Campazzo,d el Madrid, y Ubal, del Palancia, este domingo.chema MoyaEFE
¿Cómo pueden el Real Madrid, campeón de la Euroliga 2023, y el Barcelona, ganador de la ACB y serio aspirante a sucederle en el trono europeo tras una serie de refuerzos que compensan la marcha de Niko Mirotic, enfrentarse en la competición continent
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La Liga Endesa empieza eliminatorias por el título, las competiciones europeas acabaron hace casi un mes pero no se ha adelantado el formato, por instalaciones y por marca. Junio es el espacio libre que la ACB quiere para darle foco a unos emparejamientos en los que Barcelona y Baskonia no tienen ventaja cancha pero son peligrosos. Una parte del cuadro con los 4 equipos con más títulos de los últimos 20 años. Unicaja, Baskonia, Barça y Madrid. No se peguen contra la pared pidiendo más protagonismo de jugadores españoles porque no va a pasar ni en el continente ni en Europa. Ni ahora, ni mañana.
Desde hace un tiempo, los mejores nacionales proyectos van a jugar la Liga universitaria/profesional de EEUU, una suerte de contrato de estudios con las prácticas muy bien remuneradas desde el primer día de novato. Imposible competir si el gran trofeo del baloncesto español de nivel medio-alto es descubrir perlas de talento a precio muy bajo. La gran conversación de mantel es quién podía tener mejor clasificación gastando menos presupuesto, medirla a ver quién tenía menos tamaño. Son tiempos de expansión en Europa y USA, pero aquí no vamos a cambiar. Deme más por menos.
Real Madrid vuelve a ser favorito, por nivel físico dominante y resultados aplastantes en Liga Regular. Unicaja para volver a otra final tiene que tumbar a los dos grandes. La pena máxima de López Nieto sería cargarse a los tres equipos que han jugado Euroliga. En el otro lado Pedro Martínez no quiere más caídas, un Valencia que sudará su último junio en la Fonteta para luego dar paso a la cancha más lujosa posible. Gran noticia en un país donde nuevas arenas para el basket son perentorias para un cambio del modelo de negocio. Quiero ir a cenar, a estar cómodo y a gastar a una cancha. Y además, a ver un buen partido. Gran Canaria sueña con amargar el plan valenciano.
Marcelinho y Ante Tomic copan premios individuales, no estamos en 2011 pero lo parece. El arte de estos jugadores técnicos, finos, españoles por empadronamiento en lugares asistenciales, un trocito de Brasil en el Teide, Croacia del bressol. ¿Longevidad por mérito propio o ausencia de relevo? ¿Murió el relevo?
La ACB no ha cambiado de formato de competición en 30 años, defienden esa identidad frente a otras competiciones que introducen play in o ampliaciones. No nos engañemos, la verdadera ampliación mental es que cuando se sienten los que mandan de todas las partes, la generosidad tenga una silla aunque sea pequeña a esa mesa y además de defender intereses propios, los del aficionado, los de las canteras y los del jugador seleccionable tengan una voz.
«Sólo pienso en el presente. He aprendido eso». Devontae Cacok (Chicago, 1996) repasa la historia de su vida y todo son giros inesperados. El penúltimo le llevó a Murcia, un campeón de la NBA en el modesto UCAM. A las órdenes de Sito Alonso se reencuentra consigo mismo, ese pívot de apenas dos metros, pura fiereza, que domina pinturas. Y que afronta la Copa (hoy, 21:00 horas, en cuartos contra el Barça), sin ningún complejo: ya han derrotado dos veces esta temporada a los azulgrana.
Cacok, padre haitiano, madre jamaicana, es el chico que se rompió la muñeca jugando al fútbol americano y acabó probando en el baloncesto, un deporte que desconocía. «Era malísimo, terrible. En mi primer año promedié 0,5 puntos», recuerda. Es el joven que, años después, recién salido de la Universidad de North Carolina-Wilmington y sin ser drafteado, se encontró encerrado en la burbuja de Disney World compartiendo existencia con LeBron James y ganando un anillo con los Lakers. El pívot que se destrozó la rodilla en un partido de Euroliga en Belgrado en 2023 y tardó 20 meses en volver a jugar. Es el padre y marido que se aficionó, durante la baja, a la fotografía y el vídeo (no se separa de sus cámaras) y que ha encontrado en la insospechada Murcia una ciudad desde la que volver a despegar.
«Sólo quiero demostrar a todos que se equivocan. Mucha gente dudó de mí cuando firmé, porque llevaba mucho tiempo sin jugar, lo cual es comprensible. Pero esa duda me motiva», desafía quien, todavía en la búsqueda de su nivel anterior a la lesión con la Virtus de Bolonia (no pasa de 17 minutos en pista), promedia 12,2 puntos y 4,8 rebotes, líder de valoración del grupo salvaje de Sito Alonso, un técnico al que venera. «Desde el primer momento en que lo conocí, supe que él y yo tendríamos una buena conexión. En un partido reciente estaba frustrado conmigo mismo, no defendía. Y me sustituyó. Y sabía exactamente por qué me estaba cambiando. No porque fallara mis tiros, sino porque no estaba defendiendo. Me gusta eso. Porque no le importa quién sea, nos hace responsables a todos por igual. Lo adoro, es mi hombre», elogia al técnico que obra el milagro del UCAM -«somos físicos, duros incómodos para el rival»- un equipo de presupuesto bajo que busca un perfil de jugador como Cacok. Tipo de los que el resto no se fían (DeJulius, Forrest, Raieste...).
Cacok acude desde un calvario. «En Murcia estoy agradecido y bendecido. Ver lo que estamos logrando, sabes que es más grande que el baloncesto. Porque ahora veo todo desde otra perspectiva. Ya no doy nada por sentado. Pasé por un enorme estrés: durante cuatro meses no podía hacer nada por mí mismo. Mi madre me tuvo que acompañar, no podía ni bañarme, ni caminar. Momentos duros», acude a aquel 28 de diciembre de 2023, cuando todo se detuvo en Belgrado. Momentos de incertidumbre hasta que le confirmaron el peor de los escenarios. «Lo más difícil para mí fue cómo me informaron sobre lo que me hice. Después del partido, sabía que tenía algo mal en la rodilla. Pero me hicieron una ecografía y dijeron que todo estaba bien, que podría jugar en un par de días. Les dije de hacerme una resonancia para asegurarnos y ahí me comunican que mi temporada ha terminado. Esa parte fue la más difícil. Era lo último que esperaba y me pilló desprevenido», pronuncia con amargura. El proceso con la Virtus, que a final de esa temporada dio por terminado su contrato, fue amargo: «sucedieron muchas cosas fuera de la cancha, fue muy frustrante». Tuvo que intervenir el Comité de Conciliación y Arbitraje de la Lega y Cacok se quedó sin equipo en plena fase de recuperación.
Fue el momento crítico de una carrera ya para presumir. Porque Devontae ya guarda en su memoria una experiencia de la que contar a los nietos. En su vitrina luce un anillo de la NBA. El anillo más especial de la historia, el de la burbuja de Florida en plena pandemia. «Era mi año de novato. Había pasado de una universidad pequeña a uno de los mercados más grandes del mundo, Los Ángeles. Estaba rodeado de LeBron, Anthony Davis, Rajon Rondo.... Fueron dos meses de locura, pero valió la pena», repasa. Cacok apenas disputó un encuentro ese curso, 20 más la temporada siguiente y otro puñado con los Spurs después. Pero en su retina guarda las vivencias con LeBron. «Fue surrealista. Nunca piensas que estarás jugando en el mismo equipo que Lebron James. Me costó acostumbrarme al principio, pero después de un tiempo, simplemente... ya sabes, son personas normales, también pasan por cosas normales, y simplemente observas, ves su ética de trabajo, ves cuánto esfuerzo requiere llegar a un nivel superior. Aprendí mucho de él: ser constante con tu cuerpo, con tu juego y ser duro».
Un pasado del que presumir, otro del que aprender. Giros y más giros. Por eso Devontae no quiere anticiparse a nada. Ni siquiera a escenarios que le devuelvan a la Euroliga. O a la propia NBA. "¿El futuro? Con mi lesión y todo eso, he decidido sólo mirar al presente. Hoy estoy en Murcia y voy a darlo todo. Seguiremos adelante y luego veremos qué pasa. Sé que mentalmente es bueno pensar así, sentir así y estar preparado. Lo que tenga que pasar, pasará".