se siente en paz, que duerme bien, que tararea al pasear por la calle. Este 2025 fue el año de la felicidad en el tenis; la felicidad de Alcaraz y Sinner que no se sustenta en victorias.
Antes de sentarse en el banquillo de Carlos Alcaraz por primera vez la temporada pasada, Samu López ya sabía qué era trabajar con él. Nacido en Alicante en 1970, entrenador de tenistas españoles como Santiago Ventura, Nicolás Almagro y Guillermo García-López, López llevaba ya casi un década como director deportivo de la academia Equalite, la actual Ferrero Tennis Academy, y había visto crecer a Alcaraz en sus pistas.
Junto a Antonio Martínez Cascales, era un habitual de los entrenamientos del actual número uno, aunque durante nueve temporadas estuvo centrado en ayudar a Pablo Carreño, su anterior pupilo. Junto a él celebró éxitos como el bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, hasta que a finales de 2024 Alcaraz le pidió ayuda.
"Hemos hecho mucho hincapié en que sea uno mismo. Que tenga muy claro lo que tiene que hacer, sus rutinas, su actitud, que esté por encima de todo. Preocuparse mucho de eso y no tanto del tenis para, a partir de ahí, construir", comentaba López en Eurosport, más cerca de la filosofía 'a mi manera' de Alcaraz que el propio Ferrero.
"Son muchos años trabajando con Juan Carlos Ferrero y el trabajo viene de él, yo siempre he estado cerca. No entro de nuevo. Lo conozco desde hace mucho tiempo. Mi experiencia de haber viajado con muchos jugadores creo que puede aportar", confesaba también el técnico. La temporada pasada ya pudo disfrutar de las celebraciones en Roland Garros y el US Open y, de hecho, fue premiado por el circuito ATP. López y Ferrero fueron escogidos como mejores entrenadores del año de manera conjunta, un galardón que había obtenido Ferrero en solitario en 2022.
Carlos Alcaraz ha anunciado este miércoles, a través de un comunicado en redes sociales, el fin de su relación profesional con Juan Carlos Ferrero, su entrenador desde 2018, cuando aún tenía 15 años. «Es muy difícil para mí escribir este post. Tras más de siete años juntos, Juanki y yo hemos decidido poner fin a nuestra etapa como entrenador y jugador», aseguró el número uno del ranking ATP.
«Gracias por haber hecho de sueños de niño, realidades. Empezamos este camino cuando apenas era un chaval y, durante todo este tiempo, me has acompañado en un viaje increíble, dentro y fuera de la pista. He disfrutado muchísimo de cada paso contigo», continúa el escrito.
Carlos Alcaraz anunció este miércoles, a través de un comunicado en redes sociales, el fin de su relación profesional con Juan Carlos Ferrero, su entrenador desde 2018, cuando aún tenía 15 años.
«Es muy difícil para mí escribir este post. Tras más de siete años juntos, Juanki y yo hemos decidido poner fin a nuestra etapa como entrenador y jugador», aseguró el número uno del ranking ATP. «Gracias por haber hecho de sueños de niño, realidades. Empezamos este camino cuando apenas era un chaval y, durante todo este tiempo, me has acompañado en un viaje increíble, dentro y fuera de la pista. He disfrutado muchísimo de cada paso contigo», continúa el escrito.
«Hemos conseguido llegar a la cima, y siento que, si nuestros caminos deportivos tenían que separarse, debía ser desde ahí arriba. Desde el lugar por el que siempre trabajamos y al que siempre aspiramos llegar», confesaba sobre la larga relación profesional.
El paso adelante de López
Junto a Ferrero, Alcaraz maduró como tenista, levantó seis títulos de Grand Slam y alcanzó lo más alto de la élite mundial, pero la unión estaba condenada a disolverse.
En las últimas temporadas, Ferrero ya había expresado su necesidad de pasar más tiempo en casa y de dedicarse a su familia, y por eso en este 2025 Alcaraz también había trabajado con un segundo técnico, Samu López, muy vinculado al propio Ferrero. De hecho, ambos recibieron hace unos días el premio conjunto a mejores entrenadores de la ATP. Ahora será únicamente López quien acompañe a Alcaraz por el mundo durante toda la temporada.
«Ahora llegan tiempos de cambio para los dos, nuevas aventuras y nuevos proyectos. Pero tengo la certeza de que los afrontaremos de la manera correcta, dando lo mejor de nosotros, como siempre hemos hecho. Siempre sumando», cerraba el número uno del mundo en su comunicado, antes de un último mensaje hacia Ferrero, su ya exentrenador: «Te deseo lo mejor de corazón en todo lo que venga. Me quedo con la tranquilidad de saber que no nos hemos dejado nada por dar, que lo hemos puesto todo a disposición del otro».
"Me hubiera gustado seguir"
Después de la comunicación de Alcaraz, Ferrero se despidió con cariño de ex pupilo, aunque dejó un mensaje difuso sobre la raíz de la decisión. "Me hubiera gustado seguir. Estoy convencido de que los buenos recuerdos y las buenas personas siempre encuentran la manera de volver a cruzarse", advirtió.
"Hoy se cierra una etapa muy importante de mi vida. La cierro con nostalgia, pero también con orgullo e ilusión por lo que pueda venir", explicó Ferrero, que acogió al Alcaraz adolescente en su academia de Villena y le acompañó a lo más alto del tenis.
David Ferrer ha insuflado al equipo español las señas de identidad que le caracterizaron en su formidable etapa como jugador. Esta España alternativa, sin Carlos Alcaraz ni Alejandro Davidovich, sus hombres más cualificados, buscará este domingo ante Italia su séptima Copa Davis a partir del espíritu y el trabajo colectivo, ése con el que se constuyen los éxitos en una competición distinta a cualquier otra.
El capitán transmite fortaleza a un grupo de tenistas que merecen mucho crédito. Ahí está Jaume Munar, capaz de derribar a un oponente como Jiri Lehecka en el cruce con la República Checa. Y ahí está Pablo Carreño, que lleva tiempo jugando a un nivel homologable al de su mejor época, aunque sus resultados no hubieran sido tan visibles hasta ahora. Qué decir de Marcel Granollers y Pedro Martínez, determinantes en el dobles.
Hay un equipo que compite y que plantará cara frente a los anfitriones, también privados de sus tenistas más destacados, Jannik Sinner y Lorenzo Musetti. Matteo Berrettini es un ex top ten que impone en este tipo de superficies, donde busca su mejor versión tras un largo período lastrado por las lesiones. Menos conocido para el gran público es Flavio Cobolli, a quien conviene tener muy en cuenta. Es el típico tapado al que nadie quiere encontrarse. No destaca con ningún golpe particular, pero tampoco exhibe flaquezas. Es serio y compacto. Busca y genera.