A su juicio, este es “uno de los mejores ejemplos para favorecer la igualdad y la integración de las personas”.
Alegría asiste al partido de la Liga BSR en Madrid.EFE
La ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Pilar Alegría, asistió este sábado a un partido de baloncesto en silla de ruedas entre el IMF Getafe y el Amiab Albacete en el que es su primer acto oficial tras asumir el nuevo cargo en el Gobierno de Pedro Sánchez.
Alegría acudió al encuentro acompañada del secretario de Estado para el Deporte y presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), Víctor Francos, así como del presidente del Comité Paralímpico Español (CPE), Miguel Carballeda, y de su director gerente, Alberto Jofre.
La ministra conversó con todos ellos y con los deportistas que disputaban este partido de la Liga División de Honor de baloncesto en silla de ruedas, en el Complejo Deportivo Municipal Alhóndiga de Getafe (Madrid).
“Ya hablé en la toma de posesión de la importancia del deporte y la educación para mejorar la vida de la gente. Y he elegido un partido de baloncesto en silla de ruedas, que además es mixto, para asistir a mi primer acto como ministra de Deportes”, dijo a los presentes la ministra.
A su juicio, este es “uno de los mejores ejemplos para favorecer la igualdad y la integración de las personas, dos políticas transversales fundamentales” para el nuevo Gobierno de España, que el martes tomó posesión de sus cargos.
El Madrid se atascó en plena Albufera, avenida principal de Vallecas, y se dejó dos puntos en su lucha por el título de Liga. El conjunto blanco fue capaz de remontar el 2-0 inicial del Rayo gracias a los goles de Valverde, Bellingham y Rodrygo, pero terminó empatando en un duelo intenso. [Narración y estadísticas (3-3)]
Ancelotti pensó un poco en la Intercontinental y en el cansancio acumulado por sus jugadores a la hora de hacer la alineación. Sentó a Vinicius, sobrecargado tras el esfuerzo de Bérgamo, y a Ceballos y dio entrada a Güler y a Rodrygo en sustitución del lesionado Mbappé. En el banquillo se quedó Endrick, que recibió un mensaje contundente ante las ausencias del brasileño y el francés. Ni así.
El Rayo repitió la receta de sus mejores partidos contra el conjunto blanco: ritmo, presión de la grada y acierto hacia el gol. Y a los cuatro minutos ya estaba por delante. El 1-0 de Unai, cabeceando a la red un centro medido de De Frutos, puso en evidencia uno de los problemas del Madrid: los laterales. Fran García y Lucas, suplentes de Mendy y Carvajal, están obligados a rendir de forma constante en un año lleno de lesiones, y aunque siempre muestran una entrega inexcusable, sufren. De Frutos superó con varios amagos al zurdo y Unai remató ante la mirada de Lucas.
Otro descenso en la montaña rusa
El Rayo voló hasta que le duró el físico. Iñigo Pérez insistió en una presión alta que ahogó la salida de un Madrid demasiado pausado y poco intenso en los duelos individuales, y los de Vallecas pasaron por encima de su rival. De Frutos envió alto un disparo desde dentro del área tras un pase atrás de Embarba, Ratiu no acertó a ceder a Embarba en una contra... Y en el 35, Mumin cabeceó a la red un córner de Isi Palazón. Un 2-0 infernal para el Madrid, oro para Vallecas.
Los blancos, irregulares en los últimos tiempos, se llevaban un bofetón tras la gran victoria de Bérgamo. Era un nuevo descenso en esta montaña rusa que es su temporada. Pero en pleno bajón, el Madrid despertó. Al Rayo le empezó a fallar el oxígeno y el cuadro de Ancelotti comenzó a encajonar en el área a su rival. Como si fuera un partido de balonmano. En la banda, Iñigo se desesperaba pidiendo a sus futbolistas que dieran un paso adelante.
En el 39, Valverde tuvo un segundo para preparar un misil desde lejos y sorprendió a Batalla. Gol psicológico, porque el Rayo estaba pidiendo irse a vestuarios y el descanso no llegaba. En el 45, con Vallecas abriendo el bocadillo, Rodrygo encontró a Bellingham con un centro preciso y el inglés cabeceó con mimo. El agua madridista se templaba en Vallecas y ya no quemaba tanto.
Clamoroso agarrón de Sergio Camello sobre Fran García.AP
Tras el descanso, el Madrid dominó la posesión y Rodrygo comenzó a aparecer entre líneas aprovechando que el Rayo ya no llegaba tanto a la presión. En el 56, encontró un hueco, amagó a su par en la frontal y probó suerte con la zurda. Su disparo tocó en un defensa y sorprendió a Batalla para hacer el 2-3.
El Madrid hacía suyo el barrio y obligaba a Iñigo Pérez a mover fichas, algo necesario para los pulmones rayistas. Los cambios levantaron un poco a su equipo, que fue capaz de aguantar las combinaciones de un Madrid más atascado que antes. En el 64, aprovechando una segunda jugada, Lejeune, central, puso un centro desde la banda al corazón del área madridista e Isi apareció de la nada para sorprender a Tchouaméni, rozar el balón y despistar a Courtois.
Ancelotti sacudió el árbol y dio entrada a Vinicius, que vio amarilla por protestar y se perderá el último duelo del año ante el Sevilla, y algo más tarde al olvidado Endrick. Más nombres que acciones para un tramo final con mucha pelea. Vinicius pidió un penalti de Mumin, Batalla salvó el 3-4 del brasileño y el Madrid se atascó en el barrio.
Desde su primer entrenamiento en Zubieta, el pasado 26 de diciembre, Pellegrino Matarazzo quiso dejar claro a todos en la Real Sociedad que se dirigieran a él por el diminutivo familiar: Rino. Hijo de inmigrantes italianos, nacido en 1977 en Wayne (Nueva Jersey, 1977), Matarazzo tiene en tan alta estima los valores inculcados en casa como los códigos del vestuario. Por eso, su prioridad a lo largo de estas seis semanas no ha pasado por la táctica. El modo en que Matarazzo ha cambiado el rumbo de la Real Sociedad se ha fundamentado en la confianza.
Cinco victorias y tres empates en ocho partidos convierten a la Real en uno de los tres equipos invictos, junto con Olympique de Lyon y Milan, de las grandes ligas en 2026. Durante ese mismo periodo, sólo el Real Madrid ha sumado más en el torneo de la regularidad. Un balance que ni uno de los hinchas presentes en aquella sesión abierta en el campo José Luis Orbegozo pudo imaginar. Apenas seis semanas después, aquella Real deprimida, plana y pasiva, con dos puntos de margen sobre los puestos de descenso, es hoy un torrente de energía, vértigo y decisión, a un paso de disputar la final de la Copa del Rey.
Nada compendia mejor la metamorfosis moldeada por Matarazzo que una canción de la Grada Aitor Zabaleta. «Por la mañana café, por la tarde ron, llévame a Sevilla, Orri Oskarsson». Así corearon el domingo en Anoeta el gol con el que el delantero cerraba el triunfo ante el Elche (3-1). Los mismos acordes de Café con ron, el éxito de Bad Bunny, servían ahora para el islandés, un fichaje de 20 millones de euros que en 18 meses sólo había destacado por su propensión a las lesiones. Hoy, Oskarsson representa uno de las grandes bazas de los txuri urdin para disputar la final copera, el 18 o 19 de abril en La Cartuja.
Los tiempos de Montanier
Matarazzo se comunica en inglés con Orri y con Luka Sucic, otro futbolista que ha multiplicado su rendimiento respecto a su etapa con Imanol Alguacil y Sergio Francisco. Desde el primer día, las instrucciones en español quedaron en manos de John Maisano, su primer ayudante, conocido en la caseta por dirigirse a Mikel Oyarzabal como Michele. Más allá del idioma, Matarazzo nunca quiso agobiar con revoluciones en la pizarra, sino que puso el foco en alimentar la autoestima de sus futbolistas. Tal y como había intuido en los vídeos previos, la calidad estaba ahí. Simplemente había que liberarla.
Más de una década después, Matarazzo ha recuperado una de las fórmulas que mejor funcionaron en San Sebastián. Se trata del fútbol vertical, basado en las transiciones rápidas. El estilo con el que Philippe Montanier logró la clasificación para la Champions, con Asier Illarramendi como lanzador de Carlos Vela y Antoine Griezmann. Esta Real no necesita el balón para mandar en el partido, porque sabe la zona en que va a robarlo y el flanco débil donde desarbolar al rival. El guion es claro y el equipo lo aplica sobre el verde de un modo muy efectivo.
Nadie en Anoeta pudo extrañarse con el primer once de Matarazzo ante el Atlético, pero aquel domingo, cerrado con una clamorosa ocasión de Carlos Soler ante Jan Oblak (1-1), hubo un par de detalles que sorprendieron. Desde el minuto 15, seis suplentes saltaron a calentar. Una muestra de la activación y la agresividad que quería su técnico. Desde la banda, Matarazzo también se hacía muy presente. Esa energía a la hora de dar instrucciones, celebrar el gol y protestar a los árbitros, pronto también ante los micrófonos, calaron en la grada. Tras el 2-1 frente al Barcelona, el estadio coreó por primera vez su nombre.
Matarazzo, junto a Oyarzabal, el pasado sábado en Anoeta.EFE
Aquel domingo, la gente salía atónita de Anoeta, no sólo porque Gonçalo Guedes había marcado en la jugada inmediata al gol de Marcus Rashford, sino porque su Real pudo resistir, en inferioridad numérica, ante el mejor frente de ataque de LaLiga. En las antípodas de aquel equipo que se desplomaba físicamente durante los últimos minutos, perdiendo puntos decisivos frente a Villarreal, Girona o Levante.
Nadie puede engañarse con Matarazzo, el primer técnico estadounidense en la historia de LaLiga, pero con nacionalidad e ideosincrasia italianas. De sus cuatro hermanos, todos varones, Leopoldo y Antonio también se han dedicado al fútbol. Los tres comenzaron en la Universidad de Columbia, donde Rino se graduó en Matemáticas Aplicadas en 1999. Era el sueño de sus padres, pero incluso a los 22 años él mantenía viva la llama de ser futbolista. Así que cambió el cálculo avanzado multivariable y la geometría diferencial por un salto al vacío. No cuajó nada en Italia, así que, sin conocer una palabra del idioma, tomó un avión hacia Alemania. Allí nunca pasaría de cuarta división, pero sí supo hacer contactos.
En aquel 62º curso de entrenadores de la Federación Alemana (DFB) conoció a Julian Nagelsmann, con quien compartió habitación en la ciudad deportiva de Hennef, a las afueras de Colonia. La sintonía entre ambos fue inmediata y en enero de 2018, el actual seleccionador de la Mannschaft contrató a su amigo como primer ayudante en el Hoffenheim. Tras casi dos temporadas juntos, Rino optó por volar solo en el Stuttgart, a quien ascendió a la Bundesliga. De ahí, vuelta a Hoffenheim, con billete para la Europa League. Su despido, en noviembre de 2024, cambió tanto su perspectiva que terminaría aceptando la oferta de DAZN como comentarista durante el Mundial de clubes.
Cosas de la buena ventura
Tras perder la carrera para dirigir a Estados Unidos en el Mundial, cuya responsabilidad acabaría en poder de Mauricio Pochettino, todos los azares del fútbol se han alineado para Matarazzo. En Zubieta no se olvidan de los cinco disparos a la madera del Barcelona, incapaz de batir a Alex Remiro tras la roja a Soler; ni de las paradas de Aitor Marrero durante la tanda de penaltis frente a Osasuna en octavos de Copa; ni de la asombrosa irrupción del balón parado, en manos de José Rodríguez, el especialista fichado en verano procedente del Aston Villa. Tras una angustiosa sequía en la estrategia, Jon Aramburu rubricó el 1-2 en Getafe tras cabecear un córner botado por Takefusa Kubo.
Matarazzo, durante el entrenamiento del martes en Zubieta.EFE
Hoy, Matarazzo no podrá contar ante el Athletic con el japonés, ni con Ander Barrenetxea, ni con el citado Sucic, pero en Donosti ven la final más cerca que nunca. De las 8.000 peticiones, sólo 410 agraciados podrán disfrutarlo en directo en San Mamés. Se trata de la cuarta semifinal en siete años para la Real, tercera seguida, algo nunca visto en su historia. Los dos precedentes coperos ante el Athletic en esta instancia se saldaron con una remota eliminación (1923) y un triunfo (1987) que conduciría al título ante el Atlético en La Romareda.
"Tenemos que jugar con intensidad y conexión, todas las cosas que nos ha hecho muy fuertes, debemos seguir haciéndolas, porque si no, no funcionaremos bien", admitió el martes Matarazzo. Aún queda mucho margen para un conjunto incapaz de mantener su portería a cero desde el 24 de septiembre ante el Mallorca. Y que sobrevive en defensa pese a las tribulaciones de Duje Çaleta-Car, autor de un esperpéntico penalti sobre Toni Martínez, a quien cegó con su propia camiseta.
Esa remontada en Mendizorroza (2-3), sin embargo, fraguó también la conexión entre el vestuario y la afición. Muchos realzales se las habían ingeniado para conseguir una localidad fuera de la grada visitante y vibraron con las lágrimas de Marrero, baja para el que debía ser su día grande por un golpe fortuito con Guedes durante un entrenamiento. Tampoco olvidaron el detalle de Brais Mendes, que se sumó a la convocatoria apenas unas horas después del nacimiento de su segundo hijo. Inequívocos síntomas ambos de la salud del vestuario.
La final de la Liga ACB nos está confirmando, en su inicio, el favoritismo obvio de un Real Madrid que había dominado la temporada programada, empatado con el Unicaja, y también el papel dignísimo de un UCAM Murcia que ha roto los pronósticos tras eliminar al Valencia y al propio Unicaja. No vendamos la piel del oso sencillamente porque los murcianos han perdido por fin un partido fuera de casa, sino que reafirmemos que nadie lo tiene hecho de an
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