La fiesta en Aston Martin este sábado duró únicamente unos segundos. Cuando Fernando Alonso pasó por meta, todos sus mecánicos saltaron de júbilo, ¡un milagro!, la pole era prácticamente un hecho. Pero el alboroto terminó de repente. Cuando Max Verstappen pasó por meta, el garaje del español se sumergió en el silencio, las manos en la cabeza, ¿Cómo podía ser?
Alonso estuvo cerca, muy cerca, más cerca que nunca este año de empezar una carrera desde la primera posición. En Mónaco, el mejor lugar para hacerlo, se quedó a ocho centésimas de superar a Verstappen y partirá segundo, igualmente con opciones de victoria. “¡He tocado el muro dos veces!”, gritaba el holandés al acabar la sesión de clasificación. Pasó nervios. Alonso le había empujado hasta el abismo. De hecho, durante unos instantes salir airoso parecía imposible. Antes de su ultimísimo intento, de arriesgarlo todo en cada curva, Verstappen estaba por detrás del español y sólo sobre la bocina pudo vencerle.
“Ha estado bien. La pole significa mucho aquí en Mónaco, pero salir desde la primera línea de la parrilla también es muy importante para nosotros. Intentaré ganar”, comentó Alonso al terminar la sesión, antes de presionar a Verstappen otra vez, ésta con un micrófono en la mano: “En esta recta hay muy poco recorrido y es difícil ganar una posición, pero Max es algo irregular en las salidas y quizá mañana lo haga mal”.
No hay un lugar tan tradicional en la Fórmula 1 como Mónaco y si se atiende a la tradición, Alonso puede conseguir este domingo su primera victoria en una década. Por la extrema estrechez y la extrema lentitud del circuito, aquí adelantar es una quimera y su puesto en la primera línea es una verdadera ventaja. ¿Una prueba? De las últimos 18 ganadores, 15 salieron desde la primera línea.
El KO de Pérez y Stroll
Desde el primer momento la clasificación se iluminó para que Alonso bailara bajo los focos. Algo se intuía. En el arranque de la Q1, antes siquiera de que los nervios agarrotaran, ‘Checo’ Pérez se estrelló contra el muro frente a la iglesia de Santa Devota y las posibilidades de Alonso de acceder a la primera fila se multiplicaron. El mexicano, al fin y al cabo, había celebrado dos poles esta temporada -Arabia y Miami- y sólo una vez, en Australia, cuando cometió un error, empezó por detrás del español. Este domingo partirá vigésimo, un rival menos.
Otro será el propio compañero de Alonso, Lance Stroll, que también falló este sábado. Después de una Q1 brillante, en la Q2 fue eliminado por culpa de un error. Sin necesidad de un accidente, una mala vuelta le dejó en riesgo y, en esa situación, al contrario que Verstappen, no supo resolver. Partirá decimocuarta.
El resto de candidatos se situaron en la parrilla con una sorpresa de por medio. Los dos pilotos de Alpine probaron su velocidad en clasificación y uno de ellos, Esteban Ocon, se colocó cuarto por lo que, tras Verstappen y Alonso, Charles Leclerc partirá tercero y Carlos Sainz, quinto. Más atrás Lewis Hamilton empezará sexto y George Russell, octavo.
La mayoría de aficionados recordarán que en aquellos duelos históricos en Wimbledon entre Rafa Nadal, Roger Federer y Novak Djokovic estaban de sobremesa en España, incluso a algunos los pillaría todavía comiendo. Eso no volverá a pasar. A partir de este año el Grand Slam de las tradiciones cambia una de ellas, una relevante. En lugar de empezar a las 15.00 horas en España -14.00 horas en Reino Unido, la final entre Carlos Alcaraz y Jannik Sinner de este domingo empezará a las 17.00 horas y así seguirá siendo en las próximas ediciones. ¿Por qué? Los motivos pueden ser dos y el espectador es libre de escoger uno de ellos.
La explicación oficial es que así la final de dobles femeninos se podrá disputar antes, a una hora concreta -las 14.00 horas-, y tendrá más relevancia. Hasta ahora, ese encuentro cerraba el torneo con las gradas prácticamente vacías después de que los aficionados las abandonasen al acabar la final individual masculina. "Nuestro objetivo es mejorar la experiencia de todos los tenistas. Las jugadoras de dobles podrán saber de forma más precisa su horario y los aficionados podrán disfrutar del día en Wimbledon antes de que empiecen los partidos, además de que el campeón serán coronados enfrente de la audiencia más grande posible", comentaba hace unos días Sally Bolton, presidenta ejecutiva del All England Club (AELTC), y en su última frase se intuye la segunda razón: "La audiencia más grande posible".
Desde hace años la ESPN, la cadena que emite en exclusiva el Grand Slam en Estados Unidos, reclama que los horarios se ajusten a los usos americanos y después de firmar la ampliación de la compra de los derechos hasta 2035 parece que lo ha conseguido. Este domingo, la final entre Alcaraz y Sinner arrancará a las 11.00 horas en Nueva York y las 08.00 horas en Los Ángeles y con ello atraerá seguro a muchos más seguidores yankees.
La Ley de Interés General
El problema del cambio es que crea un peligro. Si la final se alargase como se alargó la final de Roland Garros rozaría el toque de queda de Wimbledon, que establece que no puede haber actividad más tarde de las 23.00 horas para no molestar a los vecinos. Es posible que la ceremonia de entrega de premios deba acortarse con ese fin, pero es todavía más posible que si hay quinto set tenga que jugar bajo techo. En esta edición la pista central se ha cerrado varios días sobre las 21.00 horas para utilizar la iluminación artificial y eso suele implicar un parón de más de 10 minutos.
En todo caso, en España los únicos espectadores que podrán ver la final son los abonados a Movistar+, el canal que tiene los derechos. Por extraño que parezca, la Ley de Interés General aprobada en 2015 establece que es obligatorio emitir en abierto "La participación española en la Copa Davis de tenis" y "la participación de tenistas españoles en las semifinales y la final de Roland Garros", pero no nombra ningún otro Grand Slam, ni una palabra de Wimbledon. El canal ha anunciado que emitirá la final a través de Movistar Plus+ (dial 7), Deportes por M+ (dial 63) y Wimbledon UHD por M+ (dial 444) y que lo hará con la narración José Antonio Mielgo y los comentarios de Alex Corretja y Feliciano López.
Aparece Paula Badosa en la sala de prensa de Roland Garros con un look Jordan que demuestra que no está para nada. Fuera hace calor, casi 30 grados de temperatura y el bochorno previo a una tormenta, pero ella lleva una chaqueta roja acolchada y un gorro negro calado hasta los ojos. No quiere muchas preguntas, si fuera por ella no respondería a ninguna. Su fragilidad es patente, más cuando le acompaña a la sala su equipo por si necesita apoyo, por si acaso.
Antes ha sido eliminada en tercera ronda por Daria Kasatkina con un 6-1 y 7-5 y otra vez se marcha de París sin haber jugado los partidos decisivos. Queda lejos ya aquel 2021 en el que disputó los cuartos y, tan joven que era, se anunció como una futura campeona. Su lesión en la espalda sigue martirizándola.
TERESA SUAREZEFE
«Físicamente estoy muy lejos del nivel al que quiero estar. No llego a las bolas como quiero, no estoy explosiva, me falta mucho. Supongo que en un rato veré la diferencia, pero ahora mismo la decepción es muy grande. Siempre he tenido mal perder», arrancó la actual número 10 del mundo después de un encuentro en el que le pudo el desánimo.
La maldita lesión de espalda
Después del Open de Australia de este año en el que fue imparable y jugó el mejor tenis de su vida, la maldita fractura de estrés en la cuarta vértebra lumbar volvió a quebrarla y llegaba con la confianza destrozada. Se había perdido casi toda la gira de tierra batida, fuera de Madrid, fuera de Roma, y apenas había podido jugar un partido entero en Estrasburgo.
«Antes del torneo ya reconocí que venía así, que no tenía expectativas, y haber jugado aquí tres partidos me lo tomo como un logro», confesó Badosa que en las dos primeras rondas había derrotado a Naomi Osaka y Elena-Gabriela Ruse. Ante Kasatkina, llegó eliminada a la preciosa pista Simone Mathieu y salió eliminada. Su entrenador, Pol Toledo le reclamaba optimismo y su pareja, Stefanos Tsitsipas, insistía en animarla, pero no había manera. Sólo a mediados del segundo set, Badosa quiso autoconvencerse y peleó hasta que la volvió a derrotar el desánimo. Hace no tanto, hubiera ganado a Kasatkina, tiene armas para hacerlo, pero este sábado no era el día.
Christophe EnaAP
«No es el nivel que me esperaba, pero felicidades a Daria, es una buena jugadora en tierra», analizó Badosa. Kasatkina, nacida en Rusia y nacionalizada australiana tras renegar del Gobierno de Putin por su políticas anti-LGTB y la invasión de Ucrania, se formó en el CMC Competición de Barcelona y expuso el clásico estilo de juego español, tan clásico que ya apenas existe en la élite. Su táctica era clara: devolver una bola, y la siguiente, y la siguiente.
La esperanza en la recuperación
Para ganar, Badosa tenía que ser más agresiva que en los últimos tiempos, acortar los intercambios y no lo hizo. Su adversaria le plantó delante un muro: si sumaba más golpes ganadores, ganaría y si acumulaba más errores no forzados, perdería. El balance, al final, fueron 26 winners por 41 fallos, no hubo duda. «Ella no es tonta, sabía que yo no estaba bien, que llegaba tocada y ha hecho un partido muy físico», analizó Badosa que jugará los WTA 500 de Berlín y Eastbourne para intentar estar mejor en Wimbledon.
El año pasado por estas fechas, la española arrastraba los mismos problemas y acabó la temporada en clara progresión, con el título en el WTA 500 de Washington y semifinales en los WTA 1000 de Cincinnati y Pekín. Para hacerlo, eso sí, tuve que infiltrarse en varias ocasiones y esperar que el remedio surgiera efecto. «Ahora quiero jugar más, pero también debo vigilar con la espalda. Es difícil encontrar el equilibrio», reconoció antes de marcharse, con la chaqueta roja cerrada, el gorro negro calado y pocas ganas de hablar más.
La sede: el Romanos Resort de Costa Navarino, en el Peloponeso griego, un hotel de tantísimo lujo que no sólo cuenta con un campo de golf, cuenta con dos, y hasta 14 restaurantes.
Los candidatos: siete en total, con un español Juan Antonio Samaranch Salisachs, un favorito, Sebastian Coe, y una única mujer, Kristy Coventry.
Los votantes: únicamente 111 miembros, desde aristócratas como la princesa Ana del Reino Unido o príncipe Alberto de Mónaco a ex deportistas como Paul Tergat, Pau Gasol o Federica Pellegrini pasando por dirigentes de múltiples federaciones internacionales y hasta una actriz, Michelle Yeoh, ganadora de un premio Oscar en 2023.
Las elecciones a la presidencia del Comité Olímpico Internacional (COI) se deciden este jueves (a partir de las 15.00 horas) con el deporte mundial en vilo y a través «del sistema más sigiloso y opaco que existe», según definía estos días la agencia AP.
Las restricciones del proceso
Después de la sorpresa por la renuncia de Thomas Bach a seguir al frente cuatro años más, el movimiento olímpico vivirá una tensión desconocida desde 2013 y lo hará con el secretismo de un cónclave papal. La reunión no será retransmitida y responderá a las restricciones impuestas por el COI durante todo el proceso electoral. Los candidatos no pudieron publicar videos de campaña, ni viajar para reunirse con los votantes, ni tan siquiera participar en debates entre ellos y apenas tuvieron oportunidades para presentar sus programas.
El actual presidente, Thomas Bach.FABRICE COFFRINIAFP
«Me he reunido por Zoom con todos los candidatos y he podido hablar con ellos, pero oficialmente sólo hubo un acto pre-electoral, en la sede del COI y a puerta cerrada», desvela a EL MUNDO uno de los pocos votantes castellano-hablantes, que reclama anonimato por miedo a infringir alguna regla.
El pasado 30 de enero, los siete aspirantes realizaron un discurso de 15 minutos en la sede del COI de Lausana, donde no se permitió la emisión en vivo de los mismos y tan siquiera que los asistentes entraran con teléfonos móviles. Además, no hubo preguntas de los miembros a Samaranch, Coe y compañía. «Si yo fuera el presidente, creo que sería un poco más flexible», comentó uno de los candidatos, el príncipe Feisal al Hussein de Jordania, quien también exigió más oportunidades de hablar: «El mundo tiene derecho a saber quiénes nos postulamos y qué representamos».
«Hay que tener en cuenta que todas las votaciones en el COI son personales y secretas. Votamos electrónicamente y nunca se sabe a quién ha votado a cada uno. Además va por rondas: empiezas los siete y se elimina el menos votado, siguen seis, luego cinco y así. Sólo se acaba si un candidato logra el 51% de los votos. La tensión va creciendo durante todo el proceso. Porque, además, somos muy pocos. Hay 111 miembros, pero los candidatos no pueden votar, ni tampoco los que procedan de su mismo país. Por poner un ejemplo, hasta que no eliminen a Samaranch, Pau Gasol no podrá votar», comenta un votante a este periódico de los que no tendrá permitido el voto al principio. En primera ronda, con todos los aspirantes en liza, sólo podrán escoger 95 miembros lo que establece la mayoría en apenas 48. ¿Qué decidirá? No se sabe.
Coe, el máximo favorito
Como siempre se han ido creando diferentes grupos de interés, por continentes, por intereses, por idiomas, pero es difícil apuntar diferencias entre los distintos presidenciables. Coe ha marcado la campaña con su propuesta de incluir premios en metálico para los medallistas, una idea que el resto han rechazado. Según las entrevistas concedidas a los medios por unos y otros, no hay programas realmente rompedores más allá del anunciado por Morinari Watanabe, un outsider, que busca que los Juegos Olímpicos se disputen en sedes divididas por los cinco continentes al mismo tiempo.
Juan Antonio Samaranch jr., este miércoles, en la Asamblea.Thanassis StavrakisAP
La candidatura de Samaranch, de hecho, se basa en la continuidad del mandato de Bach, del que es vicepresidente primero desde 2016. La conquista del público joven es su principal preocupación, con alguna novedad, como permitir a los deportistas que utilicen vídeos con derechos en sus redes sociales. Su máximo rival es Sebastian Coe, aunque con un censo tan limitado y tan heterogéneo todo es posible. Coe, presidente de la World Athletics y del comité organizador de los Juegos de Londres 2012 -un ejemplo dentro del olimpismo-, mito del atletismo, tiene el perfil perfecto para el cargo y sólo su favoritismo le puede jugar en contra. Especialmente porque se sabe favorito.
Bach ha apoyado internamente a Coventry para que el COI sea dirigido por una mujer por primera vez desde su fundación en 1894 y el resto de candidatos, como el francés David Lappartient o el sueco Johan Eliasch, supondrían una exagerada sorpresa. En todo caso, el Comité Olímpico Internacional escoge este jueves nuevo presidente con el silencio como protagonista.
Los siete candidatos
Juan Antonio Samaranch
Barcelona (España). 65 años. Miembro del COI desde 2001 y vicepresidente primero desde 2016. Ingeniero con un MBA, entró en el deporte a través de la Federación Internacional de Pentatlón Moderno, pero sobre todo vinculado a su padre, presidente del COI desde 1980 y 2001. Es el candidato continuista de la actual Directiva, aunque Thomas Bach no le ha prestado apoyo directo, más bien lo contrario.
Sebastian Coe
Londres (Reino Unido). 68 años. Miembro del COI desde 2020, cuando ya mostró su intención de presentarse a presidente. Leyenda del atletismo, desde 2015 preside su Federación Internacional, donde intenta una modernización, no sin polémica. Es el favorito por ese papel en el atletismo -el deporte más importante del olimpismo-, por su perfil público y por el poder anglosajón.
Kirsty Coventry
Harare (Zimbabue). 41 años. Miembro del COI desde 2013 y ex presidenta de su Comisión de Atletas. Campeona olímpica de natación, dueña de dos de los tres oros de la historia de su país, es su actual Ministra de Deportes. De ser escogida sería la primera mujer presidenta y la primera africana. Bach le ha dado apoyo interno y, por su juventud, podría cumplir los 12 años de mandato máximo.
David Lappartient
Pontivy (Francia). 51 años. Miembro del COI desde 2022, preside el Comité Olímpico de Francia y la Unión Ciclista Internacional. Político de Los Republicanos, el partido de Chirac y Sarkozy, hoy venido a menos, ha intentado atraer el voto africano prometiendo que allí se celebrarán unos Juegos Olímpicos. Su perfil, muy parecido al de Coe, le convierte en una posibilidad: si hay un ganador sorpresa, será él.
Feisal al Hussein
Ammán (Jordania). 61 años. Miembro del COI desde 2010 como presidente del Comité Olímpico de su país. Hermano pequeño del rey Abdullah II de Jordania, ingeniero y con un máster de administración de empresas como Samaranch, practicó la lucha libre y a partir de entonces se vinculó con el deporte. En las entrevistas ha subrayado que los presidentes anteriores fueron europeos o estadounidenses, reclamando "más puentes" entre oriente y occidente.
Morinari Watanabe
Kokura (Japón). 66 años. Miembro del COI desde 2018 y presidente de la Federación Internacional de Gimnasia desde 2016. Hijo de un sobreviviente de la bomba atómica en Hiroshima, fue dirigente de AEON, una cadena de supermercados japonesa, y entró en el deporte como patrocinador de la Copa del Mundo de gimnasia, el deporte que había practicado de joven. Su propuesta es la más rompedora y seguramente la más improbable.
Johan Eliasch
Djursholm (Suecia). 63 años. Miembro del COI desde 2024 como presidente de la Federación Internacional de Esquí (FIS) desde 2021. Banquero muy relacionado con el Partido Conservador británico, dueño de la marca Head, es el candidato que lleva menos tiempo recorriendo los despachos del olimpismo mundial. En las entrevistas él mismo ha admitido que le sorprende ser uno de los posibles sucesores de Bach.