Se impuso por 4-6, 6-4 y 6-4 en un entretenido duelo entre los dos mejores jugadores del mundo
Alcaraz, en un momento del partido ante Djokovic.STREFE
Con tan sólo cinco enfrentamientos oficiales, el duelo entre Carlos Alcaraz y Novak Djokovic se ha convertido en el más atractivo que puede verse ahora mismo en el circuito. Prueba de ello fue la exhibición que disputaron este miércoles en el Kingdom Arena de Riad, capital de Arabia Saudí, donde el español acabó imponiéndose por 4-6, 6-4 y 6-4. Alcaraz rompió en el noveno juego del tercer parcial e hizo buena la conquista para cerrar un encuentro en el que ambos demostraron porque han sido los grandes protagonistas de 2023.
El murciano, que dio el gran golpe en la final de Wimbledon, venciendo a Nole en cinco sets y terminando con sus seis años invicto en el All England Club, venía de perder en sus dos últimos partidos oficiales contra el número 1 del mundo: en la final del Masters 1000 de Cincinnati, donde no pudo aprovechar un match point, y en las semifinales de las ATP Finals, con la victoria más nítida del balcánico en todas sus disputas.
Acompañado por su padre, Carlos, y por su agente, Albert Molina, Alcaraz disfrutó de un buen rodaje para el curso que se avecina. Este jueves jugará en el Palacio de los Deportes de Murcia en la Copa que lleva su nombre, ante Roberto Bautista. Después proseguirá con su pretemporada para estar a partir del 14 de enero en el Abierto de Australia. Quién sabe si entonces podremos verle de nuevo frente a Djokovic.
Si los números son arrolladores, la impresión que transmite en pista, es, si cabe, aún más intimidatoria. Da la impresión de que Carlos Alcaraz en ocasiones gana incluso sin proponérselo. «No venía aquí con demasiadas expectativas», dijo a pie de pista, en el Andy Murray Arena, tras imponerse al checo Jiri Lehecka por 7-5, 6-7 (5) y 6-2, para vencer nuevamente en Queen's, como ya hizo en 2023, y hacerse con su tercer título consecutivo, quinto del año, vigésimoprimero en su carrera.
Lejos de quedarse en una plataforma de lanzamiento de cara a Wimbledon, donde a partir del 30 de junio buscará su tercera corona consecutiva, el coqueto ATP 500 de la capital británica sirvió para constatar la suficiencia con la que el número dos del mundo (las jerarquías, de momento, mienten, o al menos engañan) se maneja sea cual sea el escenario y el oponente.
Desde que perdiera ante Holger Rune el 20 de abril en la final del Conde de Godó, limitado por los problemas físicos sufridos en el último set, por los que decidió después no jugar el Masters de Madrid, Alcaraz ha encadenado 18 victorias consecutivas. Fue campeón en Roma y en Roland Garros, en ambos casos con Jannik Sinner como víctima, y ha vuelto a demostrar en Queen's una asombrosa naturalidad en la adaptación al cambio de superficie. No se trata sólo de la destreza con la que se mueve y de la eficacia con uno de los golpes con los que presenta mayor margen de mejora, como es el servicio, sino también de una mentalidad prestamente ajustada a las nuevas demandas.
Sin lagunas mentales
Si en París, antes de hacer cumbre en una final que agotó los mejores calificativos, pasó por algún trance incómodo por no refrendar las roturas de servicio, como le sucedió ante Lorenzo Musetti en semifinales y frente al propio Sinner, en Londres ha sido muy consciente a la hora de poner en valor el peso de hurtar el saque a sus adversarios y la delgada línea en la que pueden decidirse los partidos en un terreno tan resbaladizo.
Si algo se le puede aún discutir a este tenista de 22 años que ya cuenta con cinco títulos del Grand Slam es, ocasionalmente, la falta de constancia en su juego, ocasionada en gran medida por un legítimo sentimiento de superioridad sobre sus adversarios. Aunque pudiera sorprender, todavía se encuentra en un proceso de aprendizaje, y la hierba le ayuda a ser mejor tenista, a limar esas pequeñas lagunas mentales.
Alcaraz festeja su título en Queen's con los recogepelotas del torneo.AFP
Ante Lehecka, en una final que tal vez hubiera resuelto en dos sets de no mediar la doble falta que acabó por costarle el desempate del segundo, exhibió más aces que nunca en su carrera, 18, y ganó 21 de los 29 puntos jugados con su segundo saque, el 72%. Nunca perdió el hilo de un partido en el que eligió con mimo y acierto entre su inmenso repertorio, sacrificando la brillantez mostrada en semifinales ante Roberto Bautista.
Frente a la relativa insignificancia de los triunfos de Taylor Fritz en Stuttgart, Gabriel Diallo en Hertogenbosch y Alexander Bublik en Halle, y a la espera de lo que suceda esta semana en Mallorca y Eastbourne, la autoridad mostrada por Alcaraz en Queen's le pone algunos cuerpos por encima del resto para Wimbledon. Doble cuartofinalista, Fritz es entre los citados quien más lejos llegó con anterioridad en el All England Club. A la espera de un improbable renacer de Djokovic, que descansa desde las semifinales de París, y con Sinner, superado por Bublik en octavos de Halle y aún convaleciente de los tres match points que se le escaparon en la final de Roland Garros, resulta difícil vislumbrar quién pueda detenerle.
Aún tiene 18 años y su potencial permite concebir esperanzas, pero Martín Landaluce no ha respondido a la proyección que insinuaba la victoria en el US Open júnior de 2022. La invitación al Masters 1000 de Miami es una nueva oportunidad para este madrileño de 1,91 metros y poderosa pegada que no ha conseguido abrirse paso en los torneos ATP casi un año después de su paso por el Mutua Madrid Open, donde cayó de entrada frente a Richard Gasquet. Desde entonces, sólo ha podido disputar un torneo del circuito, el ATP 250 de Umag, con derrota en primera ronda ante Taro Daniel. Ahora es el 360º del mundo.
Este miércoles (17.00 h., Movistar) se enfrenta al mallorquín Jaume Munar en el que será su segundo partido en un Masters 1000. Landaluce lleva tiempo trabajando en la Rafa Nadal Academy, donde sigue con Óscar Burrieza, su entrenador de toda la vida, además de contar con Gustavo Marcaccio, también integrante del equipo de Rafael Nadal. Su último partido fueron las semifinales del challenger de Tenerife, donde perdió frente al veterano Mikhail Kukushkin: 6-2, 2-6, 6-7 (4). A principios de febrero ganó un título ITF en Vila Real de Santo Antonio (Portugal).
«Se lo toma como una semana más en esta etapa de formación en la que se encuentra, proceso del que disfruta día a día, tanto si es una semana de entreno como si es competir en un escenario como éste», comentó Burrieza, tras el entrenamiento de este martes celebrado en Miami.
La delicada transición
Nunca fue fácil hacer la transición desde las categorías inferiores, donde los títulos, por lustrosos que sean, no representan una garantía de asentamiento en el tenis profesional. Nadal, uno de los mejores tenistas de siempre, y Carlos Alcaraz, que acaba de revalidar su título en Indian Wells y ya cuenta con cinco Masters 1000 y dos títulos del Grand Slam, se saltaron la fase de crecimiento para irrumpir con todo en edades de formación, sin apenas tiempo para dejar una huella rotunda en estratos más pequeños.
«Compartir entrenamientos con jugadores de alto nivel es una de las mejores maneras de aprender y progresar. Son experiencias que siempre suman más allá del resultado y de esa manera nos lo tomamos todos en el equipo», agregó Burrieza, cuyo pupilo ha tenido la oportunidad de hacer guantes con tenistas de primer nivel a lo largo de estos últimos días.
Martín Landaluce, en la Academia de Nadal.Álvaro DíazMUNDO
Daniel Rincón, 21, también ganó el título júnior en Nueva York, un año antes de que lo hiciera Landaluce. Número 200 del mundo, el abulense se encuentra en una situación similar a la de su compañero en la academia de Rafa Nadal. Nicola Kuhn, 23 años, finalista júnior de Roland Garros en 2017 como español, formado en la Academia Equelite de Juan Carlos Ferrero, es ahora el 174º, ya con nacionalidad alemana, y atraviesa los mismos áridos escenarios en busca de asentarse al menos en las previas de los torneos ATP.
«Tenemos claro hacia dónde queremos ir y pase lo que pase esta semana seguiremos trabajando en base a esos objetivos. Además de todo eso será una experiencia especial ya que parte de la familia de Martín está viviendo en USA y por suerte van a poder disfrutarlo juntos», prosigue su técnico. «Hemos tenido un buen comienzo de temporada y que mejor que terminar esta gira de pista rápida que en un Máster 1000».
Si vence a Munar, se las vería con Ben Shelton, 17º, 21 años, ya con el aval de haber disputado ante Novak Djokovic las últimas semifinales del Abierto de Estados Unidos.
Rafael Nadal se acostó a las tres y media de la madrugada de este miércoles en su habitación del Hotel Higuerón de Fuengirola, el que acogió al conjunto español y a otros de los participantes en la Copa Davis, tras una despedida que todo el mundo hubiera deseado diferente. Amaneció tarde y emprendió el regreso a su domicilio en Mallorca, donde pasará los próximos días.
El desencanto era indisimulable en el precipitado homenaje, cuyo rango se había elevado exponencialmente en caso de victoria ante los Paises Bajos. No sólo fue el bajo rendimiento en su partido ante Botic van de Zandschulp sino que la derrota del doble formado por Carlos Alcaraz y Marcel Granollers le privó del tributo que constaba en el guion.
El escenario ideal del adiós era, como pronto, este viernes, cuando estaba prevista la aparición, entre otros, de Roger Federer y Pau Gasol, además de la llegada de muchos periodistas acreditados que contaban con que España estaría al menos en semifinales.
La ausencia de su tío Toni
Estuvo rodeado de toda su familia y de todo su equipo, al que se reincorporó para la ocasión Francis Roig y se sumó su dietista, Nuria Granados, además de Joan Forcades, quien esculpió su físico desde los inicios y ha preferido permanecer siempre en el anonimato, ambos poco habituales en los desplazamientos.
En su entorno mediático, donde se percibe un evidente malestar, prefieren no hablar de la clamorosa ausencia de su tío Toni, que tenía compromisos de trabajo en Roma y ya advirtió que sólo podría acudir si España llegaba a la final del próximo domingo.
No hay agenda inmediata para el ya ex jugador de tenis más allá de algunos actos con patrocinadores y con la Unversidad Alfonso X el Sabio. Nadal tenía previsto seguir en Málaga y sentarse a pensar con calma una vez que terminase su carrera, pero no esperaba que se precipitase de este modo el desenlace. La Federación Internacional de Tenis había planificado el homenaje para este viernes, ganase o perdiese España en semifinales. Tiene un acto en Madrid el día 4 de diciembre y una larga lista de peticiones de entrevistas en la agenda de su jefe de prensa, que se tomará su tiempo para atender.
El sueño roto de la final
Había entrenado en su academia de Manacor con Roberto Bautista el lunes y el martes de la pasada semana y lo hizo antes de la eliminatoria con Países Bajos con Alcaraz, percibiendo nuevas sensaciones. Todo resultaba alentador. La derrota entraba dentro de sus posibilidades, pero nadie lo esperaba, menos aún ante el 80º del mundo, un jugador al que había superado con comodidad en sus dos enfrentamientos previos, eso sí, en 2022, año en el que ganó el Abierto de Australia y su decimocuarto Roland Garros.
Se soñaba con una final el domingo ante la Italia de Jannik Sinner, la hipótesis idílica para una adiós a lo grande, con el lujo de un enfrentamiento entre el número 1 del mundo y Alcaraz, los dueños del futuro.