Con gran indignación de los comentaristas televisivos por el último y decisivo robo de balón del Real Madrid, entre Facu Campazzo y Alberto Abalde -que era claramente reglamentario, por cierto-, el partido entre los dos primeros de la Liga ACB ha aca
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«Stop crying your heart out» es una canción de Oasis, grupo idolatrado en Manchester y cuyas letras amenizan las previas y las resacas de los partidos del City. Y con su título, bien grande junto a una foto de Rodrigo Hernández besando el Balón de Oro, la grada del Etihad recibió a Vinicius Júnior. «Deja de llorar tanto» sería la traducción más apropiada para el tema de los hermanos Gallagher, un mensaje directo al brasileño, ausente, junto al Real Madrid, en la última gala que premiaba al centrocampista español. El delantero respondió con una actuación extraordinaria, participando en varios goles y llevándose el MVP del partido.
Antes, acumulando venganzas y provocaciones, la cuenta oficial del City publicó una foto de Vinicius llegando al Etihad. Casualidad o no (voten por el «no»), en la imagen también sale una instantánea de Rodri con el Balón de Oro.
Esa fue la bienvenida del Etihad al brasileño en el primer enfrentamiento entre los actuales dominadores del fútbol europeo desde la gala de París. Una eliminatoria celebrada demasiado pronto para «pesadilla», así lo reconocieron, de Ancelotti y de Guardiola. La mala liga regular realizada por ambos, especialmente por los británicos, dejó un cruce temprano que tuvo sabor a primavera desde el inicio.
Los mensajes de la grada se unieron a los abucheos y al silencio durante una primera parte de mucha tensión. La afición local comenzó abucheando a Vinicius y terminó respirando hondo mientras el brasileño y sus compañeros fallaban ante Ederson.
Vini cuajó un encuentro que recordó a su mejor versión, todo después de unas semanas en las que entre sanciones y baja forma no ha estado a su mejor nivel. Algo hizo 'clic' en él en el Etihad y fue el futbolista más peligroso del Madrid.
En el 9, encaró a Ederson y su compatriota le hizo penalti, pero fue anulado por un fuera de juego previo. En el 10 se inventó un caño y un pase con el exterior para que Mbappé errara ante el portero, después casi anota el 0-1 en una clarísima ocasión de Mendy que sacó Aké y unos minutos más tarde arrancó hacia al área y terminó en el suelo, justo antes de rematar, por el forcejeo con Aké. No se quedó ahí, y en el 24 envió un disparo al larguero que casi sorprende a Ederson. Una media hora colosal que no tuvo premio.
Tras el descanso, Guardiola cambió a un tocado Akanji por Rico Lewis para contener al brasileño, pero Vini volvió a producir las mejores ocasiones de su equipo.
Después del 2-1 de Haaland, con el Madrid desesperado ante sus errores, Vinicius volvió a ser protagonista, respondiendo de forma contundente al mensaje de la grada inglesa. Su disparo tras un buen desmarque provocó el rechace que aprovechó Brahim para empatar e inició el 2-3 de Bellingham con un intento de vaselina. Acciones que le hicieron MVP del partido.
"¿Dónde está tu Balón de Oro?", le cantó la grada. A lo que el brasileño respondió señalándose el parche de la Champions que lleva pegado en su camiseta.
"He visto la pancarta. Pero siempre que los aficionados rivales hacen cosas me dan más fuerza para hacer un gran partido", dijo el futbolista tras el partido.
"Viendo el partido... Si lo ha visto ha sido una motivación grande para él. Ha sido muy muy peligroso", declaró Ancelotti.
Existe un ejercicio de imaginación que para algunos será interesante y para otros irrespetuoso: ¿Cuánto hubiera ganado Jannik Sinner y Carlos Alcaraz en la mejor época de Novak Djokovic, Rafa Nadal y Roger Federer? Quizá absolutamente nada, quizá hubieran estado a la altura, quizá hubieran dominado. Lo único que se puede hacer es debatir, con lo bueno y lo malo que tiene. Ese pasado ya es imposible y sólo queda el presente.
En él, los actuales número uno y dos del ranking ATP, dos chavales de 23 y 22 años, son rivales demasiado duros para el único en activo, Djokovic, con sus 38 años. Sigue siendo Djokovic y sigue golpeando, luchando, corriendo, resistiendo como siempre ha hecho Djokovic. Pero la edad pesa y los nuevos son muy buenos. Este viernes en semifinales de Roland Garros Sinner venció al ganador de 24 Grand Slam por 6-4, 7-5 y 7-6(3) en una muestra de su superioridad. Si en los dos enfrentamientos entre ambos del año pasado -semifinales de Australia y final de Masters 1000 de Shanghai- el italiano ganó sin conceder un sólo break, esta vez tampoco tembló pese al prodigioso aguante de Djokovic.
Desde que empezó el torneo, Sinner se ha declarado en una misión histórica por conseguir su primer Roland Garros, uno de los dos ‘grandes’ que le faltan, y sólo Carlos Alcaraz, su rival en la final de este domingo, parece capaz de detenerle. Más allá de no haber concedido ningún set de los 18 que ha disputado, el italiano está más fuerte que nunca, se ha adaptado a la tierra batida y está liberado después de cumplir su mínima sanción por dopaje. Si el año pasado en semifinales ante el español ya llegó a plantarse a un set del triunfo, esta vez será todavía más peligroso.
La evolución de Sinner
Ha cambiado él y su juego ha cambiado. Si antes, incluso en el último Masters 1000 de Roma, insistía en arcilla en mantenerse sobre la línea y golpear siempre al ataque, ahora es capaz de dar un paso atrás para sostener los intercambios largos. Sigue siendo el tenista agresivo que siempre será, pero ha descubierto la variable defensiva que le faltaba. Ante Djokovic lo demostró como nunca y, de hecho, fue quien más puntos ganó cuando se intercambiaron nueve golpes o más.
Lindsey WassonAP
Su victoria se cimentó en su temple ante un rival espléndido. Djokovic, animal competitivo, estaba decidido a dejarse la vida en la pista y regaló acciones geniales. Esta vez no le funcionó la táctica que hundió a Alexander Zverev, las continuas dejadas de revés, pero peleó, peleó y peleó. En el segundo set incluso consiguió lo que casi nadie había conseguido en esta edición.
Desde su primer partido ante Arthur Rinderknech, Sinner no había concedido ningún break y ante Djokovic no tuvo más remedio. El italiano, por fin en peligro. Moderado, muy moderado, pero peligro al fin y al cabo. Para desgracia de Djokovic, en el juego posterior hubo otro break y la duda se resolvió rápido. Después el ganador de 24 Grand Slam pidió en dos ocasiones la atención del fisioterapeuta del torneo, se dolió de su muslo izquierdo y su triunfo ya parecía imposible. Pero pese a ello, pese a todo, igualmente siguió luchando hasta el final contra el presente, contra el tiempo. En el tercer set llegó a tener tres bolas de set y llevó a Sinner hasta el límite del tie-break.