Pecco Bagnaia al fin rompió su gafe en Montmeló con un triunfo en el que exorcizó múltiples demonios. El italiano, que nunca había logrado siquiera subirse al podio, empezó a rubricar su tan esperado desquite en la curva cinco, la misma que, precisamente, acabó por privarlo de la victoria en la sprint race del sábado mandándolo al suelo.
Allí, precisamente, en la vuelta 19, firmó un gran adelantamiento sobre Jorge Martín, y fue implacable en su escalada hasta la cabeza de la carrera. El madrileño, aún líder del Mundial, tuvo que conformarse al final con el segundo puesto, por delante de un Marc Márquez que firmó también una grandísima remontada para acabar subiéndose al tercer escalón del podio y afianzarse de esta manera como el tercer clasificado de la general, por detrás, precisamente, de un Bagnaia que arde en deseos de que llegue ya el próximo fin de semana.
“Estaba muy enfadado después de lo que pasó sábado, pero sabía que teníamos potencia como para luchar por la victoria. Pude empujar más, la moto estuvo fantástica, el equipo hizo un gran trabajo poniéndola a punto y la verdad es que tengo muchas ganas de llegar al Gran Premio de Italia”, aseguró el piloto de Ducati.
“Estoy muy contento y muy orgulloso. Fue duro, pero vi que Pecco tenía algo más de goma y traté de aguantar, pero al final ya no me quedaba. He intentado meter presión, pero llegó un momento en que ya era imposible”, confesó por su parte Martín.
“La salida no ha sido buena, no he trazado bien, pero sabía que la carrera era larga y he ido paso a paso.Después he podido defenderme de Aleix y lo siento por él porque era su última carrera en Montmeló, pero estoy contento de estar en el podio”, sentenció por su parte Marc Márquez.
Aleix Espargaró fue al final cuarto y Pedro Acosta, quien puso en aprietos a los pilotos de cabeza durante muchos minutos, consiguió terminar decimotercero pese a irse al suelo en la vuelta 12.
Carlos Alcaraz aún era una revelación, un adolescente prometedor, cuando ganó a Novak Djokovic en el primer enfrentamiento entre ambos, en semifinales del Masters 1000 de Madrid de 2022. Acababa de cumplir 18 años y le faltaban unos meses para celebrar su primer Grand Slam. Fue sólo una presentación en el Olimpo que pronto le daría entrada, pero ya entonces el serbio quiso apadrinarle; él ya sabía de su potencial. «Lo conocí en Internet cuando tenía unos 12 años y ya estaba ganando torneos», anunció el vencedor de 24 Grand Slam y así empezó la relación entre ambos.
Desde entonces, cada vez que se encuentran fuera de la pista, mantienen una larga charla y el afecto es mutuo. En el pasado Wimbledon, por ejemplo, antes de medirse en la final, coincidieron en un entrenamiento y Alcaraz llegó a fotografiarse con los hijos de Djokovic, Stefan y Tara, que lo idolatran. En el último Masters 1000 de Shanghai las cámaras grabaron su conversación y cómo el serbio llamaba «titancito» al español con cariño.
La sintonía entre ambos es curiosa, pero no tanto como su histórica rivalidad. Pese a la exagerada diferencia de edad, 16 años casi exactos -los dos nacieron en mayo-, en sólo tres años han construido una historia que ya contienen imágenes de dos finales de Grand Slam, una de Juegos Olímpicos, otra de Masters 1000 así como varias semifinales importantes. De hecho su partido de este martes en el Open de Australia (probablemente en turno nocturno, es decir, a las 09.00 o las 11.00 horas en España) será el primero de cuartos de final; nunca antes se toparon tan pronto.
La polémica de Djokovic
Será su octavo enfrentamiento, con cuatro victorias a favor de Djokovic y tres a favor de Alcaraz. El serbio sostiene el mal recuerdo de los dos trofeos de Wimbledon concedidos al español, especialmente el último, cuando fue inferior. Y Alcaraz tiene en carne viva la derrota olímpica en París que no sólo le dejó sin un oro, también le desmontó anímicamente para lo que quedaba de temporada.
«Espero una gran batalla, como la mayoría de partidos en los que nos hemos enfrentado. Diría que sólo dos veces la batalla ha sido desigual: el año pasado en Wimbledon él dominó la pista y yo tuve un buen partido en las semifinales de las ATP Finals de 2023. En el resto, siempre ha habido intercambios tan intensos como los que tenía con Nadal», valoró este domingo Djokovic después de cerrar su pase y mantener en Melbourne su progresión ascendente. Como es habitual en él, en los primeros partidos, ante Nishesh Basavareddy y Jaime Faria sufrió ciertos apuros, pero en los dos últimos, ante Tomas Machac y Jiri Lehecka -este domingo ganó 6-3, 6-4 y 7-6(4)-, su dominio ha sido indiscutible.
JAMES ROSSEFE
Sus mayores problemas están fuera de las pistas, en las gradas, y son dos. El primero, el público australiano, que le abuchea desde su expulsión del país por negarse a vacunarse del covid y le genera cierto malestar. Y el segundo, un reportero del canal aussie Channel Nine, que se burló de sus fans serbios y le llevó ayer a retirarse de la pista sin conceder entrevistas post-partido. «Sólo pido una disculpa suya», reclamó y está por ver si ésta llega.
Una victoria sin problemas
«Intento no pensar en todo lo que ha conseguido, si pienso en todo lo que ha hecho no podría jugar. Ha ganado 24 Grand Slam, ha estado muchas semanas como número uno. Pienso en que puedo ganarle, saber mis armas. Voy a jugar y creer», valoraba por su parte Alcaraz, inmaculado pese a que aún se está adaptando a los cambios realizados en pretemporada. Este domingo, ante Jack Draper, acumuló demasiados errores con su saque y con su derecha, pero gracias a su velocidad, solventó sus apuros en el primer set y luego el británico se rompió; el marcador se cerró con 7-5, 6-1 y retirada.
Después el español se encerró en la sala de los fisioterapeutas junto al suyo, Juanjo Moreno, para ver el partido de Djokovic y confirmar que viviría otro episodio de la mayor rivalidad intergeneracional que ha dado el tenis. Mientras espera a medirse en una final de Grand Slam a Jannik Sinner, el adversario que le toca, Alcaraz sigue retando a quien le precedió en la cima del tenis. Meses atrás, confesaba que suele pensar en Djokovic en sus entrenamientos, en su tenis y especialmente en su consistencia. Ahora lo volverá a tener delante para seguir ampliando su número de páginas en los libros de historia.