“Le estoy pegando bastante bien, pero sobre todo me estoy divirtiendo”, asegura el madrileño, de 22 años, líder con cinco golpes de ventaja a falta de un recorrido.
López-Chacarra, el sábado, en el ‘green’ del hoyo dos de Bangkok.AP
Con todos los focos en el Open de España, a más de 10.000 km de Madrid, Eugenio López-Chacarra se enfrenta el domingo a su primera gran oportunidad de victoria profesional, tras una deslumbrante exhibición durante los dos primeros recorridos del torneo del LIV Golf que se disputa en el Stonehill Golf Club de Pathum Thani (Tailandia).
Eugenio arrancó el sábado con una ronda de 65, un -7 que le hacía compartir el liderato, la primera vez que un español aparecía en la primera plaza del LIV. Pero sus 63 golpes fueron una avalancha de buen golf. Chacarra arrancaba con -5 en sus primeros seis hoyos gracias a tres birdies y un eagle, embocando en el hoyo seis desde el bunker.
Los segundos nueve hoyos fueron de auténtico control, con cuatro birdies sin error para certificar su tarjeta de -9 que le coloca líder con -18 y cinco golpes de ventaja ante un rival de la enjundia de Patrick Reed. El nivel de Chacarra, considerado incluso en su época amateur como uno de los jugadores más sólidos de tee a green, fue excepcional: en dos días sólo ha fallado un green y hoy únicamente necesitó 28 putts para completar su recorrido. Números al alcance de muy pocos.
Noveno torneo entre profesionales
Hay que recordar que Eugenio disputa su noveno torneo con profesionales. Siendo amateur compitió en cuatro ocasiones en el PGA Tour y tras su debut profesional en Portland, la cita de Tailandia es el quinto torneo que juega con este estatus. Hasta ahora su mejor posición en LIV fue un puesto 24 en Bedminister. El madrileño, una de las más rutilantes promesas del golf, se hizo profesional tras alcanzar el número dos del ranking mundial amateur y ser una de las referencias universitarias en Estados Unidos.
Su multimillonario fichaje por el LIV fue una auténtica sorpresa y tras arrancar con algunas molestias físicas, por fin esta semana se ha encontrado al 100%. “La clave fue volver a ver lo que estaba haciendo en la universidad, donde venía trabajando muy bien. El objetivo fue tratar de divertirme y luego jugar con inteligencia para no hacer bogeys. Es lo que he empezado a hacer esta semana. Le estoy pegando bastante bien, pero sobre todo me estoy divirtiendo, así que esa es la clave para estas dos rondas”, comentaba al terminar su exhibición.
Las molestias de García y el veto a Puig
Sergio García, por su parte, terminó con una ronda con par y desveló que arrastra unas molestias en su rodilla que el impiden competir al 100%. El castellonense capitanea del equipo Fourballs que incluye a Chacarra y a los mexicanos Abraham Ancer y Carlos Ortiz. Su equipo también lidera la clasificación con -34, seis golpes de ventaja sobre los Niblicks.
El otro español habitual del LIV, David Puig (con contrato a partir de 2023), no disputó el torneo pensando en que jugaría el Open de España ya que tenía una invitación de la Federación Española. Sin embargo, el Circuito Europeo no permitió la participación de Puig y vetó al barcelonés por su reciente contrato con LIV para la próxima temporada.
El Bayern vuelve a las semifinales de la Liga de Campeones, el halo de luz que puede iluminar una temporada aciaga. Se atrincheró ante un Arsenal que logró llevar la eliminatoria viva pero que fue incapaz de dañar al equipo de Tuchel. Apenas tuvieron oportunidad porque, como obreros de una siderurgia, los bávaros se arremangaron para que la eliminatoria no se escapara hasta que se agarraron al solitario gol de Kimmich.
Hubo demasiado respeto entre los dos equipos en el arranque del partido, como si el duelo en Londres hubiera dejado una profunda huella en ambos además de un empate que no daba ventaja a ninguno. Para el Bayern el 2-2 en el Emirates fue un aviso de que en un segundo se le puede escapar la única competición en la que sigue vivo. Para el Arsenal un recuerdo de que los errores se pagan caros y no siempre se pueden enmendar en el último instante.
Se tantearon y se protegieron, sin querer descubrir las cartas, pero los alemanes, jaleados, despertaron a los 20 minutos, justo cuando Musiala cogió el mando empezó a entrar en juego. Lanzó primero el ataque por la banda derecha para que Guerreiro y Mazraoui se plantaran en el área y el marroquí sacara un disparo cruzado que rozó en White para desviarse junto al poste de David Raya. Después fue él mismo quien probó con un disparo desde la frontal.
No se asustó el Arsenal. Buscaba Arteta que Jorginho mordiera los tobillos del alemán y logró incomodarle lo justo para que le costara lanzar al Bayern. Lo sufrió Harry Kane, desesperado y pasando de puntillas por el duelo, sin poder acercarse con peligro a la meta del Arsenal. Esa idea tenía un coste, y es que Havertz y Saka anduvieron tan perdidos como el goleador inglés.
La prioridad de los gunners era no equivocarse, manejar la pelota con ritmo mientras encontraba cómo acelerar para crecer. Encajado el primer golpe de los bávaros, Odegaard apareció para provocar que Neuer, a mano cambiada, salvara su disparo y para servir un centro a Martinelli que no logró empujar la pelota desde el punto de penalti. Era el aviso de que serían valientes y que la pelea por las semifinales estaba muy viva.
Se lo debió recordar Tuchel a sus jugadores en el vestuario. La Champions es la tabla de salvación a la que se agarran los alemanes, poco acostumbrados a cerrar las temporadas en blanco. La efervescencia con la que arrancaron la segunda parte tuvo pronto premio. Un testarazo de Goretzka se estrelló en la escuadra y el rechazo lo cazó Guerreiro y lo desvió al poste Saliba. Empezaba a engrasarse el Bayern y logró que apareciera Sané, se colara hasta la linea de fondo para colocar un centro pasado al segundo palo que recogió Guerreiro para pensar, colocarse y telegrafiar un centro perfecto que no dudó en rematar Kimmich en plancha.
El Bayern acababa de dar un pase de gigante en una eliminatoria incómoda que estaban logrando domar. Pudo sentenciarla Sané, pero envió a la grada el balón raso que le sirvió Guerreiro. No era capaz del Arsenal de crearles problemas, pero seguían expuestos a que un latigazo de los ingleses les llevara a una peligrosa prórroga.
Lo sabía Arteta y buscó a Trossard y a Gabriel Jesús para conectarse y asustar más. Contrarrestó Tuchel buscando piernas frescas con las que resistir lo que suponía que iba a ser el asedio gunner y encomendarse a rápidas transiciones que dibujaba Musiala.
Lo primero no ocurrió. El Arsenal no fue capaz de agitar el partido ni en la locura de los instantes finales. Tenían vida extra a un gol, pero la desesperación guiaba sus ataques. Tanto que desperdició una falta en la frontal en el tiempo añadido con la que Saka quiso sorprender. Murió el equipo de Arteta sacando de córner, incapaz de tumbar al Bayern.
No le interesa ser una gran estrella. No está trascendiendo al juego como lo hizo Tiger. No lo está llevando a gente ajena al golf. «No quiere hacer lo que muchos de nosotros hacemos», dice Jordan Spieth, una de las más prometedoras estrellas que ha dado el golf en los últimos años. Él, con 24 años, ganó tres majors, y hoy, con 31, ha visto cómo Scottie Scheffler, que nunca fue ni prometedor ni estrella, le ha adelantado por la derecha y sin avisar. «Nadie lo veía venir», reflexionó Rory McIlroy, reciente ganador del Grand Slam de golf y que en los últimos grandes peleó por el segundo puesto. Scottie Scheffler es la nueva superestrella del golf, pero nunca persiguió ese rol. Él solo quiere ganar.
«Hay muchas cosas que podría decir de Scheffler. Lo está haciendo todo bien, pero quizás no se habla lo suficiente del buen juego de corte que tiene. Y si juntas a uno de los mejores de tee a green con el juego corto y con lo que ha mejorado mentalmente...», analizaba Jon Rahm.
El dominio del tejano en estos últimos tres años es tan apabullante que las cuatro victorias en majors las ha conseguido con tres o más golpes de ventaja. Habría que remontarse a John Henry Taylor, jugador nacido en 1871, para encontrar un récord similar, y el golf entonces era muy diferente y menos competitivo.
Scheffler es el octavo jugador en la historia en lograr cuatro grandes antes de los 30 y el cuarto, junto a Tiger Woods, Gary Player y Jack Nicklaus, en conquistar Masters, PGA Championship y The Open. Una similitud con Tiger que parece un caso de brujería: el californiano necesitó 1.197 días para hacerlo. ¿Adivinan cuántos días han pasado entre la victoria de Scheffler en el Masters de 2022 (su primer major) y el del domingo, su cuarto? Sí. 1.197. El redoble de tambores es que el US Open de 2026, que tendrá lugar en Shinnecock Hills, el torneo que le faltaría para completar el Grand Slam, concluiría el 21 de junio, el día en el que Scheffler cumplirá 30 años.
Scheffler, tras ganar The Open, su cuarto 'major'.AFP
Nunca fue un niño prodigio. Fue un jugador normal, trabajador y con carácter. Cuando empezó a trabajar con el caddie Ted Scott, lo hizo con la condición impuesta por su asistente de que controlaría su genio en el campo. Lo hizo. Y fue cumpliendo las etapas normales: college, Korn Ferry Tour y PGA Tour. Para muchos su swing, con un movimiento de piernas basculante muy exagerado, no sería nunca lo suficientemente bueno para aguantar la presión de la élite.
Hace solo un par de temporadas, estaba fuera de los 150 primeros en la estadística de golpes ganados con el putter en el PGA Tour. Decidió entonces tomar cartas en el asunto y justo antes de la Ryder Cup de Roma comenzó a trabajar con el famoso instructor de putt Phil Kenyon. El año pasado dio un importante salto hasta el puesto 77 en esta misma estadística, pero no era suficiente, y este año dio un paso más. A finales de 2024 decidió cambiar el grip de putt y tirar los putts cortos con la empuñadura tipo pinza. El salto de calidad no se ha hecho esperar y llegó a este Open en el puesto 25. Pero lo de la semana pasada en Portrush fue un verdadero espectáculo de pateo.
Números que rozan la perfección
Ha ganado más de ocho golpes en los greenes con respecto a la media del torneo, el segundo registro más bajo en toda la semana, solo por detrás de Harris English (segundo clasificado con -13). Durante todo el torneo, Scheffler embocó 13 putts por encima de los cuatro metros. En una estadística donde normalmente la media del PGA es un 56% de acierto, él se ha acercado a un 80% durante los cuatro días de torneo.
Para acompañar a sus estelares números en los greenes, lideró la estadística de golpes ganados de approach y fue el tercer jugador que más greenes en regulación ha cogido en todo el torneo, es decir, números cercanos a la imposible perfección en este deporte. Los diez últimos torneos donde ha llegado como líder a la última jornada no ha perdonado, ganándose la fama de depredador con una apariencia plácida y de una persona normal. "Su apetivo competitivo es voraz", dijo en un reciente entrevista su entrenador Randy Smith. Solo quedan 259 días para el Masters de Augusta.
"Ese vídeo pegó y nos ha traído cosas bastante buenas". Para el público ajeno al deporte, el rugby a siete está asociado a 'la Macarena'. Hace casi un año la Federación Española colgó en sus redes sociales una breve grabación de un jugador, Manu Moreno, bailándola con el torso desnudo. La viralidad desbordó cualquier previsión. Para los aficionados al rugby, sin embargo, lo más importante llega este fin de semana. Moreno es la cara más popular de la selección masculina de rugby a siete, que por primera vez aspira a coronarse campeona del mundo. "Mi objetivo es el oro, el que no tenga ese objetivo no debería estar aquí".
Son las nueve de la mañana en Los Ángeles cuando el jugador, 27 años, se conecta para responder sobre el año de la explosión. La suya y la del equipo. Aunque antes había tenido "algunos picotazos" en la moda, en estos doce meses ha posado para Springfield, Biotherm, Invictus, Calvin Klein, Maurice Lacroix... Presente en anuncios, campañas, portadas, no reniega de una visibilidad tan veloz como sus carreras con el balón bajo el brazo. "Ha hecho que marcas que me gustan y me representan se hayan fijado en mí".
En paralelo, la selección se ha consagrado como la gran sorpresa de las Seven Series, que equivalen al mundial de la especialidad olímpica. Los Leones llegan al torneo definitivo como terceros de la temporada regular, por detrás de Argentina y Fiyi, y por delante de -atención- Sudáfrica, Francia, Australia, Nueva Zelanda y Gran Bretaña. Su meta inicial era el octavo puesto, que daba la permanencia. En el primer torneo quedaron segundos. "El objetivo cambió, al terminar el equipo tenía un poquito más en la mente pelear por los puestos de arriba". En cinco de las seis series se han metido en semifinales.
Cuenta Manu Moreno que la selección, que lleva años en régimen de concentración permanente, ahora ha crecido "en experiencia, en físico". Tanto que se permite empujar a otros equipos. "Una melé cómoda te da superioridad". Este equipo parte de un proyecto que inició el anterior seleccionador, Pablo Feijóo, y ha desarrollado el actual, Paco Hernández. Crece sobre siete horas diarias de trabajo. Tres y media, entre campo y gimnasio, de muy alta intensidad. "El único entrenamiento que no tiene dolor es el primero del año". Del choque al sprint, el ritmo nunca se detiene. "El cuerpo sufre bastante". Lo asegura un estudiante que ha aparcado Medicina en cuarto y al que le duele más perderse un partido que jugarlo con el hombro reventado e infiltrado.
Los brillantes resultados y el buen rollo han convertido a la selección española en protagonista de las cuentas de Instagram y TikTok del campeonato. "Al final, si hay buena vibra entre los jugadores se nota; si no, la gente no duraría más de una temporada". Buena parte del equipo lleva ya cuatro. Él comenzó en el rugby a los 16 años, en el Ciencias de Sevilla, donde, con casi 1,95 y 93 kilos, solía jugar de zaguero "habilidoso". Durante el confinamiento por la pandemia, y cuando iba a relegar el deporte por los estudios, Pablo Feijóo le invitó a probar el seven. Hasta hoy.
A Manu Moreno el rugby le ha dado "la vida y una personalidad". Le cuesta definirla. "Creo que soy una persona generosa, esto es un deporte de equipo, y valiente a la hora de afrontar nuevas adversidades y retos, me gusta tirar para adelante". En los vídeos suele aparecer bailando, poniendo la música, agitando a los compañeros. "Me divierto con casi todo". Pero ni la fama -Manu es pareja de la influencer Jessica Goicoechea- ni la viralidad importan sobre el césped. El jugador y sus compañeros están despuntando por el alto nivel individual y, sobre todo, colectivo. Por su agresividad tanto en defensa como en la posesión.
El atractivo de las selecciones masculina y femenina, multiplicada por las redes sociales, ha acercado el seven a un público joven. "Al final somos un producto, esto es un negocio, y si tenemos tirón y ayuda a llegar a más gente, pues me parece estupendo", razona Manu Moreno. No olvida la otra cara. "Lo que no se ve es el trabajo sucio, el trabajo duro, las hostias que nos metemos en cada entrenamiento, los dolores, los fisios, las lesiones. Todos aquí hemos pasado algún mal momento y el que no, es un superhéroe".
Tras la clasificación de las selecciones femenina y masculina de quince para sus respectivos mundiales, la conquista de un lugar en el podio por los chicos del siete elevaría a España entre los países emergentes. En la serie decisiva que entre el sábado y el domingo se disputa en Los Angeles (en directo en Rugbypass tv, sólo registro) no cuentan los resultados anteriores: el que la gane se proclama campeón del mundo. Los Leones están en un grupo con Australia, Nueva Zelanda y Fiyi. Los dos primeros pasan a semifinales. Y a soñar.
Manu Moreno, en un partido de las Series MundialesZach FranzenWorld Rugby
Tan pronto como pueda, Manu Moreno se tomará unos días para descansar. En los últimos meses ha exprimido el tiempo para que sus trabajos como modelo no mermaran su dedicación al rugby. "Si la marca te quiere y ellos se adaptan un poquito a tu calendario, que es bastante apretado... Es complicado, al final es sacrificar tus días libres para ir a trabajar, pero se puede", explica. ¿Cómo lo llevan sus compañeros? "Encantados porque algo siempre rascan, siempre con algo de coña, pero saben que las marcas están interesándose tanto por mí como por el equipo y eso repercute en recursos".
Junto a sus compañeros Pol Pla y Alejandro Laforga, Moreno va a enrolarse tras esta serie final una competición que arranca en India y a la que se ha invitado a jugadores de las mejores selecciones. "Son ligas privadas, hay bastante dinero y al final es una recompensa al trabajo bien hecho". El periodista bromea sobre la posibilidad de que le ofrezcan un papel en Bollywood. "Si me quieren pagar bien, hago la película que quieran... pero yo voy allí a jugar". Aunque ante la disyuntiva prefiere su deporte. "Es más probable ser campeón en Los Ángeles".
La selección femenina desciende por un cambio de reglas a última hora
Dos días antes de que comenzara el torneo decisivo de Los Ángeles, y cuando 16 selecciones (ocho masculinas y ocho femeninas) iban a competir por el ascenso o la permanencia en las Series Mundiales, la Federación Internacional ha anunciado públicamente que reduce de 12 a 8 los equipos en la élite.
Este corte por motivos presupuestarios deja fuera a la selección española femenina, que empezó mal la temporada pero había crecido con la competición y aspiraba a seguir en la élite. Las jugadoras de María Ribera pelearán en Los Ángeles por consolidarse en el segundo nivel, que les permitiría participar en tres series la próxima temporada.