Rodrigo Palacio se pasó al baloncesto, Batistuta y Pizzi al polo, Van der Vaart a los dardos, Cañizares a los rallies, Petr Cech al hockey sobre hielo, Shevchenko al golf, Maldini al tenis…
El ex portero Santiago Cañizares en una competición de rallies.
El nombre de Rodrigo Palacio está grabado a fuego en el imaginario de los seguidores de la albiceleste. Hace ocho años, tuvo en sus botas la opción de darle a Argentina su tan buscado tercer Mundial, pero no aprovechó la ocasión y, al final, Alemania se hizo con el título, ante la desesperación de un Leo Messi que tendrá tal vez su última oportunidad en Qatar. El delantero, quien pasó por las filas, entre otros, de Boca Juniors, el Inter de Milán, el Bolonia o el Brescia, ha colgado este mismo año las botas, a los 40 años, pero se resiste a desvincularse del mundo del deporte. En su caso, lo que ha decidido es probar fortuna con una pasión que se había quedado hace mucho en el tintero: el baloncesto. Otros, en cambio, apostaron por disciplinas tan variopintas como el polo, el automovilismo o el hockey sobre hielo.
Rodrigo Palacio siempre ha tenido una espinita clavada con el baloncesto al que se dedicó en sus inicios hasta que, con su 175 centímetros de estatura, muchos lo consideraron demasiado bajo como para dedicarse profesionalmente a este deporte. En el fútbol, además de ese fallo con Argentina que le persigue desde 2014, logró varios hitos. El último, convertirse en el jugador con mayor edad en lograr un hat trick en el Calcio. Un récord que logró con el Bolonia, en la temporada 2020-21, ante la Fiorentina. Ahora, ya no quiere marcar goles, sino anotar puntos. En este caso, en las filas del equipo de su barrio, el Garegnano Milano, de la cuarta división italiana. Algo, que de momento, aún no ha podido hacer de manera oficial, aunque sí ha podido jugar ya algunos minutos con los que espera que sean sus nuevos compañeros en un torneo amistoso, en dos amistosos en los que anotó 4 y 14 puntos.
El ex delantero argentino Gabriel Omar Batistuta como jugador del polo.
El baloncesto es el nuevo reto que ha escogido Palacio para, de alguna manera, seguir vinculado al mundo del deporte de manera profesional tras dejar el fútbol. Un camino que muchos otros futbolistas también han seguido a lo largo de los últimos años. Dos compatriotas que también se desempeñaron como delanteros, como Gabriel Omar Batistuta, quien brilló sobre todo como punta en la Fiorentina, o Juan Antonio Pizzi, que pasó por las filas, entre otros, del Tenerife o el Barcelona, no se alejaron mucho del césped y decidieron tratar de seguir marcando goles. Para ello, cambiaron las botas por un taco de madera y se subieron a lomos de un caballo para dedicarse al polo. Más sorprendente, tal vez, fue la nueva faceta del ex madridista Rafael van der Vaart, quien aprovechó su puntería para dedicarse profesionalmente a los dardos.
El ex portero del Chelsea Petr Cech en su etapa de portero de hockey sobre hielo.
Otro ex jugador del Real Madrid, pero que acabó forjando su exitosa carrera sobre todo en las filas del Valencia, Santi Cañizares, no quiso renunciar a la descarga de adrenalina que supone estar bajo los palos. Y, de paso, aprovechar también los reflejos de los que hizo gala a lo largo de su carrera como portero. Por su parte, poniéndose al volante de un coche de rallies. Una experiencia que llegó a llevarlo, incluso, a proclamarse campeón de Rallies de la Comunidad Valenciana. Petr Cech, quien estuvo considerado entre los mejores guardametas del mundo, mientras, decidió no alejarse demasiado de la portería. De repente, mucho más pequeña. Ni, tampoco, del casco que debió lucir durante mucho tiempo tras sufrir una fractura en el cráneo. Mucho más armado, eso sí, y completado por la suerte de armadura que suelen usar los arqueros en su nueva pasión: el hockey sobre hielo. Una disciplina que, curiosamente, también practicó el único cancerbero distinguido con el Balón de Oro: Lev Yashin. Aunque, en su caso, cuando aún estaba en activo.
El golf no es sólo la disciplina a la que se dedicará Gareth Bale tras colgar las botas, e incluso sin colgarlas. También es a lo que se apuntó el ex delantero ucraniano del Milan y el Chelsea entre otros equipos, Andriy Shevchenko. A su ex compañero en el Milan, Paolo Maldini, tuvo una breve incursión en el mundo del tenis.
Antes de convertirse en seleccionador nacional, Luis Enrique recorría el mundo haciendo Ironmanes, triatlones y pruebas extremas de ciclismo. En esta última disciplina compitió en categoría Máster el ex atlético Roberto Solozábal. A Raúl González se le ha podido ver compitiendo en algún maratón. Mientras que al ex portero azulgrana Angoy le dio por el fútbol americano.
Luis de la Fuente está agrandado. O igual no, pero lo parece. Y, visto desde fuera, tiene motivos para estarlo. Esto, que lo puede suscribir casi cualquiera que esté cerca de la selección nacional, lo verbalizó, tal cual, el propio protagonista después de jugar realmente bien contra Serbia este martes en Córdoba.
"El que diga que estoy agrandado queda retratado por sí mismo. Me conocéis como soy, y no es así para nada", comenzó diciendo en la sala de prensa del Nuevo Arcángel. Pero claro, hablar delante de los micrófonos durante mucho tiempo lleva a uno a decir lo que realmente piensa. "¡Es que hay cosas que son ciertas y no hay más! La tierra es redonda, no se puede discutir, y contra las cosas ciertas... No puedes ir contra las cosas ciertas. Estoy muy tranquilo, y no estoy agrandado, pero si lo estuviera, me lo habría ganado. Otros con esta situación tirarían de carisma y no te quiero ni contar", refirió ante las cejas arqueadas de algunos periodistas.
El técnico le robó algo de protagonismo, al final, a Álvaro Morata, que culminó la expulsión de sus demonios en el Nuevo Arcángel de Córdoba. Ante Serbia vivió con naturalidad las primeras ocasiones falladas, se sobrepuso a la presión de lanzar y fallar un penalti y emergió para marcar un gol muy esperado con el que soltaba buena parte del lastre que lleva en una mochila que carga desde hace demasiado tiempo. Cierto es que, desde que confesó su depresión, aquella que desataba una ansiedad incontrolable sólo con atarse las botas, ha encontrado comprensión, reconocimiento y cariño. «La gente me ha ayudado a seguir peleando y luchando», confesaba el delantero que vivió parte de su infancia en Córdoba.
Hay jugadores que calan en los vestuarios y se convierten en imprescindibles para los entrenadores, pero que no conectan con la grada. Ni siquiera con la suya. Un día se valora su rendimiento y al siguiente, ante el más mínimo error, arranca de nuevo el calvario de críticas. Ése era Morata, un jugador con el halo de 'maldito' que está empezando a renacer tras una dolorosa confesión. Por eso no dudó en plantar la pelota en el punto de penalti cuando en el minuto 53, con el marcador a favor por el tempranero gol de Laporte, el colegiado señaló la pena máxima por manos de un central serbio en el minuto 53. Nadie pensaba en otro lanzador pero, pese a respirar hondo, mandó la pelota por encima del larguero de Rajkovic. Era la mejor confirmación de su redención y no la logró. «He pisado tan fuerte que he hecho un agujero en el césped. Es fútbol», se justificada con una sonrisa.
El fallo lejos de provocar el runrún de desaprobación hizo al estadio estallar el gritos de 'Morata, Morata'. Los aficionados, como ocurrió en Murcia, quisieron ayudarle a cerrar todas las heridas. Ya lo hicieron en el minuto 41,tras un testarazo al que llegó forzado y salvó mano abajo el ex mallorquinista Rajkovic. Quiere el seleccionador que sienta que merece la pena seguir poniéndose el brazalete porque su trabajo es imprescindible para el equipo.
Por eso todo el banquillo estalló cuando en el minuto 64 llegó un tanto con el que pone fin a siete partidos sin marcar, su peor racha con la selección. Había que remontarse al primer partido de la Eurocopa ante Croacia para encontrar el último gol del madrileño, que suma 37 como internacional. Está a uno de subirse al podio de los máximos goleadores de la selección porque en el tercer escalón está Fernando Torres con 38.
Pero Morata miraba al equipo. "Estamos en otra fase final y hay que darle valor, porque parece fácil pero no es fácil", reivindicó antes de recordar que se ha logrado con bajas. "Echamos de menos a los lesionados, porque es especial lo que hemos creado, pero hay un montón de jugadores jóvenes que están apareciendo. España tiene futuro increíble", destacó.
El estreno de Laporte
Hubo otro jugador que se reivindicó ante Serbia. Menos herido que Morata pero igual de cuestionado ha estado Aymeric Laporte. Su marcha al fútbol saudí puso un interrogante a su continuidad en la selección en la que debutó en junio de 2021 de la mano de Luis Enrique. Los rumores sobre el estado de forma con el que llegó a Alemania los soportó por su carácter, pero su ascendía en el grupo es notable. Tanto como para ser otro de los capitanes.
Por eso todo el equipo estalló cuando, en apenas cuatro minutos, voló en el segundo palo para cabecear cruzado un centro de Pedro Porro y adelantar a España cuando sólo habían transcurrido cuatro minutos de un duelo en el que Serbia se desmoronó sirviendo a la selección una victoria bajo la lluvia que la coloca en los cuartos de final de la Nations League. Era el primer gol de Laporte como internacional. No había marcado en sus 38 partidos con España, pero tampoco en su etapa en la inferiores de Francia.
Son imprescindibles para De la Fuente Laporte y Morata, como Cucurella, Oyarzabal o Zubimendi. Ninguno de ellos juega en los tres primeros clasificados de la LaLiga. Es más, por primera vez en 104 años, España saltó a un campo sin jugadores del Real Madrid, el Barcelona o el Atlético en su once inicial. El fútbol español se ha internacionalizado tanto que el seleccionador alineó a cuatro futbolistas que juegan en la Premier, uno en Arabia, otro en Francia y otro en Italia, y los que pertenecen a equipos españoles juegan en el Athletic, la Real y el Villarreal.
Durante casi cinco semanas en Nueva Zelanda y Australia, Luis Rubiales nunca manejó otra opción en su cabeza. España, por primera vez en la historia, iba a proclamarse campeona del mundo de fútbol en categoría femenina. Lo repetía a modo de mantra. Con una convicción casi suicida. Así que sus colaboradores, entre la prudencia y el estupor, optaron por seguirle la corriente. Las futuras campeonas, con quienes había mantenido notorias discrepancias, también empezaron a observarle con creciente simpatía. En aquel verano de 2023, el ex presidente de la Federación ejercía como único enlace entre el vestuario y su técnico, Jorge Vilda. Porque ese vínculo se había roto tiempo atrás. Y no había reconciliación posible. Sin embargo, tras cada victoria en el Mundial, el entusiasmo de Rubiales empezaba a resultar más y más contagioso. De algún modo, cautivador. Su apuesta por el fútbol femenino, esta vez sí, era firme. Así se lo había repetido mil veces a Jennifer Hermoso. Con ella mantenía una relación muy estrecha, basada en la camaradería. En un visceral modo entender el fútbol y la vida. Sin embargo, el 20 de agosto de 2023, sobre el césped del Stadium Australia de Sydney, Rubiales propinó un beso no consentido a Hermoso que puso patas arriba el fútbol español y por el que, a partir de hoy, deberá rendir cuentas en la Audiencia Nacional. Se le acusa de dos delitos: agresión sexual y coacciones. La Fiscalía pide para él una pena de dos años y medio de cárcel.
En el banquillo del Juzgado Central de lo Penal, presidido por el magistrado José Manuel Clemente, también se sentarán Jorge Vilda, ex seleccionador femenino, Albert Luque, ex director deportivo de la selección masculina y Rubén Rivera, ex responsable de marketing de la selección. A los tres se les imputa un delito de coacciones, por el que podrían ser condenados a un año y medio de cárcel.
Según la denuncia de Hermoso, Vilda, Luque y Rivera intentaron subestimar la importancia de lo sucedido, presionándola para que no tomase medidas legales. Respecto al beso de Rubiales, Jenni admitió haberse sentido «vulnerable y víctima de una agresión, un acto impulsivo, machista, fuera de lugar y sin ningún tipo de consentimiento por mi parte». Así definía, el 25 de agosto de 2023, los hechos. Sin embargo, sólo unos minutos después del beso, ni Hermoso ni su entorno más cercano, incluido el sindicato FutPro, mostraban alarma alguna. ¿Qué sucedió en esos seis días para que la capitana cambiase el discurso? Tras consultar con varios testigos, EL MUNDO ha querido reconstruir, paso a paso, aquellos hechos.
«Estoy para lo que me pidáis»
Para comprender de forma más precisa lo que pasó aquel domingo en Sydney hay que remontarse unos días atrás. En concreto, hasta el acceso de España a las semifinales, donde se mediría a Suecia. «Estoy para lo que me pidáis. Si queréis que vengan más familiares, adelante», contó Rubiales a sus jugadoras. Aquello suponía otro paso en el plan de conciliación por el que ellas tanto habían peleado. El que les igualaba en derechos a otras selecciones de la elite.
Porque desde el inicio del torneo, Irene Paredes e Ivana Andrés, dos de las líderes, pudieron convivir en el hotel de concentración con sus parejas y sus hijos: Mateo, de dos años, y Jara, de apenas unos meses. Rubiales se había involucrado personalmente para que todas dispusieran de una bolsa económica destinada al desplazamiento de sus familiares. Aunque en el inicio del torneo ese reparto resultó algo caótico, con el paso de las semanas se hizo más flexible. De igual modo, las malas caras de los primeros días dieron paso a un ambiente más cálido. Salvo un par de excepciones, el equipo apreciaba el golpe de timón de su presidente.
Sin embargo, el clima interno distaba del ideal. Baste el caso de Misa Rodríguez, relegada a la suplencia tras el 0-4 ante Japón. A partir de ese momento, la guardameta rompió cualquier relación con Vilda. Sin olvidar la clásica rivalidad de clubes trasladada a la selección. Ivana Andrés, capitana, y Misa Rodríguez, jugadoras del Real Madrid, observaban con recelo a las del Barça, con siete titulares en la final ante Inglaterra. Cuando las azulgrana pidieron permiso a Ivana para que Paredes alzase la copa, la madridista se negó en rotundo. Ella había seguido con Vilda durante el plante de Paredes y otras 14 compañeras en 2022. «Si algo nos enseñó aquel Mundial es que, a diferencia de lo que suele decirse, un equipo con un vestuario roto sí puede alcanzar el éxito», explica a este periódico un ex trabajador de la RFEF.
Vilda, durante el calentamiento previo a la final ante Inglaterra.AFP
La gravedad del asunto habría desesperado a otro presidente, pero no a Rubiales. En realidad, aquellos manejos le parecían peccata minuta. Al fin y al cabo había sido él, socialista de cuna, hijo del alcalde de Motril, quien pactó con Gerard Piqué una comisión de 24 millones de euros por el traslado de la Supercopa a Arabia Saudí. Era su peculiar modo de entender la presidencia. Después de mil escaramuzas con Javier Tebas, presidente de LaLiga; después de tantos devaneos con Pedro Sánchez para organizar el Mundial 2030; después de grabar en secreto sus conversaciones con José Guirao, ministro de Cultura y Deporte; después de la fiesta en un chalet de Salobreña con una decena de «chicas de imagen»; después del espionaje a David Aganzo, presidente del sindicato AFE, Rubiales se sentía invulnerable. Dos meses antes ya había gozado con la Nations League, un logro menor. Ahora necesitaba otro título a escala planetaria: el Mundial femenino.
Aferrado a su incombustible optimismo festejó desde el palco de autoridades el gol de Olga Carmona, maldijo el penalti errado por Jenni Hermoso y descontó, uno a uno, los 13 minutos de tiempo añadido. Tras el pitido final, la tensión se le iba a desbordar del modo más obsceno: una mano en los testículos ante la atónita mirada de la Reina Letizia y la Infanta Sofía. Pocos metros más allá, en la zona VIP donde se sentaban los representantes de clubes, federaciones territoriales y la gente de FIFA y UEFA, nadie iba a percatarse. La mayoría se enterarían al día siguiente.
«No descarto que lo llevara pensado, como muestra de lo cercano y cariñoso que era»
Entre tanta euforia, Rubiales bajó a la hierba. Las campeonas desfilaban hacia el podio, donde Gianni Infantino, presidente de la FIFA, y la Reina entregarían el trofeo. Una a una fueron pasando. Al llegar Jenni, ante casi nueve millones de españoles frente al televisor, Rubiales le lanzó un beso en la boca. «No descarto que lo llevara pensado, como muestra de lo cercano y cariñoso que era», apunta una fuente federativa.
Unos minutos más tarde ya se había formado un pasillo a modo de besamanos. «Cuando fuimos a felicitarle, el clima era de cachondeo, de cero importancia. Algunos le recordaban lo sucedido entre Iker Casillas y Sara Carbonero», rememora otra asistente, del círculo de Hermoso. Una anécdota para la mayoría de radios y televisiones que lo recogieron casi en directo. Mientras en el vestuario continúan con la broma («¡Presi, que nos casamos!») un tuit de Pablo Echenique, a eso de las 16:25 horas, hace saltar las alarmas en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas.
En el Airbus A350 de Iberia
«¿Esto de Rubiales no va a tener consecuencias penales?», se preguntaba el ex portavoz parlamentario de Podemos. La red X, a petición de la FIFA, iba a retirar su vídeo por una cuestión de derechos televisivos, aunque Echenique no cejaría en el empeño. «Aquí el fotograma del posiblemente delictivo acto de Rubiales. A ver si la FIFA me tumba esto también». Casi de inmediato, Yolanda Díaz, número dos del Gobierno en funciones, e Iñigo Errejón se sumaron a la censura.
Jenni, que había transmitido un directo por Instagram siguiendo la broma, decide atender una llamada de la Cadena COPE. Más chistes. El equipo viaja desde el hotel al aeropuerto y los responsables de prensa de la RFEF empiezan a detectar en las redes sociales un efecto de bola de nieve. Rubiales, cegado por el éxito, no da al tema trascendencia alguna. Tampoco ante los micrófonos de Juanma Castaño: «No hagamos caso de los idiotas y de los estúpidos, de verdad. Es un pico de dos amigos celebrando algo... no estamos para gilipolleces».
Según el escrito de la Fiscalía, durante ese vuelo Rubiales se dirigió a Jenni «para que accediese a hacer una manifestación pública conjunta» durante la escala en Doha. «Es verdad que hubo gente que habló con ella, pero sin ningún tipo de presiones para que grabara el vídeo», explica otro de los presentes. Mientras el escándalo alcanzaba ya cada rincón del planeta, en el interior del Airbus A350 de Iberia se sucedían escenas que rozaban lo grotesco. Con Emilio Butragueño, director de Relaciones Institucionales del Real Madrid, en pijama por los pasillos; con las campeonas rechazando cualquier petición para colaborar; con Vilda aún pendiente de su hija, que dos horas antes de despegar había sido hospitalizada por un leve problema gástrico; con los brindis de cava, las porciones de tarta y las miradas de inquina; con el secretario de Estado, Víctor Francos, tranquilizando a Rubiales: «No te preocupes, que a la ministra portavoz [Isabel Rodríguez], le vamos a decir lo que tiene que contar»...
Cuando Rubiales descubre que Jenni se niega en rotundo a comparecer junto a él, pierde los papeles. En Doha tuvo que ofrecer, solo ante la cámara, unas disculpas que sonaban a hueco. Aquel vídeo tuvo un efecto bumerán.
«En mitad de la negociación con Junts, a Pedro Sánchez le venía muy bien que se hablara de otra cosa»
Después de 22 tortuosas horas en el aire, la fiesta en la madrileña explanada del Parque del Rey tampoco despejaría los nubarro. Mientras atronaban los acordes de Juan Magán, Vicco o Camela, Francos y Rodríguez intentaban jugar, entre bambalinas, un papel de mediadores. Rubiales no quiso aparecer, convencido de que la celebración sólo correspondía a las campeonas. Un año antes, tras el éxito de la Nations League, ya había seguido desde casa los actos organizados en el WiZink Center.
Rubiales y Vilda, durante la recepción a las campeonas en La Moncloa.AFP
Él ansiaba su momento a la mañana siguiente en La Moncloa. Sin embargo, Pedro Sánchez se lo negó. Más allá de un frío apretón de manos a la llegada, el presidente del Gobierno no quiso ninguna foto con él. Durante el posado de grupo, Rubiales fue relegado a una esquina. Por aquellos días, Sánchez empezaba a negociar los votos de Junts para la investidura. «Le venía muy bien que se hablara de otra cosa, así que exprimió al máximo nuestro problema», apunta uno de sus ayudantes.
Los adeptos a la causa
Según quienes vivieron junto a Rubiales aquel final de agosto, los días siguientes en Las Rozas fueron «muy difíciles». Los gabinetes de crisis se sucedían en la tercera planta del edificio principal de la Ciudad del Fútbol. Por el despacho del presidente -más de 100 m², con terraza incluida- desfilaron los adeptos a la causa: su amigo Nene -imputado junto a él en la operación Brody-; Antonio Gómez-Reino, director de relaciones institucionales; Chema Timón, jefe de Gabinete, y su padre, Luis Rubiales López. Sin olvidar a los seleccionadores, Luis de la Fuente y Jorge Vilda o algunos presidentes de las territoriales. La inmensa mayoría, con la excepción de su padre, le animaba a resistir.
Hasta Ibiza, tratando de ablandar a Jenni, habían viajado Rivera y Luque. «Si en este momento le ayudaba seguramente le podría conseguir un puesto en la Federación», razona Marta Durántez, fiscal del caso, aportando algunos mensajes donde el ex futbolista del Deportivo acusa a Hermoso de «mala persona» y la desea «que se encuentre muy sola en la vida». A tenor de otras filtraciones, los contactos entre la jugadora y Rivera también incluían Whatsapp de diversa índole: «Rubén, puedes decir a tu mujer que no tengo bikini. Que me ha preguntado y le he dicho que sí tenía, jaja».
A última hora del martes 22, la Federación convocó una Asamblea Extraordinaria para el viernes 25. Según los más fieles a Rubiales, este fue su mayor error. Y lo atribuyen a la recomendación de Alejandro Blanco, presidente del COE, que pretendía escenificar el apoyo de todos los estamentos del fútbol. En cualquier caso, tras interminables conversaciones, el núcleo duro convence a Rubiales para que dimita en la Asamblea. El jueves 24, él mismo activa la maquinaria con la que dar por hecho su adiós. Llama al Consejo Superior de Deportes para informar de todo. La inmediata filtración de Francos no sólo le enfurece, sino que le impulsa a un último y triple salto mortal. «¡No voy a dimitir!, ¡no voy a dimitir!, ¡no voy a dimitir!».
Sólo su padre y otra persona, que no ha podido ser identificada por este diario, sabían de la pirueta. Después, tomó a sus hijas, las montó en su coche y puso rumbo a Valencia. Al mediodía del sábado 26, la FIFA, comunicó por mail a la RFEF que suspendía provisionalmente a Rubiales «mientras se tramita el expediente disciplinario». Aquello se tradujo en tres años de inhabilitación. Hasta ahí alcanzó la justicia deportiva. Hoy llega el turno de la justicia ordinaria.
Baloncesto
IRIA OTERO
@IriaOtero_
Madrid
Actualizado Lunes,
22
mayo
2023
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