La fina línea que casi deja a España sin bronce y una tensa espera: "Ha sido fallo mío"

La fina línea que casi deja a España sin bronce y una tensa espera: “Ha sido fallo mío”

Ana Alonso estaba destrozada, tumbada en la nieve. Después de su segundo y último turno, pensaba que las opciones de España de celebrar una medalla en el relevo mixto del esquí de montaña de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina se habían terminado por su culpa. Agotada, exhausta, lastrada por las secuelas del grave accidente que sufrió hace cinco meses, había caído hasta el quinto puesto y, lo que es peor, había cometido una infracción. En la transición final se había pasado la línea reglamentaria. No se detuvo donde tocaba, lo hizo dos metros más allá.

Luego Oriol Cardona remontaría hasta el tercer puesto e incluso se acercaría al segundo, pero ni uno ni el otro tenían claro qué pasaría al cruzar la meta. De hecho, no celebraron ni se abrazaron; únicamente se colocaron contra una valla mirando al videomarcador y esperaron. Esperaron, esperaron y esperaron. Un segundo que pareció una hora, dos, tres. Al cabo de un rato apareció: «¡Que pone tres segundos!», gritaba Alonso, y Cardona rompía a llorar. Esperaban un castigo de 10 o incluso 20 segundos y solo fueron tres. El bronce era suyo.

Ya eran dobles medallistas olímpicos, ya eran historia de España: ningún otro deportista del país había subido al podio dos veces en los Juegos Olímpicos de invierno. Ellos lo consiguieron. Después del oro de Cardona y el bronce de Alonso en la distancia sprint del pasado jueves, se colgaron otro bronce en los relevos por parejas, solo por detrás de los franceses Thibault Anselmet y Emily Harrop y los suizos Jon Kistler y Marianne Fatton.

«Estoy abrumado, estoy jodido, me duele la cabeza y todo», reconocía Cardona justo al cruzar la meta, en una mezcla de emociones extraña. La tensión por la sanción se unía a la alegría por la medalla y todo se mezclaba con la ambición de quien quería más. «Es un bronce, no es un oro, pero hay que valorarlo también. En vista de cómo ha ido la carrera, hubiera podido ser peor», confirmaba el esquiador y, a su lado, su compañera corroboraba sus sensaciones: «Veníamos a pelear el oro porque siempre habíamos quedado primeros o segundos. Es la primera vez que quedamos terceros. Pero bueno, así añadimos un nuevo color a las medallas».

Gabriele FacciottiAP

«Ha sido un fallo mío. No me he dado cuenta de que me pasaba de la línea; me lo han dicho cuando ya le había dado el relevo a Oriol, y la cosa es que no sabíamos cuánto tiempo nos pondrían de penalización. Nos ha tenido en vilo hasta que hemos visto que eran tres segundos», relataba Alonso, que durante la carrera sufrió de lo lindo. En su primera vuelta ya tuvo que pelear de menos a más para entregar el relevo a Cardona en cuarto puesto, pero en la segunda se desfondó. Su cara, puro sufrimiento, advertía del error que cometería después.

La celebración de los medallistas

En todo caso, las consecuencias no fueron graves, ni hubo reclamación. Estados Unidos, que acabó en cuarta posición con Cameron Smith y Anna Gibson, quiso que el castigo se reevaluara, pero presentó su solicitud fuera de plazo y la Federación Internacional de Esquí de Montaña (ISMF) ya no tocó los resultados.

Después de las 48 horas más intensas de su vida, Cardona y Alonso ya podían irse a celebrar: la vida les había cambiado para siempre. Cuando subieron al podio, apenas unos minutos después de la prueba, todavía se les veía el susto en la cara, pero después se desató la fiesta. Con las familias de ambos desplazadas a la estación de esquí de Stelvio, organizaron una merecida cena después de todas las obligaciones de los medallistas, entre ellas una rueda de prensa.

«Estas medallas son una recompensa a todo el camino recorrido por nosotros y por la gente que nos rodea. Hay personas que han estado en nuestras vidas y que han dejado de estar que nos han ayudado a estar aquí», aseguraba Cardona, más emocionado que dos días antes, con su abuelo fallecido en mente. «Lo hemos intentado con todas nuestras fuerzas y hemos hecho historia para nuestro país», resumía Alonso, que, como Cardona, ya pensaba en el futuro: «En 2030 volveremos a por el oro».

Alcaraz no tiene piedad de un angustiado Fils y gana en Doha su segundo título de la temporada

Alcaraz no tiene piedad de un angustiado Fils y gana en Doha su segundo título de la temporada

Arthur Fils es la gran promesa del tenis francés. Desde que hace seis años ganara la Orange Bowl, el Mundial oficioso para juveniles, su país le sueña levantando un título de Roland Garros en la Philippe Chatrier. Por fin un galo campeón de Grand Slam, ya era hora. Pero es muy difícil gestionar una presión así. Este sábado, a sus 21 años, tembló en la final del ATP 500 de Doha para perder ante Carlos Alcaraz por 6-2 y 6-1 en solo 50 minutos.

El número uno hizo lo suyo, brilló al servicio -82% de primeros-, dominó con la derecha y bailó ante la red, pero al otro lado de la pista tampoco había nadie que le pusiera en duda. Los nervios de Fils, exagerados desde el primer juego, impidieron que hubiera competición, mucho menos espectáculo. En su regreso a un escenario importante después de estar en el dique seco durante meses por una lesión en la espalda, el francés cometió 19 errores no forzados y solo construyó tres golpes ganadores. Su derrota nunca estuvo en duda.

"El año pasado perdí aquí en cuartos de final y tenía en mente hacerlo mejor esta temporada. Con mi equipo fijé unas cosas que probar en este torneo y estoy muy contento de cómo han salido. Durante toda la semana he mantenido un buen nivel, excepto quizá ante [Andrei] Rublev, y eso me enorgullece", analizaba Alcaraz después de una final extraña en la que nuevamente demostró su madurez.

En partidos así, ante adversarios derrotados, el peligro está en el contagio. Si quien está enfrente está perdido, uno puede perderse con él. Pero el español, consciente del peligro, no frenó en ningún momento. Fue su partido más fácil de toda la semana y seguramente fue en el que jugó mejor. En el segundo set, con 6-2 y 4-0 en el marcador, todavía se animaba —"¡Vamos, Charly!"— para seguir, seguir y seguir. Si hubiera buscado el lucimiento, hubiera multiplicado sus dejadas o se hubiera entregado al deleite, se podría haber marchado con peor gusto de boca. Ahora encara su siguiente cita, la gira estadounidense, con los Masters 1000 de Indian Wells y Miami, con confianza plena.

Este año, entre el Open de Australia y el ATP 500 de Doha, ha disputado 12 partidos y los ha ganado todos. Su excelente racha le mantiene en la cima del tenis y así será hasta bien entrada la primavera. El título, y la derrota de Jannik Sinner en cuartos de final, aumenta su ventaja como número uno del ranking ATP hasta los 3.150 puntos. Este 2026 ya van dos títulos, y los que quedan.

Oriol Cardona y Ana Alonso completan su semana histórica con un bronce en el relevo mixto de los Juegos Olímpicos

Oriol Cardona y Ana Alonso completan su semana histórica con un bronce en el relevo mixto de los Juegos Olímpicos

Llegarán noruegos, suecos, alemanes, chinos o japoneses a un deporte que hasta ahora desconocen y habrá que explicarles quién manda aquí: el esquí de montaña es de España. En los primeros Juegos Olímpicos de la especialidad, tres medallas como tres soles, un hito. Después del oro de Oriol Cardona y del bronce de Ana Alonso el jueves en la distancia sprint, este sábado ambos se unieron para conseguir un bronce en el relevo mixto y confirmarse como la referencia en invierno.

Para su país, son los campeones a cuidar, a reconocer y, por supuesto, a financiar. Hasta esta semana España había sumado sólo cinco medallas olímpicas en toda su historia invernal y ahora ya tiene ocho. Para el resto del mundo son los ejemplos en los que mirarse si quieren crecer en la nueva disciplina. Su preparación, su técnica y su mentalidad sentarán las bases de los campeones que vendrán, sean de donde sean.

En la final de este sábado, la pareja superó numerosos problemas para subir nuevamente al podio. Alonso, atropellada hace sólo cinco meses, autora de una recuperación milagro, pagó el desgaste de la prueba al sprint y se desfondó en sus dos turnos. En la primera, de menos a más, entregó el relevo a Cardona en cuarto puesto por culpa de una mala última transición. Y en la segundo, cayó hasta la quinta posición, completamente exhausta, y se colocó las últimas pieles de foca fuera de la zona correspondiente. A Cardona le tocó remontar en ambas ocasiones.

GUILLAUME HORCAJUELOEFE

La sanción de tres segundos

Con la pareja francesa formada por Thibault Anselmet y Emily Harrop en cabeza con mucha ventaja, el español se fue a por el conjunto suizo de Marianne Fatton y Jon Kistler para tratar de asaltar la plata, pero las fuerzas no le llegaron para más. Mucho hizo con alejarse del conjunto estadounidense, cuarto, y salvar los tres segundos de sanción por el error de Alonso. De hecho en sus dos turnos hizo el mejor tiempo.

"Hemos luchado mucho. Hemos salido a por el oro, lo hemos intentado con todas nuestras fuerzas y hemos conseguido una medalla que es historia de nuestro deporte", asumía Alonso en la meta en los micrófonos de Televisión Española, quien en los momentos críticos nunca dejó de creer en Cardona, su compañero. "Estoy abrumado por todo, tengo dolor de cabeza y todo", añadía el ya doble medallista olímpico. Durante la prueba, Cardona creyó que la sanción podría ser mayor, pero en cuanto se confirmó que se quedaba en tres segundos, se abrazó a su compañera y ambos rompieron a llorar. Una pareja para la historia.

Ella de Granada, entrenando en Sierra Nevada y él de Banyoles, entrenando en los Pirineos franceses, su unión parecía extraña cuando empezaron a competir juntos, en el Europeo de 2022, pero con los años se hizo más y más lógica. Los dos tienen 31 años, los dos vienen de familias amantes del esquí y los dos comparten un temperamento tranquilo.

Después del accidente de Alonso el pasado septiembre, Cardona pudo buscar otra compañera para encarar el último tramo de la preparación olímpica, pero ni tan siquiera lo pensó. «Hubiera entendido perfectamente que Oriol buscara otra opción. Era lo normal viendo cómo estaba yo. Nuestro éxito siempre se ha basado en la confianza mutua, el uno con el otro», confesaba Alonso en la previa. Esa confianza les ha llevado al éxito; el esquí de montaña es de España.

Cardona y Alonso vuelven a por otro oro tras cuatro años juntos y absoluta fidelidad tras el grave accidente: "Hubiera entendido que buscara a otra pareja"

Cardona y Alonso vuelven a por otro oro tras cuatro años juntos y absoluta fidelidad tras el grave accidente: “Hubiera entendido que buscara a otra pareja”

En la presentación de las parejas que precede a todas las carreras de relevos mixtos, hay muchas que tienen preparado un gestito sincronizado, un saludo raro hacia cámara e incluso una suerte de bailecito, como suelen hacer los estadounidenses Gibson y Smith. Oriol Cardona y Ana Alonso, nada de eso. Se juntan, se cogen de los hombros, sonríen para el público y al lío.

Él es de Banyoles y entrena en los Pirineos; ella es de Granada y entrena en Sierra Nevada; pero juntos forman un dúo con mucha lógica. De 31 años ambos, hijos de pioneros en el esquí de montaña los dos, comparten un carácter reservado y, desde hace cuatro temporadas, una confianza absoluta el uno en el otro. «La ganaremos», aseguraba ayer Cardona cuando hablaba con los medios de comunicación y alguien le preguntaba: «¿Ganaréis otra medalla?». Después de su oro y el bronce de Alonso en el sprint de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, en los relevos mixtos de este sábado (13.30 horas, Teledeporte y Eurosport) son favoritos pese a las diferencias entre ambas distancias.

Si en el sprint solo recorrían 700 metros y cada ronda duraba unos tres minutos, en los relevos mixtos cada uno dará dos vueltas a un circuito exigente de 1.500 metros -de manera alterna, mujer, hombre, mujer, hombre- y competirán casi media hora en una única final. La pareja francesa formada por Anselmet y Harrop y la pareja suiza de Kistler y Fatton serán sus rivales, pero a ambas ya las han derrotado en múltiples ocasiones.

Cuatro años juntos

Porque Cardona y Alonso apostaron juntos en 2022 por el oro olímpico y juntos continúan. Entonces los relevos mixtos se acababan de crear y solo se conocían de breves conversaciones en los campeonatos, pero su unión era lógica. Por edad, por estilo y porque eran los dos españoles que más brillaban en la Copa del Mundo. Cardona todavía no dominaba y a Alonso le costaba entrar en las finales; de la mano irían creciendo. En su primera carrera, el Europeo de Boí Taull de 2022, acabaron cuartos; en 2023 celebraron sus primeras victorias y en el Mundial de 2025 se colgaron la plata -precisamente por detrás de Anselmet y Harrop-.

Que se presentarían como pareja en Milán-Cortina no estuvo en duda ni cuando atropellaron a Alonso en Granada el pasado septiembre. De entre las primeras llamadas que recibió, la de Cardona. «Hubiera entendido perfectamente que Oriol buscara otra opción. Era lo normal viendo cómo estaba yo. Nuestro éxito siempre se ha basado en la confianza mutua, el uno con el otro», aseguraba Alonso en la previa, cuando definía su relación con Cardona: «Es como jugar con Messi, me encanta porque me obliga a dar mi mejor versión. Hemos crecido mucho juntos, nos entendemos muy bien y sabemos que podemos luchar con cualquiera». «Lo que ha hecho Anita es increíble. Viniendo de donde venía con la lesión, es indescriptible. Se merece todo lo que llegue ahora», contaba el esquiador español, ya campeón olímpico.

Este año, en la Copa del Mundo, acabaron segundos -nuevamente detrás de Anselmet y Harrop- pese a que Alonso esquió con una enorme rodillera para evitar dolores y Cardona tuvo que remontar varias posiciones en sus dos turnos. Este sábado en los Juegos Olímpicos la pareja de la confianza buscará redondear unos días de ensueño.

Alcaraz se cabrea con Rublev para llegar a su segunda final este año

Alcaraz se cabrea con Rublev para llegar a su segunda final este año

Carlos Alcaraz juega al tenis por el placer de jugar al tenis y cuesta ver un partido en el que eso no sea así. Este viernes, en las semifinales del ATP 500 de Doha, fue el caso. El español no es uno de esos deportistas que quiere romper a su rival, acabar con sus ánimos, hundirle. Su mente suele moverse por el disfrute propio y, en muchas ocasiones, el disfrute de quienes le están viendo. Pero ante Andrey Rublev eso cambió. Quizá por el cansancio después del Open de Australia, quizá por sus sensaciones estos días en Catar y, seguro, por el comportamiento del ruso, Alcaraz se cabreó y así venció por 7-6(3) y 6-4 para clasificarse para la final del torneo. En las gradas del complejo Tenis Khalifa Internacional, su amigo Holger Rune, que bien lo conoce, se reía.

Por una vez y sin que sirva de precedente, el español cambió la sonrisa por el ceño fruncido y la alegría por la irritación para hacerse con el triunfo. En realidad, las dos maneras son válidas. Aunque a Alcaraz le funciona mejor la positiva. Lo sabía su entrenador, Samu López, que a principios del segundo set le pedía que levantara la cabeza y sonriera, y lo sabía él mismo, que intentó tranquilizarse. Pero el cabreo no se le fue del cuerpo hasta que cerró el encuentro.

El momento de la polémica

El enojo de Alcaraz llegó por una extraña queja de Rublev. En los primeros juegos del partido, el español había estado impreciso y desordenado en los intercambios largos, como ya le había pasado en cuartos de final ante Karen Khachanov. El ruso tuvo entonces opciones de adelantarse, pero prefirió autoflagelarse, como acostumbra: en lugar de centrarse en su magnífica derecha, se martirizó por sus problemas con el revés. Así se descubrió con un break en contra. En el marcador, 5-4, saque para Alcaraz, y todo parecía decidido. Pero ahí tuvo lugar la polémica.

Rublev obtuvo una bola de rotura y, justo antes de que se disputara, empezó a quejarse al juez de silla. Que si Alcaraz tardaba mucho en sacar, que si a él le habían advertido por lo mismo... El español no entendía nada. En ese preciso instante, con el set en juego, era un momento inadecuado para congelar el encuentro. Y esa desorientación le afectó. Después de un rato de charla entre Rublev y el juez, Alcaraz se enfrió, cometió una doble falta y se vio obligado a alargar un set que tenía controlado. Su cara lo decía todo: estaba enfadado. En los puntos posteriores empezó a tirar derechazos como si estuviera poseído, y le funcionó hasta que dejó de hacerlo. Al final tuvo que esperar al tiebreak para calmarse y llevarse ese primer set.

La finura de Alcaraz

Cuando lo hizo, Rublev ya se había desesperado. Después de romper las cuerdas de la raqueta contra su rodilla y de tener que marcharse a los vestuarios por ello, el ruso encaró el segundo set con el ánimo torcido. Nuevamente volvió a inquietar a Alcaraz, especialmente con su finura al resto, pero en los momentos decisivos se vio superado por el número uno, ya más relajado. Divertido y cabreado a partes iguales, Alcaraz no deja de ganar este año, y este sábado —a las 19.00 horas por Movistar— disputará su segunda final.

Los detalles que dieron las medallas, de las escaleras de Cardona a las pieles de Alonso: "No me lo podía creer"

Los detalles que dieron las medallas, de las escaleras de Cardona a las pieles de Alonso: “No me lo podía creer”

Cuenta Joan Cardona que en casa tienen una tradición cada vez que su hijo pequeño Oriol logra una medalla. En la cena, reunidos todos, debe sacar el metal de donde lo tenga escondido, mostrarlo y recibir un aplauso de los suyos. No es vanidad ni chulería. Es todo lo contrario. Si fuera por Cardona guardaría todos sus oros y pasaría a otra cosa: no los mostraría ni a los suyos. Por eso deben recordarle que hay que celebrar los logros y recibir halagos cuando los merece.

«Con estas cosas es un poco frío», reconocía este jueves su padre, presente en la estación de esquí de Stelvio, y lo mismo aseguran sus amigos, entre ellos Kilian Jornet: «Es muy tímido, muy introspectivo. Se queda mucho para él». Después de ganar el oro en la carrera al sprint de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, ese carácter quedó a la vista. A falta de tres curvas para llegar a la meta, echó un vistazo atrás, confirmó que ni el ruso Nikita Filippov -plata- ni el francés Thibault Anselmet -bronce- le atrapaban y levantó los brazos. Fue lo máximo que se concedió. El festejo se quedó ahí. Como mucho hubo besos para sus padres y para su pareja, la actriz Amaia Aberasturi, pero ya está.

Preguntado por EL MUNDO, aseguró que ni tan siquiera se permitiría un postre por el oro, ni un tiramisú, ni un helado, porque todavía no ha acabado el trabajo. Este sábado, en el relevo mixto (13.30 horas), él y Ana Alonso, también medallista, deben regresar al podio. «Queremos estar centrados hasta el relevo. No celebraremos nada, no haremos nada fuera de lo normal», decía Cardona, que dejó una imagen icónica para la historia del deporte español. En plena subida, con las pulsaciones ya disparadas, se puso a saltar las escaleras de dos en dos mientras sus rivales se resbalaban y caían escalones abajo a su estela. Ahí se decidió su victoria.

John LocherAP

Las condiciones para la final no eran las mejores en los Alpes italianos, donde todas las competiciones se realizaron bajo una intensa nevada, pero «era lo que había». «Yo prefiero sol, como todos los españoles, pero en peores plazas hemos toreado», aseguraba el campeón olímpico, que pasa sus vacaciones en la playa y reconocía su orgullo pese a su calma: «Cuando he girado la última curva y he visto toda la grada ha sido un momento de felicidad enorme, nunca había sido tan feliz. Es un oro para España, que ya era hora, pero también para mi familia, mis amigos y mi equipo».

"Fui totalmente dependiente"

A su lado durante toda la ceremonia posterior a las finales, Ana Alonso trataba de igualar su tranquilidad, con el relevo mixto como objetivo compartido, pero en su caso se intuía la emoción a flor de piel por el bronce obtenido. Cinco meses atrás estaba tirada en una carretera de Granada después de haber sido embestida por un todoterreno y este juevesestaba en la gloria, en la mismísima gloria.

«Vengo de meses muy duros. Además de la rotura en la rodilla tenía lesiones en el hombro y en el tobillo, así que durante varias semanas fui totalmente dependiente. Me tenían que ayudar para cocinar, hasta para ducharme. En noviembre pensaba que era una locura, que tenía que dejarlo, pero no quería que llegaran los Juegos y pensar que no lo había intentado todo», contaba Alonso, que como Cardona aún no había reflexionado sobre cómo el éxito les cambiará la vida: «Lo que tenga que venir, vendrá. Lo recibiremos con los brazos abiertos».

GUILLAUME HORCAJUELOEFE

De 31 años los dos, tanto a Cardona como a Alonso la inclusión del esquí de montaña en los Juegos Olímpicos les pilló algo tarde, pero la aprovecharon al máximo. Horas después del logro de su vida ya hablaban de seguir incluso más allá del relevo mixto: de llegar a los Juegos Olímpicos de los Alpes 2030, de no parar ya nunca más.

Si en la final de Cardona las escaleras fueron decisivas, el momento de Alonso fue la última transición. Llegó cuarta arriba del todo de la subida, allí donde se cambian las fijaciones y se quitan las pieles de foca para empezar la bajada, pero salía tercera. Por detrás de la suiza Marianne Fatton y la francesa Emily Harrop, en la última transición la francesa Margot Ravinel se hizo un lío y le entregó el tercer puesto. «No me podía creer que fuera tercera, he tenido que mirar varias veces atrás», reconocía Alonso al acabar un día de gloria para el deporte español.

Oriol Cardona y Ana Alonso prometen más gloria: "Hasta el sábado no pensamos celebrar nada"

Oriol Cardona y Ana Alonso prometen más gloria: “Hasta el sábado no pensamos celebrar nada”

Recién salidos de los vestuarios, preparados para marcharse al hotel, Oriol Cardona y Ana Alonso atendieron a los medios de comunicación españoles como lo que ya son: campeón olímpico y medallista olímpica. En la estación de esquí de Stelvio, sede del esquí de montaña en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026, la celebración fue tranquila, más emotiva que exaltada. Por un lado, su carácter: reservados ambos, incluso tímidos. Por el otro, su objetivo: el sábado afrontan la carrera de relevos y son los máximos favoritos para el oro.

"Los franceses querrán la revancha, pero el chute de hoy nos dará alas en el relevo", reconocía Cardona, que ya tiene el palmarés completo: Juegos Olímpicos, Mundial, Europeo y Copa del Mundo. En los últimos años había estado tan concentrado en esta cita, tan entregado a ella, que no había querido pensar en lo que vendría después. "No había pensado en qué pasaría más allá de la carrera, en lo que significa, en lo que representa. Es un orgullo llevar un oro a casa después de tanto tiempo", señalaba, en referencia al último campeón olímpico español en invierno, Paquito Fernández Ochoa, en Sapporo 1972.

La euforia, en cualquier caso, tendrá que esperar. "Hasta el sábado debemos estar concentrados, no celebraremos nada, no haremos nada fuera de lo normal", añadía Cardona, que descartó cualquier tipo de festejo, ni siquiera un pequeño capricho después de la cena. La misma disciplina que mostró durante la final, donde no se concedió ni un respiro hasta la última curva. Fue entonces cuando echó la vista atrás, comprobó que ni el ruso Nikita Filippov ni el francés Thibault Anselment podían alcanzarle y se dejó llevar por la emoción.

Antes de ese momento cumbre, dejó la imagen de los Juegos: él subiendo las escaleras de dos en dos mientras todos sus rivales resbalaban por detrás. Puro dominio. "Ahí es donde me he sentido más fuerte. En los rombos me quedé un poco encerrado, pero sabía que en las escaleras podría apretar y lo he dado todo", analizaba el campeón.

Para saber más

Las lágrimas de Alonso

Cardona llevaba años entregado en cuerpo y alma a este sueño. Ya lo tenía. Ya lo era. "De alguna manera me he quitado un peso de encima", admitió, consciente de la presión histórica que había cargado sobre sus hombros: nunca antes un español había llegado como favorito a unos Juegos de invierno, con todos los focos apuntándole. Cumplió más que de sobra.

Su templanza tenía réplica en Alonso, aunque en la esquiadora se leía una emoción más visible. Su bronce no era solo un bronce: era el final de cinco meses de sufrimiento desde que una furgoneta la atropelló cerca de Granada. Más allá de unas lágrimas en la meta, no exteriorizó demasiado lo que sentía por dentro, pero se podía intuir.

"He pasado momentos bastante duros. Además de la rodilla, tenía lesiones en el hombro y el tobillo y era totalmente dependiente: no podía cocinar, no podía ni ducharme. Sin toda la gente que me ha ayudado no hubiera salido adelante. En noviembre pensaba todos los días en dejarlo", confesaba tras un logro que, en cualquier caso, solo debe ser el primero. El sábado, tanto Cardona como Alonso quieren más.

¿Quién es Oriol Cardona, el nuevo campeón olímpico? Pianista aficionado, el carnet de camión, pinitos como modelo y la influencia de su padre Joan

¿Quién es Oriol Cardona, el nuevo campeón olímpico? Pianista aficionado, el carnet de camión, pinitos como modelo y la influencia de su padre Joan

"Sólo sé tocar tres canciones", contaba Oriol Cardona a EL MUNDO meses antes de proclamarse campeón de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina, cuando también reconocía que no sabe leer una partitura y que aprendió viendo tutoriales de Youtube. El piano, qué tranquilidad. En su habitación, dentro del humilde apartamento de Font-Romeu en el que vive, el esquiador de montaña colocó un teclado para olvidarse de la presión. "Me ayuda mucho a calmarme, a estar concentrado en otra cosa que no sea esquí", explicaba entonces con su propio método de relajación.

Desde que en 2021 el Comité Olímpico Internacional (COI) introdujo el esquí de montaña como modalidad olímpica, Cardona sabía que estaba ante su gran oportunidad. Antes, según cuentan sus allegados, nunca se lo había llegado a creer del todo. Hijo de uno de los pioneros del esquí de montaña en los Pirineos catalanes, Joan Cardona, y hermano pequeño de todo un subcampeón del mundo por equipos, Nil Cardona, en su juventud había sufrido por la obligación de igualar los resultados de sus mayores. En las carreras de montaña, el deporte al que más se dedicó en sus inicios, ganó carreras importantes en Catalunya como la Olla De Nuria y llegó a ser quinto en Zegama, pero siempre estaba a un paso del profesionalismo.

Cardona, durante los Juegos Olímpicos.

Cardona, durante los Juegos Olímpicos.FABRICE COFFRINIAFP

Corredor en verano, esquiador en invierno, estudió la licenciatura en Ciencias de la actividad física y el deporte en la Université Perpignan y un máster de entrenamiento en altitud, pero lo tuvo que compaginar con algunos empleos para ganarse la vida. Por ejemplo, trabajó como ayudante de los bomberos forestales, se sacó el carnet para conducir camiones e incluso hizo pinitos como modelo. Pero en cuanto el COI elevó el estatus del esquí de montaña, Cardona se centró al completo en conseguir el oro.

Su vida de ermitaño

Nacido en Bañolas en 1994, Cardona empezó en el atletismo en el club local junto a la mediofondista olímpica Esther Guerrero, pero pronto se fue a la montaña para seguir los pasos de su padre. Con Jornet como ídolo y amigo, pues había sido compañero de equipo de su hermano Nil, primero lo intentó en el trail running y luego ya se centró en el esquí de montaña.

Para eso, hace cinco años se fue a vivir a Font Romeu, a los Pirineos franceses, junto a otros esquiadores como Ot Ferrer, también finalista olímpico este jueves. Allí hay nieve para aburrir y prácticamente salen por la puerta con los esquís ya puestos. Tienen el gimnasio, la pista y el resto de las instalaciones del CAR de Font Romeu, donde también comen y cenan. Solo les falta un poco de entretenimiento. "Somos ermitaños total", confesaba Ferrer a EL MUNDO. Ahora esa vida ya tiene una recompensa. Cardona ya puede creérselo. Quizá ahora le sobre confianza para ser pianista profesional.

Ana Alonso, bronce en los Juegos Olímpicos de invierno cinco meses después de romperse la rodilla

Ana Alonso, bronce en los Juegos Olímpicos de invierno cinco meses después de romperse la rodilla

Cinco meses atrás, Ana Alonso estaba malherida en el asfalto de una carretera cerca de Granada, en las faldas de las montañas de Sierra Nevada que la vieron crecer y ahora ya es medallista olímpica. Este jueves la española se colgó el bronce en la prueba sprint del esquí de montaña de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina en una historia de superación como pocas se han visto en el deporte español. La sexta medalla de la historia de España sobre nieve y hielo, pero qué medalla.

"Sólo daba las gracias por estar viva", explicaba sobre su grave accidente el 24 de septiembre en el cruce de Granada a Quéntar, cuando el conductor de un todoterreno se cegó por el sol y la embistió mientras entrenaba en bicicleta. Su rodilla izquierda quedó hecha añicos -rotura del ligamento cruzado anterior y del ligamento lateral interno-, pero eso no le hizo renunciar a los Juegos. Tenía dos caminos: operarse y perderse a la cita. O seguir un tratamiento conservador, arriesgarse e intentar estar. Escogió el segundo camino.

A los pocos días ya hacía ejercicios de fuerza con un armatoste en la rodilla para mantenerse en pie y poco después empezó a correr en la cinta antigravitatoria. Este año reapareció en la Copa del Mundo con una rodillera como protección. Y a los Juegos Olímpicos llegaba descartada. Con unas cicatrices tan recientes era imposible que consiguiera medalla. O no. Lo hizo.

De 31 años, veterana para su disciplina, en la final de este jueves demostró que la gloria ya no se le iba a escapar. Lo difícil para ella había sido llegar a la línea de salida, después sólo le quedaba disfrutar. Con inteligencia se colocó detrás de las dos grandes favoritas, la suiza Marianne Fatton y la francesa Emily Harrop, y dejó que le marcaran el ritmo. Intentar superarlas le hubiera valido el podio; seguirlas era lo que había que hacer. Después de los rombos, en las transiciones y las escaleras, estaba junto a las otras aspirantes, la alemana Tatjana Paller y la italiana Giulia Murada, y su tranquilidad le entregó el tercer puesto.

"Me miraban como si estuviera loca"

«La verdad es que no tengo palabras; estoy muy emocionada», comentó Alonso, en meta, a los micrófonos de Televisión Española. «Muchas gracias a toda la gente que estuvo conmigo todos estos meses porque fue muy duro. Siempre mantuve que quería venir a los Juegos y luchar por el oro en el relevo mixto y la medalla al esprint, y me miraban como si estuviera loca pero aquí está», enfatizó la esquiadora de montaña.

De Granada, Ana Alonso empezó a esquiar por su padre, Gerardo Alonso, 'Yeti', guardia del refugio Félix Méndez de Sierra Nevada, aunque tristemente él nunca la vio competir en la montaña. Alonso todavía se dedicaba al esquí de fondo en 2010 cuando un desprendimiento de rocas acabó con la vida de su progenitor. "No me llegó a ver competir en esquí de montaña, no pudo enseñarme y eso que él había dado muchas clases. Es una pena, la verdad. Fue después de su accidente cuando empecé. Me consuela que sus amigos fueron quienes me enseñaron así que, de alguna manera, sí pude cerrar el círculo", contaba en conversación con EL MUNDO hace un año, cuando ya se intuían sus opciones olímpicas.

Oriol Cardona se cuelga el oro olímpico en Milán-Cortina y rompe 54 años de sequía de España

Oriol Cardona se cuelga el oro olímpico en Milán-Cortina y rompe 54 años de sequía de España

En boca de los mayores sonaba a leyenda, un bonito cuento imposible: un español, campeón olímpico en invierno. Lo fue Paquito Fernández Ochoa en esquí alpino hace 54 años, pero pocos recuerdan ya su descenso. Los jóvenes -llamemos jóvenes a cuarentones- no tenían ni una gesta sobre la nieve que celebrar como propia. Pues bien, ya la tienen. Oriol Cardona se colgó este jueves el oro en la prueba sprint de esquí de montaña de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina y actualizó la historia.

España puede -vaya si puede- ganar también bajo el frío, sólo necesita invertir, trabajar, creérselo. Cardona es ya un referente y si le ayudan quienes deben ayudarle puede ser un ídolo, el motor del cambio. Él ha hecho su parte.

En la final de este jueves, se trastabilló en la salida y dos de sus rivales, los suizos Arno Lietha y JonKistler, salieron a romper la carrera, pero mantuvo la calma. Detrás de ellos alcanzó los rombos, esperó su momento y éste llegó en la escaleras. De escalón en escalón se colocó en cabeza, se abalanzó hacia el oro. Por detrás, el francés Thibaut Anselmet, su máximo rival, se peleaba con el ruso Nikita Filippov y se abría hueco. Era campeón, ya era campeón. En la bajada no necesitó arriesgar mientras Filippov se hacía con la plata, Anselmet con el bronce y Ot Ferrer, el otro español en liza, terminaba quinto. Cardona, exultante en meta, gritaba.

"Ha habido mucho trabajo detrás, ya me lo he quitado de encima. Ha ido perfectísimo, me encontraba súper bien en la subida, y al llegar a meta, ¡uf!, vaya sensanción", comenta al terminar en Televisión Española.Ya tenía en las manos todo por lo que había soñado en los últimos años.

Una gran apuesta por el éxito

El esquí de montaña es una modalidad nueva en los Juegos Olímpicos con mucha historia detrás. En los Alpes hay competiciones como el trofeo Mezzalama que pronto cumplirá su centenario, aunque el formato es muy distinto. Travesías de entre 40 y 45 kilómetros que incluyen fuertes ascensos hasta los 4.000 metros de altitud y exigen mucha resistencia. La distancia olímpica es otra cosa. Cardona se hizo de oro en apenas 705 metros con apenas 65 metros de desnivel positivo.

Por el medio, rombos, escaleras, transiciones, y un esfuerzo explosivo, de sólo dos minutos y medio. Un invento del Comité Olímpico Internacional que trajo mucha polémica, pero que no quedó más remedio que aceptar. El ya campeón venía de las carreras de auténtica montaña, tuvo que cambiarlo todo y adaptarse. Lo hizo.

Cardona, durante los Juegos Olímpicos.

Cardona, durante los Juegos Olímpicos.GUILLAUME HORCAJUELOEFE

Hce cinco años se fue a vivir a Font Romeu, a los Pirineos franceses y creó un equipo de lujo, un Dream Team, a su alrededor. Con la ayuda de la Federación española y la catalana y de unos cuantos patrocinadores, como Dynafit, se sumergió en una vida de ermitaño en las montañas -dormir, esquiar, comer y volver a dormir- con los consejos de hasta tres entrenadores. Contrató a Andrés Arroyo, al que conocía del trail running, para que le hiciera la planificación, a Víctor López para que estudiara sus datos y a un tal Kilian Jornet, mito entre los mitos en la montaña, para que ejerciera de coach.

El sábado, a por otro oro

Antes ya era bueno, de hecho en 2021 ya había sido subcampeón del mundo de velocidad, pero la apuesta por Milán-Cortina lo hizo imbatible. Dominó el pasado Europeo, el pasado Mundial, la pasada Copa del Mundo y, al final, este jueves.los Juegos Olímpicos.

A sus 31 años, veterano para su disciplina, aún tiene margen para llegar a los Juegos Olímpicos de los Alpes Franceses 2030, pero antes tiene otra cita. El sábado, en el relevo mixto, se juntará con la también medallista Ana Alonso para intentar regresar al podio. Los dos completarán una prueba sprint al completo y sus opciones son muchas. El único país que logró dos oros