Selección española ganadora de la Eurocopa del 64.
Éramos grandes amigos, solo que hacía mucho que no hablábamos. Tanto, que me soprende enterarme de su muerte por la llamada de un periodista. ‘Caray’ fue la única expresión que acerté a decir ante la profunda tristeza que me produjo escuchar el falle
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Paula Badosa, con una actuación impecable, encabezó este lunes el desembarco de la delegación española en el US Open con un balance desigual y tantas clasificaciones como eliminaciones.
Ocho tenistas españoles (dos mujeres y seis hombres) arrancaron este lunes en Flushing Meadows y la mitad de ellos hicieron las maletas a las primeras de cambio. Entre los que estarán en la segunda ronda destaca Badosa (n.29), que arrancó con excelentes sensaciones fulminando a suiza Viktorija Golubic (n.73) por 6-0 y 6-3 en una hora y nueve minutos.
La catalana que viene de firmar un gran verano en pista dura en Norteamérica (título en Washington y semifinales en Cincinnati), se medirá a continuación a la estadounidense Taylor Townsend (n.48) y tratará de superar por primera vez la segunda ronda en el 'grande' neoyorquino.
La otra española en competición era Marina Bassols (n.114), que en su primer partido en el cuadro principal de un 'grand slam' cayó frente a la checa Barbora Krejcikova (n.8 y campeona de la última edición de Wimbledon).
En el cuadro masculino, a la espera de que Carlos Alcaraz (n.3) debute este martes, tres representantes españoles se sacaron el billete para la segunda ronda. Así, Roberto Carballés (n.55) sufrió pero terminó derrotando al británico Jan Choinski (n.276) por 6-2, 6-3, 5-7, 6-7(5) y 6-3 en más de cuatro horas y media. Su próximo rival será el chino Juncheng Shang (n.72).
Otro español que también tuvo que dejarse todo en la pista para no caer eliminado fue Pedro Martínez (n.43), que sometió al polaco Maks Kasnikowski (n.194) por 6-7(6), 6-1, 6-2, 3-6 y 7-6(6) en cuatro horas y 21 minutos. El siguiente reto para Martínez será el australiano Alexei Popyrin (n.28). También participará en la siguiente ronda Roberto Bautista (n.67), que doblegó al italiano Luca Nardi (n.90) por 7-5, 7-6(3) y 7-6(5) en tres horas y 16 minutos. A Bautista le espera un importante desafío con un duelo ante el estadounidense Ben Shelton (n.13).
En cambio, Pablo Carreño (n.213) perdió frente al francés Arthur Cazaux (n.91), Alejandro Davidovich (n.59) cayó contra el australiano Rinky Hijikata (n.62) y Albert Ramos (n.122) no pudo con el italiano Matteo Berrettini (n.44).
Djokovic
El US Open descorchó su edición de 2024 sin apenas sorpresas ni resultados llamativos en una jornada en la que los principales favoritos no fallaron. Así, el serbio Novak Djokovic (n.2) y la estadounidense Coco Gauff (n.3) arrancaron la defensa de sus títulos del año pasado en Queens sin ningún tipo de problema.
También avanzaron a la segunda ronda otros aspirantes destacados para llegar muy lejos como la bielorrusa Aryna Sabalenka (n.2), la mencionada Krejcikova, el alemán Alexander Zverev (n.4), el ruso Andrey Rublev (n.6) o el noruego Casper Ruud (n.8).
En cambio, la griega Maria Sakkari (n.9) se retiró por lesión y el danés Holger Rune (n.15) se estrelló en tres sets contra el estadounidense Brandon Nakashima (n.50). Además, este lunes se vivió un momento muy especial con el adiós del torneo neoyorquino de dos tenistas con espléndidas carreras que están a punto de retirarse: el austriaco Dominic Thiem, campeón del US Open en 2020, y el argentino Diego Schwartzman.
Sadiq rescató al Valencia del sufrimiento y redimió los pecados de un equipo que parece haberle encontrado el gusto a jugar contra el destino. Cuando todo se engrisece, es capaz de encontrar la salida que, con el viento a favor, no aprovecha. La victoria en San Mamés supone un alivio, pero no proporciona tranquilidad porque los 42 puntos se pueden quedar cortos para un equipo demasiado irregular. Lo mismo que ocurre al Athletic, al que se le escapa el sueño de Europa porque acumula 17 derrotas y pierde a Nico Williams por lesión. El latigazo en los isquiotibiales le obligó a salir del campo a media hora y tiene en vilo a España con el Mundial a la vuelta de la esquina.
Era un partido de necesidad para el Valencia y de homenaje para el Athletic, que miraba a Europa mientras homenajeaba a Ernesto Valverde en su partido 500, el penúltimo en el banquillo local de San Mamés. Por eso arrancó con ritmo e impaciencia, con Nico Williams dejando claro que el partido podía decidirse en su duelo con Renzo Saravia. El argentino estaba preparado para sufrir, pero a los 35 minutos la lesión mandó al extremo al vestuario. "No puede ser, no puede ser", se lamenta mientras salía del campo. "Dice que nunca ha sentido esa molestia. Ojalá sea lo menos posible", relataba su hermano Iñaki al final del partido.
De Nico, que apenas ha podido ayudar al Athletic esta temporada por las lesiones, nació todo el peligro en la primera parte. Retó a Saravia, aprovechó el carril que dejaba el argentino, obligando a las vigilancias a Pepelu y Tárrega, y armó dos jugadas que pusieron en apuros a Dimitrievski. El primero, en el minuto 14, le llegó mordido. El segundo, en el 28, fue un centro a Guruceta para que, en un palmo, se revolviera y buscara un disparo a bocajarro. Se agigantó el portero macedonio lo suficiente para que lo enviara fuera de la portería.
Para entonces, el Valencia ya podía ir por delante en el marcador. Había llegado con comodidad al área, con Rioja dañando por la orilla a Gorosabel y Hugo Duro complicando el partido a Laporte, que vio demasiado pronto una amarilla. Esa falta la mandó Javi Guerra muy alta, pero el delantero volvió a generar peligro, pisando área, tumbado otra vez por Laporte cuando encaraba a Unai Simón, pero Ortiz Arias no vio ese penalti, sino la mano que cortó el disparo de Cömert tras cazar la pelota que dejó Hugo Duro. El Valencia tenía un penalti para adelantarse en San Mamés en el minuto 25... y otra vez volvió a desaprovecharlo. El lanzamiento de Duro lo estrelló en el larguero, como le pasó a Pepelu en los primeros minutos del partido ante el Celta en Vigo y el Betis en La Cartuja.
Nico Williams, atendido tras su lesión en el minuto 35.M. TOÑAEFE
Cuando quiso despertar el Athletic, llegó la lesión de Nico, que heló al estadio y preocupó a sus compañeros. Iñaki le suplió, pero quien más pisó área fue el Valencia. Rioja robó en la medular, condujo hasta el pico del área para servirle a Hugo Duro un disparo ajustado al poste que a punto estuvo de sorprender a Unai Simón.
En la segunda parte pesó la responsabilidad y quien mejor se manejó fue el Valencia. Valverde se protegió de una expulsión cambiando a Laporte por Vivian, porque la brega de Hugo Duro no cesaba y el Athletic iba a dar un paso adelante que llevó a Dimitrievski a repeler el tiro de Iñaki Williams en carrera tras una asistencia de Gorosabel. No tardó en reactivar al equipo Corberán con Sadiq, la endiablada velocidad de Ramazani y el pulmón de Ugrinic. No tardó en ver los frutos.
Rioja, acostado por primera vez en mucho tiempo en la orilla izquierda, explotó su pierna natural en una contra que no se dibujó perfecta, pero lo fue. Robó Javi Guerra en campo bilbaino, lanzó a Ramazani a la carrera, que abrió a Rioja para, tras recortar a trompicones a Gorosabel y Vesga, poner un centro tenso a la cabeza que Sadiq, que se adelantó a Vivian para batir a Unai Simón.
Con el marcador a favor, el Valencia tenía que saber manejar los últimos 20 minutos. Y entonces apareció Dimitrievski. Salvó un testarazo ajustado al palo de Unai Gómez a centro de Iñaki Williams desde el costado derecho y, ya en el añadido, dos cabezados de Guruceta buscando un empate con más fe que criterio ante la muralla que alzaron los valencianistas.
El 27 de julio de 2021, en el pabellón Ariake de Tokio, la mente de Simone Biles se separó de su cuerpo y le mandó parar en medio de los Juegos Olímpicos. La diosa de la gimnasia, con cuatro oros en su palmarés, hizo su primer salto en el concurso por equipos y se despidió. Lo que se rompió en Japón se recompuso en en el Arena Bercy de París el pasado mes de agosto, de donde salió de nuevo en el Olimpo con tres oros, una plata, una sonrisa energizante y un reto cumplido: recordarse que todavía podía hacerlo.
Tres años antes había admitido públicamente un colapso, los temidos twisties, que ponía en riesgo su salud mental y también la física. Cargaba un peso sobre los hombros que no podía soportar. Fue un gesto valiente, pero que tuvo que digerir. Biles se refugió en su casa en Spring (Texas), encerró los maillots y las medallas en un armario y se alejó de los gimnasios y de la ansiedad que le provocaban durante casi dos años.
Entretanto aprendió a domar a sus demonios con terapia y a vivir como una mortal. Hasta quiso ser sólo la mujer del jugador de fútbol americano Jonathan Owens, con quien consolidó su relación y se casó en abril de 2024. Para entonces, ya se volvía a sentir gimnasta y empezaba a visualizarse en los Juegos de París porque había regresado a lo grande en el Mundial de Amberes: oro en el concurso completo individual y por equipos, también en barra, en suelo y una plata en salto. Biles había vuelto, y lo había hecho exhibiendo un salto propio que nadie había intentado en competición: un Yurchenko con doble carpado.
París la recibió con los brazos abiertos y todo fue diferente al recuerdo de Tokio. Ni siquiera la expectativa que creó su regreso la despistó. En la grada, sus mayores apoyos: sus padres y su marido, con un permiso especial de los Chicago Bears para apoyar a la estrella americana. Nadie se quería perder su regreso, desde deportistas como Serena Williams, Zinedine Zidane o Nadia Comaneci a famosos como Bill Gates o las actrices Natalie Portman o la australiana Nicole Kidman. No quedaron defraudados. Biles brilló y se liberó.
Biles besa a su marido, el jugador de la NFL Jonathan Owens.GETTY
Se colgó el oro en el concurso completo individual, también junto a sus compañeras del equipo estadounidense y en salto, donde ninguna otra pudo acercarse. Ejecutó rozando la perfección el doble salto Yurchenko, bautizado ahora con su hombre, que es el más difícil de la gimnasia femenina. Hay que realizar un giro sobre el trampolín, un salto con las manos hacia atrás sobre la mesa y, a continuación, se catapulta en una doble voltereta hacia atrás con las piernas estiradas hacia delante. La americana lo bordó para confirmar que su cuerpo y mente estaban perfectamente alineados. Ni siquiera importó que fallara en la barra y que se le escapara el oro en suelo, que fue para la brasileña Rebeca Andrade. La plata también la celebró.
«Había mucho en juego para mí personalmente, porque tenía mucho que demostrarme a mí misma, pero una vez que todo terminó, me sentí muy liberada. Creo que son las emociones después de los Juegos Olímpicos: te sientes en un punto tan alto que no puedes liberarte de verdad hasta que han pasado», aseguró la americana después de la competición en la segunda parte de su documental Rising que rodó para Netflix durante la fase de preparación y en los Juegos.
Biles ha aprendido a vivir con la presión de ser siempre medida con la vara de los mejores deportistas dela historia, si no bate récords. «No me importa si no creen que soy la mejor. Siento que he sido bastante humilde durante toda mi carrera, así que sigo pensando que hay gimnastas increíbles que han allanado el camino para que podamos hacer lo que hacemos... Y creo que nosotras hemos allanado el camino para las generaciones más jóvenes», advierte.
La gran pregunta es cuál será su futuro, si llegará a los Juegos Olímpicos de 2028 que se celebran en Los Ángeles. Ella, con 27 años, mantiene la incógnita: «Nunca sabes lo que puede pasar en cuatro años. Hay que esperar». Y es que ha aprendido a cuidar las pequeñas cosas.
Acabada la gira de exhibición como campeonas olímpicas por Estados Unidos, se quiere centrar en su colaboración con causas sociales y en su vida personal junto a su marido. «Por primera vez vamos a pasar tiempo de calidad desde que nos casamos. Simplemente queremos apreciar esos momentos, mudarnos a nuestra casa en Chicago y convertirla en nuestro hogar», dejó claro en una de sus últimas entrevista en la televisión estadounidense. Todos la esperarán. Faltan cuatro años y, aunque Biles tendrá 31 años, todos esperarán rendir homenaje a su diosa.