El Tour sigue torcido para los ciclistas españoles. Sin aspiraciones en la general y, de momento, con pocas opciones de lograr una victoria de etapa, este jueves, horas antes de la etapa reina entre Vif y el Col de la Loze, ha amanecido con la noticia del abandono de Carlos Rodríguez, que marchaba décimo en la general.
El granadino sufrió camino de Valence dos caídas. En la segunda de ellas, ya cerca de la meta, se fracturó la pelvis, según ha confirmado su equipo, el Ineos Grenadiers, tras las exploraciones a las que fue sometido en el hospital. “Carlos se encuentra bien de ánimo y permanece bajo la estrecha supervisión de nuestro equipo médico. Ahora regresará a casa para centrarse en la recuperación y el proceso de rehabilitación”, confirma el comunicado.
Rodríguez es el último español que logró una victoria de etapa en el Tour. Fue el 2023 (acabó quinto), en Morzine, sorprendiendo a Vingegaard y Pogacar. En la edición del 2024 finalizó séptimo y en este su tercera Tour estaba marchando de menos a más, recuperando sensaciones en los Pirineos, donde se mostró muy activo.
El del Almuñecar fue clave en la victoria de etapa de su compañero Arensman en Superbagnéres. Al día siguiente fue protagonista camino de Carcassone, integrante de la escapada en la que logró el triunfo Tim Wellens. Además, recuperó posiciones en la general hasta llegar al Top 10. Y en el Mont Ventoux estuvo cerca de los mejores.
Sin embargo, entre Bollène y Valence, el infortunio. Primero se vio involucrado en una caída junto a Alaphilippe. Siguió aparentemente sin problemas, pero en la montonera final de nuevo se fue al suelo. Llegó maltrecho a la meta y en el hospital se han confirmado sus lesiones. La fractura de pelvis, además, pondrá fin a una temporada (ni Vuelta a España ni Mundial) ya marcada por la fatalidad: al comienzo, en el UAE Tour, se rompió la clavícula.
«La única especialidad del atletismo que incorpora el valor subjetivo de la opinión de un juez sobre la técnica sigue siendo la marcha», cuenta el olímpico Diego García Carrera, empeñado en impulsar una especialidad tan ninguneada y puesta en duda, refugio permanente y manido de los empeñados en desconfiar, en la polémica del 'ese va corriendo'. Y qué mejor que la tecnología. Y qué mejor que la prueba impulsada por el marchador madrileño, sexto en Tokio 2020, en el corazón de su ciudad. En el Gran Premio Internacional Madrid Marcha Silbo Telecom, que este domingo cumplirá su cuarta edición, no sólo estarán los mejores del mundo; también el chip que pretende cambiarlo todo.
El Race Walking Electronic Control System, o VAR de la marcha, es un producto de laboratorio. Un pequeño aparato que pesa menos de 15 gramos, se ata a los cordones de la zapatilla y detecta lo que el ojo humano no puede: si un atleta pierde el contacto con el suelo en su pisada y, por tanto, debe recibir un aviso del juez. «Una tecnología objetiva que no dependa del criterio de los jueces. Un sistema más equitativo para los marchadores», apunta su ideólogo, Javier Rosell, investigador de Ingeniería Biomecánica y profesor del Departamento de Ingeniería Electrónica de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).
0,002 segundos
No es el primer intento de Rosell, aunque sí parece el definitivo. Este domingo en Madrid, al fin, podrá ser testado «en paralelo con las decisiones de los jueces oficiales». Hace ya una década estuvieron aplicando el uso de una plantilla inteligente que detectaba si la marcha de algún participante era irregular. Pero el proyecto se vio interrumpido por la pandemia y por la complejidad logística de introducir plantillas en las zapatillas de los marchadores.
El RWECS no tiene ese problema y por eso esperan que World Athletics acabe por introducirlo. Para eso, el Gran Premio de Madrid, prueba de categoría World Race Walking Tour, será clave. «Después se hará un informe anónimo para no influir en futuras participaciones de marchadores en otras competiciones», dice Rosell, cuyo aparato está basado en una serie de sensores que están en disposición de ofrecer un número que indica el tiempo de pérdida de contacto de los dos pies, que normalmente va de 0,002 a 0,004 segundos, imperceptibles para el ojo humano. «El sistema detecta cuándo la punta del pie deja de tocar el suelo y cuándo el talón impacta con el suelo, lo que llamamos 'tiempo en el aire de cada pie'. A partir de ahí, detectamos la pérdida de contacto con el suelo», explica el investigador.
El Race Walking Electronic Control System.
Precisamente por esos controvertidos 'vuelos' que, entre otras cosas, han puesto a la tradicional marcha en entredicho. «En la marcha nos pueden descalificar por no extender la pierna que avanza (al contacto con el suelo debe estar extendida 180°) o por perder contacto con los dos pies del suelo a simple vista. Ahí es donde nos puede ayudar este sistema, que es necesario para detectar a los que pretenden engañar», asegura José Antonio Quintana, gurú nacional de la especialidad.
Porque hay un instante, aproximadamente 45 milésimas de segundo (a un ritmo de competición), en el que ninguno de los dos pies del marchador tiene contacto con el suelo. García Carrera no sólo elogia esta llegada del VAR a su deporte para resolver dudas, también augura cambios radicales si la Federación Internacional accede en un futuro a adaptar su reglamento: «Los marchadores vamos a ser juzgados de forma mucho más estricta, con lo que nos vamos a tener que apretar el cinturón, incluso plantearnos tener que competir un poco más despacio para hacer la técnica 100% perfecta. Estamos a favor», asegura a EL MUNDO. «Nos va a permitir a los deportistas estar tranquilos porque estamos compitiendo en un deporte justo. No te vas a llevar la frustración de que te ha ganado alguien de quien tienes dudas. Y a nivel general, para eliminar la crítica número uno que tiene nuestra especialidad: que no se pueda determinar al 100% el criterio de los jueces. Todo son beneficios», se felicita.
Una de las ediciones anteriores del GP de Madrid de marcha.
«El sistema RWECS, que ya ha sido testado en entornos controlados como competiciones en pista o eventos amateur, necesitaba dar el salto a una competición real con atletas profesionales. Sin embargo, no está exento de complejidad, porque hablamos de un circuito urbano de 1.000 metros, con gran afluencia de público, múltiples interferencias tecnológicas y un número elevado de participantes», añade.
El VAR de la marcha estará el domingo en la Gran Vía en los pies de los mejores del mundo: Perseus Karlström, Yang Jiayu, Antigoni Ntrismpioti, Evan Dunfee, Francesco Fortunato, Caio Bonfim, Alegna González, Raquel González Campos, Paul McGrath, Marc Tur...
Ben Healy, un ciclista distinto, generoso, agresivo, siempre al ataque, es el nuevo líder del Tour. Un irlandés que es un portento, que ya se estrenó hace unos días en Vire Normandie, y que lo dio todo esta vez cuando la distancia de la fuga le dio para soñar con el maillot amarillo. La primera toma de contacto con la montaña, en el angustioso Macizo Central, resultó un estupendo juego de estrategias, con el Visma Lease a Bike de Jonas Vingegaard tensando la cuerda. No tuvo premio en la general, con un Tadej Pogacar que ni se inmutó, pero sí en la etapa, rematada por Simon Yates. [Narración y clasificaciones]
El ganador del último Giro no perdonó en la última de las ascensiones, implacable en el Mont-Dore. A un escalador de su talla y experiencia le dejaron el triunfo en bandeja y eso que la escapada era de quilates. A sus zarpazos no pudieron responder ni Ben O'Connor ni Arensman. Healy, que entró tercero, pagó el tremendo esfuerzo que hizo por labrar un liderato que saboreará con calma durante el día de descanso del martes.
La victoria para Yates y el liderato para Healy. Los favoritos aplazaron la batalla hasta las dos últimas cotas, cuando el Visma lanzó ráfagas de reconocimiento. Consiguieron aislar a Pogacar, novedad, pero no batirle. Al ataque final del esloveno sólo respondió, con suficiencia, el propio Vingegaard. Llegarán a los Pirineos con 1:17 de distancia.
Ben Healy festeja su liderato del Tour.Thibault CamusAP
Más que una etapa fue una tortura, 163 kilómetros de vaivenes, atravesando en Macizo Central a base de cotas, hasta ocho, siete de ellas de segunda categoría, lo inédito. 4.400 metros de desnivel acumulado, como una jornada alpina o pirenaica cualquiera: en concreto, sólo hay tres en esta edición más extremas.
Así, bajo la canícula, desde la salida de Ennezat, avanzó el día nacional francés, con una fuga tan numerosa como de renombre. Entre los 30 iniciales llamaba la atención comprobar a dos compañeros de Vingegaard (Campenaerts y Simon Yates), lo que obligó a trabajar siempre al UAE en el pelotón. Un equipo ya sin Joao Almeida, que también vio como Sivakov pronto anunciaba que no estaba para demasiado, con el gigante Nils Politt siempre al comando.
Después de las tres primeras subidas, la fuga ya se quedó en la mitad. Ahí seguía Pablo Castrillo, que se había pegado un buen apretón para entrar de inicio. Pero también Lenny Martínez, que acumuló puntos para vestirse con el maillot de la Montaña. O el amenazante Ben Healy, líder virtual mediada la jornada, cuando la diferencia aumentó hasta superar los cinco minutos. Era su día.
El martirio paulatino pregonaba un desenlace con conclusiones importantes. Por delante, donde ya paladeaban tanto la victoria de etapa como un posible liderato para Healy, se quedaron en seis unidades en la ascensión no puntuable previa a los últimos dos puertos. No pudo ya Castrillo engancharse a esa fuga de la fuga. Pero, por detrás, también comenzaban los fuegos artificiales, justo cuando Benoot espabiló el ritmo y los Visma lanzaron aguijonazos como de reconocimiento, primero Kuss, después el propio Jorgenson, respondiendo el propio Pogacar en primera persona.
Hasta el Mont-Dore, la cima más alta del Macizo Central (1.885 metros), donde la batalla no resolvió todavía demasiadas dudas. Aunque Yates puso su nombre (su tercera victoria en el Tour, tremendo palmarés), será el pequeño Ben Healy el que será recordado este 14 de julio.